Contacta con el autor

Tu nombre:

Tu E-mail :

Mensaje:

 

lunes 8 de febrero de 2010

Esperpento nacional

Con la que está cayendo, me pregunto que qué es lo que hemos hecho para merecer estos políticos que tenemos. Pero basta echar un vistazo general a la sociedad para ver que a lo mejor tenemos lo que nos merecemos. ¿Qué hemos hecho mientras vivíamos tiempos de bonanza económica? Por lo pronto, he conocido muchísimos casos de personas que pedían créditos hipotecarios millonarios. Además, ampliaban el crédito para comprarse un cochazo. En muchos de los casos, la pareja tenía empleos precarios y, sin embargo, nos les importaba meterse en letras durante cincuenta años. Incluso los que ganaban mucho dinero, por ejemplo en la construcción, no invertían las ganancias en dar una educación a sus hijos. Albañiles y fontaneros millonarios no tenían la iniciativa de enviar a sus hijos a Londres, pongamos por caso, a estudiar el bachillerato, que podrían haberlo hecho. No, se compraban Mercedes y se iban al caribe. Curiosamente, cuando hemos sido la octava potencia económica, hemos sido también los últimos en cifras de fracaso escolar. Hace dos décadas, de padres trabajadores salían hijos médicos y arquitectos. Ahora, de padres licenciados, salen hijos que, en muchos casos, no obtienen el graduado en ESO.

Los programas culturales en televisión brillan por su ausencia. Y más gente de la que se piensa se sabe la vida de los concursantes de Gran Hermano. Los niños ya no quieren ser bomberos, médicos o astronautas, como antes, quieren ser Belén Esteban. No leen porque dicen que es un rollo y no saben matemáticas ni geografía. No leen periódicos ni ven telediarios y, si los ven, y sale Irak, pongamos por caso, no saben si está a la derecha del mapa o a la izquierda.

Hay bandas en la A-6 que tiran piedras a los vehículos para provocar accidentes. Los veinteañeros, siguiendo la última moda, van en manga corta en pleno invierno. Y hay que escuchar sus conversaciones cuando uno se sienta a tomar un café y coincide con ellos.

Y no son sólo los jóvenes. Ayer, antes de entrar al cine, por cierto, como la película era de pensar un poco estaba vacío, entré a tomar un café. En la mesa de al lado había tres matrimonios vociferando. Bien vestiditos, clase media alta. Hablaban, de vez en cuando hasta aporreaban la mesa, del tamaño de los penes y de las tetas. Todos pasaban la cincuentena. También criticaban que España era el país en donde más se consumía cocaína. Sin embargo la conversación transcurría escoltada por seis cubatas. En veinte minutos pidieron dos rondas. Y yo, salí huyendo por lo desagradable de la conversación y por los gritos, preferí esperar en la calle.

O sea, que viendo el panorama, no me extrañan los prototipos de políticos que tenemos. Porque toda esta gente mencionada, luego van a las urnas a votar.

jueves 4 de febrero de 2010

Premio de Poesía

Una noche, al venir de trabajar, aparqué en el barrio y me dirigí hacia el portal. Enseguida algo llamó mi atención: cinco o seis mujeres rumanas de etnia gitana junto con una cuadrilla de niños pequeños permanecían apostadas en la fachada del Lidl charlando animosamente. Me paré en el portal y encendí un cigarrillo contemplando la imagen. De repente, un empleado sacó las cubos de basura. E, instantáneamente, esas mujeres y esos niños volcaron los cubos en la acera y empezaron a llenar sus carros de la compra. Pan de molde, yogures, leche, conejo, pollo, todo caducado. Pero me llamó la atención la alegría de esos niños y esas mujeres, danzando alrededor de toda esa comida en mal estado, formando una algarabía fuera de lo común. Cuando terminaron, se marcharon con los carros llenos y con una felicidad que se adivinaba al contemplar las sonrisas que llevaban dibujadas en sus rostros.

Al llegar a casa, escribí un artículo que podéis leer aquí. Y al día siguiente, aún impresionado por lo que había visto, escribí un poema. Los hechos daban para un relato corto e incluso para una novela. Como tenía las bases de un certamen de Poesía Social, envié el poema para el concurso. Y hace unos días me comunican que he ganado el segundo premio, lo que me ha hecho especial ilusión, ya que tenía galardones en Novela Corta y Relato Corto, pero es el primer premio en Poesía, un género, que me parece Literatura en estado puro.

Os dejo aquí el poema premiado en el II Certamen de Poesía Social Julia Guerra, organizado por el Ateneo Republicano de Algeciras. Espero que os guste.

La fiesta de las sobras

La gente ya se retira,

ha oscurecido hace tiempo,

el frío se filtra hasta los huesos,

y anuncia el invierno.

A ellos no les importa,

ya no sienten el frío ni las horas,

ellas charlan y se ríen

mientras los niños

juegan, ríen y lloran.

Les miro, extrañado,

no sé lo que buscan,

ni lo que esperan,

fumo un cigarro observando,

calibrando sus esperanzas.

Hablan con alegría,

perdieron su tristeza

en alguna acera olvidada,

en un tiempo impreciso.

No entiendo nada,

hablan otra lengua,

pero no hace falta,

su felicidad casi contagia.

Están de pie,

se apoyan en la fachada,

blanca como la nieve,

pura como sus almas.

Nadie repara en ellos,

ni ellos se fijan en nada,

son mujeres maduras,

con sus niños, muchos niños,

y sus cabezas tapadas

con pañuelos de amargura.

Sigo observando,

¿qué esperan?

no deduzco nada,

hablan con palabras extranjeras,

palabras para mí extrañas,

los niños corretean,

por la acera y por la calzada.

La curiosidad me invade,

enciendo otro cigarrillo,

y miro a la gente

que se retira a sus casas,

encogidos por el frío,

pero ellos no se encogen,

esperan y hablan y ríen,

y no comprendo nada.

¿Es que ellos no tienen frío?

¿Es que no tienen casa?

¿Dónde están sus maridos?

¿Qué esperan tan felices con tanta calma?

El frío arrecia,

la noche avanza,

se me hace pesada la espera,

a pesar de mi abrigo,

a pesar de mi vida,

que apenas abriga esperanzas,

ellos llevan blusas,

y ni siquiera tiemblan,

sonríen, charlan,

y ellos sí,

están llenos de esperanza,

no me hago idea de lo que esperan,

con tanta placidez en sus caras.

Ya no hay gente en la calle,

sólo los que esperan,

y el que observa,

cada vez más cansado,

con más frío,

pero con la curiosidad intacta,

del que ve la alegría

de unos rostros,

y en el suyo indiferencia,

y desesperanza,

aunque posea un abrigo

y aunque tenga una casa.

De repente hay movimiento,

cesan las risas,

cesa la charla,

y todos se arremolinan

alrededor de un hombre,

con ropas del que trabaja,

que empuja un cubo mugriento

y que lo deja en la calzada.

Las mujeres abren la tapa,

y vuelcan el contenido

en las baldosas calladas,

sobre las que los niños corren

gritando en triunfal algarada.

Sus madres meten en bolsas

la comida caducada,

vacío el supermercado,

y las bolsas que rebosan,

conejo que ya no vale,

pan de molde de tostadas,

comida que no se paga,

pero que irán igualmente,

a las bocas de esos niños

de familias desamparadas.

Apago mi cigarrillo

y regreso con el frío incrustado en mi espalda,

a la cocina de mi casa.

Mientras preparo la cena

con comida ésta sí, pagada,

me propongo dibujar,

aunque sea en mueca calma,

una sonrisa en mi cara.

