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Al otro lado

Al otro lado
"Al otro lado", de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-15352-66-2.
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Presentaciones:

Sábado, 27 de abril a las 12 h. en la Feria del libro de Granada, en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA Puerta Real. Me acompañará en la presentación el compañero de Granada Jesús Lens. Y a las 13 horas firma de ejemplares en la Caseta de Firmas.

Sábado, 20 de abril, de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h. en la Feria del Libro de Fuente el saz de Jarama.

Sábado, 26 de enero a las 20 h. en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan. Me acompañará en la presentación el compañero de Ciudad Real José Ramón Gómez Cabezas, autor de "Réquiem por la bailarina de una caja de música", de la Editorial Ledoria.

Martes, 23 de octubre a las 19.30 h. en la librería Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno 46, Madrid). Si no puedes acudir y queréis un ejemplar firmado, ponte en contacto con ellos y pídeselo (91 543 0534). Te lo enviarán por correo.

Miércoles, 24 de octubre a las 18 h. en Getafe Negro (Carpa de la Feria del Libro). A las 20 h. participaré en una mesa redonda con otros compañeros de la Editorial Ledoria titulada "En los arrabales de la Novela Negra.

martes, 30 de diciembre de 2008

Torquemadas autonómicos

Cuando un niño es maltratado, es probable que en su madurez él mismo sea un maltratador, esto lo saben bien los psicólogos. La dictadura franquista maltrató y marginó a las provincias que hoy constituyen las autonomías hasta la saciedad. Les negó sus identidades culturales y políticas, llegando a prohibirles incluso hasta hablar en sus propias lenguas a aquéllas que tenían idiomas propios. Con la democracia, se restituyeron los derechos y aún hoy continúan los procesos de transferencias de competencias y de asignación de presupuestos. El estado español se está implicando en mayor o menor medida, dependiendo del partido que en determinados momentos está en el poder. Pero de lo que no cabe ninguna duda, es de que el proceso sigue adelante, con costes que incluso producen déficit en los presupuestos generales del Estado. Cabría esperar por parte de estas autonomías no ya agradecimiento, pues bajo mi punto de vista el Estado tenía el deber de restablecer los derechos de los ciudadanos en materia identitaria, pero sí una cierta empatía de las autonomías hacia el propio Estado. Sin embargo, ocurre todo lo contrario. Las autonomías piden más y chantajean al partido del gobierno, sobre todo si éste no tiene mayoría absoluta en el parlamento, apoyan sus mociones “a cambio de”. Y si en materia de educación el panorama es preocupante a nivel nacional, lo es más en las autonomías con idioma propio, en donde privan a los niños de estudiar en la lengua de Cervantes. Ignoran la riqueza de pertenecer a una autonomía bilingüe y se dedican a erradicar el español con un cierto grado de impunidad. Esto creará déficits difíciles de paliar a medio plazo. Nos quedaremos sin los escritores catalanes, vascos y gallegos ya que, como pueden comprender el president, el lehendakari y el de Galicia, si sus escritores no escriben en castellano, sólo serán leídos en su autonomía correspondiente. Por eso, la sentencia del Tribunal Supremo que obliga a la Generalitat a escolarizar a los niños en castellano, hace un favor, no ya al estado español, que también, sino a los propios catalanes, que disfrutarán de una enseñanza bilingüe en catalán y en castellano, inglés aparte, que propiciará que los niños hablen tres idiomas. Otra cosa es que los que deben velar por el cumplimiento de la sentencia sean capaces de obligar a que se cumpla y no miren para otro lado.

domingo, 28 de diciembre de 2008

El conflicto en Oriente Medio

La nueva oleada de violencia en Oriente Medio no viene sino a confirmar que hay un conflicto latente con dos partes bien diferenciadas y mal avenidas entre sí. Estaba yo ayer escribiendo unas líneas cuando en Internet saltaba la noticia de que facciones muy próximas a Hamás estaban tirando cientos de misiles a Israel. Hamás, fruto de la radicalización y del hartazgo de la población palestina respecto a Al Fatah, no es tan ingenua como para pensar que esos ataques no iban a tener respuesta. Y, efectivamente, los bombardeos israelíes no se hicieron de esperar mucho tiempo. A día de hoy ese ataque ha dejado 271 muertos y cientos de heridos, una masacre, vamos, aunque Israel no deja de decir que todos los muertos son militares, como si esa condición justificara la muerte de tantas personas.
La resolución del conflicto tendrá que esperar una vez más, pues es imposible negociar entre tanto odio. El pueblo de Israel, motivado y espoleado por su propia desgracia en la Segunda Guerra Mundial, no paró hasta formar su propio estado amparado por la Comunidad Internacional. Un estado democrático que elige a sus gobernantes y hay relativa libertad, si no fuera por el reclutamiento forzoso de sus ciudadanos y ciudadanas que se integran en el ejército por muchos años, truncando así muchas vidas laborales y propiciando que la conciliación familiar sea una utopía. Por su parte, los palestinos aún están en proceso de vertebrar las instituciones que conforman un estado.
La Comunidad Internacional, generalmente, apoya a Israel, dado que hay muchos grupos de la diáspora integrados en los círculos de poder de EE.UU. y de la Unión Europea.
La solución al conflicto no llegará sin concesiones por ambas partes. Hamás tiene que dejar de bombardear Israel y de fomentar los atentados terroristas que golpean cualquier punto del país en cualquier momento. E Israel tiene que abandonar Gaza y Cisjordania. Es imprescindible la formación de un estado Palestino, democrático, y Jerusalén debe ser la capital de ambos estados, con soberanía compartida. No se debe olvidar el papel que los cristianos juegan en la ciudad, lo que introduce un tercer elemento de discordia. Jerusalén debería estar controlada por la Administración Israelí, por la Administración Palestina y por la Unión Europea, por proximidad y por Historia. El reparto debería ser o bien geográfico o bien por zonas de influencia, eso es lo de menos. Y Europa debería actuar sometiendo a arbitraje cualquier conflicto que pudiera surgir de la doble capitalidad. No sería la primera vez que una ciudad se declara internacional. Esto es la base para futuras negociaciones. Y el alto el fuego inmediato, pero por ambas partes.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Unas recomendaciones literarias

Las vacaciones son un tiempo para leer, si se tiene tiempo, claro, si es que no hay otras obligaciones que nos impidan dedicarnos al placer de la lectura. En mi caso cuento con alguna ventaja, ya que estoy solo en Madrid y no tengo niños, la ventaja es importante, ¿verdad? Pero como estoy con la escritura de mi tercera novela y quiero dejarla en 300 páginas antes de regresar a Algeciras, pues yo mismo me estoy poniendo un objetivo quizá demasiado ambicioso, que en cualquier caso, me impide leer todo lo que yo quisiera.
Leí el último de Ray Loriga, “Ya sólo habla de amor”. Recomendable, muy bien escrito, pero demasiado corto, ciento y pico de páginas. Es una especie de “Lobo estepario” muy bien delineado, prácticamente un monólogo del narrador con apenas tres o cuatro diálogos que aparecen en el momento justo. Ray, uno de nuestros escritores más famosos del momento, ha puesto en práctica su máxima del secreto de un escritor: “Escribir la mitad y ganar el doble”. A veces, a nuestros escritores famosos hay que perdonarles sus extravagancias, porque van con ellos, nos guste o no.
Hace poco que ha salido la segunda novela de la trilogía Millenium, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”. Stieg Larsson vuelve a enredarnos en las tramas de los personajes de su primera novela. Es un tocho de más de 700 páginas, como a mí me gustan las novelas, y ya me tiene totalmente enganchado. Qué escritor más bueno y que trágica e irónica su vida. Muerto y sus novelas triunfando en todo el mundo. Si no leísteis “Los hombres que no amaban a las mujeres”, hacedlo antes de meterle mano a “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, porque ésta es continuación de aquélla y si no lo hacéis así vais a andar un poco perdidos.
También tengo “El chino”, de Mankell, esperando en cola para continuar con este estudio mío totalmente involuntario de la Literatura Negra sueca. Me han dicho que merece la pena y no lo dudo, no en vano, Mankell lleva ya muchos años colocando sus novelas entre las más vendidas en todo el mundo.
Y en cola está también “El emblema del traidor”, de Juan Gómez-Jurado, ganador del último premio de novela Ciudad de Torrevieja, el segundo mejor dotado económicamente después del Planeta. No es casualidad que le hayan dado este premio a Juan. Leí sus dos novelas primeras: “Espía de Dios” y “Contrato con Dios”. Me encantaron. Y ahora Juan, ejerciendo el oficio de escritor-vampiro de historias, ha plasmado en una novela algo que le contó un librero. Todos los escritores estamos atentos a lo que nos cuentan o a lo que vemos o vivimos, porque de cualquier situación puede salir una historia.
Espero que paséis unas felices fiestas y, para el que no tuviera una idea clara de qué leer, espero haberle dado unas cuantas ideas apetecibles. Un abrazo.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Se traspasa, "urjente"

Todo perfecto, mañana soleada en pleno invierno, los gorriones piando, cafelito con leche en el bar de siempre y lectura del periódico, sin prisas, con la sorpresa de que Loriga, un escritor de mi generación, ha sido incorporado a la nómina de columnistas de "El País". Por otra parte, pensando ya en ese encuentro en el Café Gijón (Madrid) con escritores del Grupo Literario de la Revista Digital del IES Ventura Morón de Algeciras, que se celebrará en la tarde del domingo 21. Y leyendo también "Ya sólo habla de amor", de Loriga, que lo prometido es deuda. Y, de repente, paseando de camino al cíber en el que me encuentro escribiendo el artículo, el letrerito en la tienda de ultramarinos: "Se traspasa, urjente". Bueno, no todo iba a ser perfecto en la mañana dominical. Sólo tres palabras, una falta, 33.33%, si no me equivoco. Bien, no es mucho, me consuelo a mí mismo. Claro que no es mucho para un escueto cartel. Sería mucho en una columna y demasiado en una novela. Inadmisible en un relato corto. No me extraña que algunos miembros de la RAE estén desde hace algún tiempo valorando la cuestión de eliminar la ge o la jota y la be o la uve, ya que, por lo que se ve, a muchos les es extremadamente complicado discernir cuándo deben emplear una u otra letra. No pasa nada por poner "urjente", total la gente se entera de lo que el escritor ha querido decir. Pero al leer el letrero, uno recibe como un puñetazo en el rostro, o no, o a lo mejor es que yo pido demasiado a la gente. Gente de un país en el que la educación es gratis, con libros gratuitos en la E.S.O., lo que no quiere decir que no cuesten dinero a las arcas del Estado.
Y, ¿qué me dicen de los mensajitos por móvil o de los chats? Fenómeno curioso, no puedo negarlo, pero, muchas veces, ya no sé lo que me quieren decir. Lo inquietante, es que cuando los profesores sacamos a los alumnos a la pizarra (a la que, por cierto, le quedan dos telediarios, o tres), muchos alumnos empiezan a escribir en ella como si enviaran un SMS. Y cuando les paras los pies, te miran como si los que llevaran razón fueran ellos y no el profesor. ¡Angelitos!
No obstante, esperanzas, haberlas haylas. Voy a hacer referencia a un dato para terminar el artículo de forma positiva. La serie de Potter y ahora Crepúsculo, tira por tierra la teoría de que los jóvenes no leen. No sólo leen, sino que son capaces de hacer cola toda una noche para adquirir un ejemplar de los mencionados best sellers y otros. Lo que indica, que los leerán. Y es de suponer que ese tipo de Literatura les hará de puente para leer después a Reverte, a Mankel, a Juan Madrid y a Marsé, por citar sólo una breve muestra. Lo mismo que a mí me hicieron el puente hacia la Literatura de verdad El Capitán Trueno y Jabato, entre otros.
Espero y deseo que alquilen pronto la tienda de ultramarinos. Aunque sólo sea por la desaparición del cartón del "Se traspasa, urjente".

