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Al otro lado

Al otro lado
"Al otro lado", de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-15352-66-2.
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Presentaciones:

Sábado, 27 de abril a las 12 h. en la Feria del libro de Granada, en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA Puerta Real. Me acompañará en la presentación el compañero de Granada Jesús Lens. Y a las 13 horas firma de ejemplares en la Caseta de Firmas.

Sábado, 20 de abril, de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h. en la Feria del Libro de Fuente el saz de Jarama.

Sábado, 26 de enero a las 20 h. en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan. Me acompañará en la presentación el compañero de Ciudad Real José Ramón Gómez Cabezas, autor de "Réquiem por la bailarina de una caja de música", de la Editorial Ledoria.

Martes, 23 de octubre a las 19.30 h. en la librería Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno 46, Madrid). Si no puedes acudir y queréis un ejemplar firmado, ponte en contacto con ellos y pídeselo (91 543 0534). Te lo enviarán por correo.

Miércoles, 24 de octubre a las 18 h. en Getafe Negro (Carpa de la Feria del Libro). A las 20 h. participaré en una mesa redonda con otros compañeros de la Editorial Ledoria titulada "En los arrabales de la Novela Negra.

jueves, 29 de enero de 2009

Restaurante Las Olas: Algeciras

Uno puede caminar por el paseo marítimo de la playa de Getares, echar un pitillo, el que fume, contemplar el Peñón de Gibraltar, al que le guste extasiarse con la visión de la colonia británica, en fin, hacer deporte, escuchar música e incluso sentarse en el murete y conversar con unos buenos amigos. Y si le entra hambre, no le van a faltar sitios en los que picotear algo y tomarse una cerveza. Pero si quiere una experiencia agradable, coja a esos buenos amigos y entren en Las Olas. Eso hice yo la otra noche, sentarme con mis amigos frente a una paella de marisco y una botella de Muga crianza. El dueño no te atiende, te mima. Si hay algo que a él no le gusta, te lo dice. “Hoy no comas atún, tómate una lubinita a la espalda”.


Cenamos escuchando una buena dósis de buena música, porque hasta para eso tienen gusto. Como era miércoles, estábamos solos, hablando de nuestras cosas y del buen trato que nos estaban dando. La paella estaba de cine y el Muga acompañaba. No quedó nada y, cuando nos trajo la carta de postres pedimos unos cafés. Nos los sirvió con habilidad y pedimos unas copas a las que por supuesto nos invitaron. No contento con esto, a nuestro amigo, que ya lo era, le faltó tiempo para llamar al pub de al lado, entiendo que también es suyo, y decir que no nos cobraran las copas cuando apareciéramos por allí. En el pub estaba mi amigo Jesús, que trabaja allí y en el restaurante de camarero, tienen que verle ejercer el oficio, un fiera oiga. No es el primer amigo burgalés que tengo y no será el último. Como decía, no nos cobraron las copas. Y en éstas que conocí a Mirta, un nombre tan precioso como su cara. Nos mimó y atendió como no pueden hacerse idea. Y nos invitó a las segundas copas con una sonrisa enmarcada en su rostro por una melena negra y unos ojos para perder el sentido.
Y como a mí me gusta pagar algo, pedimos la tercera y esa sí, la pagué yo.
Están aquí, en Algeciras, y pueden hacerles pasar una velada que no olvidarán, se lo aseguro.

viernes, 23 de enero de 2009

De locos

Es sabido que a los profesores nos han quitado todas las armas para imponer la disciplina y hacer que los alumnos estudien. Lo que no sabíamos es que ahora el sistema también les birla a los padres esas herramientas básicas para hacer imponer, sí, digo imponer, su criterio frente al desvarío puntual de su hijo que, histérico, decide no hacer los deberes o hacer lo que le venga en gana. Me estoy refiriendo al puntual grito, al puntual cachete o al tradicional y puntual bofetón. Porque ya me contarán: si al niñato de turno se le mete en su cabezota que no quiere hacer una cosa que tiene que hacer, ¿de qué forma un padre puede obligarle a hacerla? Ya sabemos que los profesores nos la tenemos que envainar, pero, ¿deben también evainársela los padres?
Al parecer sí. Lo digo por una sentencia de la Audiencia Provincial de Jaén que aumenta otra producida anteriormente, en la que se condena a una madre a 67 días de cárcel y a la prohibición de acercarse al menor en un año y 67 días. El delito cometido por la madre fue coger al niño del cuello y darle un tortazo en la cabeza, que igual se pasó un pelín, para que el niño hiciera los deberes, cosa que no estaba dispuesto a hacer sólo con buenas palabras.
Lo llevo advirtiendo hace mucho tiempo. Como sigamos con este tipo de estupideces los niños van a salir tarados. Y todavía tengo que leer el otro día en una carta al director de un periódico que la solución a la educación es que a los profesores nos den cursos de formación de bullying y de anorexia para comprender mejor a los alumnos. No hijo mío (me refiero al autor de la sandez). Los profesores ya sabemos lo que es el bullying y la anorexia, no somos gilipollas. La educación se ha echado a perder por gente como tú, que piensa que los profesores tenemos que ser amigos de los niños. Los maestros no tenemos que comprender a los alumnos. Tenemos que enseñarles Matemáticas, Lengua, etc. Así que sigan interpretando el artículo 153 del Código Penal de la forma que lo están haciendo, señores magistrados. Que así nos va a lucir el pelo.

