viernes 30 de marzo de 2007
Relato: Reo o guardián
Cuando ya casi había perdido la noción del tiempo, tras la puerta, apareció un hombre con el sol a su espalda. Su figura negra se silueteaba bajo el umbral del portalón podrido. Con su mano puesta por encima de los ojos ejerciendo de visera, comprobó que el que se dirigía hacia él era de mediana estatura.
Y de pronto, su perspectiva cambió. Ahora se vio avanzando hacia el pobre diablo que estaba atado como una alimaña a la argolla de la pared. Se protegía los ojos de la luz y apestaba como consecuencia de haberse hecho sus necesidades encima.
Cuando despertó, analizó el sueño, comparó las dos perspectivas. Supo de manera irracional que era mejor ser reo que guardián. No supo explicarse a sí mismo el por qué.
domingo 25 de marzo de 2007
Relato: La necrológica
Se acercó a la bibliotecaria, que después de dirigirle una mirada gris, hizo la fotocopia con desgana. Al entregársela, le pidió diez céntimos de euro con la palma de la mano extendida sin mirarle siquiera. Boris pagó, dobló cuidadosamente el papel y lo introdujo en su cartera.
La bibliotecaria miró por encima de sus lentes cómo el desconocido cerraba tras de sí la puerta de la biblioteca.
-Qué tipo tan raro –pensó en voz alta-. ¿Para qué habrá fotocopiado una necrológica de hace cincuenta años?
sábado 3 de marzo de 2007
Relato: Vacaciones mentales
Entré en el único pub del pueblo. Pedí una cerveza al camarero, gordo, alto y de unos setenta años por lo menos, y me dediqué a observar el panorama, aunque más bien, era yo el centro de todas las miradas. Menos mal que los seres humanos se acostumbran a todo y al cabo de los diez minutos, con otra cerveza esperándome en la barra, estaba totalmente integrado en el paisaje del bar. Ese mimetismo permitía que me encontrara a gusto y observar sin ser observado. Los tipos charlaban animadamente y la televisión ofrecía un Liverpool-Chelsea. No paraban de beber cerveza en un formato que se me antojó exagerado, pero qué carajo, estábamos en el Reino Unido en donde la ingestión del dorado líquido es una religión. Al parecer todos simpatizaban con el equipo de la ciudad que antaño vio nacer a los Beatles y al enterarse de mi nacionalidad, que concordaba con la del entrenador que les había hecho ganar su última copa de Europa, no dejaron que pagara nada. De repente me encontré sentado en una mesa conversando y abrazado por aquellos bebedores de cerveza. El dueño del establecimiento cerró la puerta por dentro aunque hizo varios intentos al meter la llave en la cerradura. El Liverpool ganó por tres a uno y todos brindábamos salpicando cerveza por nuestros cuerpos. De pronto escuché un ruido seco y al instante un sonido de carcajadas escocesas, porque no se reían igual que en España. El tabernero yacía en el suelo con los ojos cerrados y con dos hilillos espumosos que le caían por ambas comisuras de los labios. Lejos de recogerle, los parroquianos se lanzaron como lobos a la barra del bar y un vejete encorvado se dedicó a llenar las jarras vacías de cerveza. Estaba yo pensando en el surrealismo de la situación, cuando un aborigen de largas cabelleras blancas me dijo “anda Binaitis, toma otra cerveza”. La tomé, por no hacer el feo, y brindé con un tío que me sacaba dos cabezas. Cuando al parecer se cansaron de celebraciones, el del pelo blanco sugirió que debíamos llevar al tabernero a su casa. Le cogimos en volandas y le trasladamos doscientos metros más abajo de la calle. Le dejamos en su dormitorio y el vejete que nos había servido antes se había preocupado de escrutar el frigorífico y nos ofrecía nuevas provisiones de “Guinness”. Juntos cantamos canciones que yo no entendía y poco a poco los cánticos se fueron tornando en ronquidos desagradables, momento que yo aproveché para escabullirme y dirigirme a la casa McDowell al refugio de mi habitación.