Y con la nevera llena

y cuatro paredes por casa,

me obligo a albergar

una brizna de esperanza.

martes 2 de febrero de 2010

El documento Saldaña

“El documento Saldaña” llegó a mis manos no por casualidad. Conocí al autor, Pedro de Paz, al asistir a una conferencia sobre Novela Negra impartida por varios autores del género en el Instituto Cervantes que él moderaba, dentro de los actos organizados en el ámbito de Getafe Negro. Luego me lo encontré en la librería Estudio en Escarlata, en la presentación de “Impar y Rojo”, de Oscar Urra. Como me pareció un tipo interesante, paso a menudo por su blog, cuyos contenidos son siempre frescos y elegidos y tratados con la locuacidad y la inteligencia que le caracterizan. Cierto día, haciendo un hueco entre la pila de lecturas que tengo pendiente, compré“El documento Saldaña”, su tercera novela, y tengo que decir que el día que decidí hacerle ese hueco estuve bastante lúcido, porque la novela es una delicia.

Pedro pertenece a esa generación de escritores nacidos en los sesenta que actualmente están publicando intentando dar a conocer sus obras en un mundo, el literario, difícil, lleno de tópicos y de escritores encumbrados pertenecientes a otras generaciones. Irrumpen en el mercado en la presente década luchando contra los molinos de viento anclados en el campo literario. Podríamos decir que se abren paso a machetazos, irrumpiendo en premios, editoriales y agencias literarias con la fuerza de sus narraciones, inspiradas en tipos como Chandler, Reverte o Juan Madrid. Y, a día de hoy, podemos decir que, con mayor o menor suerte, están ahí, con sus novelas en las librerías, dando conferencias, cursos y realizando presentaciones.

Pedro escribió en 2004 su ópera prima, “El hombre que mató a Durruti”, y consiguió el primer premio en el I Certamen Internacional “José Saramago”. La novela suscitó cierto interés tanto por la buena construcción de la trama como por su interés histórico y el trabajo de documentación. Fue traducida al inglés y lanzada al mercado anglosajón. En 2006 se publica su segunda novela, “Muñecas tras el cristal”, y participa en una antología de relatos titulada“La vida es un bar”. Su tercera novela, “El documento Saldaña” (2008), publicada por Planeta y, posteriormente editada por Círculo de Lectores en una edición especial de club, constituye hasta ahora su mayor éxito editorial. Y el año pasado, la editorial Salto de Página, acude a él para que participe en una antología de relatos policiales titulada “La lista negra. Nuevos culpables del policial español”, libro que reúne a Pedro con los principales compañeros de generación: Domingo Villar, Oscar Urra, Carles Quílez, José Ángel Mañas, Luis García Jambrina, etc.

“El documento Saldaña” pertenece al género negro policial pero no es sólo eso. Pedro se ciñe a los cánones pero también construye una novela de Intriga Histórica magníficamente documentada. Su personaje, Miguel Cortés, sin duda, es chandleriano, ejerce de detective, divorciado y de personalidad marginal, pero sólo circunstancialmente y casi por casualidad, ya que realmente su ocupación es la de persuasor de tipos que no pagan sus deudas, cobro de impagados, como el Toni Romano de Juan Madrid. Le contrata gente sin escrúpulos pensando que el asunto le va a venir grande, pero él no se achica, al contrario, resuelve el caso como no lo habría resuelto nadie, a su manera, que resulta de lo más efectiva. El personaje, fruto del divorcio y de diversas relaciones fallidas, ejerce la típica misantropía del detective de los cánones del género, pero finalmente acaba enamorándose y enamorando, protagonizando una de las subtramas de la novela que sin duda es una historia de amor. El autor tiene la habilidad de prolongar los momentos de tensión, llevando al lector a viajar entre los párrafos con un suscitado interés por ver como acabará cada capítulo, en los que Pedro nos va dando una alternancia en la trama entre los protagonistas y sus antagonistas, que son malvados, malos de verdad. El final es apoteósico e inesperado. Cuando el lector cree que la novela ya se ha acabado, Pedro nos obsequia con unas cuantas páginas más en donde acaba de atar cabos que habían quedado sueltos, resolviendo la novela con una elegancia fuera de lo común.

Cuando uno lee una novela como “El documento Saldaña”, no queda más remedio que anotar el evento, quedarse con el nombre del autor y procurar seguirle de cerca para ver cuándo vuelve a publicar para deleite de todos. Me queda la duda de si en su próximo libro nos dará la oportunidad de seguir las peripecias de Miguel Cortés o si, por el contrario, nos sorprenderá con algo totalmente nuevo. En cualquier caso, yo querré leer ese libro.

Enhorabuena, escritor.

domingo 31 de enero de 2010

J.D. Salinger


El pasado 27 de Enero murió Jerome David Salinger, el tipo más raro del mundo, el escritor de una sola obra conocida, “El guardián entre el centeno”, una de las pocas leyendas que quedaban vivas. Misántropo, misógino y huraño, se pasó toda su vida escondido en casa y dedicado a pleitear con sus biógrafos y con todo aquél que perturbara su retiro.

Leí el guardián en los ochenta o noventa, no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que me pareció una novela muy fresca. El libro ha estado prohibido varias veces. A mí no me asustó el que hablara de sexo, violencia y drogas, lo que en ciertos ambientes es políticamente incorrecto. Me pareció la historia de un adolescente americano contada sin tapujos, en primera persona, y con un estilo literario sencillo y claro. El que una novela como el guardián fuera aupada a los altares del éxito es para mí todo un misterio, creo que la cosa no era para tanto. Si acaso, quizá, lo fuera por haber sido publicada en 1951, donde imperaba el más rancio puritanismo. La novela es buena, ya digo, pero vista desde la perspectiva que dan los años, para mí es una más entre tantas.

Salinger era hijo de un judío que tenía una tienda de quesos y de una mujer de ascendencia irlandesa-escocesa. Se crió en las calles de Nueva York. Le gustó escribir desde crío, pero su padre le quitó esas ideas de la cabeza y acabó ingresando en la Academia Militar de Valley Forge. Participó en la II Guerra Mundial trabajando para inteligencia y desembarcó en Normandía. El soldado Salinger consideraba a Ernest Hemingway, a quien conoció en París, y a John Steinbeck escritores de segunda clase, reservando su admiración para Herman Melville. Entre el 45 y el 67 estuvo casado con dos mujeres de las que se divorció, acentuando su reclusión. Posteriormente al guardián, Salinger publicó las colecciones de relatos Nine Stories (Nueve cuentos) en 1953 Franny y Zooey, en 1961; y en 1963 una colección de novelas cortas Raise High the Roof Beam, Carpenters and Seymour: An introduction (Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción), protagonizados por la disfuncional familia Glass. Las mentes ágiles y poderosas de hombres perturbados y la capacidad redentora que los niños tienen en las vidas de éstos es uno de los temas principales de las obras de Salinger.

Y nada más. Decía que le gustaba experimentar la paz de no publicar. Entre otras cosas, se dice que practicó el misticismo hindú, el budismo ZEN y la Cienciología, y ritos entre los que destaca la ingestión de su propia orina, según él para purificarse.