miércoles, 21 de enero de 2009

Bar el Chiste: Algeciras

En Algeciras hay un bar muy curioso. Emplazado en una calle cuyo nombre también es muy curioso: C/Juan Morrison. En el bar el Chiste, que no tiene horario, que abre cuando le viene en gana. Entro y, educadamente, doy las buenas noches. Hay un nota con gorro de guerrillero y barba de tres días que se está tomando una sopa de picadillo en plato de barro, con un vino. El dueño, un abuelo enjuto de pelo blanco y de cejas tan prietas que encima del tabique nasal tiene una morcilla de carne, me escupe un “buenas noches” de categoría. Le pido una copa de Ballantines con hielo. Agarra una copa más amarilla que unos fideos revenidos y la observa al trasluz. La sumerge en un barreño de agua turbia, la limpia con los dedos y la vuelve a mirar. Conforme con el resultado, pide hielo a la mujer que está en la cocina, una moza de las de bata de cuadritos verdes y blancos. Los dientes superiores le montan el labio inferior; amparada por una gorra blanca al estilo Bob Marley, mira con indiferencia. Por fin, me sirve el güisqui. Apuro el primer trago observando la carcomida botella de “Tío Pepe” que tengo enfrente. Estoy rodeado de carteles taurinos que incluyen desde Miguelín, famoso torero algecireño, hasta el Yiyo, difunto torero de mi barrio, Canillejas. Sigo apurando la copa ante la severa mirada de la Virgen del Rocío. El nota de la sopa se está tomando una tapa de ensaladilla. El bar se ha llenado. Estamos apretados. Añadan a esto al nota de la copa de Ballantines escribiendo este artículo en una servilleta. Pago la copa: 1,50. ¿No es para flipar? Pongo proa al Montes, que se las trae. ¿Qué me depara el futuro inmediato?
Llego al Montes. El ambiente ni parecido. No hay ni Dios. No hay carteles de toros, pero los camareros gozan de un gesto torero, y cuando les pido la copa te miran como si estuvieran citando al morlaco. Son lentos, chulos, impertinentes, pero siempre acabamos en Montes. Y la copa, claro, ahora ya no son 1,50, como en el Chiste, son 3,40, como en el Montes. Pero es el Montes.

domingo, 18 de enero de 2009

Algeciras

Hay animales a los que es difícil dar caza, no tienen rutinas. El ser humano no es uno de ellos. A mí, si quisieran cazarme lo tendrían fácil: Domingos, de nueve a once, heladería de Getares. Llevo las de sol y leo el periódico frente a las cristaleras, desde donde diviso toda la preciosa Bahía de Algeciras. Belleza desde Punta Carnero hasta Punta Europa y un puntito de misterio con esa bruma que casi siempre envuelve al Peñón de Gibraltar. Hoy no se veía África, había que imaginarla. La visión no es del todo romántica, ya que los barcos entorpecen la mirada hacia el horizonte. Y no son pingues, ni bergantines ni goletas. Son feos cargueros y oxidados petroleros que han causado más de una catástrofe en la bahía. Espero equivocarme, pero me da que un día vamos a tener una desgracia de verdad. Y espero que ese día no haya que esperar a que venga un barco de Noruega bordeando todo el norte y el oeste de Europa para que nos ayude a arrastrar el petrolero siniestrado, o para quitar el petróleo o qué sé yo. ¿Es que un país con tanto mar como el nuestro no puede tener un barco de esos en cada autonomía costera por lo menos?
Después de leer la prensa me he dado un paseíto. Esta ciudad recuerda los domingos por la mañana a “La noche de los muertos vivientes”. Nadie por el paseo, salvo unos cuantos despistados, emparejados, desparejados, con perro o sin perro. Niños no he visto. Los de mediana edad, como yo, corren como desesperados en chandal. A mí no me gusta correr ni montar en bici, pero me encanta bailar música de los ochenta y cerrar el Café Teatro alguna que otra noche. Y los viejos van hablando de sus niveles de colesterol y de su tensión. El día era estupendo.
Gozamos de un clima privilegiado. En Algeciras sólo hace frío dentro de los institutos. Hay calefacción donde el paro, en el médico, en lo de hacienda, en la Subdelegación..., pero en los instis no. A mí me da que esto es un experimento del CSIC. Sí, para ver si los niños estudian más en condiciones de frío extremo y sus neuronas se convierten en superconductores de conocimiento.
Pero tú no te aflijas, Algeciras. Porque tú, bonita mía, a pesar de los que te moramos mejor o peor, tú eres la más preciosa que yo he visto. Si fueras mujer, en vez de escribirte, te tiraría los trastos.