martes, 16 de diciembre de 2008

El talento artístico

Conduzco un Clyo. Como no se rompe, no tengo la necesidad de comprar otro. Y como el radio casete también funciona, nunca tuve la necesidad de cambiarlo por un dispositivo almacenador de MP3 y Cd’s-DVD’s para que los niños vean pelis en las pantallas de plasma de los respaldos de los asientos. Es más, tampoco tengo niños ni llevo GPS en el coche. Total, que cuando monto en el coche de algún amigo, me parece que voy en una nave espacial. Ni siquiera reconozco las músicas que me ponen ni reconozco el talento en los compositores de las mismas. Estilos con nombres extraños, cantantes y músicos extraños y nada talentosos ni los unos ni los otros.
El otro día rescaté una cinta y la metí en el radio casete. Y volví a reconocer el talento del compositor y el virtuosismo de los músicos. Eran un grupo de Madrid, Leño, ¿se acuerdan? El líder, un tal Rosendo, ¿ya van haciendo memoria? El talento que explosionó durante los años de la Movida Madrileña se esparció por todos los barrios de la periferia y aun más allá del paro y la depresión. El talento surgía en un portal de un callejón olvidado de un barrio marginal. De repente, descubrías que en la escalera de tu portal vivía un genio que tocaba la guitarra como Eric Clapton o Ritchie Blackmore, en tu escalera, no en las enciclopedias ni en la Universidad, en tu escalera, puerta con puerta.
Uno de los genios de mi escalera se llamaba Luis. Aún toca en un grupo que se llama 1001 Tiro. El otro día volví a redescubrir su talento cuando visité al grupo en el local de ensayo. Toqué con ellos, canciones de verdad, sin ensayar, pero no importaba, porque allí estaba Luis que nos decía a todos cómo y dónde poner los dedos, el ritmo de la batería, el del bajo… Seguramente a 1001 Tiro no les llamarán de una gran discográfica, porque el talento no está de moda. Pero si hablamos de sensaciones, esas sí que siguen existiendo. Porque cuando Mike Olfield se encerró para componer e interpretar él solito todos y cada uno de los instrumentos en Tubular Bells, debió sentir lo mismo que el Luis dirigiendo aquella tarde en Canillejas aquella mini jam-blues-rock session de cuatro amigos de la infancia en la linde de los cuarenta, de edad, me refiero.
El talento se hipotecó a favor de lo fácil y lo rápido y lo vendible. Y lo bueno, pero lo bueno de verdad, dejó de ser asimilado en el momento en el que los niños decidieron que no querían estudiar más porque, ¿para que iban a hacerlo si ya tenían de todo? Es que, el Rock’n’Roll es difícil, como las matemáticas o las ciencias sociales. Y el esfuerzo, ¡ah! No estamos en la cultura del esfuerzo precisamente. Aunque se empiezan a ver rendijas por las que entra una luz esperanzadora. Lástima que para ello volvamos a tener que vivir la depresión. Porque esto ya lo sabíamos de antes y, como dijo aquél, un pueblo que olvida su Historia, está condenado a repetirla. Y añado yo: repetirla, sí, pero con las cosas buenas y con las malas. Y con talento, ojo.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Los escritores que nacimos en los 60

Los escritores escribimos porque nos gusta hacerlo, toma, y porque disfrutamos frente al ordenador emborronando papeles. Pero, claro, luego queremos que la gente nos lea, y, generalmente, no tenemos la paciencia de esperar hasta que algún alma caritativa nos publica la novela de marras. Así que, mendigamos un espacio para que nos publiquen una columnita de opinión y enviamos correos a las diversas secciones de las cartas al director de los periódicos. Sólo los privilegiados, que se lo han ganado a pulso, por otra parte, escriben habitualmente en los diarios. Véase Reverte, Marías, Muñoz Molina, Julia Navarro, etc. Y cobran por ello, lo que ya debe ser la leche, me refiero a que te paguen por ejercer tu afición convertida en profesión.
El otro día leía a Loriga en Babelia, lo que significa que los de mi generación (yo soy del 66, él, Loriga, del 67), ya están entrando en la dinámica de escribir en los periódicos. Buena noticia. Porque es que, además, Ray Loriga se lució. Se notaba que cuando escribió el artículo estaba inspirado porque animaba al lector a leer novelas para vivir otras vidas que, de otra forma, jamás podrían vivir. El artículo estaba encuadrado en una sección en la que se deberían haber propuesto libros para las navidades. Al señor Loriga se le olvidó proponer algún título, o se le acabaron las líneas o, seguramente, estaba tan inspirado y ensimismado en la escritura de su artículo que, seguramente se le pasó. El artículo estaba tan bien escrito que parecía el comienzo de una novela. Ojalá yo, algún día no muy lejano, esté tan inspirado como él al escribir mi columna.
No he tenido tiempo hasta ahora de leer a Ray, pero es de los autores que te dan un pálpito, un buen pálpito. Así que el otro día compré su última novela: “Ya sólo habla de amor”. El título es sugerente al máximo, al menos para mí. A ver si puedo hincarle el diente estas navidades, aunque se me ha metido por medio Stieg Larsson, y claro..., como leí la primera de la trilogía “Millenium”, pues eso, que tengo muchas ganas de leer a los dos, sobre todo a Loriga, que es español.

sábado, 6 de diciembre de 2008

El Campo de Gibraltar..., snif

Resulta que Acerinox suspende la producción en navidades por falta de pedidos y que la papelera que contamina diariamente el río Palmones, parece que toca a su fin. Pobres jóvenes nuestros el día que la citada factoría del acero pegue el petardazo y que el puerto marítimo de Tánger empiece a hacernos la competencia al de Algeciras. Ya no querrán abandonar los estudios en E.S.O. para trabajar en el puerto de estibadores o en el Acerinox de marras como operarios de cadena de montaje. A lo mejor es la solución para empezar a erradicar el fracaso escolar, porque hasta ahora, la escuela no podía competir con los sueldos que ofrecían en el puerto o en Acerinox. Trabajos no cualificados cuyas horas se pagaban a precio de oro. Bien, porque así los trabajadores podían comprarse chalets y Mercedes, pero no es normal. Jamás será normal que un trabajador no cualificado doble en sueldo a un licenciado universitario, por ejemplo. Y eso, acaba reventando, porque no es real. Y así estamos en el Campo de Gibraltar: la gráfica del paro sube día a día en un orden exponencial.
Contradicciones tiene esta tierra, hasta donde el vago, el que ni siquiera quiere trabajar en el puerto o en Acerinox, se hace con una moto de agua y en dos veces que cruce el Estrecho repleto de coca o hachís, se forra.
A ver si ahora, período que, me da que la gente va a estudiar más por la cuenta que les trae, nuestro ilustre Ayuntamiento hace una Biblioteca Municipal en condiciones. El otro día me saqué el carné de socio, porque las novelas ya no me caben en casa. Soy de Canillejas, un barrio obrero de las afueras de Madrid que en los años ochenta ya tenía una biblioteca que quintuplicaba en espacio a la de Algeciras, ciudad más grande que Cuenca y Soria juntas, y al multiplicar por diez los títulos que se albergaban entonces, me quedo corto respecto a los que alberga hoy la municipal algecireña.
Hombre, que es que el otro día me entero por un taxista, que cuando los Reyes Católicos expulsaron a los judíos y a los musulmanes, ambas comunidades acamparon en los terrenos que hoy ocupa la urbanización de la Aldea de Getares. Años tuvieron que esperar los pobres a que los barcos les llevaran a todos hacia un destino incierto. Y aquí, los listos de turno, sepultaron bajo hormigón vestigios históricos tales como enterramientos, cerámica y petroglifos. ¡Ya está bien de tanta indolencia! El taxista era espeleólogo aficionado. Y me habló de cuevas en los Alcornocales que nada tienen que envidiar a Altamira o Tito Bustillo, “aún sin descubrir”.
Esto es el Campo de Gibraltar, con sus contradicciones, con sus gobernantes, con sus artistas flamencos, con sus tapas, con su Semana Santa, con sus escritores, con sus intelectuales..., snif. Y sin teatro, y sin librerías, y sin cines...

lunes, 1 de diciembre de 2008

Cultura robada en el Altaria

El viernes pasado tomé el tren Altaria que cubre el trayecto Algeciras-Madrid. Un viaje a mi ciudad de origen para ver a la familia y a los amigos. Decidí darme un lujo asiático y compré un billete de preferente, que siempre se viaja más ancho, con menos ruido y, además, te dan comida y periódicos y otras pijadas como toallitas húmedas calientes. El caso es que casi me arrepiento nada más salir, pues empecé a leer una novela y la comida me interrumpió la lectura. Pero, en fin, comí y, por fin, pude sumergirme en la lectura. Porque para mí, viajar en tren, lejos de ser el engorro que es para otros, que prefieren un viaje exprés en avión, por ejemplo, es un placer que desde siempre he asociado a la Literatura. Uno tiene cinco horas y media por delante para meterse en una historia tejida por el cerebro de otra persona, en este caso el escritor o escritora. Luego, el personal del tren trajo los periódicos, así que me cogí el Abecé, porque el País y el Público ya los había leído por la mañana. Y me entero, así, de repente, que han dado el Cervantes a Juan Marsé, que, según las crónicas periodísticas se lo tenía merecidísimo. Seguro. Yo no he tenido el placer de leerle, porque no es de mi generación. Sé que sus novelas cabalgan por la Barcelona de la posguerra, época que no he vivido, y además yo soy más bien de Reverte, Loriga, Julia Navarro, etc.
Otra cosa que mola de los trenes es que uno se levanta y se va a la cafetería, y se pide un café humeante, cosa que hice, y se coge otro periódico. Y leyendo, leyendo, llego a las páginas de cultura. Y cuando voy a leer las páginas con las crónicas de Marsé, descubro con sorpresa que alguien ha robado precisamente esas páginas. Al principio me mosqueé, pero de pronto empecé a sentir uina emoción especial, porque el hecho era llamativo. Alguien había robado las páginas de cultura. Mi cabeza empezó a elucubrar, el ladrón, ¿sería una persona joven que acaba de descubrir el mundo de la cultura hace poco? ¿Sería una mujer madura que necesitaba alimentar su espíritu con las crónicas de Marse? ¿O sería un hombre mayor que ha leído las novelas de Marsé y quería saber más del escritor? No sé lo que pasaría realmente, en cualquier caso volví hasta mi asiento emocionado. Busqué otro periódico, lo que sobran en un vagón de preferente son diarios, y leí las crónicas que alguien me había impedido leer en la cafetería. Y, cuando llegué a la estación de Atocha, las robé yo también para preparar un artículo.
Así que el viernes, en el Altaria que llegó a Madrid, dos diarios quedaron huérfanos de las páginas de cultura, uno en mi vagón, y otro en la cafetería. Cultura robada en el Altaria.