A la mañana siguiente me desperté con un dolor de cabeza de los que hacen época. Menos mal que con la edad, uno no sale de casa sin llevar todo tipo de pastillas. Me tomé dos aspirinas y al rato, mientras contemplaba por la ventana las verdes colinas escocesas, me rehice. Tomé a duras penas los huevos fritos con panceta, patatas fritas, pan con mantequilla, queso y pastel de manzana que la señora McDowell me había preparado y salí de la casa.
Salí del pueblo en dirección al North Esk, lugar misterioso y con fama de estar habitado por fantasmas. El camino del valle se encuentra regado de numerosas construcciones en ruinas con una verdadera madriguera de túneles de los que se dice que el famoso Bruce, en uno de sus escarceos militares, encontró refugio. Esculpida en una roca cubierta de musgo una cabeza de origen pagano observa al caminante. Pronto divisé en el borde de la garganta un edificio que se alza espectral y majestuoso. Parecía un trozo de catedral gótica extirpado y situado allí, en aquellas tierras indómitas. La capilla de Rosslyn, de hecho, es una construcción inconclusa por falta de fondos y que estaba destinada a formar parte de una obra mucho más grande, una enorme colegiata que nunca llegó a construirse. El interior de la capilla es una alucinante locura en piedra, una explosión de imágenes talladas y configuraciones geométricas superpuestas una encima de otra. Fascinado por lo que estaba viendo casi ni me di cuenta de que alguien me saludaba.
-Hola joven -me dijo, a pesar de que yo ya no cumplía los cuarenta, en un inglés que apenas entendí. El tipo era bajito, delgado, con los ojos hundidos y pelirrojo. Llevaba un gorro picudo y por debajo del mismo le asomaban unos rizos que le tapaban las orejas. Tenía una curiosa barba que también acababa en pico, creando un efecto visual curioso. Su semblante parecía un rombo en cuyo centro se dibujaba su cara, cuyo rasgo más llamativo era una colorada y redonda nariz. No hubiera sabido decir si tenía cincuenta o setenta años.
-Buenos días padre -se me ocurrió contestarle al ver que llevaba negro hábito hasta los pies.
-Ah, no, se equivoca joven. No soy canónigo, me dedico a la construcción pero no importa- respondió. Inmediatamente pensé que sería un pobre desgraciado que no andaba muy bien de la azotea, aunque cambié de idea cuando empezó a explicarme con detalle aspectos referentes a la capilla. -Este lugar es un foco de misterios y leyendas, la más famosa de ellas, un pilar situado al este llamado “el Pilar del Aprendiz” , venga conmigo sea tan amable -continuó diciendo y sin saber muy bien qué hacer le seguí-. Esta capilla se construyó por orden de la familia Saint-Clair, grandes protectores de la construcción. Cada generación está obligada a recibir la palabra del Albañil, una señal secreta que tienen los albañiles en todo el mundo para reconocerse entre ellos. Una gente muy culta, créame, y muy ricos, relacionados desde siempre con el poder.
Avanzamos contemplando todo tipo de inscripciones en la piedra, difícilmente inteligibles a ojos profanos y llegamos a “el Pilar del Aprendiz”. Me quedé anonadado por su belleza. Una especie de guirnaldas pétreas serpentean por el fuste de la columna, desde la basa hasta el capitel, formando un lujoso sostén para el artesonado superior.
-Cuenta la leyenda joven, que un modelo de este pilar llegó a Rosslyn desde Roma o algún otro territorio extranjero. Al verlo, el maestro albañil no consintió en trabajarlo hasta no viajar al lugar de procedencia para ver el pilar original. En su ausencia el aprendiz trabajó la columna hasta dejarla como puede usted contemplar hoy. Al regresar el maestro y ver el pilar tan exquisitamente acabado, presa de la envidia mató al aprendiz.