sábado, 17 de enero de 2009

La vida propia de las novelas

A la hora de escribir una novela, no hay método que valga. Hay escritores intuitivos, mientras que otros, hacen esquemas y empapelan sus paredes de post-it’s y fotografías. Lean entrevistas, ninguna es igual, ningún escritor dice lo mismo. Yo no hago esquemas ni preconcibo nada. Simplemente, escribo la novela que me gustaría leer. Doy vida en palabras a cuatro ideas que me surgen en la cabeza. Y lo que más me llama la atención es que controlo la trama y a los personajes hasta cierto punto, porque otras veces, son ellos los que acaban controlándome.
Por ejemplo, en mi primera novela, pendiente de publicación, mis personajes principales eran un hombre y una mujer que se conocían desde niños. Eran amigos de la infancia y jugaron ese rol durante algunos capítulos. Pero una noche, en un capítulo que me dispuse a escribir con una idea clara de lo que iba a suceder, ellos dos, ajenos ya totalmente a mí, se van a cenar a un restaurante madrileño. Eso sí, me dejaron escogerlo a mí. Y una vez allí, después de cenar, se enrollan muy a mi pesar, porque a partir de ahí, me hicieron cambiar la trama de la novela.
Otro ejemplo. En mi tercera novela yo tenía claro que la trama iba a cabalgar entre un crimen en la actualidad y un hecho histórico del siglo XVIII. Pues aunque he conseguido mantener esta idea, mi barrio se ha colado en la novela de manera salvaje. Hasta he tenido que inventarme un personaje principal que nació en mi barrio para poder desplazarlo hasta allí de vez en cuando y describir esos ambientes sórdidos y marginales.
Supongo que los que escriben ya saben esto muy bien. Y a los nuevos, a los que empiezan, que cuenten con ello, porque una vez que empiezas a escribir una novela no es el escritor quien controla lo que va a suceder allí. La novela se apropia de tus pensamientos, de tu personalidad y, poco a poco, te va dejando sin energía. Y cuando la terminas estás muerto. Sólo resucitas cuando la corriges y experimentas por fin la satisfacción de haberla terminado. Por fin.

martes, 13 de enero de 2009

La denostada profesión de maestro

Llevo en esta bendita profesión la friolera de diecisiete años. Empecé a dar clase bien joven y, como todo el mundo que empieza, tenía afinidad con los alumnos, la diferencia generacional era mínima. Los jóvenes de entonces tenían inquietudes. Una de las cosas que más recuerdo son las diferencias entre el alumnado que, bien por ideología o por simpatía a diversas tribus urbanas, generalmente relacionadas con la música, hacían de la clase un mosaico. Siempre di clases en barriadas obreras y los niños tenían ganas. Tantas, que por las tardes tenía que ponerme en casa a preparar clases y ejercicios y a aprender programas informáticos para que no se me quedaran parados. Hoy las clases son homogéneas. Oigo hablar a los críos y no opinan nada, ni de política ni de cualquier otra cosa. No sé por qué, van todos rapados, absolutamente todos, y todos llevan teléfono móvil y mini consola. No quieren estudiar, no respetan nada y cualquier cosita que pones en la pizarra les resulta muy difícil y, por tanto no la estudian. Si yo diera clase al nivel de hace diecisiete años esto sería un desastre, no aprobaría nadie.
Cuando entré a trabajar por primera vez a un instituto, tenía muchos compañeros y compañeras de setenta años, ya que ésta es una profesión vocacional. Estos compañeros se reenganchaban y, casi todos, querían jubilarse más tarde. Además, animaban a sus hijos a que estudiaran para desarrollar esta bendita profesión. Hoy, desgraciadamente, el panorama es radicalmente distinto. Los maestros adelantan la jubilación y se jubilan a los sesenta años, están deseando cumplirlos para salir corriendo del instituto cuanto antes. Y en cuanto a sus hijos, les animan a cualquier cosa menos a que sean profesores.
La Educación es un desastre y lo va a seguir siendo. Reforma tras reforma, necedad tras necedad, esto se lo han cargado. En vez de encargar las reformas a los profesores las encargan a gente que nunca han pisado un aula y no tienen ni idea del tema. Y gobierno tras gobierno, todos han ido perpetrando un terrorismo de estado consentido ante la indolencia de todos. ¿Quién va a parar esto? ¿Cuándo volveremos a recobrar la coherencia? Yo se lo voy a decir. Cuando mi generación (tengo 43) dé el relevo y los que tengan que tomar los mandos demuestren sus carencias, alguien tendrá que tomar cartas en el asunto. Y mientras tanto, seguiremos aguantando. Ojalá reviente antes.

