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Al otro lado

Al otro lado
"Al otro lado", de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-15352-66-2.
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Presentaciones:

Sábado, 27 de abril a las 12 h. en la Feria del libro de Granada, en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA Puerta Real. Me acompañará en la presentación el compañero de Granada Jesús Lens. Y a las 13 horas firma de ejemplares en la Caseta de Firmas.

Sábado, 20 de abril, de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h. en la Feria del Libro de Fuente el saz de Jarama.

Sábado, 26 de enero a las 20 h. en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan. Me acompañará en la presentación el compañero de Ciudad Real José Ramón Gómez Cabezas, autor de "Réquiem por la bailarina de una caja de música", de la Editorial Ledoria.

Martes, 23 de octubre a las 19.30 h. en la librería Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno 46, Madrid). Si no puedes acudir y queréis un ejemplar firmado, ponte en contacto con ellos y pídeselo (91 543 0534). Te lo enviarán por correo.

Miércoles, 24 de octubre a las 18 h. en Getafe Negro (Carpa de la Feria del Libro). A las 20 h. participaré en una mesa redonda con otros compañeros de la Editorial Ledoria titulada "En los arrabales de la Novela Negra.
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viernes, 10 de septiembre de 2010

El otro lado

Sólo quiero pasar al otro lado,

donde tus propios pensamientos no son nocivos,

donde no se cavila para sobrevivir.

Ni siquiera aspiro a ser feliz,

sólo a no sentir,

sólo a no hacer daño a nadie por mi necedad,

no sentir, no sufrir, no herir,

desaparecer en el infinito,

y ser una partícula sin conciencia,

en un universo monótono

en donde las heridas no existen,

ni las mías, ni las tuyas.

jueves, 19 de agosto de 2010

Crepúsculo

Todos los atardeceres son distintos y, sin embargo, siempre es lo mismo. Cuando la luna precede al sol, los murciélagos sustituyen a las palomas con un vuelo más tétrico. Cae la noche y mi espíritu se abriga con el manto de la indolencia. Cuando el sol venza las tinieblas, recordaré evocaciones de sonrisas lejanas. Y entonces entonaré esa canción que nos cautiva, por el día, y por la noche.

sábado, 14 de agosto de 2010

En mi barrio

En mi barrio, el fracaso está en cada esquina,

la tristeza florece por cada calle,

la esperanza se esconde por las rendijas,

de un asfalto que cruje a cada pisada,

que asesina sin tregua cada suspiro,

y levanta aromas de rosas de espinas.

En mi barrio, la ternura está en cada esquina,

porque la tragedia evoca recuerdos,

de una niñez que un día fue limpia,

pura e ingenua como la lluvia,

solícita y tierna como la mía,

hasta que la amargura mató la esperanza.

En mi barrio, la duda está en cada esquina,

porque no se vislumbra el horizonte,

por mucho que se desee salir,

por mucho que quieras sentir,

la lucha genera inquina,

para poder resistir.

En mi barrio, la amistad está en cada esquina,

porque el fracaso une,

y te da la sabiduría,

para poder decidir,

el camino que has de tomar,

para resistir el día.

En mi barrio, el amor está en cada esquina,

debajo de una farola del parque,

donde dos yonkis se abrazan,

porque no hay nada a lo que aferrarse,

salvo a la esperanza dormida

que generan las dudas.

viernes, 6 de agosto de 2010

Ciudad dormida

Camino por la ciudad dormida,

entre espectros humanos,

con los que me fundo,

buscando compañías añoradas,

olvidadas, enterradas,

entre fantasmas góticos.

Camino por la ciudad dormida,

a la vez acogedora e inhóspita,

con las miserias de mi alma,

con mis sentimientos heridos,

espantando la soledad,

susurrando pensamientos inútiles.

Camino por la ciudad dormida,

con esperanzas estériles,

con deseos marchitos,

y hago planes abstractos,

que nunca saldrán,

que nunca marcharán.

Camino por la ciudad dormida,

atravieso el mercado de las esperanzas,

pero no hay ninguna para mí,

ni aun pagándola a precio de oro,

mis súplicas se solidifican,

y se hacen añicos contra el pavimento.

Camino por la ciudad dormida,

las bayonetas están despiertas,

mis lamentos crecen,

y la armonía se quiebra,

construyendo telarañas,

en esquinas sombrías.