Quienes, a pesar de su reclusión, estuvieron cerca de él, dicen que se dedicó toda la vida a escribir. Tras su muerte, ha llegado el momento de saberlo. Si escribió tanto como dicen, sus obras verán la luz, agrandando la leyenda. Y si no ocurre así, sus detractores, los que dicen que “El guardián entre el centeno” fue escrito por otro y que cayó en sus manos, se verán reforzados en sus razonamientos. De lo que no cabe duda es de que este hombre ya era un mito en vida, permanentemente alimentado. Mark David Chapman, el asesino de Lennon; John Hinckley Jr., el que disparó a Reagan; y Robert John Bardo, el asesino de Rebecca Schaeffer, portaban el libro en el momento de su arresto. Y el mito se agranda tras su fallecimiento.

lunes 25 de enero de 2010

El violinista de Mauthausen

Andrés Pérez Domínguez ha vuelto a sorprendernos con una novela sobrecogedora, dura, tierna, locuaz, viva, dulce, amarga... Podría seguir poniendo calificativos a esta obra, algunos de ellos contradictorios, y no acabaría. La sorpresa no es tanta para los que somos habituales lectores suyos y sabemos de lo que es capaz de darnos. Pero aun así, “El violinista de Mauthausen” es la mejor novela que he leído en los últimos tiempos con diferencia.

Andrés se inventa un triángulo amoroso en el tiempo que no deja indiferente. No es un triángulo al uso en que los protagonistas del mismo conviven en el presente; los vértices del polígono aparecen y desaparecen en una suerte de juego onírico atemporal. La novela está llena de escenas que se repiten, pero vistas desde la perspectiva de diferentes personajes, lo que refuerza la asimilación por parte del lector, al que se le somete a continuas analepsis o flashbacks, por usar el término cinematográfico, más conocido por todos. Estos flashbacks van aclarando a lo largo de toda la novela pasajes que son invisibles en los primeros capítulos, con una maestría por parte del autor que raya la perfección. No es fácil omitir acontecimientos que más tarde salen a la luz para luego hilarlos con toda una serie de circunstancias y hechos.

La novela está construida a base de reflexiones de cuatro personajes. Andrés consigue que esas reflexiones parezcan hechas por los personajes mismos sólo que utilizando la técnica del narrador omnisciente, lo que no es nada fácil. El telón de fondo es la 2ª Guerra Mundial, pero lo del escenario, aunque ayuda muchísimo a reforzar la historia, es secundario. La trama podría haberse desarrollado en cualquier momento y en cualquier lugar. Apenas hay diálogos lo que, lejos de ser una recriminación, pasa por ser un halago. Como escritor, sé lo difícil que es construir una trama sólo a base de reflexiones. En la tarea de escribir, los diálogos desahogan, pero a Andrés no le ha hecho ninguna falta. El trabajo de documentación es sensacional, habitual diría yo en el estilo de Andrés que, además, tiene la sana costumbre de visitar los lugares sobre los que escribe.

El triángulo amoroso no es arbitrario ni forzado por los componentes del mismo sino que es forzado por los acontecimientos, lo que hace que los actores del mismo se vean abocados a él sin remisión. Una de las especialidades de Andrés es meterse en la piel de sus personajes, ya lo demostró en su anterior novela, “El factor Einstein”, pero en ésta nos da toda una lección. Los personajes se encuentran entre sí en distintos momentos y en circunstancias dictaminadas por el más puro azar. Y esos encuentros marcan el desarrollo y el apoteósico final de la novela.

Si el lector es sensible, evidentemente la lectura del libro no le va a dejar indiferente. La novela es de las que engancha y tira de ti hasta sumergirte en sus páginas leídas en ocasiones con los ojos vidriosos por la carga de dramatismo que transmiten. No es extraño que haya sido galardonada con el último Premio Ateneo de Sevilla. La trama es innovadora, dado que nadie había narrado la historia de un republicano español en el campo de Mauthaussen. Pero, en mi opinión, Andrés ha plasmado por escrito una de las mejores historias de amor de la Literatura Universal. Enhorabuena, escritor.

Blog de Andrés Pérez Domínguez: http://laseparata.blogspot.com/

jueves 21 de enero de 2010

20.000 visitas

No hace tanto que hice una entrada en este blog titulada “10.000 visitas”. A día de hoy, se han duplicado. Al principio, cuando abrí el blog, lo hice para, sencillamente, dar rienda suelta a mi caudal literario en todas sus facetas. Escribía algo, de vez en cuando, y lo publicaba, sin saber muy bien si alguien lo leía o no. Poco a poco fui cogiendo familiaridad con las herramientas de blogger hasta el punto de saber el número de visitas diarias. Después, gracias a los comentarios, fui navegando por otros blogs comprobando que los que hacíamos esto éramos legión. Esta experiencia me ha permitido conocer gente interesante, aunque sea de forma virtual, que comentan mis entradas. Y hay muchos blogs en los que se pueden leer artículos de gente que bien podría estar en un periódico escribiendo artículos y viviendo de ello, dada la calidad de muchas de las entradas. Pero una de las cosas que tienen los post es que, al no haber ningún interés económico por parte de los autores, los mismos pueden expresarse libremente sin estar sujetos a ninguna línea editorial.

Mi blog me ha permitido expresar reflexiones; cultivar el género de la columna periodística; investigar una variedad literaria, como es la Poesía, a la que le tenía mucho respeto; hacer reseñas literarias; componer monográficos; etc.

Y sobre todo, entablar debates con gente de otras latitudes que, de otra forma, jamás habría llegado a conocer; y eso, sin lugar a dudas, enriquece. Muchas veces también me entretiene hacer búsquedas en Google con los contenidos de mis artículos. Es así como he confirmado que muchos han acabado en las cartas al director de infinidad de periódicos locales y nacionales, con lo que estas cosas que escribo en el Word, en casa, han acabado por toda la geografía nacional, en cafeterías, en oficinas, en domicilios particulares. Además, he podido constatar que muchos de mis post en forma de artículos han acabado en las webs de sindicatos, asociaciones, fundaciones y otros variopintos organismos, llevándome la satisfacción de que lo que escribo, ha podido resultar puntualmente interesante para otras personas.

En esta modesta efeméride, quiero aprovechar para daros las gracias a todos los que entráis regularmente en mi espacio para leerme. Ha sido un placer conoceros y también leeros a vosotros. Supongo que esto continuará y estaré encantado de hacerlo acompañado. Un abrazo.

martes 19 de enero de 2010

Esperpento en la Universidad de Sevilla

Hay días en los que casi llego a convencerme de que en este país ya no caben más tontos, de que el aforo para majaderos es finito y limitado y que el sentido común tiene que acabar imponiéndose ante tanto despropósito. Pues no, siempre cabe alguno más. Una cosa es garantizar derechos y libertades y otra hacer el canelo. A los profesores nos han ido robando poco a poco, pero a piñón fijo, el prestigio y la dignidad. Y aquí no pasa nada, nadie protesta, sólo cuatro gatos a los que, generalmente, se nos tilda de reaccionarios.

Resulta que algún iluminado de la jerarquía universitaria sevillana se levantó un día con el ánimo de innovar, con el afán de ser protagonista, con la voluntad de ejercer su condición de “tonto peligroso”. Y a este Séneca se le ocurrió elaborar una normativa sobre el proceder de los profesores que están examinando a los alumnos. Ahora, si un profesor pilla a un alumno copiando, podrá requisar la chuleta, pero deberá permitir que el tramposo siga haciendo el examen. Después, una comisión docente compuesta por tres profesores y tres alumnos decidirán si el examen está aprobado o no. Para rizar el rizo, si el alumno está copiando a través del teléfono móvil, el profesor no podrá requisárselo por contener el artefacto datos personales.

Bien, pues con esta medida se termina de dar la puntilla a la autoridad del profesor y se favorece al alumno defraudador. Los propios alumnos hispalenses, ayer mismo, cuando los periodistas les preguntaban micrófono en mano su opinión respecto a la medida, se partían de risa. No es para menos, a quién se le ocurre semejante esperpento. Sólo a un tonto, de los muchos que hay en las universidades, con títulos pero memos. ¿Cuándo se darán cuenta todos estos cantamañanas de que la educación no puede ser democrática? ¿Cuándo caerán en la cuenta de que en el aula debe mandar el profesor y de que no se pueden tomar decisiones por sufragio universal? Nunca, visto lo visto.