martes, 25 de noviembre de 2008

Vivir para contarlo

Los años de la movida madrileña fueron una explosión de cultura: arte, música, pintura, moda, arquitectura, literatura, cine..., sexo, droga, alcohol, rock and roll...Aún recuerdo aquellos años con cariño, no con nostalgia, sino con cariño. Y con pena, porque muchos de mis amigos no consiguieron sobrevivir a la movida, quedaron en el camino. Andaba por aquellos años Tierno Galván ejerciendo las labores de alcalde de Madrid (hay quien dice que dejó un boquete económico en el ayuntamiento para anotar en el libro Guinnes de los records). Y, siendo viejo, él decía que se consideraba joven. "Abuelito entrañable", decían unos, "el viejo profesor", decían otros. Yo, desde la madurez que ahora me han dado los años, pienso que al viejo le faltaba un tornillo y que se le iba un pelín la pinza. Pero en aquel tiempo, Tierno era mi ídolo, ¿cómo no iba a serlo si teníamos concierto día sí día también? Yo vivía en un barrio de las afueras, de los de aluvión, de los feos y en el que la delincuencia y los problemas sociales podían olisquearse en el ambiente nada más salir del portal. Aquella tarde había quedado con los del instituto, porque yo tenía dos pandas: la del barrio y la del "insti". A veces las juntaba, pero no era frecuente. Bien, como decía, aquella tarde habíamos quedado en el bar de la Carmen, al lado del "insti". Yo llegué el primero y me pedí una cerveza. Al cabo de diez minutos llegó el Chino, sonriente, y me propuso salir del bar para dirigirnos a la bodega y comprar un litro de güisqui para mezclarlo con coca cola. El Chino siempre suspendía, pero era un chaval de ideas brillantes. Acepté su propuesta sin rechistar y, tras pagar la cerveza a la Carmen, nos fuimos a la bodega. Le pregunté por su inseparable colega Luis, que esa tarde iba a venir con nosotros. Me dijo que eso no iba a ser posible, porque desde por la mañana había estado dándole al pegamento y su estado era un tanto lamentable.Después de hacer la mezcla alcohólica, vimos aparecer al Pato y al Pepe que se unieron a la fiesta. Nos sentamos en el banco en el que solíamos aparcarnos cuando hacíamos pellas . El Pato nos mostró la piedra de hachís de doce gramos que había comprado en el barrio de Hortaleza y nos pusimos tan contentos. El chocolate olía bien y parecía de buena calidad. Hicimos cuentas y pagamos al Pato la parte proporcional. Tendríamos cigarritos de la risa para toda la noche y nos sobraría. Fue el propio Pato quien hizo los honores y lió un canuto de dos papeles que nos fuimos pasando para acompañar la bebida como era debido. En el momento álgido, el Pepe dijo que había comprado dos tripis a un colega de su barrio. El LSD no formaba parte de mis pretensiones aquella tarde, pero el Chino no le hizo ascos. Así que los dos se colaron medio cada uno, dejando otro medio para el concierto. No sé si todos hacían todas estas cosas que narro en los tiempos de la movida, pero nosotros sí, y puedo asegurar que mucha gente llevaba el mismo rollo.Estábamos tan a gusto en aquel banco que cuando quisimos darnos cuenta faltaba media hora para que empezara el concierto de los Kinks, porque ese era el objetivo de la noche. Tierno Galván había contratado al mítico grupo para tocar en el rockódromo de la Casa de Campo totalmente gratis cuando su caché en cualquier parte del mundo por aquel entonces era de a dos mil pelas por barba por lo menos. Así era el alcalde. Y nosotros, tan contentos, claro. Nos acabamos el güisqui en un santiamén y nos fuimos en busca del coche del Pepe, mejor dicho, del coche de su padre. O aquel hombre no sabía cómo ni con quién se movía su hijo o su sentido común brillaba por su ausencia. De otra forma, no se entiende que pudiera dejarle el coche a su hijo, un renault 18 ranchera nuevo. Haciéndome mis cuentas, pensé que era imposible atravesar Madrid de punta a punta en media hora. Me equivocaba. El Pepe arrancó y salió chirriando ruedas a toda leche. En cinco minutos habíamos cogido la M-30. Nunca había experimentado un trayecto en coche tan inquietante ni creo que lo vuelva a experimentar. Desde luego, era evidente que la percepción del Pepe estaba bastante distorsionada por el alcohol, los porros y el LSD, porque iba conduciendo a toda pastilla como si la carretera fuera un vídeo-juego. Cuando vi el estadio Vicente Calderón no me lo podía creer. El Pepe seguía adelantando coches por la derecha, por la izquierda y por el arcén y tocaba el claxon como si estuviera poseído por el demonio. No tardamos en alcanzar la valla del rockódromo, en la carretera de Extremadura. No había ni un sitio para dejar el coche y faltaban menos de cinco minutos para que empezara el concierto. De repente, el Pepe frenó en seco y metió marcha atrás.
-¡He visto uno! -dijo con los ojos desorbitados.
Yo también lo había visto, pero ahí no cabía un coche, y menos con la maniobra que se debía de hacer para meter el vehículo en batería contra la valla. Pero el Pepe no se lo pensó. Llegó hasta la altura del hueco, la rebasó un poco, inició la maniobra y lo metió. Vaya que si lo metió, rayó ambos laterales del coche de su padre y quedamos atrapados entre los dos coches adyacentes. Ante la imposibilidad de abrir las puertas, los cuatro salimos por la puerta del maletero.Antes de entrar, compramos dos litros de cerveza y nos plantamos en el rockódromo cuando sonaban los primeros compases del "You really got me". Lo habíamos conseguido. El rugido del público se oyó como debían oírse los vítores de los romanos en el Coliseum. La noche era perfecta y nosotros éramos jóvenes. Antes de bajar a la arena, el Pato nos enseñó una papelina de coca y nos dijo que si queríamos compartirla. Ahí sí, los cuatro estuvimos de acuerdo enseguida. El concierto estuvo genial, los Kinks se vaciaron. Había transcurrido una hora desde que sonara el último compás y ya quedaba mucha menos gente por allí. Nosotros dimos cuenta del penúltimo litro de cerveza sentados en la arena y antes de marchar nos metimos unas rayas allí mismo. Regresamos al coche y los dos de los laterales ya se habían ido, así que pudimos entrar al vehículo como las personas. Nos estuvimos riendo un rato antes de subir, incluso el Pepe. El desaguisado que le había hecho al coche de su padre era considerable. En el trayecto de vuelta no hablamos. El Pepe puso el loro y "Radio Futura", "Burning", "Ilegales", "Siniestro Total", "Parálisis Permanente" y otros llenaron el coche de música, nuestra música. La conducción por parte del Pepe era ya mucho más relajada. Se había comido en el concierto el segundo medio tripi, nos habíamos inflado a porros y a cerveza y nos habíamos metido unas rayas, pero aún así, el tío llevaba el coche con un control muy aceptable. Salimos de la M-30 por la salida de La Elipa. El Pepe iba confiado y en una de las calles ocurrió lo inevitable. Le dimos por detrás a un Opel Corsa. El número que vino detrás fue increíble. El Pepe, aun a pesar de haber tenido la culpa, se bajó del coche como una moto. A gritos, les pegó una bronca de campeonato a los del otro coche, cuyos rostros estaban blancos como la cera. La cara de miedo que percibí en aquellos cuatro muchachos, de nuestra edad aunque de un rollo mucho más pijo, era para verla. El Pepe, de piel morena como el tizón, a pesar de no serlo, parecía gitano y de los chungos.Una vez pasado el miedo inicial, el conductor se bajó del vehículo y, temblando, rellenó el parte. El Pepe me miraba de soslayo cuando no le veían y se descojonaba vivo.
-Ya te vale, acojonar así a los chavales -le dije.
El coche del padre del Pepe iba hecho un cromo. Una vez que rellenaron los partes, nos despedimos de los otros chicos. Todavía estaban blancos. El Pato les ofreció unas caladas del canuto que se estaba fumando, pero lo rechazaron. Se veía en sus miradas que lo único que querían era perdernos de vista cuanto antes. Y así fue, nos montamos en el coche y nos marchamos de allí al ritmo de "No mires a los ojos de la gente" de "Golpes Bajos". Ni el accidente redujo el ímpetu en la conducción del Pepe, que volvía a conducir según los dictados de su percepción que, a esas horas de la noche, iba un pelín jodida, la verdad. El caso es que al final consiguió llamar la atención y en un momento dado, vimos los reflejos azules de las luces de la policía nacional detrás de nosotros. A los pocos segundos, la sirena.
-¡Agarraros! -dijo el Pepe.Metió un acelerón que, por inesperado, dejó clavados a los maderos . Tardaron en reaccionar, pero en poco tiempo volvimos a tenerlos a unos metros.
-Pepe -dijo el Chino-, no hemos hecho nada. ¿Por qué no paras y aclaramos esto?
-Porque no me apetece dar explicaciones a los monos -dijo el otro doblando por una bocacalle de la calle Alcalá.Tras unos minutos de incertidumbre y de callejear a toda leche por el barrio de Ventas, nos dimos cuenta de que volvíamos a estar solos.
-La has cagado, Pepe -dijo el Pato-. Han estado a dos metros. Te habrán cogido la matrícula y a estas horas nos estarán buscando los maderos de todo Madrid.
-A lo mejor no. Vamos a tomarla -fue la contestación del Pepe.
No tardamos mucho en aparcar en una perpendicular de Francisco Silvela, en la misma puerta del pub, esta vez sin percances. Entramos y saludamos al Enrique, el dueño; éramos clientes habituales. Eran las seis de la mañana y el garito estaba en pleno apogeo. Después de sentarnos en una mesa pedimos cuatro birras , dos de lentejas y dos de fabada. La mujer de Enrique guisaba de fábula y era especialidad del pub servir platos calientes de madrugada. Después de comernos las legumbres pedimos unos güisquis y nos liamos una trompeta . Como era de esperar nos dio el bajón. Así que fuimos bajando al servicio de dos en dos y acabamos con la coca que nos quedaba. La coca tenía eso, que te ponía como si estuviera comenzando la tarde. Pero se nos cortó el rollo en cuanto vimos entrar en el garito a tres maderos que iban buscando con sus miradas a alguien. Pasaron por nuestro lado con la fotografía del padre del Pepe en la mano, y al Pepe no se le ocurrió otra cosa que levantarse y salir de najas . Los maderos no pasaron por alto el detalle y le trincaron del cuello en la puerta. Le pusieron las esposas con las manos a la espalda y regresaron a la mesa a por nosotros. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos en la parte trasera de la lechera rumbo a la comisaría de Ventas. Uno de los maderos nos seguía con el coche del padre del Pepe.A la llegada, nos tomaron los datos, nos registraron de arriba a abajo y estuvieron una hora interrogándonos. No eran tontos, creo que se dieron cuenta enseguida de que no éramos delincuentes y que sólo éramos cuatro chavales pasados de rosca. Al menos, el Pato anduvo listo y, antes de que nos cogieran, había escondido la piedra de hachís debajo de los cojines del sillón del pub, así que estábamos limpios. Nos metieron en el calabozo y allí nos dejaron. El Chino seguía echándole en cara al Pepe que no hubiera parado en cuanto vimos a los maderos, que nos habríamos evitado problemas. Pero el Pepe, de una forma inverosímil, se había quedado dormido con la cabeza apoyada en los barrotes de la celda.Al cabo de una hora escuchamos ruido y vimos que venían los maderos. El padre del Pepe venía detrás de ellos. Abrieron la puerta y no tuvieron tiempo de advertir lo que iba a pasar. Yo sólo vi la mano del padre del Pepe, que parecía un muestrario de salchichas de Frankfurt, que se alzaba en el aire. Las dos hostias que le pegó a su hijo resonaron en la celda como latigazos.
-¡Hijo puta! ¡Cabrón! -fueron exactamente sus palabras-. ¡Tira p'a casa que te vas a enterar tú de lo que vale un peine!
Al Pepe no volvimos a verle hasta dos semanas después. Su padre le tuvo todo ese tiempo castigado en casa.Poco a poco, empezaron a llegar los respectivos padres de cada uno de nosotros y nos fuimos marchando a casa. Las retahílas de nuestros progenitores, que por aquel entonces no podían con nosotros, se repitieron en cada hogar.No fue la primera noche que acabamos en comisaría ni sería la última.
Así fueron aquellos tiempos de mi juventud en la que un alcalde, Tierno Galván, dirigía los destinos de una ciudad en la que cuajó un movimiento cultural famoso aún hoy en todo el mundo.No sé qué habrá sido del Pato, aunque la última vez que oí hablar de él estaba en el trullo . El Chino y el Pepe cayeron en el caballo . Al primero le encontraron muerto con una sobredosis de heroína en Alonso Martínez. El Pepe murió de sida. Ninguno pasó de los veinticinco años de edad.Yo ahora soy lo que nadie habría creído que pudiera llegar a ser, es decir, un tipo normal, casado, con hijos y alejado de todo aquello. Un tipo que ha podido vivir para contarlo.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Piratería en Somalia

En pleno siglo XXI, cuando la piratería marítima ocupaba sólo una parte de la memoria histórica de siglos pasados y protagonizaba el romanticismo de algunas novelas y películas de Hollywood, vuelven a surgir los piratas. Y lo hacen en Somalia, un no país controlado a medias por islamistas radicales y señores de la guerra. Todo empezó con algunos secuestros de pesqueros, operaciones de poca monta. Pero las últimas hazañas de estos hombres han sido el secuestro de uno de los buques petroleros más grandes del mundo y de otro buque cargado de cereales de Hong Kong. Se están haciendo fuertes. Los piratas del cuerno de África tienen a día de hoy 17 presas y más de 200 rehenes. Operan ya a 400 millas de la costa somalí en un área de 3 millones de kilómetros cuadrados, seis veces la superficie de España. La franja de mar que han hecho su territorio es demasiado extensa como para ser totalmente controlada por las potencias que han enviado hasta allí buques de guerra. El pasado martes, una fragata de la armada india hundió uno de los barcos de los piratas; lo que no habían conseguido EE.UU. y la Unión europea lo ha hecho una de las potencias asiáticas emergentes.
El primer país que está pagando económicamente los actos de los piratas es Egipto, que está viendo reducido el tráfico marítimo a través del Canal de Suez. Si esto no se arregla, subirán las primas de los seguros de las cargas, de los ocupantes y de los barcos. Puede que el primer problema al que se enfrente la nueva administración americana sea Somalia, en donde Clinton ya tuvo su primer fracaso cuando todo el mundo vio como la gente arrastraba a los marines masacrados por las calles de Mogadiscio. Y puede que la solución de este nuevo problema surgido a principios de siglo XXI no sea tan fácil como creen algunos.

sábado, 22 de noviembre de 2008

El Plan de Calidad en la Enseñanza

La semana pasada se votó en los Claustros de Profesores de Andalucía por segundo año consecutivo la aceptación o no del Programa de Calidad ofertado por la Junta a los centros educativos. El resultado ha sido 54 % de aceptación en los centros de primaria y sólo un 20 % de aceptación en los centros de Secundaria. Habría mucho que hablar sobre este programa, pero básicamente se basa en incentivar económicamente a los profesores por la obtención de mejores resultados con los alumnos.
Las razones de estos resultados son varias. En Primaria, apenas hay problemas de disciplina y hay menos fracaso escolar. Por tanto, el Plan no se oferta como solución a unos determinados problemas, sino como una medida nueva más entre varios proyectos que oferta la Junta. Sin embargo, en Secundaria existe conflictividad y hay mucho más fracaso escolar. Los profesores están hartos de aguantar a alumnos y padres faltos de motivación y con egos como catedrales. Las soluciones a estos problemas son diversas, y bastaría con hacer una búsqueda en un buscador de Internet para ver la cantidad de profesores de Secundaria que están escribiendo sobre el Sistema Educativo actual, sus fallos y sus soluciones. En Secundaria la oposición al Programa de Calidad es ideológica. Ya que la solución, como propone la Junta, no es pagar más para trabajar más. Los profesores no son el problema. Al presentarse el Plan en Secundaria como solución a los problemas, ha encontrado el rechazo frontal de la mayoría de los Claustros, que saben que esa no es la solución. Porque los profesores ya trabajan bastante sin que se les incentive. A todos nos gusta ganar más, pero no a costa de admitir que el problema está en el profesorado, porque no es cierto.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Publicatuslibros.com publica el libro electrónico con los relatos finalistas del III Certamen de Narrativa Breve "Revista digital IES Ventura Morón