Camino por la ciudad dormida,

en trayectorias surrealistas,

entre pesadillas etéreas,

y entre fríos y oxidados anaqueles,

deposito mis oscuros deseos,

para que fermenten por siempre.

lunes, 19 de julio de 2010

Silencio

Café Gijón, 17 de julio de 2010

Tantas veces busqué el silencio

que cuando él me encontró a mí,

no he sabido reconocerlo,

tras haber recibido agudas andanadas

de melancolía y tedio.

Silencio, palabras y frases hechas añicos,

estados de ánimo que sustituyen los razonamientos,

explosiones silenciosas, distanciamiento,

atmósfera hostil soportando sufrimiento,

gélida morada que se instala bien dentro.

Silencio, silencios, frío que te abrasa,

calor que te hiela los pensamientos,

la sensación de que no tienes alma

porque es incompatible con el vacío,

y te mueres, pero estás irremediablemente vivo.

Silencio, vacío, incontrolables estremecimientos,

silentes fantasmas danzando en la ausencia del deseo,

vacías expectativas regidas por el miedo,

volutas de esperanzas que se escapan sin remedio,

alegrías cadavéricas pudriéndose en el cuerpo.

Silencios enrocados en el maldito tablero,

aromas fétidos aprisionados en el cerebro,

notas vacías que expresan lamentos,

rastros de heridas que afloran en el peor momento,

ese momento en que te envuelve el silencio.

jueves, 17 de junio de 2010

He cancelado mis lágrimas

He cancelado mis lágrimas,

por el deceso de mi tristeza,

he conminado a las ánimas

que poblaban mi espíritu

de inútiles sutilezas,

ordenándoles huir,

con su equipaje maldito,

con su eterno devenir,

he exorcizado fantasmas,

para no volver a oír,

sus quejidos en mi alma.

He subido los peldaños

de mi sesgada agonía,

he alcanzado tu mirada,

porque ya no la veía,

ni sentía los colores,

ni veía sensaciones,

sólo negrura encallada,

en fracciones renegridas

que asfixiaban mis temores,

mostrados en colecciones

de incombustibles dolores.

He caminado en los lodos

de las siniestras veredas,

he padecido el agobio

de horizontes sin estrellas,

porque en el fondo sabía

que entre las sucias aceras

del llanto de poesías,

iba a encontrarte serena

al fin de mi travesía,

con fondo de luna llena

envuelta en tu melodía.

He sufrido vejaciones

de mi mente atormentada,

he perpetrado canciones

y he bailado con la nada,

siniestras cavilaciones

que me quemaban el alma,

hasta que me vi sin ti,

y le susurré a la nada

que ya podía partir,

que quería mis emociones

porque quería vivir.

He sorteado miserias

tras sufrir en oleadas,

los episodios de histeria

de mi soledad cansada,

por sentir en mis entrañas

vacíos de indignidad calma,

como sosiegos de feria,

en espejismos de sala,

que golpeaban mi espíritu,

en una espiral tan seria

que mi mente deliraba.

He salido del Infierno,

donde me sentí vencido,

como una estatua de sal

congelada en el invierno,

al cabo he sobrevivido,

y de forma natural,

con tu espíritu supremo,

como meta en mi camino,

al fin he empezado a andar,

descargándome del tedio

del desconsuelo dormido.

He roto mi soledad,

he ganado la batalla,

ya he renunciado a sufrir,

dejando la iniquidad

aparcada en una playa

a la que no quiero ir,

desgarros de mezquindad,

colgados de una atalaya

preparados para herir

cualquier trozo de bondad

que pudiera subsistir.

He cancelado mis lágrimas,

por óbito de mi pena,

he convocado a las almas

que moraban en mi esencia,

les he dicho que se vayan,

que por aquí no aparezcan,

que ya sólo quiero oír

el eco de tu presencia

cuando te vea venir,

con esa mirada clara

que a puro amor me sentencia.

martes, 4 de mayo de 2010

Me gustaría

Me gustaría caminar entre la felicidad de mis semejantes y la mía propia.

Me gustaría que empleáramos la inteligencia para seguir la senda de esta vida que no sabemos muy bien lo que es.

Me gustaría conservar la cordura en los momentos en que mi irracionalidad se impone ante mi sentido común.