En Educación no hace falta otra reforma, hace falta una revolución desde Primaria hasta la Universidad. Habría que revisar minuciosamente los cargos y sustituir de facto a los tontos por personas sensatas.

Precisamente en estos días el PP ha presentado una serie de medidas para reformar la Secundaria. La idea está bien pero se quedan cortos. Habría que reducir la ESO dos años, no uno como pretenden, y aumentar el Bachillerato en dos. Los niños deberían permanecer en los colegios hasta los catorce y no llevarlos a los institutos a los doce en connivencia con enseñanzas de FP y Bachiller que nada tienen que ver con los estudios que ellos realizan y que no genera otra cosa en los niños que desorientación. Y a partir de los catorce, la enseñanza debería seguir siendo gratuita pero no obligatoria, y acabar con el secuestro de miles de adolescentes en huelga de brazos caídos entre las paredes de un instituto. Y desde luego, no se debería promocionar por imperativo legal, como ahora.

¿Es tan difícil ver esto? Pues parece ser que sí. Desde luego, con medidas como la tomada en la Universidad de Sevilla, batiremos un record: aparecer en todos los informes internacionales de Educación, no como penúltimos o antepenúltimos, sino como los últimos de la lista. Nos lo estamos ganando a pulso. ¡Ya está bien, hombre!

domingo 17 de enero de 2010

Medidas educativas

En este país somos muchos los ciudadanos que no militamos en ningún partido político y que simplemente votamos y nos regimos por el sentido común. Sin embargo, si se expresa una opinión que puntualmente coincide con la de un partido político, no faltan personas que te tachen de ser reaccionario o rojo, lo cual es bastante penoso.

La ley que hace a los profesores de la Comunidad de Madrid autoridad pública, que estará vigente a mediados de marzo, ha sido llevada adelante por Esperanza Aguirre, relevante personalidad del PP. Y yo la aplaudo, a pesar de que ahora habrá quien diga que soy de derechas. Pues no, ni comulgo con unos ni con otros. Pero habiendo llegado a estas alturas y viendo el panorama reinante, es una medida de sentido común. A partir de marzo, los profesores podremos tomar medidas cautelares, nuestro testimonio tendrá presunción de veracidad y si nos amenazan o agreden, las penas de cárcel están bien definidas. En los juicios se nos prestará asistencia, no como ahora que si algún salvaje nos pega, debemos acudir a comisaría a denunciar como si fuéramos un particular y buscarnos un abogado y pagarlo.

Se tendrían que tomar más medidas, pero por algo se empieza. No hay día que no salten a los medios de comunicación noticias que parecen normales y que a mí me siguen pareciendo insólitas. La última ha sido que unos estudiantes de Toledo han amenazado con violar a una profesora delante de sus compañeros. La increíble medida que se ha tomado ha sido cambiar de turno a los alumnos, cuando lo que habría que hacer es decirles que no volvieran a pisar un instituto en su vida. Pero claro, en un alarde de progresía incomprensible, papá Estado promulga que los angelitos siguen teniendo derecho a una educación gratuita. Desde mi punto de vista, estos niños deberían perder el derecho a asistir al instituto desde el momento que perpetran la salvajada y después tomar las pertinentes medidas judiciales contra ellos y sus progenitores. En un país serio, que es el que yo llevo reclamando tanto tiempo, se haría. Pero, así están las cosas. Esperemos que medida tras medida se vayan corrigiendo los errores.

jueves 14 de enero de 2010

¿Hay algún editor por ahí?

Cuando era joven me inicié en la lectura de cómics o de tebeos, como los llamábamos en mi barrio. Me encantaba Ibáñez y no podía pasar sin las lecturas de una colección que se llamaba “Clásicos literarios juveniles”, que no eran otra cosa que novelas clásicas de todos los tiempos ilustradas y adaptadas a cómic para jóvenes. Descubrí al Capitán Trueno y al Jabato, así que recuerdo aquellas tardes de invierno tan frías en las que me acercaba a la papelería de la plazoleta para ver si había salido algún número nuevo, en cuyo caso, lo compraba, me lo metía debajo de la chupa, siempre llovía, y me iba a casa con la sensación de llevar guardado un tesoro. Abría el cómic, aspiraba su aroma a imprenta y me zambullía en su lectura.

No era yo de libros por aquel entonces. Mi experiencia con ellos se limitaba a los clásicos que nos mandaban leer en el colegio y que me parecían un rollo. La primera vez que disfruté con uno de los encargos de un profesor de Literatura de FP fue cuando nos mandaron leer “Momo”, de Michael Ende. Fue la primera vez que no pude parar de leer un libro de los que nos ponían en el cole, lo que me llevó a “La historia interminable”, del mismo autor, y al igual que Bastian, el protagonista, yo tampoco podía dejar de leer. Estas sensaciones me llevaron a la biblioteca del barrio a curiosear por sus estantes y ese día vi una novela que se titulaba “El tercer ojo”. Su lectura me convirtió en un yonki de las novelas del autor, un tal Rampa que nunca se ha sabido muy bien quién es. Más tarde descubrí otra novelita que me fascinó, “Las enseñanzas de don Juan”, de Castaneda. Y abordé la afición al ensayo con “El retorno de los brujos”, de Pauwels y Bergier.

Una vez enganchado al vicio de la lectura abordé a los clásicos que me desesperaba leer en el colegio pero ya con el adquirido hábito de leer y con la madurez suficiente para abordarlos. Y a partir de ahí, los libros han ido pasando por mi vida uno tras otro a piñón fijo. ¿Cuántas novelas habré leído? Seguro que si fuera capaz de dar la cifra sería mareante.

Nunca me había planteado escribir salvo apuntes de Electrónica para mis alumnos. Pero un día, empecé a escribir relatos cortos. Cuando empecé a quedar finalista en diversos certámenes me planteé lo de escribir novela como un reto. Al principio me pareció harto complicado pero al final descubrí que estaba más cómodo con la novela que con los relatos. El motivo es que llevo toda la vida leyéndolas. Cuando terminé la primera, con la mera intención de que la leyera mi mujer y algún amigo, las sensaciones fueron buenas. Por eso se la envié a una de las agencias más importantes de España. Les gustó, la presentaron a una editorial importante, se la quedaron y me dieron un adelanto. Imaginaos mi sorpresa. Pero ahí quedó todo. Desde entonces han pasado cuatro años, tengo tres novelas acabadas y una cuarta empezada y empiezo a asumir lo de la dificultad de publicar. Somos muchos, y eso es bueno, ya que es imposible entrar a una librería y que no te guste algún libro y lo compres. Pero también es malo por la competencia. Y, por si fuera poco, está la crisis, que actualmente está echando para atrás la mayoría de los proyectos de las editoriales, que se centran en valores seguros. No obstante, no pierdo la esperanza. Tengo mi trabajo, vivo de él y no dependo de que se publiquen o no mis novelas. Pero desde hace ya un tiempo me siento escritor, y un escritor debe tener en sus manos sus libros. ¿Hay algún editor por ahí?

martes 12 de enero de 2010

¡Malditos seáis!

¡Malditos seáis, buitres!
Malditos seáis por siempre,
y que la maldición alcance a vuestros nietos,
y a vuestros bisnietos, y aún más allá.
Que os aprovechen los despojos ajenos,
y las migajas que recogéis con tanto ahínco.

¡Malditos seáis, buitres!
Podéis coger todo lo mío a cambio de mi desprecio,
me quedo con mi dignidad,
y con mi sonrisa velada.
Así sufráis la mitad de lo que yo he sufrido,
y que vuestra estirpe esté maldita por siempre.