Podéis decargarlo aquí.
Hoy, nos vemos en formato electrónico por tercer año consecutivo, con la seguridad de haber hecho los deberes en nuestro trabajo y con la satisfacción de haber propuesto a toda la comunidad educativa una serie de actividades extraescolares que esperamos hayan enriquecido la vida de nuestro instituto. Este año hemos enmarcado nuestro certamen literario en el Proyecto de Interculturalidad que se ha desarrollado en el Centro por razones obvias, ya que en las tres ediciones que llevamos hemos recibido relatos de todos los rincones de la geografía española y de países de culturas tan distintas como Francia, Bélgica, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Cuba, Chile, Argentina, Perú o Ecuador. Y estamos orgullosos de ello, pues el primer año teníamos nuestras dudas sobre el poder de convocatoria que tendría un humilde instituto como el nuestro. Bien es cierto que el Centro es conocido en Algeciras, sobretodo por tantos y tantos años de buena labor formando a alumnos de Formación Profesional y, desde hace ya tiempo, también a alumnos de E.S.O. y de Bachillerato. Pero hoy en día, el Centro es conocido en todo el mundo, gracias al poder de comunicación de Internet, porque en nuestro instituto hay cuatro locos que organizan un certamen de relatos cortos, nada menos que internacional, ¡ahí es nada! Haciendo una búsqueda en Google o en cualquier otro buscador, se puede comprobar fácilmente que hay multitud de resultados que indican claramente la aceptación de este certamen entre los medios especializados, entre los participantes y en diversos foros literarios, en los que tradicionalmente se polemiza y se discuten los resultados de los concursos literarios. Yo he podido constatar que tenemos nuestros partidarios y nuestros detractores, lo que demuestra que el nuestro, es un certamen plenamente consolidado en los círculos literarios.Como coordinador, sólo puedo deciros que todos los que participamos de alguna manera en el evento, lo hacemos con la mayor de las ilusiones sacando tiempo de donde no lo tenemos. Y que desde que nos metimos en esta aventura nuestro objetivo principal fue la transparencia. Los relatos se reciben por correo electrónico y por correo ordinario y es uno de los pocos certámenes que publica absolutamente todos los relatos, no sólo los finalistas.
Cuando se comprueba que los cuentos se ciñen a las bases, son publicados en nuestra revista digital, visible al resto del mundo a través de Internet. Con ello creemos que cumplimos varios objetivos:• Que el autor o la autora vea su obra publicada con el convencimiento de que va a ser leída no solamente por los miembros del jurado sino por todos aquellos que accedan a la página web que alberga su relato.• Que cada participante pueda leer los relatos que concursan junto al suyo y pueda formarse una idea de con quiénes compite.• Que todo el mundo pueda dedicarse al placer de la lectura de forma gratuita.Un género literario, éste, el del relato corto, muy particular. Son muchísimos los concursos que existen alrededor de este género por la brevedad del mismo, que permite una lectura rápida pero intensa. Un género por el que optan al principio la mayoría de los escritores que empiezan. La razón es obvia: es evidente que escribir un relato corto conlleva mucho menos trabajo que afrontar el grandísimo reto que supone escribir una novela. No hay un formato específico para escribir un cuento, que puede tener desde unas líneas hasta un cierto número elevado de páginas. Pero la “brevedad”, en este caso, no es sinónimo de “facilidad”, nimucho menos. Yo escribí mis primeros relatos hace ya algún tiempo y, tras componer los primeros, empecé a enviarlos a concursos ciertamente esperanzado. Pronto me di cuenta de que ganar un certamen o, simplemente, quedar entre los finalistas, era un objetivo muy difícil. Porque, tras reflexionar sobre el género, asumí que componer un cuento breve es una labor que requiere trabajo y cierta técnica, no vale cualquier cosa. Explicaba Julio Cortázar la diferencia entre dos géneros narrativos, novela y cuento, mediante la comparación con otras dos formas artísticas como son el cine y la fotografía: la novela sería una película, que transcurre en una secuencia de fotogramas, mientras que el cuento está más limitado y sería una foto, un único fotograma. Todo cuento presenta a un personaje, una acción, una trama y un conflicto. De ahí que el escritor que sobrevuela el relato corto describa a un personaje que, normalmente, afronta uno de estos tres tipos de luchas:a) un combate contra un suceso incontrolable (fatalidad),b) contra otros personajes (antagonistas)c) o contra sí mismo (elige entre el deber y el deseo).Cualquiera de estas tres luchas (internas o externas) hace preguntarse al lector cuál será la solución. De ahí que, si bien todo cuento necesita de un conflicto, éste último también requiera un desenlace. La fórmula narrativa para que el conflicto irrumpa en nuestros vuelos literarios viene precedida de un cambio de actitud o de aptitud del protagonista. Este cambio puede producirse por desarrollo (una de las cualidades secundarias del personaje pasa a ocupar el primer plano de su comportamiento de una manera paulatina) o bien por una crisis (una situación externa o interna que modifica sus acciones). El conflicto narrativo muestra a un protagonista que lucha contra otros personajes, contra sus propios principios o sentimientos o bien contra su destino o una fatalidad. En definitiva, el conflicto es un suceso que enfrenta al personaje principal con fuerzas antagónicas durante una trama cuya resolución tiene un desenlace trágico o cómico. Para mí, la fuerza de “El suicidio”, nuestro relato ganador, radica ahí, en el desenlace. Un desenlace que cambia todo lo que llevas leído y que te hace tener que volver a leer el relato desde el principio, por lo menos a mí me pasó. Esa es la fuerza narradora de nuestra ganadorade este año, Teresa. Cuando una escritora tan laureada como ella gana un certamen literario su figura ya no se engrandece, pero sin embargo hace más grande al certamen que la premia. Para nosotros ha sido todo un honor tener la suerte de haber contado con ella en nuestra tercera edición y tener la suerte de que haya ganado el primer premio. No quisiera terminar esta intervención sin mencionar a algunas personas en el capítulo de agradecimientos. Para ello voy a utilizar el refranero. Un refrán quizá sea la mínima expresión de un relato corto. Generalmente es una frase corta, concisa pero llena de significado y de sabiduría ancestral. Hay uno que me viene al pelo. Dice así: “es de bien nacido ser agradecido”. Por tanto, quiero dar las gracias a mucha gente y espero no dejarme a nadie en el tintero. Gracias a todos los miembros del jurado, por haber dedicado horas y horas de manera altruista a leer y a evaluar todos los relatos. Gracias a la dirección del Centro, que lleva tres años apostando por este evento a pesar de que le genera un trabajo extra digno de agradecer.Gracias a la Asociación de Madres y Padres del I.E.S. Ventura Morón, que han sabido ver que este certamen seguramente irradia a sus hijos valores que no se imparten durante el régimen ordinario de clases y que colaboran económicamente junto a la dirección del Centro para poder organizar el evento de manera digna. Gracias al Ayuntamiento de Algeciras que a través de la Fundación Municipal de Cultura está con nosotros desde el principio. Gracias a CEPSA que año tras año nos presta su ayuda económica apostando por la cultura. Gracias también este año a los miembros del Proyecto de Interculturalidad y a su coordinadora, que se han sumado a la celebración de la tercera edición del certamen. Gracias a todos los medios de comunicación que han difundido en las páginas impresas y en Internet las noticias relativas al concurso. Gracias a todos los escritores participantes, que con tanta ilusión nos han enviado sus relatos. Gracias a los que alguna vez nos han enviado sus escritos para publicar en la revista digital que da nombre al certamen.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Enésima reforma educativa abocada al fracaso

En estos días hemos conocido las nuevas leyes que regirán la nueva reforma educativa, abocada al fracaso desde su nacimiento. Porque los que hacen las reformas no tienen ni idea de los que se cuece en los institutos. No pisan un aula desde hace veinte años, bien porque son liberados de los sindicatos, bien porque son políticos, bien porque son pedagogos teóricos. La nueva reforma será un fracaso porque no corrige los defectos del meollo de la cuestión: la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).
Es un error que los niños vayan a los institutos con 12 años. La práctica docente demuestra que no tienen el nivel de madurez adecuado para ello. Es un error prolongar la enseñanza obligatoria hasta los dieciséis años, porque generalmente, los niños que no quieren estudiar se plantan a los doce y lo único que les queda por delante son cuatro años prisioneros en un instituto montando la de Dios es Cristo cada día.
Ahora han creado los Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) en donde pretenden acorralar a los fracasados de la ESO. PCPI’s, con nombres tan rimbombantes como “PCPI de Domótica”. ¿Me quiere explicar alguien como van a conseguir los profesores que un alumno que no ha resuelto una ecuación de primer grado en su vida estudie Domótica, que es una de las asignaturas más difíciles que hasta ahora se imparte en los Ciclos de Grado Medio (CGM) y de Grado Superior (CGS) de Electricidad?
Los CGM y el bachillerato deberían empezar a los 14-15 años y no a los 16-17, y que sólo se matricularan en ellos los alumnos con verdadero interés. No han arreglado el paso directo de los CGM a los CGS, que se seguirá haciendo a través de prueba, a nivel de bachillerato, para niños que no han estudiado, no ya a nivel de bachillerato, sino a nivel de nada, ya que en un CGM no se imparte ni matemáticas, ni lengua ni nada, son todas asignaturas técnicas.
Con la nueva ley, los que terminan un CGS podrán acceder a un primero de cualquier carrera. Fracasarán, puesto que en los CGS, como en los CGM, tampoco se imparte matemáticas, ni Lengua; ni siquiera inglés. Por tanto, suspenderán en primer curso de Universidad. Por si todo esto no fuera lo suficientemente flagrante, por falta de alumnos, las Facultades andan convalidando asignaturas de las Ingenierías con asignaturas impartidas en CGS. Aunque se llaman igual o parecido, los contenidos ni se asemejan. ¿Qué clase de licenciados estamos creando?Lo dicho, la enésima reforma educativa está abocada al fracaso. Porque siguen siendo abordadas por necios.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Frase políticamente incorrecta

El pasado lunes, ojeando el diario ABC, leo:”Si educamos a los hijos como demócratas, tendremos dictadores”. Sensible como soy a los temas de educación, el titular se me metió en la cabeza como un latigazo eléctrico. La frase, políticamente incorrecta como la que más, encabezaba una entrevista al señor Aldo Naouri, francés, pediatra y escritor, que, al parecer, lleva 25 años alertando de que la educación va por mal camino. Leí la entrevista ávidamente para concluir pensando en voz alta lo siguiente: “no sabía quién era este hombre pero ahora lo sé, un dechado de sensatez y de sentido común”. Empezaba la entrevista diciendo que si educábamos a nuestros hijos como demócratas obtendríamos dictadores, pero que si los educábamos como fascistas, obtendríamos demócratas. Recomendaba educar guardando la relación vertical que tiene que haber entre padres e hijos, no teniéndonos que justificar siempre ante ellos porque los niños no son nuestros iguales, están por debajo y somos los adultos quienes decidimos. Si los tratamos como a un igual, pensará que él tiene la verdad, que es él el que manda, cuando no debe ser así. Decía que cuando un chico tiene dudas lo que busca es una certidumbre y ésta es determinación. Abogaba por el castigo como una manera de educar excelente, no corporal, sino emplear el aislamiento, porque al niño le encanta comunicarse. La duración del castigo debe imponerla el padre, de inmediato y en función de la gravedad. Recomendaba cambiar el eslogan de “los niños lo primero” por “la pareja lo primero”. Y no hacerse amigo del niño, pues los hijos no son nuestros amigos, sino nuestros hijos.¿Es esto tan difícil de entender?, de verdad...

lunes, 3 de noviembre de 2008

Sin comentarios

Érase una vez un alumno que arroja una tiza a la cabeza del profesor cuando éste está en la pizarra explicando. El niño es expulsado de clase, pero se niega a marcharse. El jefe de estudios tiene que ir al aula a sacarle. Cuando lo hace, sólo llevan unos metros de pasillo recorrido y el niño se da la vuelta. Regresa al aula, abre la puerta de golpe, entra en la misma y le da un bofetón a una compañera. “Por chivata”, grita.
Érase una vez otro alumno. En la clase de Educación Física, decide dar un puñetazo en las costillas a otro niño que viene corriendo. El agredido queda sin respiración. Y el hecho es puesto en conocimiento del jefe de estudios por la profesora. A última hora de la mañana, el jefe de estudios acude al aula y saca de ella al agresor. Le entrega la notificación de la sanción, una expulsión de cinco días. El alumno se pone histérico y cuenta su versión de los hechos, mintiendo. Vuelve a entrar a clase, le da una torta en la cara al niño agredido y le dice “como vuelvas a hablar conmigo te mato”.
Érase una vez otra historia. Ésta, mucho más triste. Dos niños degüellan a otra niña compañera de clase a la salida del instituto.
Estos tres hechos aislados han ocurrido esta semana en España. Está visto que los profesores aguantan lo que les echen, véase si no el cómputo de su trabajo diario. Pero, ¿hasta cuando va a aguantar nuestro Sistema Educativo?
También podía haber acabado esta historia con la siguiente frase: sin comentarios.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Inmigración e hipocresía