De hecho, me llevó hasta la puerta occidental de la capilla. Encima de la misma se halla la cabeza tallada en piedra de un joven con un corte en la frente. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando me enseñó la talla de la parte opuesta, la del maestro. A pesar de los siglos transcurridos lo vi perfectamente. La talla en piedra era una copia fiel del rostro de mi interlocutor. Me quedé de piedra, nunca mejor dicho. Cuando giré la cabeza para mirar a mi acompañante y pedirle una explicación éste había desaparecido, se había evaporado. Era imposible que hubiera caminado hacia algún lugar, no hacía ni cinco segundos que estaba hablando conmigo. Cuando logré recuperarme de la impresión, me acerqué a un hombre que estaba sentado en un saliente observándome. Le pregunté que si había visto a la persona que iba conmigo. Me miró como si me faltara un tornillo y me dijo que yo había caminado solo todo el rato. En fin, recuperé la compostura y me marché de allí como alma que lleva el diablo.
Llegué a la casa McDowell, comí y me acosté. No dejé de soñar ni un momento con el viejo, con la capilla y con demonios que querían llevarme a los abismos. Así que me levanté sudoroso y bastante agotado. Tomé una ducha y me dirigí al pub a tomar una cerveza con “mis amigos”. Al entrar todos me saludaron y me dieron palmadas en la espalda. El dueño del establecimiento, que había recuperado súbitamente su dignidad, me sirvió con ademán solemne una pinta y entablamos conversación. Disimuladamente llevé la misma a donde me interesaba, es decir, hacia el incidente matutino de la capilla. El tabernero no se sorprendió en absoluto y me contó que no era la primera vez que ocurría esto.
-Al parecer cuenta la leyenda que el viejo es el espíritu del maestro albañil y que está condenado a vagar por la capilla -empezó diciendo indiferente-. Siempre cuenta la misma historia en señal de arrepentimiento. La maldición terminará cuando no quede ninguna piedra del templo de Rosslyn. Pero qué quiere que le diga amigo, yo no creo en fantasmas.
Lo que más llamó mi atención era que el tipo me lo estaba contando tan campante, como si fuera lo más normal del mundo. Apuré mi cerveza y con la segunda pedí un filete con patatas del que di cuenta con avidez. Esa noche me retiré temprano, entre las protestas de mis compañeros, y curiosamente dormí diez horas seguidas.
Los ocho días de vacaciones transcurrieron apacibles y al final no pude resistirme a visitar Edimburgo, en donde me contaron otras tantas historias de fantasmas.
Hoy, mirando por la ventana de mi apartamento y viendo llover, me he acordado de las vacaciones. Y lo cierto es que cuando veo fotografías de la capilla de Rosslyn siento un escalofrío, sobre todo cuando contemplo el detalle de la cabeza tallada del maestro albañil, el único fantasma que he visto en mi vida.
Relato: Amnesia voluntaria
Como todos los días, desperté en mi casa sin saber dónde estaba. Me preparé un café con leche y me senté frente a la ventana. Era maravilloso observar un paisaje nuevo cada mañana, porque nunca podía acordarme del día anterior.Una mujer a la que no conocía entró por la puerta. Me traía las provisiones diarias, según dijo.
-Hoy tiene usted mejor cara - comentó con desgana-. Al rato, se fue como había venido.
Abrí el sobre que había encima de la mesa. "Para abrir cada mañana", podía leerse en el anverso. Lo leí:"Si quiere anular el deseo que le concedí sólo tiene que desearlo con fuerza".Preferí desear, como cada día, no recordar nada al día siguiente.
Relato: Un mus en el "Beni"
Poco tardamos en poner el tapete sobre la mesa de la esquina. Escoltados por cuatro pelotazos, decidimos jugárnoslos en una partida de mus. El ambiente es mágico. Los juegos van pasando según suenan los Doors, Pink Floyd, Eric Clapton, Deep Purple... El estrés acumulado se me escurre por la piel y cae a plomo hacia el suelo. En el último juego yo soy mano y cojo solomillo. Veo a mi contrincante de la derecha que pasa treinta y una a su compañero, decido darme una corridita. El engaño funciona y ante mi disimulada risa cortan el mus. Les aguanto a grande, paso a chica, veo los pares y paso a juego sólo hasta que me echan diez y cierro. Ponemos las cartas sobre la mesa, no hace falta ni contar, sólo con lo mío nos hemos salido y ganamos la partida. Apuro el último güisqui y el reloj marca las cinco de la mañana. Todavía me dura la risa cuando miro a los que han perdido, les hemos dado la grande.