No me importa caminar por el filo de la navaja,
sé que lo haré honrosamente,
mientras vosotros, carroñeros de lo ajeno,
tendréis que mendigar vuestra entrada en la luz.
Ni siquiera sonreiré cuando os vea suplicar,
os pagaré con racimos de indiferencia.

Disfrutad ahora con vuestra colección de miserias,
a mí me basta con la vista desde el ventanuco del lóbrego hotel,
la visión es extasiante y peligrosamente ausente,
pero sabed, buitres, que mi alma aún pervive,
y que subsistirá hasta veros hundidos en el fango,
suplicando comprensión y caridad disfrazada.

¡Malditos seáis, buitres!
Y maldito el día en que os saludé inocente,
cuando pensaba que erais personas como yo,
cuando os entregué mi alma pura llena de amor,
sin esperar nada a cambio,
y me pagasteis con humillación y desvelo.

Carroñeros de lo ajeno,
cucarachas ebrias de poder y vanagloria,
sabed que si el dolor fuera sólido,
yo pesaría tres veces más de lo que peso,
pero no me importa, miro el mundo desde la 414,
y el mundo me devuelve con creces lo que le ofrezco.

¡Malditos seáis, buitres!
Y que vuestra maldad se vuelva contra vosotros,
y que la carroña que coméis infecte vuestras entrañas,
si es que tenéis, si es que poseéis alma,
si es que poseéis manos, ojos y piernas.
¡Malditos seáis, buitres!

domingo 10 de enero de 2010

Zapabean

España asume la presidencia de la Unión Europea en unos momentos en que la economía mundial no está bien. Dentro de este maremagno, encontramos a España, que no acaba de encontrar la receta para remontar la crisis; valga el dato de que somos el segundo país de la UE que más paro genera, sólo nos gana Letonia. La percepción que tienen nuestros vecinos europeos sobre la habilidad de los españoles para resolver los problemas es más bien de escepticismo. Todo empezó con la sustitución de la foto de ZP por la de Mister Bean y ha continuado con un rosario de artículos en los principales periódicos europeos sobre nuestro presidente. Diagnóstico: no apto.

El caso de ZP es muy curioso. Si fuera por currículo, José Luis Rodríguez Zapatero no podría ni haber presidido el consejo de administración de una empresa de segunda. Tras terminar sus estudios de Derecho en la Universidad de León, fue contratado como ayudante de Derecho Constitucional en la misma universidad. De ahí a diputado y..., nada más. Ni idiomas, ni nada.

Los socialistas, tras la dimisión de Almunia y tras perder dos procesos electorales sucesivos contra Aznar estaban en crisis y se inició un proceso de renovación. La consecución de la Secretaría General por parte de Zapatero fue la consecuencia de un pacto entre varios de los hombres fuertes del partido, que vieron en él a un hombre joven con un rostro simpático (nuestro presidente siempre sonríe, no sabemos de qué). El que estuviera o no cualificado era lo de menos, las elecciones son una cuestión de imagen. Esto, unido a la mala gestión del PP de los atentados del 11-M, además de otros fallos cometidos por los populares en su segunda legislatura, dieron el triunfo al PSOE en las elecciones generales de 2004.

Lo primero que hizo nuestro presidente, jaleado por los actores, cuya opinión parece ser que es muy importante en este país, fue sacar a la tropas de Irak. Una guerra en la que seguramente no teníamos que haber participado, pero en la que estábamos metidos. No es serio romper los compromisos que habíamos adquirido con otros países, aunque hubieran sido firmados por el partido saliente, no nos extrañemos después de las desconfianzas. Más tarde, en el desfile del Día de la Hispanidad, nuestro presidente, como si fuera un colegial rebelde, no se levanta ante el paso de la bandera de Estados Unidos en protesta por la guerra, en fin, haciendo amigos. Pronto demostró ser tan voraz como cualquier otro político, al aliarse con unos y con otros para conseguir el poder mediante pactos en Galicia y en Cataluña, autonomía esta última en donde ha formado el mayor lío que se conoce en nuestra democracia: el Estatut.

Después nos dice que lo de la ETA se termina hablando con ellos y lo cierto es que su rostro en todos los informativos denotaba que es que se lo creía. El resultado es conocido por todos. No voy a enumerar todos los errores de un hombre que parece que tiene especial habilidad para meter la pata, pero no quiero terminar sin citar que negó la crisis cuando en todos los países del mundo ya se estaban tomando medidas para paliarla. Zapatero, Zapabean, el hombre que llegó a presidente y hasta a presidir la UE con un currículo pobre, pobrísimo, y que el tiempo ha demostrado que no goza de la más mínima credibilidad, ni en España ni en Europa.

sábado 9 de enero de 2010

Pena y pesimismo

Hay una imagen que se repite año tras año y que se emite en todos los telediarios como si fuera la panacea de la virtud de la especie humana. Ocurre cada 7 de enero. Los cámaras filman desde dentro de los grandes almacenes antes de abrir y a través del cristal de la puerta se pueden ver caras apelotonadas con rictus avariento de todas las edades. Llegada la hora, se abren las puertas y como si de una olla a presión se tratara la avalancha que se produce se asemeja bastante al trote de una manada de búfalos atravesando las praderas del lejano oeste. Cualquier día va a pasar una desgracia.

Más tarde, los cámaras filman e incluso entrevistan a unos y a otros. Las sonrisas que lucen de oreja a oreja son las propias de haber comprado una o varias gangas y parece que regresan a casa más con el regusto propio de haber tenido un orgasmo que de haber comprado unos calcetines y un jersey.

Viendo estas imágenes de las rebajas de enero, viendo los programas basura con que nos bombardean en las televisiones, escuchando las conversaciones que habitualmente tienen las personas en las cafeterías y bares, me pregunto hasta qué punto es correcto afirmar que el hombre es inteligente, como nos decían en el colegio.

El tipo de sociedad hacia la que hemos ido avanzando desde que tengo uso de razón me parece una porquería, llena de valores superfluos y llena de individuos alienados y zombificados. Estamos gobernados por políticos cada vez menos preparados, responsables de las sucesivas reformas educativas que hacen que, al salir los alumnos mucho menos educados e instruidos, la sociedad avance en el sentido que comentaba anteriormente. Cada vez se lee menos, se estudia menos, se debate menos, se piensa menos y hay menos cultura.

Me llama la atención también, para terminar, que cuando ocurre algo y sale en la tele y entrevistan a los testigos, escuchar los testimonios de los entrevistados. Sobre todo ver a esos veinteañeros contestar a las preguntas de los periodistas y ver lo brutos que son hablando. Hombre, que se expresen así las personas mayores que no han tenido la oportunidad de estudiar, pase, pero que lo haga la gente joven me produce pena y pesimismo.

lunes 4 de enero de 2010

La carta











En mi enésima visita al museo, justo cuando me aproximaba a admirar una pila bautismal, me ocurrió un suceso inesperado. Al acercarme, vi que en la pila había una carpeta de color verde. La tomé en mis manos y miré alrededor. La sala estaba vacía en esos momentos, así que miré la carpeta por si había algún nombre escrito. Al no encontrar nada, la abrí en un intento de identificar al dueño, pero tampoco encontré dentro nada que fuera significativo y que me permitiera identificar a la persona que, evidentemente, se había dejado olvidada la carpeta en la pila. Invadida por un cierto grado de curiosidad, fisgué entre el contenido, consistente en unos folios en blanco y en un sobre, un sobre en blanco cerrado. Al asirlo, me di cuenta rápidamente de que contenía algo. Cerré la carpeta y me dirigí al conserje del museo. Le referí el casual encuentro de la carpeta y le dije que se la quedara por si alguien preguntaba por ella.