domingo, 11 de enero de 2009

Solidaridad con Javier Marías

Todos los domingos de nueve a once de la mañana suelo hacer lo mismo: me compro el periódico, me voy a una cafetería para leer y ver el mar a través de los ventanales, me tomo un café y enciendo un cigarrillo y abro el suplemento por la última página, para leer el artículo semanal de Javier Marías. Este hombre es uno de los columnistas españoles excepcionales que tenemos hoy en día. Me hace reflexionar, pero también me hace reír por sus atinados comentarios. Y, hace dos semanas, leí su artículo entre risotadas veladas, tampoco era plan que los parroquianos que había en el bar se pensaran que me había vuelto loco. Como también leo las cartas de los lectores en el suplemento, sé que don Javier es uno de los más criticados, crea polémica con sus opiniones. E intuyo que cuando escribió el artículo que yo leí esa mañana, estaba bien harto de que los lectores no entendieran nada.
El otro día me acordé de él. Resulta que yo también escribo. Me publicaron un artículo en una edición digital de un periódico de tirada nacional, en el que los lectores pueden hacer comentarios a lo que leen. Estaba clarísimo que mi artículo llevaba una carga de ironía de aúpa, era obvio. Pues qué sorpresa me llevé al leer los comentarios de los lectores. No habían entendido nada. Menos mal que cuando volví a abrir la página web al día siguiente un lector había hecho un comentario en el sentido de llamar la atención a los demás por no haber entendido el claro tono irónico de mi artículo. Me dije “vaya, por fin uno entre tantos”.
No se preocupe, señor Marías, creo que la profesión de columnista no se acabará nunca, como usted predecía, porque hasta los que no entienden (me temo que son las generaciones de la E.S.O.) tienen la necesidad de leer, aunque no entiendan nada y sólo sea para protestar por lo que han leído y no han entendido.
Suscribo todo lo que usted decía. Reciba mi solidaridad, mi admiración y mi apoyo. Y no deje de escribir nunca, ya sea en el periódico o en un blog, como hacemos los demás.

jueves, 8 de enero de 2009

Acoso escolar

En estos días ha tenido lugar una sentencia que condena a un colegio de Madrid a indemnizar a la familia de un alumno que venía sufriendo reiterados abusos por parte de algunos de sus compañeros. Tendría que leer la sentencia para ver lo que realmente ha ocurrido, ya que en la prensa no se especifica mucho y las informaciones van más bien en la línea del sensacionalismo. Si los profesores veían las agresiones y se inhibían, bienvenida sea la condena. Pero conozco el oficio y esto no suele ocurrir. Las faltas graves como agresiones y acosos, pueden ser sancionadas según los reglamentos de centro hasta con veintiocho días de expulsión. Y, generalmente, el Director del Centro denuncia los hechos.
Pero si los alumnos agredían a su compañero aprovechando los cambios de clase, es decir, cuando los profesores no estaban presentes, la sentencia no tiene sentido. No es el Centro el culpable, ya está bien de echar culpas a los docentes. Los culpables serán los niños, por llamarles de alguna forma, que han pegado al compañero y la responsabilidad será de sus padres. Porque los niños son de quienes los han tenido, cosa que se olvida en los últimos tiempos.
Fácil lo tienen las autoridades, ya que últimamente, quienes delinquen tienen la costumbre de grabar todo con el móvil en un derroche de inteligencia. Se ve fácilmente que son generaciones de jóvenes que han estudiado la E.S.O., claro.
Así que, por favor, señores jueces y juezas, castiguen a los verdaderos culpables, no a los que trabajan en lugar en el que se han producido los hechos (salvo que los profesores se hayan inhibido, ya dije antes). Porque si dos personas se pelean en una sucursal de la Seguridad Social, pongo por caso, a nadie se le ocurre sancionar al Director de la oficina. ¿A que no?