El 31 de octubre pasado se ha conmemorado una efeméride negra en el Campo de Gibraltar: 20 años del primer fallecimiento múltiple de inmigrantes documentado al cruzar el Estrecho en busca de una vida mejor. Lugar, playa de Los Lances, Tarifa. Resultado, 18 muertos y cinco supervivientes. Desde entonces, una larga cadena de seres humanos han muerto de frío o ahogados al intentar hacer la misma travesía, u otras, más peligrosas, forzados por el Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE). El número de muertos ha sido directamente proporcional a dos factores: la bonanza económica que hemos vivido en España durante estas dos décadas y el empobrecimiento de las sociedades de los países de origen.
Como español, soy consciente de que el Gobierno debe poner los medios necesarios para erradicar la inmigración ilegal. Ningún país occidental podría soportar las consecuencias económicas y sociales de una avalancha de inmigrantes descontrolada. Como ser humano, me pongo en el lugar de esas criaturas (los inmigrantes), y no dejo de pensar que si yo fuera un subsahariano de un país en guerra, haría lo mismo que ellos, me echaría la mochila al hombro y buscaría una vida mejor para mí y para mi familia. El problema de África y de Sudamérica, quizás, sean la abundancia de materias primas que tienen. Y la codicia de Occidente, amparada por nosotros, los ciudadanos, no lo olvidemos, que subvencionan a reyezuelos y dictadores de medio pelo (pero muy crueles), con tal de tener fácil acceso a esas materias primas. Porque la pregunta es la siguiente: ¿Quién está vendiendo ahora mismo las armas al Congo? Piénsenlo durante unos segundos.

domingo, 26 de octubre de 2008

El Premio Planeta

Hace pocos días se ha fallado el Premio Planeta, el más cuantioso, económicamente hablando, de los premios literarios que se conceden en España. Todos los años ocurre lo mismo, se polemiza sobre que si el premio está dado o no de antemano. Pues acabemos con la polémica de una vez por todas: sí, el premio está dado de antemano. Se sabe. El último que lo ha confesado ha sido el profesor y escritor Antonio Prieto, ganador en su día del premio y miembro del jurado hasta hace tres años. Es lógico que así sea, 600.000 euros no se dan a cualquiera sin garantías de que su novela se vaya a vender. Y hay que vender unas cuantas para que el negocio sea rentable.
Hay que tener en cuenta que el importe del premio se entrega al ganador como adelanto de los derechos de autor por la venta de la novela. Teniendo en cuenta que un escritor se lleva el 10% de las ventas de cada libro, hay que vender muchas novelas para llegar a 600.000 euros. Por cierto, que el 10% de la cantidad mencionada es para el agente literario del escritor si es que lo tiene y la mitad para hacienda.
Por tanto, que quede claro de una vez y dejemos de alimentar el morbo: la editorial habla con varios autores conocidos, les plantea la opción de ganar el premio y negocia con ellos. ¿Significa esto que todas las demás novelas presentadas caen en saco roto? No. Desde luego no van a ganar el premio, pero son muchos los autores que publican su novela después de haberla presentado al Planeta, bien en la propia editorial o en otras y por recomendación de algún miembro del jurado. ¿Significa esto que el Premio Planeta no debería existir? En absoluto, porque, además de ser el acontecimiento literario del año, fomenta como ningún otro premio la promoción de la Literatura y el hábito de leer. Y no estamos como para despreciar en ningún caso ninguna de estas dos circunstancias.

lunes, 20 de octubre de 2008

Demócratas, sí, pero no memos

A la muerte de Franco hubo amnistías y se reformó el Código Penal, lógicamente. Era impensable entrar en una nueva era democrática con las mismas leyes represoras y carpetovetónicas de antaño. Los juristas de nuevo cuño y algunos otros antiguos, se sentaron a una mesa llenos de buenas intenciones y elaboraron unas leyes más acordes con los tiempos modernos que se avecinaban. Veníamos de una época en la que todo el mundo era sospechoso y había muchos malos. Así que, estos señores, entiendo que con buena voluntad, debieron pensar que a partir de ese momento todo el mundo iba a ser bueno. Las nuevas leyes se elaboraron bajo el paraguas de conceptos tales como la “reinserción” y la “reeducación”. No se dieron cuenta de que en los países democráticos de nuestro entorno había índices de criminalidad altos. Y de que la condena a un ciudadano, aun teniendo mucho de reinserción, también tiene una componente de castigo y de cautiverio para proteger a los demás ciudadanos del condenado.
Han pasado muchos años desde la transición y la verdad es que tenemos un Código Penal que muchas veces va más a favor de los delincuentes que de las víctimas. Basten dos ejemplos sencillos de entender:
El otro día salía en televisión una señora tetrapléjica, porque su marido la había atropellado reiteradas veces con el coche. Al hombre le habían caído quince años, de los cuales sólo había cumplido seis porque había ido reduciendo la condena con cursos y otras actividades. Al mismo tiempo, en otra cadena, informaban de que al hombre que había tirado a otro ciudadano al metro con resultado de muerte, le habían condenado sólo a quince años. ¿Cuántos cumplirá realmente?
A ver si alguien se da cuenta de que hay que reformar el Código Penal y de que las condenas no pueden ser tan blanditas. Porque somos demócratas, sí, pero no memos.

domingo, 12 de octubre de 2008

El fracaso escolar y las reformas inútiles

Cuando las instituciones educativas elaboran planes contra el fracaso escolar consistentes en incentivar económicamente al profesorado para que sus alumnos aprueben más, mal vamos. O no se han enterado de qué va esto, o lo saben pero no ponen los medios necesarios porque no saben cómo hacerlo, que es peor. Además, estos planes de calidad presuponen que el profesor trabaja poco y tiene que trabajar más.
Miren ustedes, señores gestores educativos:
a) Llevan años haciendo reformas encargando las mismas a funcionarios que nunca han pisado un aula.
b) Han alargado la educación básica hasta los dieciséis años, que, en principio, parece un logro social, pero que en la práctica no lo es. Me explico: como un niño con catorce años diga que no quiere estudiar más, no estudia más. ¿Y qué es lo que le queda por delante? Pues dos años prisionero en un instituto en huelga de brazos caídos y boicoteando clases y recreos.
c) Han reducido las ratios, aunque poco, reconózcanlo. Cuando no es tanto problema de ratios sino de los trastornos graves de conducta de muchos de los niños que llegan a las aulas de Secundaria. Llevamos ya muchos años en los que les decimos a los profesores que llegan a los institutos: “Tengan ustedes, quince niños para educarlos y diez que le van a estar dando morcilla todo el año”. Que curiosamente, son los niños que más atenciones tienen por ley (atención a la diversidad, adaptaciones curriculares, etc.). ¿Dónde quedan los derechos de los alumnos sin trastornos graves de conducta, bien educados y que quieren estudiar? ¿Por qué deben éstos aguantar que les den cogotazos o que un niño maleducado abra una ventana en medio de una clase de historia, por ejemplo, y se ponga a gritar sin ton ni son? Déjense de ratios de veinte y den a los profesores grupos de treinta niños con comportamientos normales, ya verán como los institutos erradican el fracaso escolar.
Déjense ustedes de planes inútiles y dennos una solución para esos cinco o diez niños que hay en cada aula, que no dejan dar clase y que nos hacen gastar tiempo y energías cuando sabemos que en cuanto cumplan los dieciséis se van a ir con todas las asignaturas de primero y segundo suspensas.
Porque la solución no es darles los libros gratis pagados con los impuestos de todos y que se dedican a pintarrajear y romper. Gástense el dinero en poner un educador (que no profesor) para ellos, en grupos de tres como máximo. Porque un niño sin educación, no está preparado para aprender Lengua o Matemáticas. Pero eso vale dinero ¿verdad?

domingo, 5 de octubre de 2008

La crisis: ¿buena para la educación?

Estamos en crisis y mucha gente lo está pasando mal, tal vez por falta de previsión. Cuando en este país todo el mundo trabajaba y se obtenían sueldos altos por realizar trabajos que no requerían especialización, los ciudadanos emplearon ese dinero en comprarse dos coches, a poder ser, más lujosos que los del vecino; en comprar televisiones de plasma que no cabían en el salón y superfrigoríficos que no cabían en la cocina; o bien, en irse en verano al Caribe, con el único aliciente de tener un todo incluido. Aumentó la natalidad, pero no se les ocurrió enviar a los hijos a estudiar el bachillerato a Inglaterra, por ejemplo, en donde, además de obtener el título, sus hijos habrían aprendido inglés. No; porque molaba más comprarse un GPS para el coche y dejar “aparcados” a los niños en el colegio. Luego, si los angelitos suspendían nueve, pues se les compraba el último modelo de móvil y de consola y cuando cumplieran los dieciséis la motito de marras. ¿Para qué iban a estudiar los niños si estudiar no sirve para nada?
Curiosamente en la época de más bonanza de la economía española ha sido cuando más se ha dado el fracaso escolar. El último informe PISA y algún otro elaborado por la OCDE sitúan a España a la cola en educación.
Pero hete aquí que el otro día leo en el periódico que en las escuelas donde se imparte la E.S.A. (educación Secundaria para adultos) están teniendo un aluvión de alumnos y diversos expertos achacaban el citado aluvión a la crisis. Debido a que la mayoría de los empleos sin cualificación creados en la época de vacas gordas están desapareciendo, la gente se está dando cuenta de que como mínimo hay que tener el graduado en E.S.O. para obtener un puesto de trabajo.
El otro día, en el instituto donde trabajo, vino un ex alumno a pedir “un papel” en que se dijera que tenía aprobado hasta 2º de E.S.O., porque se lo exigían en el trabajo. La verdad es que el niño no aprobó ni primero, en su día se dedicó a hacer el vago y el gamberro con la complicidad de sus padres. Es otro ejemplo grotesco más de cómo los niños de esa generación perciben la escuela pública.
A lo mejor, con esto de la crisis, la gente empieza a percibir de nuevo que estudiar es bueno. Y, a lo mejor, empezamos a ver en un plazo breve de tiempo que el fracaso escolar disminuye.
¿Será buena la crisis económica para la educación?