-No puedo quedarme con eso, señorita -me dijo muy serio.

-¿Por qué no?

-Pues porque no sé de quién es, ¿qué quiere que haga?

-Pues..., qué se yo -le dije-. Guárdela y alguien preguntará por ella.

-Oiga, señorita, yo no me la he encontrado. Así que no voy a cargar con el muerto. Lo que debe hacer es llevar eso a objetos perdidos.

La respuesta del conserje, que nada más pronunciar la última frase siguió con sus tareas ignorándome descaradamente, me dejó desconcertada y sin palabras. Salí del museo sin saber muy bien qué hacer con la carpeta y me metí en la primera cafetería que encontré. Mientras me traían el café, encendí un cigarrillo y empecé a dar vueltas al sobre en blanco entre mis manos. Después de que el camarero depositara el café humeante en la mesa, decidí abrirlo. Quizá el contenido podría darme alguna pista acerca del dueño de la carpeta. Empecé a leer. Se trataba de una carta, una carta escueta pero intensa, dramática y melancólica.


"Querida Mercedes:

Como sabes me han dado el traslado que pedí y por el cual me felicitaste. Me voy del museo. Sé que te sorprendió y no me extraña, tantos años juntas y no te había dicho nada. Pues, querida amiga, el motivo de mi traslado eres tú. Vuelve a sorprenderte. Ahora ya puedo decírtelo, quiero decírtelo. Llevo años enamorada de ti. ¿Sorprendida? Creo que en el fondo, no tanto. Eres una persona muy inteligente y alguna vez habrás notado algo.No puedo seguir trabajando a tu lado, Mercedes, ni verte todos los días sabiendo que nuestro amor es imposible. Lo sé y me retiro esperando no verte más pero, eso sí, guardando tu recuerdo para siempre en mi corazón. Espero sinceramente que continúes siendo muy feliz con Pedro y los niños. Hasta siempre.Eternamente, Lucía."


Volví a meter el papel en el sobre mientras mis lágrimas caían en la mesa. Apuré el café, pagué la consumición y volví a encaminar mis pasos hacia el museo. Volví a interpelar al conserje y, como pude, intenté hacerle ver la urgencia de encontrar a Mercedes. Tras aclararle, a falta del conocimiento de sus apellidos, que era la amiga de Lucía, me condujo a su despacho. Ella me atendió de manera cortés.

-Buenos días, siéntese. ¿En qué puedo ayudarla?

-Creo que esto es para usted. Lo he encontrado casualmente -le dije tendiéndole la carta. Mercedes terminó de leer la carta con lágrimas en los ojos y su mirada era tan amarga que supe en ese mismo instante que Lucía se había equivocado. Aunque, puede que hubiera tomado la decisión acertada. Nunca lo sabré.

jueves 31 de diciembre de 2009

El pacto por la Educación

Cada vez que oigo las palabras “pacto” o “reforma” dirigidos hacia el ámbito de la Educación me echo a temblar. Cospedal y Gabilondo, Gabilondo y Cospedal, dan igual los nombres, dan igual las siglas. Ambas formaciones políticas, pesoe y pepé, han ostentado el poder y no han hecho nada, o mejor dicho, han ido estropeando sucesivamente la Enseñanza Pública. Saben de lo que saben, de mantener cuotas, de tira y aflojas, de concesiones, de cobrar favores, de mantener chiringuitos autonómicos y municipales... El último ejemplo ha sido el Pacto por la Justicia que ha quedado en un chabacano reparto de jueces. Tenemos unos políticos sin categoría, sujetos a apoyos de gente sin escrúpulos de partidos autonómicos que están poblados por intelectualoides de pacotilla. A ver si un día alguno saca mayoría absoluta y acomete una reforma electoral en condiciones que permita que tanto ciudadanos como el partido gobernante dejen de estar chantajeados.

No creo en más reformas educativas, no mientras tengamos los políticos que tenemos. El Sistema Educativo debería ser una competencia estatal y no estar a merced de los inconscientes políticos autonómicos. Mientras esto no ocurra, esto no tiene arreglo. Pero, claro, ¿quién es el valiente que quita ahora las competencias? En un país serio no hay problema. Un ejemplo: la última suspensión de la autonomía del Ulster por parte del gobierno inglés en una situación de emergencia. Pero aquí no, no se vayan a molestar. Y eso que la Educación en España es una emergencia, ¿cuándo se van a dar cuenta?

Este año imparto clases en un Ciclo de Grado Superior. El grueso del alumnado me viene de Bachillerato. No saben hacer ecuaciones, no saben expresarse, comprensión lectora cero, y encima tengo que mandar callar a tíos con 22 años, porque se dan collejas, hacen bromitas, se les dispersa la atención con el vuelo de una mosca, etc., etc., etc.

¿No se lo creen? Esperen al siguiente informe internacional. Y lo que me pasma es que aquí a nadie se le cae la cara de vergüenza.

martes 29 de diciembre de 2009

El universo de Oscar Urra

Conocí a Oscar Urra en una conferencia en el Instituto Cervantes, dentro de los actos de Getafe Negro 2009, en la que actuaba como ponente. El debate junto a otros escritores del género fue moderado y conducido por el también escritor y habitual de saraos literarios Pedro de Paz. Luego fui a la presentación en Estudio en Escarlata de su segunda novela, en donde también volví a ver a Pedro. Charlé un ratito agradable con Oscar que, casualidades de la vida, es profesor de Secundaria, como yo. Tuve el placer de saludar también a Domingo Villar, que acompañaba al autor en la presentación. Y me gustó que acudiera también su editor de Salto de Página, arropándole y disertando sobre su biografía y sus logros literarios, no suele ser habitual.

Tuve la lucidez de comprar “A timba abierta” (su primera novela) e “Impar y rojo” (la segunda, objeto de la presentación) y ha sido una de las inversiones más brillantes que ha hecho este lector-escritor que os habla, porque me ha dado la oportunidad de sumergirme en el universo de Oscar Urra y de conocer el cuidado y el mimo con los que la editorial ha tratado sus novelas. Oscar pertenece a esta nueva generación de escritores que escribimos novela negra en un tiempo en que el género ha conocido uno de sus auges más espectaculares, quizá por el éxito arrollador de Larsson. La paradoja es que Larsson no es chandleriano en su forma de escribir. Por el contrario, los escritores españoles que están actualmente en el candelero sí lo son. Y Oscar lo es mucho más, ya que Julio Cabria, su detective, y los policías Belmonte y Meléndez, y César el barman, y el Vitriolo, y tantos otros secundarios, llevan en sus genes las maneras y las formas de los personajes de Chandler. Cabria es Marlowe transportado a Tirso de Molina. Es, si cabe, todavía más marginal y más perdedor, pero no menos honrado que el americano. Es bebedor y jugador, capaz de perder una fortuna en una timba de póquer clandestino en cualquier tugurio de mala muerte.

Oscar, además de magnífico escritor, es filólogo, cosa que todos los escritores quisiéramos ser pero que desgraciadamente no somos. El narrador, por tanto, utiliza un lenguaje limpio, pulcro y hasta seductor. Sin embargo, pone en boca de sus personajes toda la colección de vocablos propios del argot que hacen las novelas creíbles y desde ahora integrantes del más puro realismo social que se está haciendo en este país. Me alegró el hecho de terminar la primera de las novelas sólo por el hecho de empezar a leer la segunda. Y sólo espero que la tercera, salga cuando salga, sea un poco más larga para poder disfrutar de su lectura, realista, por momentos abstracta, ya que la lectura transcurre como en una nebulosa de humo de cigarrillos y vivencias oníricas, y poética.