Me gustaría tener la entereza de abordar los problemas vitales que me acechan, como a todo el mundo, y no perder nunca la dignidad.

Me gustaría tener menos capacidad para sufrir, conservar la calma en los momentos duros y no hacer daño a las personas que quiero y a mí mismo.

Me gustaría que nos gobernaran los más inteligentes y bondadosos y no los más voraces a la hora de conseguir el poder.

Me gustaría que vivir no fuera tan doloroso.

Me gustaría pasear por la orilla de un río que no estuviera contaminado, acompañado de la persona que más quiero, en una primavera eterna.

Me gustaría ser aire para llevar las fragancias eternas a todos los rincones del mundo.

Me gustaría ser etéreo y flotar alrededor de la nada y ser nada.

Me gustaría que mis amigos y mis enemigos se dieran un abrazo.

Me gustaría escribir una historia que fuese la mejor historia jamás contada.

Me gustaría correr sin parar y detenerme sólo cuando sintiera que la vida es de otra manera.

Me gustaría matar el sufrimiento, asesinar las malas intenciones y volatilizar los malos pensamientos.

Me gustaría pulverizar felicidad y alcanzar a todos los seres vivos.

Me gustaría gritar hasta que saliera de mí toda la ansiedad y el desasosiego.

Me gustaría despertarme y comprobar que sigo dormido.

Me gustaría dormirme para estar vivo.

Me gustaría volar para saber que tengo los pies en el suelo.

Me gustaría abolir los malos pensamientos.

Me gustaría ser libre.

Me gustaría saber qué es todo esto.

martes, 12 de enero de 2010

¡Malditos seáis!

¡Malditos seáis, buitres!
Malditos seáis por siempre,
y que la maldición alcance a vuestros nietos,
y a vuestros bisnietos, y aún más allá.
Que os aprovechen los despojos ajenos,
y las migajas que recogéis con tanto ahínco.

¡Malditos seáis, buitres!
Podéis coger todo lo mío a cambio de mi desprecio,
me quedo con mi dignidad,
y con mi sonrisa velada.
Así sufráis la mitad de lo que yo he sufrido,
y que vuestra estirpe esté maldita por siempre.

No me importa caminar por el filo de la navaja,
sé que lo haré honrosamente,
mientras vosotros, carroñeros de lo ajeno,
tendréis que mendigar vuestra entrada en la luz.
Ni siquiera sonreiré cuando os vea suplicar,
os pagaré con racimos de indiferencia.

Disfrutad ahora con vuestra colección de miserias,
a mí me basta con la vista desde el ventanuco del lóbrego hotel,
la visión es extasiante y peligrosamente ausente,
pero sabed, buitres, que mi alma aún pervive,
y que subsistirá hasta veros hundidos en el fango,
suplicando comprensión y caridad disfrazada.

¡Malditos seáis, buitres!
Y maldito el día en que os saludé inocente,
cuando pensaba que erais personas como yo,
cuando os entregué mi alma pura llena de amor,
sin esperar nada a cambio,
y me pagasteis con humillación y desvelo.

Carroñeros de lo ajeno,
cucarachas ebrias de poder y vanagloria,
sabed que si el dolor fuera sólido,
yo pesaría tres veces más de lo que peso,
pero no me importa, miro el mundo desde la 414,
y el mundo me devuelve con creces lo que le ofrezco.

¡Malditos seáis, buitres!
Y que vuestra maldad se vuelva contra vosotros,
y que la carroña que coméis infecte vuestras entrañas,
si es que tenéis, si es que poseéis alma,
si es que poseéis manos, ojos y piernas.
¡Malditos seáis, buitres!

jueves, 24 de diciembre de 2009

Perdí

Perdí mi corazón,

y lo encontraron en la barra de un bar,

estaba seco y marchito,

desparramado en el zinc

de la barra de aquel maldito bar.

Perdí mi alma,

y la encontraron en la tapia del cementerio,

pidiendo unas monedas

para pagar la entrada al Infierno.

Perdí mi dignidad,

y la encontraron en un vertedero,

suplicando amor

y besos sinceros.

Perdí mi honra,

y la encontraron en un desguace,

despedazada en fragmentos,

descompuesta en mil partes.

Perdí la razón,

y avisaron a una ambulancia,

no hubo diagnóstico,

sólo medicamentos salvajes.