jueves, 2 de octubre de 2008

El cerrojo faz

A nadie se le escapa que Cádiz es una ciudad extremadamente pintoresca. Ni que el humor rezuma por las esquinas de cada una de sus calles. Algunos de sus habitantes podrían estar contando anécdotas durante horas, anécdotas graciosas que son cantadas y contadas en su máximo esplendor en los carnavales. Ayer, después de desayunar, me acerqué a la ferretería del Grillo, mote por el que se conoce de toda la vida a Genaro Vargas, un hombre dado a luz prácticamente en las salinas debido a la tradición salinera familiar. Mantiene abierta la ferretería desde hace más de cuarenta años. Entrar en ella es casi un placer para los sentidos porque durante todo ese tiempo, el Grillo ha almacenado materiales que bien merecerían estar en un museo de antigüedades. Además, su forma de trabajar a la antigua permite que le pidas un determinado tipo de tornillo y te saque una caja de zapatos amarilleada por los años llena de todo tipo de tornillería, de toda menos de la que necesitas. A mí no me molesta en absoluto. El Grillo es amigo mío desde hace décadas y siempre que aparezco por allí echamos el rato.Después de saludarme, el Grillo procedió a gestionar mi pedido, nada complicado, por otra parte. Yo necesitaba algunos cáncamos roscados y unos espiches para colgar unos cuadros. Se subió a una escalera y al cabo del rato descendió con tres cajas que habían vivido mejores momentos y las depositó en el mostrador. Las destapó cuidadosamente y me mostró un amasijo de cáncamos en la primera de ellas. La segunda contenía tacos de diversos tamaños y colores. Y en la tercera había clavos, algunos de ellos oxidados, así que volvió a cerrarla y la separó de las dos primeras. En ese momento, entró un viejecito en la tienda al que el hecho de caminar se le hacía una labor un tanto fatigosa. Calculé que tendría unos noventa años por lo menos. Conservaba todo su cabello, blanco como la sal. Vestía un pantalón ancho de pana de color marrón y chaleco a juego. Las solapas de su camisa blanca asomaban de entre el cuello del chaleco y hacían que pareciera que su mentón reposara sobre ellas. Tenía la cara muy arrugada y llevaba por expresión una mueca risueña permanente. Sus ojillos de color azul celeste brillaban de una forma especial y su boca iba un tanto entreabierta. A cada paso que daba, golpeaba suavemente el viejo suelo de parquet de la tienda con su bastón. El Grillo me dijo que fuera buscando entre el material de las cajas mientras atendía al anciano, que se situó a dos metros de mí.
-Buenos días -dijo el Grillo-. ¿Qué desea, abuelo?
-Me dé un cerrojo Faz -dijo el anciano mirando profundamente al Grillo.
-Enseguida, abuelo. ¿Cómo lo quiere? ¿Algún tamaño en especial?
El abuelo se quedó mirando impertérrito al Grillo y de su boca no salió una sola palabra. Parecía estar retándole a que le trajera el cerrojo enseguida, eso decía su mirada, pero por otro lado, su quietud y su aparente falta de prisa decían lo contrario. Vi al Grillo bastante desconcertado y, al final, optó por desaparecer por detrás de la cortina que llevaba al almacén. El abuelo giró la cabeza y se me quedó mirando como si mi búsqueda entre la profusión de materiales contenidos en las amarillentas cajas de cartón le hiciera gracia. No se rió, pero su mueca sonriente y sus ojos clavados en mí hicieron que apartara la mirada y siguiera buscando. Mientras el Grillo buscaba el cerrojo y yo me empeñaba en rebuscar en las cajas, un par de hombres y una señora entraron a la tienda y se pusieron a husmear entre el género que el Grillo tenía en las estanterías. Mi amigo volvió a aparecer con cuatro cerrojos entre las manos. Los dejó ordenadamente en el mostrador, delante mismo del anciano.
-Mire usted, abuelo, a ver qué modelo es el que quiere.
El anciano bajó la mirada hasta posarla en los cerrojos y, después de hacer sus reflexiones, señaló con el dedo índice de su mano derecha uno de tamaño mediano.
-Éste -dijo. Y volvió a mirarme con sus ojillos brillantes. Esta vez sonrió.
El Grillo apartó los demás cerrojos y sacó de debajo del mostrador una hoja del Diario de Cádiz de la sección de deportes. En ella se podía leer la noticia de la consecución del título de Liga por parte del Deportivo de La Coruña. Y es que todo en la ferretería de mi amigo el Grillo era de colección. Puso el cerrojo encima y lo envolvió con el papel.
-¿Algo más, abuelo? -el anciano negó con la cabeza-. Son veintiocho euros. -El anciano enarcó las cejas, miró al Grillo y por primera vez perdió la expresión graciosa de su rostro.
-¿No tiene uno que sea más barato?
-Sí, sí que los tengo -contestó el Grillo-, pero no son de la marca que usted me ha dicho.
-A mí me da igual la marca, hijo.
El Grillo miró al anciano y después desenvolvió pacientemente el cerrojo. Volvió a perderse por detrás de la cortina. El abuelete volvió a mirarme con su característica y ya familiar mueca burlona y yo volví a enfrascarme en mi búsqueda, que hasta el momento estaba resultando del todo infructuosa. Un par de personas más entraron a la tienda. Y mi amigo apareció tras un minuto con un cerrojo del mismo tamaño que el anterior.
-Este es de las mismas características que el de antes, abuelo, y más barato.
-¿Cuánto vale? -preguntó el anciano.
-Este vale dieciséis euros.
-¿No tiene uno más barato?
-No, abuelo -contestó el Grillo con parsimonia-. Ya no tengo más baratos.
El anciano metió la mano en el bolsillo derecho de su pantalón de pana y tras rebuscar un momento puso en el mostrador tres billetes arrugados de cinco euros. Después volvió a meter la mano en el bolsillo y sacó un puñado de calderilla. Contó hasta llegar a un euro poniendo en el mostrador una sucesión de monedas en la que la más grande era una de diez céntimos.
-Y esto... hace dieciséis -dijo el anciano.
El Grillo había envuelto el cerrojo en el mismo papel de antes mientras el anciano estuvo contando las monedas. Tras coger el dinero, mi amigo metió el paquete en una bolsa de asas y se la entregó al abuelo que abandonó el establecimiento lentamente, igual a como había entrado. No se despidió.
-Qué, Manuel -me dijo el Grillo-, ¿encuentras eso o no?
-Pues no -dije-. Pero no te preocupes, que seguro que entre todo lo que tienes aquí algo encuentro. Atiende si quieres a otro cliente.
Mi amigo me dejó con mi búsqueda y se puso a atender a una de las señoras. Mientras seguía rebuscando en una de las cajas, volví a escuchar un sonido familiar que me hizo volver la vista hacia la puerta de entrada. El ruido era el que el anciano provocaba con su bastón al apoyarlo a cada paso que daba en el parquet. De forma pausada, vi como avanzaba hasta el mismo sitio en el que había estado antes, es decir, a mi lado, en el mostrador. Volvió a mirarme y sonrió y el Grillo dejó de atender a la señora y se situó delante del viejo.
-¿Ha olvidado algo, abuelo?
-Que digo yo, que ahora ¿quién pone el cerrojo?
El Grillo se quedó mirando al anciano mientras se pellizcaba la barbilla sin saber muy bien qué decir. El viejo le sostenía la mirada.
-Hombre... Mire, abuelo, hay un chico que de vez en cuando viene por aquí y hace algunos trabajillos a cambio de una propina. Si quiere, me da usted su dirección y cuando venga le digo que vaya a su casa a ponérselo, ¿qué le parece?
El anciano estaba petrificado delante del Grillo mirándole inquisitivamente sin perder esa mueca suya tan desconcertante. Al final hizo un gesto afirmativo con la cabeza y el Grillo apuntó su dirección y su teléfono en un trozo de papel.
-Además, si quiere puede dejar el cerrojo aquí. Así, cuando venga el chavea, él mismo lo llevará a su casa.
-No, el cerrojo me lo llevo.
-Como quiera, abuelo.
Después de esto el anciano volvió a abandonar la tienda ante las disimuladas miradas de la clientela. Y yo volví a enfrascarme en mi infructuosa búsqueda que a punto estaba de dar por perdida. No pasaron ni cinco minutos hasta que el abuelo volvió a entrar en la tienda acaparando de nuevo todas las miradas. Mi amigo el Grillo ya no sabía dónde meterse.
-Mire -dijo el anciano-, que he pensado que sí, que le voy a dejar el cerrojo para que el chico lo lleve cuando vaya a ponérmelo.
-Como quiera, abuelo -contestó el Grillo.
El abuelo me miró durante unos segundos y después dio media vuelta y volvió a salir de la tienda. La gente empezaba a murmurar.
Después de atender a un cliente, el Grillo se acercó hasta mí y me preguntó que si había encontrado lo que había venido a buscar. Le dije que no. Se pellizcó la barbilla mientras parecía cavilar buscando una solución. Volvió a encaramarse a la escalera y se llegó hasta el último estante. Luego bajó y situó ante mí otro par de cajas más amarillentas todavía, las abrió y me dijo que seguramente ahora encontraría el material. A continuación se puso a atender a otro cliente. En las cajas había más tornillos, más tuercas y más cáncamos mezclados con escarpias y arandelas, pero aparentemente no parecía haber lo que yo buscaba, aunque me puse a revolver.
Entretanto, un hombre de mediana edad enfundado en un mono que de desteñido presentaba un color azul celeste claro, mostró al Grillo una resistencia de una plancha antigua.
-Verá -dijo el hombre-, la plancha no vale dos duros, pero la clienta le tiene cariño.
-Ya -contestó el Grillo-, pero es que estas resistencias ya no las hacen. Aunque..., espere un momento porque en el almacén tengo todo tipo de cachivaches antiguos. A lo mejor con suerte...
El Grillo volvió a desaparecer por detrás de la cortina y al cabo de diez minutos regresó con una plancha antigua que estaba un tanto oxidada. De la plancha pendía un cable de los que llevaban revestimiento textil que estaba un tanto deshilachado y sin clavija de enchufe.
-Espere un momento -dijo el Grillo-, que a lo mejor...
Mi amigo cogió una navaja de electricista y peló el extremo del cable. Luego hizo lo mismo con los dos hilos que habían quedado al descubierto y después retorció los hilillos de cobre que habían quedado a la vista. Con la pericia propia de un antiguo ferretero, metió los hilos en un enchufe de superficie que había en el mismo mostrador en el que depositó la plancha de pie.
-Si funciona -dijo el Grillo- le saco la resistencia y se la lleva. Es del mismo modelo.
Al cabo de unos minutos, el Grillo se mojó con saliva la yema de su dedo índice y la pasó por la superficie de la plancha. El ruido de la saliva al quemarse fue suficiente para que el Grillo diera por válida la prueba.
-Esto vale -dijo.
A continuación, pertrechado con un destornillador, el Grillo desarmó la plancha en menos que canta un gallo. Luego extrajo la resistencia y la dejó encima del mostrador.
-Muchísimas gracias -dijo el hombre-. Ya verá que alegría se va a llevar la clienta. Lleva más de treinta años planchando con la misma plancha. ¿Qué le debo?
El Grillo se pellizcó la barbilla de nuevo y puso cara de estar haciendo sus cavilaciones.
-Deme tres euros -dijo de pronto. Sacó una hoja de periódico, que parecía ser el envoltorio oficial de la ferretería, envolvió la pieza y la metió en una bolsa.
-Muchísimas gracias -dijo el hombre después de dejar los tres euros en el mostrador.
-No hay de qué, caballero.
Seguía yo rebuscando entre las cajas cada vez más convencido de que allí no iba a encontrar nada cuando volví a escuchar un sonido que ya me iba resultando familiar. No me hizo falta volver la vista. Sabía que el anciano del cerrojo volvía a entrar en la ferretería con su andar monótono y cansino. Al llegar a mi lado, volvió a mirarme de reojo con esa mirada pícara suya. Le colgaba una gota de sudor de la punta de la nariz. Todo el mundo dejó de rebuscar entre el género que el Grillo tenía desperdigado por todos los rincones de la tienda. Se notaba que esperaban con ansiedad saber qué es lo que iba a decir el viejo ahora.
El Grillo dejó por unos momentos de atender a una señora que estaba buscando un filtro para una cafetera y se aproximó al anciano.
-¿Quiere usted alguna otra cosa, abuelo?
El viejo apartó la vista de mí y escudriñó en profundidad al Grillo, al que se le notaba que el anciano le estaba poniendo en una posición incómoda. Lejos de hablar, el abuelo prolongó aquel interminable momento de silencio que estaba descolocando totalmente al Grillo. Volvió a mirarme y después giró su cabeza aguileña hacia mi amigo. Por fin se decidió a hablar ante las expectantes miradas de la clientela.
-Que digo yo, que ya no quiero el cerrojo. ¿Usted podría devolverme el dinero?
El Grillo me miró y después miró a la clientela. Se ruborizó ante las risas ahogadas de todos ellos. Mi amigo caviló unos segundos antes de dar una contestación, siempre lo hacía.
-Claro que sí, abuelo, no hay problema.
Después de abrir el cajón en el que guardaba el dinero el Grillo le dio sus dieciséis euros al anciano. Éste me miró sonriendo.
-Je, je -escuché mientras veía relucir sus ojillos azules.
A continuación, se dio media vuelta y salió de la tienda entre el murmullo general. El Grillo me miró meneando imperceptiblemente la cabeza arriba y abajo.
-Las cosas de Cádiz, Manuel -me dijo-, las cosas de Cádiz. Bueno, y tú ¿has encontrado algo?
-No, pero no importa, ya vuelvo otro día.
-Como gustes, Manuel. Saluda de mi parte a María.
-Sí, de tu parte. Hasta luego.
Salí de la tienda dándole vueltas a la historia del viejo y sonriendo para mis adentros. Como había dicho el Grillo estas cosas eran las típicas que ocurrían en Cádiz. Me marché sin los espiches y sin los tacos, pero había echado el rato, como siempre. Ahora sólo pensaba en echar un vino en una de las tabernas de Cádiz, que haberlas haylas, preciosas, con solera y repletas de anécdotas. Entré en una en la que un hombre decía al camarero que él había visto una vez meter un gol de penalti de cabeza. Pero esa..., esa es otra historia.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Hospital Punta Europa

Hace unos días, una joven familia algecireña sufrió su particular Vía Crucis en el Hospital Punta Europa de nuestra queridísima ciudad. Macarena y David tienen un bebé que empezó a vomitar y a tener diarrea, y aquello no se cortaba. Así que con buen criterio acudieron a urgencias. Aun siendo un caso grave, les pusieron a la cola de otras personas que, aunque con el mismo derecho a ser atendidos, mostraban patologías mucho menos delicadas. En ese intervalo de tiempo, el bebé vomitó tres veces y defecó otras tantas, quedando en un estado que asustó a sus padres. Por fin, y cuando su paciencia no podía más, decidieron protestar. El médico que atendía a Macarena, en el colmo de la mala educación y de una nula sensibilidad, mientras ésta le hablaba, le cerró la puerta dejándola con la palabra en la boca, para estupefacción de una madre desesperada.
Cuando por fin fueron atendidos, lo fueron por este médico maleducado que les dijo que el niño no tenía nada y que se lo llevaran a su casa. Macarena perdió los nervios y sólo cuando se puso a gritar demandando auxilio para su bebé la dijeron que subiera a planta, a pediatría, porque en urgencias del Hospital Punta Europa no hay pediatras, ¿se lo pueden creer?
El pediatra que atendió al bebé lo dejó ingresado porque el niño estaba deshidratado. Y les dijo a los padres que si se hubieran llevado el niño a casa seguramente se hubiera muerto.
Por eso, cuando ayer me tomaba una cerveza con ellos en el patio de su casa y tenía al niño en brazos, no pudimos por menos que brindar porque Pablito, que así se llama el infante, aún seguía entre nosotros.

domingo, 22 de junio de 2008

Algeciras dominical

Esta mañana de domingo he despertado entre ecos del congreso del PP y los fervores patrios del España-Italia que escupían los auriculares de la radio. Mientras calentaba el café, ya me estaba relamiendo sólo de pensar en el momento casi eucarístico de sentarme en el sofá y experimentar, entre las tinieblas del amanecer, la mezcla alquímica de la nicotina y la cafeína. Tras experimentar el mencionado momento, decidí hacer una visita matinal y dominical a la ciudad, placer y gozo que no me daba desde hace mucho tiempo. Así que cogí el coche y me planté en diez minutos en el centro de Algeciras. Eran las 8.45, pero el periódico, al menos el que yo quería, todavía no había llegado. Con resignación, me senté en la Pza. de Joaquín Ibáñez y encendí un cigarrillo contemplando el silencio que aprisionaba la plaza, sólo roto por el ruido de las escobas de un par de barrenderas que limpiaban el borde de la carretera de la basura que algunos ciudadanos sin escrúpulos habían decidido depositar en la vía pública. Apenas pasaba un coche y no se veía a nadie pasando por la calle. Mis únicos conciudadanos despiertos a esas horas eran esos que mendigan y malviven en la plaza y que a diario conjugan sus andaduras con las correrías de los alumnos del I.E.S. Ventura Morón.