Así que, enhorabuena al autor, Oscar Urra, nieto de Chandler e hijo de Juan Madrid. Y enhorabuena a Salto de Página, por darse cuenta de que tenían a un buenísimo autor delante de sus narices y por haberle publicado aun siendo un autor novel.

Y yo, termino estas líneas, disfrutando del rancio abolengo de un hotel antiguo, el Reina Cristina de Algeciras, ciudad por donde transcurren las peripecias de mi detective en la que va a ser mi cuarta novela, esperando que algún día mis escritos vean la luz y, ¿quién sabe? A lo mejor es otro el que escribe un artículo sobre mí o mis personajes.

lunes 28 de diciembre de 2009

La caja

Entré en casa, me acosté y los temblores fueron evolucionando hacia un fuego que me quemaba las entrañas. Me asusté tanto que volví a temblar, esta vez de miedo transformado en pavor a sufrir un infarto, un derrame cerebral o algún otro colapso corporal que me dejara tendido en la cama para siempre o muerto en la soledad de aquel apartamento infecto en el que vivía. Ahora, echaba de menos a Sofía, a Carmen, a Inma y a tantas otras mujeres con las que podía haber decidido pasar el resto de mi vida. Pero no lo había hecho, quizá por ese miedo al compromiso, a la lealtad y a la pérdida de libertad.
Me levanté de la cama entre estertores y acompañado de un sudor frío que cubría todo mi cuerpo. Llegué al botiquín y revolví los frascos de pastillas que cayeron al suelo ruidosa y desordenadamente. Algunos se abrieron y esparcieron por el suelo del baño un reguero de grageas y cápsulas de colores. Desenrosqué el tapón de los tranquilizantes y engullí dos como si me fuera la vida en ello. Pegué mis labios resecos y amoratados al grifo y tragué las pastillas. Sentí náuseas, pero logré aguantar el vómito, sobre todo porque no quería que las pastillas que acababa de ingerir iniciaran su periplo a través del inodoro. Pegué la frente al gélido tacto de los baldosines de la pared y el frescor me alivió. Seguía temblando, aunque el fuego interno se fue aplacando poco a poco.
De repente, un dolor que surgía del pecho me hizo tumbarme en el suelo y encogerme con las manos entrelazadas sobre el estómago. Empecé a sentir unas pulsaciones en la cabeza que se transformaron en un martilleo lento y continuo. Con cada latido del corazón parecía como si me atravesaran el cerebro con una aguja de punto. No aguantaba más. Me levanté como pude e intenté llegar al teléfono para llamar a una ambulancia. Mientras marcaba, vi la caja sobre la mesa y sentí una atracción irrechazable que me hizo colgar el teléfono cuando ya estaba dando la señal. Arrastré mis pies en dirección a la mesa y tomé la caja con aprensión. Con ella bajo el brazo, me dirigí hacia la cocina y la deposité en la encimera. La caja, esa caja de los milagros y de la locura.
La abrí. Deposité el polvo blanco sobre la cucharilla y trasladé el agua desde un vaso a la misma. La fui depositando con ansiedad con un cuentagotas. Tenía apoyados los codos en la encimera para evitar que los temblores mandaran todo a la mierda. Encendí el mechero y volví a ser testigo, una vez más, de cómo el polvo se diluía y se mezclaba con el agua. Saqué la jeringa de la caja y succioné hasta la última gota de la cuchara. Me até la goma a mi esquelético brazo, apretando el nudo con los dientes. Cuando detecté claramente la vena, me inyecté todo.
No transcurrieron ni dos minutos hasta que volví a mi estado de ser habitual. Había acabado con la crisis. Lo de desengancharme…, quedaba pendiente hasta una mejor ocasión.

jueves 24 de diciembre de 2009

2010

Bueno, pues termina el 2009 y se ve venir el 2010. La gente corre desesperada con cajas, regalos y juguetes. Y hoy es Nochebuena, así que pasadlo bien en compañía de vuestra gente. Evitad conversaciones vacías y compañías que no aporten nada.
Yo estoy aquí en casa, y dentro de un rato me tomaré un cordero asado con una copita de Rioja, no hay que olvidar los placeres gastronómicos. Ni los literarios, claro está. Que el 2010 nos traiga muchas presentaciones, conferencias y actos. Y como todos los que pululais por aquí sois escritores, que el 2010 nos traiga a todos una editorial que publique nuestras novelas y nuestros poemas o cuentos. Si hay algún editor, que se identifique, estoy dispuesto a hacerme la foto para la solapa en tanga.
Quiero despedirme dándoos las gracias a todos por visitar este blog. Un abrazo.

Perdí

Perdí mi corazón,

y lo encontraron en la barra de un bar,

estaba seco y marchito,

desparramado en el zinc

de la barra de aquel maldito bar.

Perdí mi alma,

y la encontraron en la tapia del cementerio,

pidiendo unas monedas

para pagar la entrada al Infierno.

Perdí mi dignidad,

y la encontraron en un vertedero,

suplicando amor

y besos sinceros.

Perdí mi honra,

y la encontraron en un desguace,

despedazada en fragmentos,

descompuesta en mil partes.

Perdí la razón,

y avisaron a una ambulancia,

no hubo diagnóstico,

sólo medicamentos salvajes.

Perdí la cordura,

y la encontraron en una esquina,

tirada en la calle,

mendigando versos.

Perdí mi espíritu,

y lo encontraron en una plaza,

rezando versos malditos,

pronunciando frases inconexas.

Perdí la noción del tiempo,

y la encontraron en el acantilado,

mirando el firmamento,

lleno de estrellas sin luz.

Perdí mis palabras,

y las encontraron enterradas,

en la arena de la playa,

ahogadas en la sal del agua.

Perdí mi silencio,

y lo encontraron vagando

por la línea del tiempo,

bañado por la luz cegadora del viento.

Perdí mis canciones,

y las encontraron grabadas

en el lienzo de tu silencio,

en los recovecos del tiempo.

Perdí la sensatez,

y la encontraron esculpida

en una pared mugrienta

del vestíbulo del cielo.

Perdí la cuenta de la vida,

y la encontraron sin razón,

vestida de terciopelo

en los agujeros de la insidia.

Perdí tu presencia,

y no la encontraron nunca,

por más que buscaron,

la dieron por perdida.

martes 22 de diciembre de 2009

Irreversible

Está solo, y esta circunstancia es irreversible. Ya ha pasado mucho tiempo desde que enfermó por leer tantas y tantas historias ajenas que hizo suyas. Fue en el psiquiátrico en donde empezó a escribir descubriendo que el oficio de escritor era todavía mejor que el de lector. Al salir del hospital con su futuro disfrazado de diagnóstico garabateado en un papel firmado por un doctor no demasiado cuerdo, encontró la soledad más absoluta. Su mujer se había llevado a los niños, la vida, sus ilusiones, el viento, sus amigos. Ahora pordiosea a unos y a otros para que lean sus escritos. Le adulan y le hacen constar su talento, pero siempre acaba solo. Termina en la barra de un bar en último término, aunque antes ha pasado por todo un periplo de montañas rusas vertiginosas en compañía de mujeres con perfumes ya conocidos y familiares. Y, finalmente, acaba paseando su mirada por las botellas, colocadas ordenadamente detrás de la barra, mientras observa jugar a la máquina tragaperras a un hombre solitario que no escribe y que no lo hará jamás. Pero tampoco ahogará sus penas en alcohol, como hace él, aunque le toque el premio gordo.