lunes, 5 de enero de 2009

¿Crisis? Qué crisis

Supertramp, un grupo estupendo de los que ya no quedan, tituló así una de sus canciones o LP’S, ya no recuerdo. Jamás traduje la canción, o el LP, así que no sé qué es lo querrían decir esos maravillosos músicos con ese título. A mí me sirve para hacer una reflexión sobre los tiempos que vivimos, de crisis, al parecer. Y digo al parecer, porque no todos los sectores de la sociedad se han enterado de que vivimos tiempos turbulentos, de que la bonanza económica se ha acabado y de que hay que atarse el cinturón. Por lo que se ve, se han enterado los gobiernos, que inyectan dinero en los bancos y en las multinacionales y, por supuesto, los susodichos bancos y multinacionales. También algunas familias, que lo están pasando mal desde ya. Pero, como se puede comprobar en estos días, la mayoría de la ciudadanía no se ha enterado todavía de nada, a pesar de ser la crisis la protagonista de telediarios y periódicos. Un ejemplo de esto es mi tarde de domingo de ayer. Estuve por el centro de Madrid. El Metro iba lleno y cuando salí con mi amigo a la calle Gran Vía, parecía que pasaba algo, pero algo gordo. No se podía andar. La gente iba con grandes bolsas de aquí para allá mientras otros ciudadanos aguardaban largas colas en las administraciones de lotería más famosas. Y no compraban sólo un décimo aun a pesar de ir a 20 euros, el décimo, me refiero. Después compramos entradas para el cine, sin podernos ubicar donde queríamos porque estaba lleno. Tomamos un café entre apreturas en espera de la hora. Y cuando salimos del cine nos dirigimos a comer y a tomar algo a la zona de Espoz y Mina. Tuvimos que marcharnos de la Casa de las Bravas, ni una mesa libre y la gente esperando para sentarse. Todas las demás tabernas estaban por el estilo y el único sitio al que pudimos entrar con relativa comodidad fue el restaurante chino de San Bernardo, y no estaba vacío ¿eh? Volvimos en el Metro hasta el barrio, de pie, claro. Y me tomé una caña en el garito con los colegas. Estaba hasta los topes, y la peña pidiendo cervezas y cubatas a tutiplén.
Por eso, vuelvo a servirme del título, de canción o LP, de Supertramp, para volver a plantear la cuestión. ¿Crisis? Qué crisis

martes, 30 de diciembre de 2008

Torquemadas autonómicos

Cuando un niño es maltratado, es probable que en su madurez él mismo sea un maltratador, esto lo saben bien los psicólogos. La dictadura franquista maltrató y marginó a las provincias que hoy constituyen las autonomías hasta la saciedad. Les negó sus identidades culturales y políticas, llegando a prohibirles incluso hasta hablar en sus propias lenguas a aquéllas que tenían idiomas propios. Con la democracia, se restituyeron los derechos y aún hoy continúan los procesos de transferencias de competencias y de asignación de presupuestos. El estado español se está implicando en mayor o menor medida, dependiendo del partido que en determinados momentos está en el poder. Pero de lo que no cabe ninguna duda, es de que el proceso sigue adelante, con costes que incluso producen déficit en los presupuestos generales del Estado. Cabría esperar por parte de estas autonomías no ya agradecimiento, pues bajo mi punto de vista el Estado tenía el deber de restablecer los derechos de los ciudadanos en materia identitaria, pero sí una cierta empatía de las autonomías hacia el propio Estado. Sin embargo, ocurre todo lo contrario. Las autonomías piden más y chantajean al partido del gobierno, sobre todo si éste no tiene mayoría absoluta en el parlamento, apoyan sus mociones “a cambio de”. Y si en materia de educación el panorama es preocupante a nivel nacional, lo es más en las autonomías con idioma propio, en donde privan a los niños de estudiar en la lengua de Cervantes. Ignoran la riqueza de pertenecer a una autonomía bilingüe y se dedican a erradicar el español con un cierto grado de impunidad. Esto creará déficits difíciles de paliar a medio plazo. Nos quedaremos sin los escritores catalanes, vascos y gallegos ya que, como pueden comprender el president, el lehendakari y el de Galicia, si sus escritores no escriben en castellano, sólo serán leídos en su autonomía correspondiente. Por eso, la sentencia del Tribunal Supremo que obliga a la Generalitat a escolarizar a los niños en castellano, hace un favor, no ya al estado español, que también, sino a los propios catalanes, que disfrutarán de una enseñanza bilingüe en catalán y en castellano, inglés aparte, que propiciará que los niños hablen tres idiomas. Otra cosa es que los que deben velar por el cumplimiento de la sentencia sean capaces de obligar a que se cumpla y no miren para otro lado.