Por fin, a eso de las nueve, vi que una furgoneta aparcaba frente al despacho de prensa, señal inequívoca de que mi periódico acababa de llegar. Después de comprarlo, me senté tranquilamente en la Calle Castelar a tomar un café. Nada nuevo: más PP y más fútbol en el periódico, la indiferencia de los camareros de la cafetería de cuyo nombre no voy a acordarme, la terraza vacía y la calle aún más vacía. Al cabo del rato, un camarero colocaba una bandera de España, de las que llevan el toro en el centro, en la reja del bar, y me sirvió un café como si fuera una molestia innecesaria que él se tomaba por cortesía hacia mí. Le di las gracias con ironía inglesa y entonces sí, me dediqué durante una hora a saborear otras noticias más escondidas pero más interesantes. Por supuesto, cuando decidí marcharme, tuve que entrar dentro del bar a rogar que me cobrasen.

El paseo hasta la Pza. Alta resultó un bálsamo para los sentidos, ya que las calles seguían vacías y pude aspirar sensaciones que sólo se respiran en soledad. Dicen que Algeciras es una ciudad fea y, ciertamente, bonita no es, aunque lo fue. Lo atestiguan las casas señoriales y otras no tan señoriales que muestran en estado de ruina sus bellos atributos arquitectónicos y que los dueños, o quienes sean, dejan que se hundan para construir pisos y apartamentos modernos y estéticamente horribles. Sí, Algeciras no es bonita, pero a mí me gusta pasear por sus calles y descubrir los restos de la otrora Algeciras que seguramente embrujaba al caminante. La Pza. Alta, que en un día de diario está llena, produce vértigo un domingo por la mañana sin nadie que dé de comer a las palomas o que charle con el vecino.

Al llegar a la Calle Ancha volví a sentarme en una terraza para terminar de leer el periódico. Otra característica de la ciudad son los pedigüeños que importunan al ciudadano haciéndole elegir entre la comprensión o la solidaridad y el hastío o el “déjame en paz, tío, no me des el coñazo”. Otros solitarios como yo poblaban la terraza de la calle principal de la Algeciras dominical solitaria. Y cuando terminé de leer el periódico, me fui como había venido, con mi periódico bajo el brazo y con un estremecimiento contenido, por la soledad de las calles, por el silencio que flotaba en el ambiente y por lo horroroso de los edificios modernos que, sin gente, se hacen más evidentes. No me preocupo porque mañana es lunes. Volveré a caminar por los mismos sitios pero el bullicio matinal habrá ahogado ese insoportable silencio de los domingos.

martes, 10 de junio de 2008

Crónica: Viaje a Granada y firmas de José Luis Muñoz

Eran las doce de la mañana del viernes, 6 de junio de 2008, cuando llegué al andén de la estación de Algeciras. Encendí un cigarrillo entre aroma a tren y a estación y me senté en un banco a esperar a Lucía, mi mujer. Había quedado con ella allí. Cuando llegó con el carrito y esa sonrisa suya, pareció como si saliera el sol, siempre me provoca ese efecto. Subimos al tren y dijimos adiós a la que ya se ha convertido en nuestra ciudad, con sus virtudes y sus defectos. Nos esperaban cuatro horas y media de viaje, casi el mismo tiempo que se tarda en ir a Madrid en el Altaria, sólo que éste de Granada es un tren expreso que viaja lento por una orografía más que difícil.
Me encanta viajar en tren porque uno se puede dedicar a contemplar paisajes, a levantarse y caminar entre las hileras de asientos poblados de desconocidos y a leer, es el sitio ideal para leer. No tardamos mucho en dar buena cuenta de unos bocadillos de lomo preparados para la ocasión mientras iban quedando atrás San Roque, Jimena de la Frontera y tantos otros pueblos con sublimes encantos del Parque Natural de Los Alcornocales. Después, con la relajación flotando como una leve bruma por el vagón, llegó el tiempo de la lectura. Al llegar a Ronda el tren se quedó casi vacío y la tranquilidad se instaló en el ambiente.
Extraje del bolso la novela ganadora del Premio de Novela Ciudad de Badajoz, la culpable de mi viaje a Granada. Una novela de mi amigo José Luis Muñoz, al que conocí como a tantos otros amigos por Internet, debido a que él participó en nuestro Certamen de Relatos Cortos "Revista Digital I.E.S. Ventura Morón". Una novela que se titula "El mal absoluto" y que trata de los campos de exterminio nazis y del pasado, y de venganzas. El libro se lee bien. Es de esos que, cuando quieres darte cuenta, llevas cincuenta páginas y no te has enterado. Y, sin enterarme, llegamos a Granada. La verdad es que me esperaba otra estación acorde con la categoría de la ciudad. No la conocía y me decepcionó. He visto estaciones de cercanías en poblaciones de Madrid mucho mejores, ciertamente. Y, ni un taxi a la vista, así que permanecimos más de quince minutos esperando entre bocanadas de tabaco y aromas de Granada.
Llegamos al hotel a eso de las seis. Había hecho la reserva por Internet. Por cierto, aun habiéndolo hecho con tiempo, me fue muy difícil conseguir una habitación en toda la ciudad. El portal de reservas me dio el Hotel Montecarlo, en pleno centro, un hotel de dos estrellas que está muy bien y el personal amabilísimo. Como la novela me había enganchado en el tren, seguí leyéndola en la habitación después de un pequeño paseo con Lucía y un café. Ella fue a dar una vuelta por la catedral y yo me sumí en "El mal absoluto" entre las paredes de una habitación acogedora. La lectura fue interrumpida con el regreso de Lucía que venía rebosante, con el recuerdo acuestas de los días que habíamos pasado en la ciudad años atrás: yo, examinándome, y ella, pateando las calles, nerviosa por el resultado de las pruebas.
Después de refrescarnos y arreglarnos un poco, nos acercamos paseando hasta la librería Picasso, en donde José Luis Muñoz iba a presentar sus novelas "El mal absoluto" y "La caraqueña del maní". Como todavía era pronto, me dediqué a hacer una de las cosas que más me gustan: mirar y mirar y remirar los libros que poblaban los estantes. Con la noción del tiempo perdida, escuché que alguien pronunciaba mi nombre. Al volverme, vi que era José Luis. No nos habíamos visto nunca, pero ambos nos reconocimos por las fotos en Internet. Nos saludamos y charlamos animadamente durante cinco minutos hasta que la hora se echó encima y el escritor tuvo que ir a saludar a otras personas. Porque en una presentación, el que presenta no para de saludar, de ser saludado y de ser fotografiado y hasta agobiado por todos.
Llegada la hora, me senté con Lucía dispuesto a escuchar lo que el autor y las personas que le acompañaban tenían que decirnos. Por cierto, escoltaban a José Luis, Alicia Núñez, Gregorio Morales y César Girón. Abrió el acto Alicia, describiendo el universo literario del escritor, prolífico en obras: novelas, relatos, crónicas y columnas periodísticas. Destacó el hecho de que José Luis no es un autor de un sólo género sino que ha ido tocando todos ellos, destacando "quizá" un poquito más en el género de novela negra. Después, Gregorio y César presentaron respectivamente "La caraqueña del maní" y "El mal absoluto". Ambos destacaron la calidad de las novelas y la técnica y el oficio de José Luis Muñoz. Se deshicieron en elogios hacia el escritor, como no podía ser de otra manera.
Tras las intervenciones de las personas que acompañaban al autor, llegó el momento esperado. José Luis nos contó exactamente cómo se le ocurrió escribir "La caraqueña del maní". Tras viajar a Caracas a promocionar una novela de género erótico, el autor pudo comprobar por sí mismo la dinámica de la ciudad. El acto de percibir la personalidad y las características de un sitio nuevo no es un acto racional. Es algo de lo que uno empieza a empaparse nada más empezar a caminar por las calles, es como si un hálito de finos hilos de energía se te colara por todos los poros de la piel y tu cerebro empezara a descodificar información en un acto reflejo. José Luis nos contó que enseguida se sintió fascinado por las sensaciones que le provocaba Caracas, sensaciones contradictorias que van desde la espontaneidad y la amabilidad de sus gentes hasta la pobreza y la miseria que flotan en el ambiente. Ninguna de las personas que acompañaban al autor había dejado de sufrir un robo, un asalto o un "secuestro exprés". Pero lo que más le fascinó fue un garito al que le llevaron. Una sala de baile que le ofreció un espectáculo tal para sus sentidos que no pudo hacer otra cosa que apoyarse en una columna y contemplarlo. En ese momento, José Luis ya sabía que iba a escribir una novela sobre todo aquello. Y es que los que escribimos, siempre vamos con la caña preparada para pescar cualquier historia que nos pueda sugerir un argumento. Ya sólo le faltaba dilucidar desde qué punto de vista iba a narrar la historia y, tras pensarlo un poco decidió que, mejor que bajo su perspectiva, la historia iba a ser narrada desde el punto de vista de un personaje que iba a resultar ser un ex etarra refugiado en Venezuela, hecho nada extraordinario ya que varios ex terroristas viven en Sudamérica en un retiro pactado. Así que, una vez en el hotel, agarró su portátil y empezó a aporrear las teclas.
Tras acabar de hablar de "La caraqueña del maní", José Luis empezó a contarnos cómo surgió "El mal absoluto". Curiosamente, la novela se engendra a raíz del visionado de un documental de la BBC sobre el campo de exterminio de Auschwitz. Documental que yo también vi en su día junto a Lucía y con el que nos quedamos bastante impresionados. Una vez más, el escritor experimenta un hecho que le inspira para escribir una novela. Una novela nada fácil, según nos explicó José Luis, debido a la dificultad para meterse en la propia piel de un nazi que, lejos de arrepentirse de lo que hizo, se muestra orgulloso de su pasado ante la periodista que lo entrevista. Un judío que estuvo en el campo prisionero reconoce en la entrevista al nazi octogenario. Fue su carcelero en Auschwitz, y a partir de ahí, asume que sobrevivió para vengarse.
Lo demás fueron aplausos, reconocimientos y firmas de libros que José Luis Muñoz llevó a cabo con paciencia y amabilidad. El que esto escribe recibió su firma y su dedicatoria personal en "El mal absoluto", como tantos otros lectores y admiradores del escritor.
Tras el acto, Lucía y yo nos encaminamos hacia una búsqueda melancólica. Queríamos encontrar un viejo bodegón en donde solíamos cenar aquellas noches de nervios y oposiciones. Después de caminar por calles y callejuelas con el embrujo de cientos de años de Historia y cuando ya habíamos perdido la esperanza de encontrar el sitio, apareció allí como por arte de magia ante nosotros. El bar, de cuyo nombre no es que no quiera acordarme, es que no me acuerdo, despide un tufo añejo a vino y a vermut, a fritanga y a antiguo. Podría decirse que es cutre pero con mucho encanto. El caso es que allí cenamos unas generosas raciones de albóndigas y jamón asado acompañadas de un buen vino de la casa. Después, marchamos hacia el hotel con una parada de café irlandés por en medio.
La mañana siguiente transcurrió entre el Albaicín, las teterías, la Capilla de los Reyes Católicos y la Catedral, en cuya salida me agarró una gitana, y como no podía zafarme de ella sin violencia me vi abocado a la lectura de la buenaventura y otras vicisitudes que tuve que pagar con un par de euros y un par de cigarrillos. Bueno, más se perdió en la guerra, aunque tenía que haber andado más vivo. Comimos en la plaza del mercado entre aromas florales y melodías ejecutadas por músicos ambulantes. Y finalizamos la estancia regresando al hotel a por nuestras cosas y cogiendo un taxi para la estación de tren que sólo alberga cuatro bancos, con lo que, al final, todo el mundo acaba tirado por el suelo en espera de su tren.
El nuestro llegó a su hora y, entre Granada y Algeciras, Lucía, "El mal absoluto" y yo. El tren vacío hasta Ronda y, a partir de ahí, llenazo. Y José Luis Muñoz, que después de Granada marchaba a Madrid, a Bilbao y a la Semana Negra de Gijón. Buen viaje, amigo. Que las venideras presentaciones sean tan agradables como lo fue la de Granada. Y que tengas buenas ventas.