El "Beni" se va apagando muy lentamente. La música ya no suena como antes y en el garito quedamos cuatro. La mágica neblina se ha tornado en humo de tabaco y huele a alcohol y a humedad. Me alejo bajo la penumbra de las farolas que, lejos de alumbrar, crean un ambiente espectral. Oigo un grito y al volver la cabeza veo al "Chino" con la pierna metida en una alcantarilla mal tapada, rápidamente paro a un taxi.
Estoy algo borracho en urgencias mientras curan a mi colega de mus, pero no importa. El lunes iré a trabajar con otro espíritu.
Relato: Descuido imperdonable
Ahora estaba en casa, saboreando su victoria, con los problemas resueltos. En ese momento llamaron a la puerta. Uno de los dos policías le enseñó su placa.
-Debe acompañarnos, se dejó su D.N.I. en "cierto" restaurante.
Relato: Las fauces de la muerte
No vi ni túneles ni luces ni seres angelicales. Flotaba en algún sitio y, por más que luchaba, no podía detener el flujo de una corriente que me arrastraba primero despacio y por último, a toda velocidad, hacia una caverna tenebrosa y con fauces que me engulló. Noté cómo quiso robarme mis experiencias y como me negué a dárselas, me escupió.
Desperté en una sala de hospital y lo que vi me dejó helado. Ya no veía a las personas como siempre. Eran racimos que colgaban de algún lugar indeterminado y que se dedicaban a acumular experiencias que serían las que alimentaran al monstruo. Lo contradictorio es que caí en la cuenta de que siempre las había visto así, pero no había reparado en ello hasta ahora.
Después de haber muerto y de haber regresado, ya no pienso en ser más bueno y mejor persona sino en cómo blindar mi coraza de experiencias. Sé que cuando me llegue la hora volveré a penetrar en aquellas terribles fauces. Y no pienso dejar que me devoren.
jueves 1 de marzo de 2007
Carlos Castaneda
Os quiero hablar de uno de los personajes más controvertidos del siglo XX. Antropólogo para unos, farsante para otros... Lo que está claro es que nadie queda indiferente después de leer "Las enseñanzas de D. Juan", primer libro de la saga de la fecunda obra de D. Carlos y, no por ser el primero, el más interesante, ya que considero que hay otros que lo son mucho más. A mí me ha impresionado mucho su obra, no tanto el autor como persona. Espero aportar algunos datos para los que ya lo conocéis, y a los que no, espero presentaros a un personaje cuando menos interesante.
IntroducciónHace ya muchos años cayó en mis manos un libro que me llamó poderosamente la atención. Este libro es "Las enseñanzas de Don Juan", de Carlos Castaneda. Había oído que era la historia de un tipo que se fue con los indios a Méjico para experimentar con drogas tipo peyote y otras. En verdad en el libro hacía esto pero también hacía más cosas. Entre otras, entablar una relación con un viejo chamán yaqui que le tomó como discípulo y le transmitió todo su conocimiento.
Según relata el propio autor, todo comenzó en la estación de autobuses de Nogales, Arizona. Se acercó al viejo y se pavoneó ante él. Le soltó una larga perorata y en un alarde de pedantería se describió como un experto en plantas psicotrópicas. Cuando el anciano levantó la cabeza y le miró a los ojos las palabras dejaron de salir de su boca y se quedó paralizado, ya que esa mirada era la más feroz que había visto nunca. El viejo chamán sólo le dijo que fuera a verlo, sin decirle dónde vivía.
El encuentro se produjo tiempo más tarde en una choza del desierto de Sonora, Méjico. Y Carlos, con el transcurso de los años, pasó de investigador a aprendiz de brujo bajo la tutela de D. Juan y sus compañeros, quince entre hombres y mujeres, divididos en ensoñadores y acechadores.