Y cuando tercie estar en una habitación de hotel, sentado en una silla, mirando a través de los cristales las húmedas dársenas del puerto, con las grúas amarillas y oxidadas, habrá una mujer duchándose y canturreando una canción que él no conoce. Él prefiere a Eric Clapton, pero claro, no hay mujeres que canturreen Layla.

La mujer se vestirá y se irá arrastrando sus sentimientos por las aceras del barrio del puerto. Él la observa absorto intentando taladrar con su mirada el cristal lleno de vaho y la cortina de agua que deja la lluvia. La ve desde la ventana y le dice adiós perfectamente mudo y quieto mientras una lágrima corre por su mejilla dolorida de tantas caricias frustradas. Si no fuera por la cicatriz, la lágrima habría rodado hasta la barbilla y aún más allá.

Está inspirado, así que se pone los colmillos y baja al bar, en donde observa la vajilla sucia y mutilada. No tiene ni portátil ni sentimientos, ya no. Y pide un bolígrafo al camarero mellado y con cara de pocos amigos. empieza a escribir muy rápido, y no precisamente de la mujer que acaba de abandonar momentos antes la habitación del hotel, sino de la lúgubre taberna llena de humedad. Ya no hay aromas de perfumes, de esos que tanto conoce y que no le dejan dormir por las noches. Cuando tiene la servilleta llena por las dos partes, enciende un cigarrillo. Y antes de que la llama del mechero se extinga, quema la servilleta. Esa crónica negra no la va a leer nadie. Sus pulmones no le agradecen las intensas caladas y el whisky quema sus entrañas, pero no lo suficiente. Se comería un entrecot, pero es tarde y su cerebro no para. El camarero ha visto arder la servilleta pero no ha dicho nada, peores cosas han pasado en la taberna desde el principio de los tiempos.

Ahora, de repente, cree estar en el infierno. El local es oscuro y no tiene alma, si alguna vez la tuvo, se la llevó el viento a bofetadas. Maldita vida echada a perder bajo ríos de tinta que se entremezclan con los residuos sólidos de la basura sin contemplaciones, sin mesura y con un despreciable olor a podrido. Ah, lo que daría ahora por un pedazo de sensatez envuelto en papel de regalo de color morado. Pero la sensatez quedó lejos, olvidada en alguna habitación de hotel llena de grietas, como el pequeño trozo de alma que aún le queda. Y para qué hablar de la cordura. De eso tampoco le queda un ápice, sólo que ahora no logra recordar dónde se la dejó.

Extrae el último cigarrillo y, como se han terminado las servilletas, saca el papel de platilla para escribir en el reverso. El boli acaba de morir. Deja el cigarro sin filtro y quema la espuma con el mechero para escribir con el hollín del filtro. Como no le funciona, se pincha en la yema del dedo con el pasador del cinturón. Está oxidado, pero le da igual, su vida no vale un duro. Moja el filtro en su propia sangre y empieza a escribir el último cuento, un relato premonitorio de muerte en el que él es protagonista. El camarero, borracho, se ha dormido y ronca apostado en la barra. Escribe, lentamente, y no porque no esté inspirado, sino porque el método funciona lo justo.

A la mañana siguiente encuentran muertos a los dos, a él y al camarero. Apestan a whisky. Su último cuento ha sido un epitafio: “No volvería a ser escritor ni aunque me condenaran a tormentos de perfume de mujer”.

domingo 20 de diciembre de 2009

Papá Chandler

Raymond Thornton Chandler (Chicago, 22 de julio de 1888 - 26 de marzo de 1959, La Jolla, California), es uno de los escritores muertos que más influencia ha tenido y sigue teniendo en los escritores de todo el mundo. No es el inventor de la Novela Negra, pero la eleva a los cielos, dotándola de una dignidad que no tenía hasta entonces. Cuando Chandler escribe su primera novela, El sueño eterno, ya no era un crío, tenía 51 años. Y tampoco era un cualquiera, era un hombre polifacético que había viajado y había corrido mil aventuras. Aunque era estadounidense, tras el divorcio de sus padres fue llevado a Inglaterra. Estudió en el Dulwich College de Londres (1900-05) a autores clásicos y modernos. También viajó a Francia y a Alemania y se nacionalizó británico en 1907. Fue soldado en los Gordon Highlander de Canadá, empleado de banco, periodista, ejecutivo de una empresa de petróleos, de donde fue despedido por acosar a las secretarias, e intentó suicidarse. Trabajó como reportero para el London Daily Express y para la Bristol Western Gazette (1908-12). Publicó 27 poemas y su primer relato The Rose Leaf Romance antes de regresar a los Estados Unidos. Participó en la Primera Guerra Mundial y regresó a California, donde viviría ya el resto de su vida. Al morir su madre en 1924 se casó con Pearl Cecily Bowen (Cissy), dieciocho años mayor que él, y el matrimonio duró casi treinta años, hasta el fallecimiento de ella en 1954. En 1933, a los 45 años, se dedicó por entero a escribir. Su primer cuento fue Blackmailers Don't Shoot, para la revista Black Mask, un pulp dedicado a los relatos de acción; desde entonces no abandonó el género.

Entre 1933 y 1939, produjo 19 relatos. Creó ya por entonces al detective privado Philip Marlowe que en El sueño eterno (1939) se mueve por la cara oscura del soleado Los Ángeles y ayuda a evitar el infarto de un millonario al rescatar a su hija de un chantaje. se considera, sin embargo, que su mejor novela es El largo adiós (1953), en la cual descubre al asesino de la hija de un millonario, de un escritor y de un amigo suyo. En 1943 se le propuso trabajar en Hollywood adaptando el guión de Double Indemnity (Perdición), sobre la novela de James Cain, dirigida por Billy Wilder. Tras la muerte de su esposa en 1954, el escritor sufrió fuertes depresiones, aumentó su alcoholismo e intentó suicidarse en dos ocasiones. Falleció en La Jolla, California, el 26 de marzo de 1959, a los setenta años.

Desde entonces hasta ahora, Philip Marlowe ha sido importado a todas las latitudes del planeta convirtiéndose en Kurt Wallander o en Leo Caldas, consolidando a la figura del detective marginal y cínico como uno de los arquetipos de la Literatura Universal que más tirón tiene ante los lectores de todo el mundo.

En España hay un auge de jóvenes escritores de género negro, hijos de Juan Madrid y de Vázquez Montalbán, pero indudablemente nietos de Chandler y de Hammett. La nómina negro-criminal está compuesta por gente como Lorenzo Silva, David Torres, Domingo Villar, Oscar Urra, José Luis Muñoz, Alejandro M. Gallo, Javier Otaola, etc., y me dejo muchos. Todo esto coincidiendo en el tiempo con el éxito de las novelas de Larsson, que no era chandleriano, pero que sin embargo creó unos personajes con una personalidad muy carismática.

Y en medio de este ambiente, se consolidan festivales como la Semana Negra de Gijón, Getafe Negro y Barcelona Negra; y librerías dedicadas al género como Estudio en Escarlata en Madrid y Negra y Criminal en Barcelona. Y son varios, los organismos públicos y privados que organizan conferencias y presentaciones, propiciando el contacto de los autores con su público.

Estamos de enhorabuena. Y si conocéis a amigos que aún no hayan leído a Chandler, acaba de salir un libro que recopila las siete novelas del americano protagonizadas por Marlowe: Todo Marlowe, que ha publicado RBA coincidiendo con el cincuenta aniversario de la muerte de Chandler, coincidiendo además con el 75 aniversario del nacimiento del célebre detective en el relato “El confidente”. Y si os sobra un poco de pasta, también podéis regalar otra que acaba de salir: Cuentos completos, de Juan Madrid, de Ediciones B. De esta forma, podréis proporcionar unas felices navidades negro policíacas a vuestros familiares y amigos.