Premios de José Luis Muñoz:
Ciudad de Seseña Novela Romántica (2008) Ciudad de Badajoz (2007) Camilo José Cela (2007) Letra Erecta (2004) Ciudad de Jumilla (2004) Diputación de Córdoba (2004) Francisco García Pavón (2003) Café Gijón (1999) Ciudad de Alcorcón (1993) Ciudad de Cáceres (1992) Angel Guerra (1991) La Sonrisa Vertical (1990) Félix Urabayen (1989) Ateneo de Albacete (1988) La Odisea (1987) Azorín (1985) Tigre Juan (1985)

Libros publicados:
EL MAL ABSOLUTO (Algaida, 2008) LA CARAQUEÑA DEL MANÍ (Algaida, 2007) VIAJEROS DE SI MISMOS (Brosquil, 2006) ÚLTIMO CASO DEL INSPECTOR RODRÍGUEZ PACHÓN (Algaida, 2005) LOS RITOS AJENOS (Ayuntamiento de Jumilla, 2005) LLUVIA DE NÍQUEL (Algaida, 2004) EL SABOR DE SU PIEL (Alfadil, 2004) LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO - CARIBE (Planeta, 2002) LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO - EL FUERTE NAVIDAD (Planeta, 2002) LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO - GUANAHANÍ (Planeta 2001) LIFTING (Algaida, 2001) UNA HISTORIA CHINA (Editorial Koty, 2000) LA PRECIPITACIÓN (CIMS, 1999) LA MALFORMACIÓN DE R. MELIC (El Brocense, 1994) EL FINAL FELIZ (Ayuntamiento de Alcorcón, 1993) MALA HIERBA (Grupo Libro 88, 1992) PUBIS DE VELLO ROJO (Tusquets, 1990) LA CASA DEL SUEÑO (Laia, 1989) LA LANZADORA DE CUCHILLOS (Icaria, 1989) SERÁS GAVIOTA (Ayuntamiento de Toledo, 1989) EL BARROCO (Plaza & Janés, 1988) LOS OJOS AJENOS (Ayuntamiento de Toledo, 1988) BARCELONA NEGRA (Júcar, 1987) EL CADÁVER BAJO EL JARDÍN (Júcar, 1987)

sábado, 23 de febrero de 2008

Amor en el Estrecho

Desde que trabajaba en el puerto de Algeciras, Manuel Cárdenas había tenido la oportunidad de cambiar de parecer. Ahora era un enamorado de la zona de la que, en un principio, no tenía una buena opinión, confirmándose una vez más que las opiniones prematuras y sin elementos de juicio suelen ser erróneas. No conocía la ciudad cuando le ofrecieron hacerse cargo de la gestión portuaria, y sólo aceptó porque sabía que Lucía siempre había querido residir en el Campo de Gibraltar. Y también porque habían movido los hilos para que a ella la trasladaran. De la Complutense a la sede de la UNED en Algeciras, en donde podría seguir enseñando Historia en un enclave paisajístico privilegiado, donde antaño moraron griegos, cartagineses, romanos, visigodos, árabes...
Vivían en la Sierra de la Luna, en una casita situada en la falda del pico del Algarrobo, muy cerca del Peñón del Fraile, donde nace el río de la Miel. A los dos les encantaba contemplar la bahía de Algeciras, con el Peñón de Gibraltar a la izquierda, África enfrente y el comienzo del Estrecho a la derecha. Ahora en vez de respirar humo, aspiraban la fragancia de los bosques de helechos, quejigos, rododendros y alcornoques.
Como cada tarde se la podía ver sentada en la roca, en lo alto del acantilado, mirando el horizonte mientras escuchaba cómo rompían las olas unos metros más abajo. Era la hora en que el sol va perdiendo su brillo, ganando tamaño y perdiendo altitud. Le gustaba sentir con su cuerpo, muy concentrada, cómo iba transformándose el paisaje. El cielo cambiaba del azul al negro pasando por toda una gama de texturas que Lucía observaba en un silencio religioso. El espectáculo terminaba cuando el sol se escondía por la cresta de la montaña. A estas alturas escuchaba una vibración que nadie más notaba y que finalizaba cuando por fin oscurecía. Entonces expresaba su gratitud al infinito, se levantaba y caminaba por la carretera del faro hacia el coche, para regresar a casa. Así transcurrían las tardes de aquel verano que acababa de comenzar, ausente de problemas, en calma. Desde que vivía en el sur había coleccionado sin premeditación lo que en un principio denominó momentos mágicos. Al poco tiempo cambió de opinión al respecto, ya que todo lo que hacía al cabo del día le parecía igualmente especial. Había cambiado la gran ciudad por una casita de campo en la costa y desde entonces, su vida se había transformado de forma tangible. Al fin había dado el paso. Llevaba años soñando con ello, los mismos durante los cuales estuvo sintiéndose prisionera en una prisión sin barrotes, pero deprimente, agobiante. La vida le había hecho un regalo y todos los días agradecía el gesto emocionada, sola y en compañía de Manuel, su amado.
Condujo tranquila hasta la casa y cuando entró vio una nota que estaba sujeta con un imán en la puerta del frigorífico. La cogió con delicadeza y se sentó plácidamente en el porche a leerla. Mientras lo hacía escuchaba los sonidos de la noche de la Sierra de la Luna que de vez en cuando obsequiaba a sus habitantes con inquietantes silencios que no había experimentado en ningún otro sitio. Eran silencios misteriosos y extraños, todo cesaba y estaba ocurriendo en ese mismo momento.

"Buenos noches niña. ¿Qué tal estás? Espero que bien cariño mío. ¿No sabes tú que eres el amor de mi vida? Como me decías el otro día, llevamos media vida juntos. Y el tiempo que me resta de vivir, espero que estés siempre junto a mí, alegrándome la vista y el alma. Porque eres mi angelito y te amo. Y te echo mucho de menos todos los días. Un beso. Te veo luego."

Las notas de Manuel eran un ritual. Él no dejaba pasar ni un día sin ejecutarlo y ella las leía emocionada. Ahora, sentada en el umbral de la casa, esperaba que los faros del coche iluminaran la noche anunciando el regreso de él. Mientras lo hacía pensaba que les quedaba poco tiempo para estar juntos, ya que al día siguiente ella partía para Madrid. Desde allí cogería un vuelo que la llevaría a Etiopía en donde pensaba continuar con la investigación que había emprendido para su departamento. Esperaba que la misma se plasmara en un libro, no era el primero que escribía. Y pensaba en qué aventuras la esperarían allí. La investigación estaba relacionada con un hipotético viaje que habrían realizado los caballeros templarios a tierras etíopes en los tiempos de las cruzadas en busca del arca de la alianza. Y los temas relacionados con su especialidad, Historia Medieval, la apasionaban.
Un resplandor lejano la sacó de su ensueño. Manuel volvía a casa. Al cabo de unos minutos se besaban y sentados en el salón se contaban cómo habían pasado el día. Tomaron una cena ligera a base de ensalada y fumaron un último cigarrillo en el patio trasero de la casa, sin luz, íntimamente como a ellos les gustaba y escucharon los mensajes de la noche. Habían aprendido a hacerlo desde que vivían allí y les encantaba repetir cada noche la misma escena mientras contemplaban el nítido mapa estelar del cielo. Sólo cuando el sueño hizo acto de presencia se levantaron y cogidos de la mano caminaron a la habitación, se besaron y se quedaron profundamente dormidos.

"Buenos días angelito mío. Espero que hayas pasado una buena noche y que hayas tenido dulces sueños. Yo he dormido muy bien, muy relajado después de lo de anoche. Estabas muy bonita mirando las estrellas. Y cenando y conversando, es que siempre estás preciosa, no sé como lo haces. Te echo de menos, y más que te voy a echar estos días en los que vas a estar tan lejos. Pero estoy contento ya que sé que estás a mi lado. Ah, gracias por casarte conmigo, y por quererme. Te amo angelito. Luego te veo. Un beso."

Después de escribir la nota para Lucía, Manuel Cárdenas apagó su cigarrillo, retiró la taza de café que acababa de tomar y se dispuso a salir de casa para contemplar el espectáculo. Era temprano, ella todavía dormía y mientras abría la puerta pensó que tenía una hermosa mañana por delante para disfrutar de su amada. Llevaban veinte años juntos y seguían enamorados. Le gustaba dejarle notas siempre que podía. Ahora la imaginaba bajando por la escalera cuando se levantara de la cama, leyendo el mensaje mientras hacía café. La veía aún medio dormida inhalando el típico aroma que producía la cafetera y llenándose de energía, sentada en el sofá, releyendo la nota y echándole de menos. Manuel saludó al nuevo día y se dirigió a su peña favorita desde donde podía contemplar el mar. Pasaba allí sentado muchos momentos, quieto, divisando el horizonte y podían transcurrir horas antes de que se levantase y tuviera la percepción de que sólo habían pasado unos minutos. Extrajo un libro de su pequeña mochila que siempre llevaba acompañándole en sus paseos y se dispuso a leer un rato. Al cabo de dos horas divisó a Lucía que asomaba la cabeza tras la puerta y le obsequiaba con una sonrisa que era lo más parecido que había visto a un amanecer. Era preciosa y él tenía el privilegio de disfrutarla todos los días. Dio gracias al cielo y recorrió a paso ligero los cien metros que le separaban de la casa, abrazó a su angelito y le dio los buenos días con un beso que le supo a néctar del cielo. Se miraron embobados, como si no se hubieran visto nunca, y sonrieron. Tomaron café y después revisaron juntos la maleta de Lucía, cuidando de que no faltara nada para el largo viaje que se avecinaba. Aunque era pronto, decidieron pasar las últimas horas en la playa. Ya en el coche, mientras avanzaban por la nacional trescientos cuarenta, contemplaban el Estrecho que ese día les mostraba una de sus muchas facetas. El día era soleado pero había nubes en el cielo. No se veía el agua del mar, ya que una espesa neblina cubría la superficie y de vez en cuando alcanzaban a divisar la parte superior de algún barco que hacía la transición entre el Atlántico y el Mediterráneo o viceversa. Lucía lloraba emocionada ya que todavía no podía creer que había alcanzado su sueño de estar ahí y más de una vez temía despertar. Al llegar aparcaron el coche y saludaron a su manera a uno de sus rincones favoritos. Enseguida notaron que el saludo les era devuelto en forma de energía que a modo de abrazo les envolvió. Se cogieron de la mano y decidieron aprovechar el espléndido día para caminar tranquilamente por la playa. La temperatura les permitió descalzarse y sentir las suaves caricias de la arena en las plantas de los pies. Caminaban despacio, sin prisa. El mar estaba tranquilo y el suave viento cambiaba de levante a poniente. La playa estaba vacía y avanzaban disfrutando el uno del otro dejando atrás rocas, garitas en ruinas de la guerra... Al cabo de una hora se sentaron en una peña y contemplaron el horizonte.
-Ya queda menos para que te marches Angelito -comentó Manuel apesadumbrado.-Calla, no me lo recuerdes amor -contestó ella con tristeza- . Pero tengo que hacerlo, tú bien lo sabes. Cuando se hace un trabajo de investigación llega un momento en que hay que viajar a los lugares de los cuales estás escribiendo. -Ya lo sé Angelito, lo que pasa es que no me gusta separarme de ti. Además no es lo mismo ir a Francia o a Inglaterra que a Etiopía. Tengo miedo, no sé exactamente a qué peligros vas a enfrentarte en ese país africano.-No te preocupes vida. Recuerda que no voy a hacer el trabajo sola. Como ya sabes no puedo entrar en el monasterio por mi condición de mujer, así que voy acompañada. Juan Luis, del departamento de Historia de la UNED de Madrid va conmigo. Además en todo momento nos acompaña personal de seguridad de la embajada. Ni los etíopes ni los españoles van a permitir que nos ocurra nada.-Eso espero porque si no se las verán conmigo.-No te preocupes más. Además estoy muy contenta de que me hayan elegido a mí, es una gran oportunidad. Y sabes que el tema me apasiona, hay bastantes posibilidades de que los templarios viajaran allí. Se han rescatado documentos y hay cruces del Temple en algunas de las iglesias y en el monasterio.-No podían haber elegido mejor, eres un "coquito" y bien que lo saben. Nadie haría mejor el trabajo.-Gracias cielo pero tú sabes tan bien como yo que hay muchas personas que podrían hacer el trabajo.-Sí, pero no saben tanto sobre la orden y las cruzadas como tú. En fin, tendré que sacrificarme y pasar estos días sin disfrutar de tu presencia.-Eres un cielo...
Aún con la palabra en la boca Lucía recibió un dulce beso de su esposo. Después decidieron que ya era hora de dar media vuelta y encaminar sus pasos al bar de Mateo para comer. Mientras volvían, Lucía, que por unos momentos se quedó un poco rezagada, contemplaba a Manuel y se preguntaba qué habría hecho de no haberle encontrado. Le quería con toda su alma y pidió con todas sus fuerzas que les quedasen muchos momentos como ese para compartir. Ya en el bar comieron unos platos de atún a la plancha con patatas fritas y una ensalada. Les encantaba, sobre todo a él que era buen comedor y a menudo acababa su comida y continuaba con la de ella. A Lucía le gustaba verlo comer porque se notaba que disfrutaba al hacerlo. Pidieron dos cafés y encendieron un pitillo dedicándose a contemplar las montañas que todavía conservaban el verde característico de la primavera; ese año había llovido mucho. Pagaron la cuenta y llegó el momento de elegir entre perder el tren o seguir disfrutando del momento.
Ya en la estación de Algeciras un hombre permanecía quieto en el andén con los ojos vidriosos. En el vagón del tren una mujer extraía una hoja de un sobre que encontró al abrir su libro de lectura.

En la soledad de su alma
un hombre llora en callada
y observa con tensa calma
la partida de su amada.
La angustia que manifiesta
por ese tren que se aleja,
es un dolor que molesta,
silencio de rabia queja.
Sólo tiene la esperanza
de que el tiempo pase en nada
y que sin grande tardanza
le devuelvan a su amada.

Ahora eran los ojos de una mujer en el interior de un vagón de tren los que se tornaron vidriosos. Y pensó para sí que Manuel era un cielo.