domingo, 28 de diciembre de 2008

El conflicto en Oriente Medio

La nueva oleada de violencia en Oriente Medio no viene sino a confirmar que hay un conflicto latente con dos partes bien diferenciadas y mal avenidas entre sí. Estaba yo ayer escribiendo unas líneas cuando en Internet saltaba la noticia de que facciones muy próximas a Hamás estaban tirando cientos de misiles a Israel. Hamás, fruto de la radicalización y del hartazgo de la población palestina respecto a Al Fatah, no es tan ingenua como para pensar que esos ataques no iban a tener respuesta. Y, efectivamente, los bombardeos israelíes no se hicieron de esperar mucho tiempo. A día de hoy ese ataque ha dejado 271 muertos y cientos de heridos, una masacre, vamos, aunque Israel no deja de decir que todos los muertos son militares, como si esa condición justificara la muerte de tantas personas.
La resolución del conflicto tendrá que esperar una vez más, pues es imposible negociar entre tanto odio. El pueblo de Israel, motivado y espoleado por su propia desgracia en la Segunda Guerra Mundial, no paró hasta formar su propio estado amparado por la Comunidad Internacional. Un estado democrático que elige a sus gobernantes y hay relativa libertad, si no fuera por el reclutamiento forzoso de sus ciudadanos y ciudadanas que se integran en el ejército por muchos años, truncando así muchas vidas laborales y propiciando que la conciliación familiar sea una utopía. Por su parte, los palestinos aún están en proceso de vertebrar las instituciones que conforman un estado.
La Comunidad Internacional, generalmente, apoya a Israel, dado que hay muchos grupos de la diáspora integrados en los círculos de poder de EE.UU. y de la Unión Europea.
La solución al conflicto no llegará sin concesiones por ambas partes. Hamás tiene que dejar de bombardear Israel y de fomentar los atentados terroristas que golpean cualquier punto del país en cualquier momento. E Israel tiene que abandonar Gaza y Cisjordania. Es imprescindible la formación de un estado Palestino, democrático, y Jerusalén debe ser la capital de ambos estados, con soberanía compartida. No se debe olvidar el papel que los cristianos juegan en la ciudad, lo que introduce un tercer elemento de discordia. Jerusalén debería estar controlada por la Administración Israelí, por la Administración Palestina y por la Unión Europea, por proximidad y por Historia. El reparto debería ser o bien geográfico o bien por zonas de influencia, eso es lo de menos. Y Europa debería actuar sometiendo a arbitraje cualquier conflicto que pudiera surgir de la doble capitalidad. No sería la primera vez que una ciudad se declara internacional. Esto es la base para futuras negociaciones. Y el alto el fuego inmediato, pero por ambas partes.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Unas recomendaciones literarias