La enseñanza chamánica
Don Juan era el líder de un grupo de brujos y brujas. Un grupo que ve el mundo de forma muy peculiar. Según ellos, todo lo que existe es el resultado de un filtraje que el ser humano hace de lo verdadero, convirtiéndolo en el mundo que conocemos. ¿Y qué es lo verdadero? Pues al parecer todo es un conglomerado de fibras de energía con corrientes luminosas que ellos "ven". Todos los seres humanos tenemos la capacidad de verlo con el debido entrenamiento. De hecho todos vemos esas fibras todos los días pero no lo sabemos. En realidad creemos que sólo existe lo que vemos habitualmente cada día, es decir, el mundo cotidiano. Planteamiento bastante similar a la caverna de Platón.
Dentro de este orden, el ser humano es una bola luminosa con forma de huevo. En la parte de atrás, entre los omóplatos, existiría una pequeñísima bola que los chamanes del grupo llaman el punto de encaje y, según ellos, es el que absorbe millones de fibras dando como resultado la percepción del hombre. A todos se nos mueve el punto de encaje, percibiendo en ese momento de forma distinta a como lo hacemos en el estado ordinario de conciencia. La diferencia entre el hombre común y el brujo (también llamado hombre de conocimiento) es que este último puede mover el punto de encaje deliberadamente y llevarlo a sitios en donde se deja de percibir el mundo ordinario, pudiendo así entrar en otros planos que están vedados para el hombre común. De hecho se llega a afirmar que, a través del movimiento del punto de encaje, los brujos pueden cambiar de forma, a una forma animal por ejemplo, o incluso desaparecer.
De hecho una de las definiciones que ellos mismos hacen de la brujería es que "es el arte del movimiento y la fijación en nuevas posiciones del punto de encaje".
La experiencia de Carlos Castaneda
Castaneda recibió enseñanzas de dos formas. Como él mismo nos dice en sus libros, D. Juan le instruye:
1. En su estado normal de conciencia: en el cual le habla y le hace ejecutar diversas prácticas. En este estado, Carlos intenta racionalizar todo, no entiende nada y como no racionaliza, es la etapa en que D. Juan le hace ingerir distintas sustancias psicotrópicas, plantas sagradas que según la cultura india abren las puertas de la percepción. Plantas que en teoría van a acabar por romper la coraza de hombre occidental del aprendiz que, por cierto, además tenía una personalidad "muy espesa" que hacía muy difícil el entendimiento de los conceptos. De todas formas llega un momento en que ya no hubo necesidad de seguir con las plantas ya que éstas habían cumplido su misión.
2. En una posición del punto de encaje llamada "posición del entendimiento total": en la que D. Juan siempre empieza de la misma forma. Da un fuerte manotazo a Carlos en la espalda propiciando con su energía el movimiento del punto de encaje a la posición de la que hablamos. Una posición en la que el ser humano entiende todo, en la que está en un estado "hiper-despejado" y "conoce" y "sabe" sin necesidad de buscar explicaciones. El problema es que cuando vuelve a su estado ordinario de conciencia no recuerda nada. Sólo con el paso de los años, cuando el aprendiz aprende por sí mismo a desplazar el punto de encaje a la misma posición, es cuando rescata todo ese conocimiento y lo asimila.
El grupo de D. Juan es heredero de una tradición muy antigua. Antes de su grupo hubo otro y antes otro. El principio y la continuidad de los grupos se pierden en el tiempo. Cuando D. Juan contactó con Carlos en Nogales estaba pensando en la necesidad de crear el nuevo grupo para garantizar la continuidad del linaje. Y se quedó muy asombrado y preocupado al ver lo que el destino le estaba señalando: ese occidental pedante y vanidoso sería el líder (nagual) del nuevo grupo.
D. Juan era el nagual del grupo actual, compuesto por quince "guerreros" y "guerreras" divididos en "ensoñadores" y "acechadores". El "ensueño" y el "acecho" son estados que puede adoptar el brujo como resultado de mover el punto de encaje. Todos podemos ensoñar y acechar pero un ensoñador lo es por tener la facilidad de mover deliberadamente el punto de encaje a la posición de ensueño y mantenerlo allí a voluntad. Un brujo es acechador por el mismo motivo.
