lunes 4 de febrero de 2008

El polifacético Arturo Pérez Reverte

Cuando el talento y la originalidad sobran, la vida nos obsequia con personas que se salen de lo común. Y no ocurre sólo en el periodismo, que es el objeto de este artículo, sino en todas las disciplinas.En Arturo Pérez Reverte confluyen una serie de virtudes que raramente se concentran sólo en una persona. Posee el talento de los buenos escritores, el espíritu aventurero del corresponsal de guerra, la independencia del buen periodista articulista y la sobriedad del buen académico de la Real Academia de la Lengua. Y encima es un tío "enrollao", cosa que pude comprobar por mí mismo, ya que su agencia, su editorial o él mismo, ya no lo recuerdo, quiso o quisieron que nuestro I.E.S. Ventura Morón de Algeciras estuviera en Cádiz en la presentación de su libro sobre Trafalgar. Nos metieron en el Teatro Falla y el tío estuvo debatiendo con los alumnos todas las cuestiones que éstos le plantearon en plan amable y entrañable.

Cuando decidimos montar esta revista escribí a varios escritores para que nos enviaran algún artículo que pudiéramos introducir en nuestra modesta publicación. Por supuesto, nadie nos contestó. Nadie excepto él. Nos dijo que no tenía tiempo, que andaba muy ocupado, comprensible. Sin embargo, nos autorizó a reproducir en nuestras páginas digitales todos los artículos que él publicaba por ahí. Le tomamos la palabra y, desde entonces, así lo hacemos.Las columnas de Reverte en el Semanal son geniales, demoledoras. Es escritor, académico, periodista y vende los derechos de sus libros para hacer películas. Esto le ha dado la suficiente independencia económica como para no casarse con nadie. Y cuando algo no le gusta, lo critica de manera magistral. No tiene la sutileza de Umbral, desde luego, su estilo es diferente. Y, para muestra, un botón. Lean sin perder un minuto más el artículo titulado "Permitidme tutearos, imbéciles", publicado en el Semanal el 27 de diciembre de 2007 y que reproducimos en nuestra revista digital del instituto. Sencillamente genial y demoledor, no deja títere con cabeza. Umbral habría serpenteado y nos habría regalado unas cuantas metáforas con gracejo cheli. Pero Reverte no. Reverte va al grano y no se corta. Hace que a uno le duela, ya no el sistema educativo que tenemos, que también, sino los gobernantes mediocres que nos gobiernan, sobre todo en materia de educación.Llevas toda la razón, Arturo. Con este sistema ¿qué Revertes o qué Umbrales tendremos en el futuro?