Las vacaciones son un tiempo para leer, si se tiene tiempo, claro, si es que no hay otras obligaciones que nos impidan dedicarnos al placer de la lectura. En mi caso cuento con alguna ventaja, ya que estoy solo en Madrid y no tengo niños, la ventaja es importante, ¿verdad? Pero como estoy con la escritura de mi tercera novela y quiero dejarla en 300 páginas antes de regresar a Algeciras, pues yo mismo me estoy poniendo un objetivo quizá demasiado ambicioso, que en cualquier caso, me impide leer todo lo que yo quisiera.
Leí el último de Ray Loriga, “Ya sólo habla de amor”. Recomendable, muy bien escrito, pero demasiado corto, ciento y pico de páginas. Es una especie de “Lobo estepario” muy bien delineado, prácticamente un monólogo del narrador con apenas tres o cuatro diálogos que aparecen en el momento justo. Ray, uno de nuestros escritores más famosos del momento, ha puesto en práctica su máxima del secreto de un escritor: “Escribir la mitad y ganar el doble”. A veces, a nuestros escritores famosos hay que perdonarles sus extravagancias, porque van con ellos, nos guste o no.
Hace poco que ha salido la segunda novela de la trilogía Millenium, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”. Stieg Larsson vuelve a enredarnos en las tramas de los personajes de su primera novela. Es un tocho de más de 700 páginas, como a mí me gustan las novelas, y ya me tiene totalmente enganchado. Qué escritor más bueno y que trágica e irónica su vida. Muerto y sus novelas triunfando en todo el mundo. Si no leísteis “Los hombres que no amaban a las mujeres”, hacedlo antes de meterle mano a “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, porque ésta es continuación de aquélla y si no lo hacéis así vais a andar un poco perdidos.
También tengo “El chino”, de Mankell, esperando en cola para continuar con este estudio mío totalmente involuntario de la Literatura Negra sueca. Me han dicho que merece la pena y no lo dudo, no en vano, Mankell lleva ya muchos años colocando sus novelas entre las más vendidas en todo el mundo.
Y en cola está también “El emblema del traidor”, de Juan Gómez-Jurado, ganador del último premio de novela Ciudad de Torrevieja, el segundo mejor dotado económicamente después del Planeta. No es casualidad que le hayan dado este premio a Juan. Leí sus dos novelas primeras: “Espía de Dios” y “Contrato con Dios”. Me encantaron. Y ahora Juan, ejerciendo el oficio de escritor-vampiro de historias, ha plasmado en una novela algo que le contó un librero. Todos los escritores estamos atentos a lo que nos cuentan o a lo que vemos o vivimos, porque de cualquier situación puede salir una historia.
Espero que paséis unas felices fiestas y, para el que no tuviera una idea clara de qué leer, espero haberle dado unas cuantas ideas apetecibles. Un abrazo.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Se traspasa, "urjente"

Todo perfecto, mañana soleada en pleno invierno, los gorriones piando, cafelito con leche en el bar de siempre y lectura del periódico, sin prisas, con la sorpresa de que Loriga, un escritor de mi generación, ha sido incorporado a la nómina de columnistas de "El País". Por otra parte, pensando ya en ese encuentro en el Café Gijón (Madrid) con escritores del Grupo Literario de la Revista Digital del IES Ventura Morón de Algeciras, que se celebrará en la tarde del domingo 21. Y leyendo también "Ya sólo habla de amor", de Loriga, que lo prometido es deuda. Y, de repente, paseando de camino al cíber en el que me encuentro escribiendo el artículo, el letrerito en la tienda de ultramarinos: "Se traspasa, urjente". Bueno, no todo iba a ser perfecto en la mañana dominical. Sólo tres palabras, una falta, 33.33%, si no me equivoco. Bien, no es mucho, me consuelo a mí mismo. Claro que no es mucho para un escueto cartel. Sería mucho en una columna y demasiado en una novela. Inadmisible en un relato corto. No me extraña que algunos miembros de la RAE estén desde hace algún tiempo valorando la cuestión de eliminar la ge o la jota y la be o la uve, ya que, por lo que se ve, a muchos les es extremadamente complicado discernir cuándo deben emplear una u otra letra. No pasa nada por poner "urjente", total la gente se entera de lo que el escritor ha querido decir. Pero al leer el letrero, uno recibe como un puñetazo en el rostro, o no, o a lo mejor es que yo pido demasiado a la gente. Gente de un país en el que la educación es gratis, con libros gratuitos en la E.S.O., lo que no quiere decir que no cuesten dinero a las arcas del Estado.
Y, ¿qué me dicen de los mensajitos por móvil o de los chats? Fenómeno curioso, no puedo negarlo, pero, muchas veces, ya no sé lo que me quieren decir. Lo inquietante, es que cuando los profesores sacamos a los alumnos a la pizarra (a la que, por cierto, le quedan dos telediarios, o tres), muchos alumnos empiezan a escribir en ella como si enviaran un SMS. Y cuando les paras los pies, te miran como si los que llevaran razón fueran ellos y no el profesor. ¡Angelitos!
No obstante, esperanzas, haberlas haylas. Voy a hacer referencia a un dato para terminar el artículo de forma positiva. La serie de Potter y ahora Crepúsculo, tira por tierra la teoría de que los jóvenes no leen. No sólo leen, sino que son capaces de hacer cola toda una noche para adquirir un ejemplar de los mencionados best sellers y otros. Lo que indica, que los leerán. Y es de suponer que ese tipo de Literatura les hará de puente para leer después a Reverte, a Mankel, a Juan Madrid y a Marsé, por citar sólo una breve muestra. Lo mismo que a mí me hicieron el puente hacia la Literatura de verdad El Capitán Trueno y Jabato, entre otros.
Espero y deseo que alquilen pronto la tienda de ultramarinos. Aunque sólo sea por la desaparición del cartón del "Se traspasa, urjente".