El nagual es el líder y todos lo aceptan. Y lo es porque tiene una configuración energética especial. Tiene dividido el huevo luminoso en cuatro compartimentos y esto le proporciona más energía vital y capacidad para dirigir al grupo.
D. Juan "vio" enseguida que Carlos sería el nuevo Nagual, aunque algo salió mal. Lo digo porque el nuevo grupo no lo aceptó como líder. En uno de los libros se da la explicación de que en realidad la configuración energética de Carlos no era en realidad cuádruple sino triple, lo que le capacitaba para liderar un grupo, pero mucho menos numeroso, como al final ocurrió.
El objetivo de cada grupo es alcanzar la "libertad total" tras años de disciplina. Esa meta implica que los brujos, llegado el momento, se inflaman de energía y trascienden en cuerpo y alma a otro plano de existencia, es decir, desaparecen de la faz de la tierra sin dejar rastro.
D. Juan y su grupo transcendieron. Nada se sabe del primer nuevo grupo que se formó y hay mucha información en Internet de Carlos y su grupo (el segundo, menos numeroso).
Algunos datos de Carlos
Existen dos versiones contradictorias sobre su nacimiento:
Según él mismo, nació el 25 de diciembre de 1935 en Sao Paulo (Brasil), hijo de un profesor de literatura y sobrino de Oswaldo Aranha, que fue presidente de la Asamblea General de la ONU y embajador en los Estados Unidos. Estudió en Buenos Aires. A los 15 años se fue a vivir Los Angeles, se graduó en Hollywood, y estudió escultura en Milán.
Según los registros de inmigración estadounidenses, nació en Perú en 1925, hijo del dueño de una joyería. Creció en la ciudad andina de Cajamarca, haciendo sus estudios en Lima.
Se casó en los años cincuenta con Margaret Runyon y tuvo un hijo. Al poco tiempo, los abandonó. El divorcio se formalizó en 1973.
La versión difundida de su muerte es que falleció el 27 de abril de 1998 de un cáncer de hígado, en su casa del barrio de Westwood de Los Ángeles, aunque su muerte tardó dos meses en hacerse pública.
Sus compañeras Taisha Abelar y Florinda Donner-Grau, discípulas también de Don Juan Matus, han escrito también varios libros sobre su aprendizaje y alguna vez han asegurado que Carlos alcanzó la libertad total.
Fundó la empresa "Cleargreen Inc." dedicada a comercializar seminarios y otros eventos. Hay, como he dicho antes, mucha información en Internet y las opiniones son contradictorias. Ha sido considerado desde gurú hasta estafador.
Bibliografía
"Las enseñanzas de Don Juan" ("The Teachings of Don Juan: A Yaqui Way of Knowledge", 1968), que además fue su tesis).
"Una realidad aparte" ("A Separate Reality", 1971).
"Viaje a Ixtlán" ("Journey to Ixtlan", 1973): con él se hizo millonario y obtuvo su doctorado.
"Relatos de poder" ("Tales Of Power", 1975).
"El segundo anillo de poder" ("The Second Ring Of Power", 1977).
"El don del águila" ("The Eagle's Gift", 1981).
"El fuego interno" ("The Fire From Within", 1984).
"El conocimiento silencioso" ("The Power Of Silence", 1987).
"El arte de ensoñar" ("The Art Of Dreaming", 1993).
"El lado activo del infinito" ("The Active Side of Infinity", 1999).
"Pases mágicos" ("Magical Passes", 1999).
"La rueda del tiempo" ("The Wheel of Time", 2000).
Conclusión
De lo que no cabe ninguna duda es de que la lectura de los libros es apasionante. Hay similitudes con la filosofía platoniana e incluso con el budismo zen. Y hay también una cuota de originalidad, sobre todo teniendo en cuenta la fecha en que comenzaron a editarse los libros.
Y lo que yo me pregunto, dada mi gran imaginación es ¿y si lo que dice este tío fuera verdad?