Perdí la cordura,

y la encontraron en una esquina,

tirada en la calle,

mendigando versos.

Perdí mi espíritu,

y lo encontraron en una plaza,

rezando versos malditos,

pronunciando frases inconexas.

Perdí la noción del tiempo,

y la encontraron en el acantilado,

mirando el firmamento,

lleno de estrellas sin luz.

Perdí mis palabras,

y las encontraron enterradas,

en la arena de la playa,

ahogadas en la sal del agua.

Perdí mi silencio,

y lo encontraron vagando

por la línea del tiempo,

bañado por la luz cegadora del viento.

Perdí mis canciones,

y las encontraron grabadas

en el lienzo de tu silencio,

en los recovecos del tiempo.

Perdí la sensatez,

y la encontraron esculpida

en una pared mugrienta

del vestíbulo del cielo.

Perdí la cuenta de la vida,

y la encontraron sin razón,

vestida de terciopelo

en los agujeros de la insidia.

Perdí tu presencia,

y no la encontraron nunca,

por más que buscaron,

la dieron por perdida.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Tus fragancias

La estancia se inunda de fragancias,

de tu indeleble presencia,

y de recuerdos perdidos

que evocan tu ausencia.

Silueteo en el aire

canciones de tonada muerta,

que retrotraen mis delirios

a pasados de dulce esencia.

Me muero, lloro y sonrío,

en laberintos callados,

en difuntas ideas,

de tormentos alejados.

Miro la noche sin luna

que invade mi ventana,

me lleno de oscuridad,

y mis fantasmas me llaman.

Evoco momentos perdidos,

que viajan en lejanos trenes,

ya inalcanzables, silentes,

ignorados en tristes andenes.

Tus fragancias desaparecen,

se van igual que vienen,

me provocan el vacío,

de pesadillas durmientes.

Pensamientos marchitos


Busco la luz en un paisaje desolado,

donde sólo hay pesadumbre y pesar,

y sólo encuentro el peso de mi alma,

que se desangra por los recovecos helados,

de un espíritu solitario y triste.

Vuelan los cuervos delineando el horizonte,

en el territorio de las ánimas,

donde la muerte viaja en primera clase,

y las sombras acechan al caminante,

para robarle sus recuerdos felices.

Cantan en silencio las sirenas del averno,

tristes y cautivas de la melancolía,

adornadas con flores marchitas,

que se posan sobre la piel pálida y contraída,

y que anuncian la decadencia del día.

Mi corazón se ha secado,

como mis lágrimas,

que han dejado de manar,

mis recuerdos se han eclipsado

por los desagües del amor extinguido.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Siento


Siento que el fuego me devora desde dentro,
que llevo conmigo mi incendio interior,
sin embargo mi semblante está frío,
como mis pensamientos.

Siento que me ahogo,
que tengo que pararme para respirar,
el agobio me pesa como si fuera plomo,
y mis ideas están heladas.

Siento que me muero,
he agotado las lágrimas
y no tengo más capacidad de sufrir,
ni memoria a la que esquilmar un último recuerdo.

Siento que me desvanezco,
que la rosa de mi pecho se ha marchitado,
que mi cerebro está yermo,
y mi cuerpo cansado.

Siento la luz y la oscuridad
y también siento la nada,
Dios no existe,
ni existe tu mirada.

Siento una pena muy grande,
de rosas despedazadas,
ya no quiero ver a nadie,
quiero escuchar a la nada.

sábado, 10 de octubre de 2009

Siento

Siento que llueve en mi alma,

que se instala la zozobra,

que salgo a la alegría de vivir,

para volver a la oscuridad.

Palabras que flotan,

que deberían servir para entender,

pero que causan confusión,

y que siembran tempestades.

Siento que me muero,

y que resucito muchas veces,

empiezo a sentir cansancio,

el hastío de caer y levantarme.

Añoro los días tranquilos,

los busco y no los encuentro,

sólo cosecho desasosiego,

que me amarga el pensamiento.

Siento melancolía y dolor,

sentimientos de amargura ciega,

camino por transitadas calles vacías,

hasta llegar a la calle de la tristeza.

No hay ni rastro de tu amor,

sólo retazos callados,

cementerio de dolor

para mis ojos cansados.