martes, 16 de diciembre de 2008

El talento artístico

Conduzco un Clyo. Como no se rompe, no tengo la necesidad de comprar otro. Y como el radio casete también funciona, nunca tuve la necesidad de cambiarlo por un dispositivo almacenador de MP3 y Cd’s-DVD’s para que los niños vean pelis en las pantallas de plasma de los respaldos de los asientos. Es más, tampoco tengo niños ni llevo GPS en el coche. Total, que cuando monto en el coche de algún amigo, me parece que voy en una nave espacial. Ni siquiera reconozco las músicas que me ponen ni reconozco el talento en los compositores de las mismas. Estilos con nombres extraños, cantantes y músicos extraños y nada talentosos ni los unos ni los otros.
El otro día rescaté una cinta y la metí en el radio casete. Y volví a reconocer el talento del compositor y el virtuosismo de los músicos. Eran un grupo de Madrid, Leño, ¿se acuerdan? El líder, un tal Rosendo, ¿ya van haciendo memoria? El talento que explosionó durante los años de la Movida Madrileña se esparció por todos los barrios de la periferia y aun más allá del paro y la depresión. El talento surgía en un portal de un callejón olvidado de un barrio marginal. De repente, descubrías que en la escalera de tu portal vivía un genio que tocaba la guitarra como Eric Clapton o Ritchie Blackmore, en tu escalera, no en las enciclopedias ni en la Universidad, en tu escalera, puerta con puerta.
Uno de los genios de mi escalera se llamaba Luis. Aún toca en un grupo que se llama 1001 Tiro. El otro día volví a redescubrir su talento cuando visité al grupo en el local de ensayo. Toqué con ellos, canciones de verdad, sin ensayar, pero no importaba, porque allí estaba Luis que nos decía a todos cómo y dónde poner los dedos, el ritmo de la batería, el del bajo… Seguramente a 1001 Tiro no les llamarán de una gran discográfica, porque el talento no está de moda. Pero si hablamos de sensaciones, esas sí que siguen existiendo. Porque cuando Mike Olfield se encerró para componer e interpretar él solito todos y cada uno de los instrumentos en Tubular Bells, debió sentir lo mismo que el Luis dirigiendo aquella tarde en Canillejas aquella mini jam-blues-rock session de cuatro amigos de la infancia en la linde de los cuarenta, de edad, me refiero.
El talento se hipotecó a favor de lo fácil y lo rápido y lo vendible. Y lo bueno, pero lo bueno de verdad, dejó de ser asimilado en el momento en el que los niños decidieron que no querían estudiar más porque, ¿para que iban a hacerlo si ya tenían de todo? Es que, el Rock’n’Roll es difícil, como las matemáticas o las ciencias sociales. Y el esfuerzo, ¡ah! No estamos en la cultura del esfuerzo precisamente. Aunque se empiezan a ver rendijas por las que entra una luz esperanzadora. Lástima que para ello volvamos a tener que vivir la depresión. Porque esto ya lo sabíamos de antes y, como dijo aquél, un pueblo que olvida su Historia, está condenado a repetirla. Y añado yo: repetirla, sí, pero con las cosas buenas y con las malas. Y con talento, ojo.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Los escritores que nacimos en los 60

Los escritores escribimos porque nos gusta hacerlo, toma, y porque disfrutamos frente al ordenador emborronando papeles. Pero, claro, luego queremos que la gente nos lea, y, generalmente, no tenemos la paciencia de esperar hasta que algún alma caritativa nos publica la novela de marras. Así que, mendigamos un espacio para que nos publiquen una columnita de opinión y enviamos correos a las diversas secciones de las cartas al director de los periódicos. Sólo los privilegiados, que se lo han ganado a pulso, por otra parte, escriben habitualmente en los diarios. Véase Reverte, Marías, Muñoz Molina, Julia Navarro, etc. Y cobran por ello, lo que ya debe ser la leche, me refiero a que te paguen por ejercer tu afición convertida en profesión.
El otro día leía a Loriga en Babelia, lo que significa que los de mi generación (yo soy del 66, él, Loriga, del 67), ya están entrando en la dinámica de escribir en los periódicos. Buena noticia. Porque es que, además, Ray Loriga se lució. Se notaba que cuando escribió el artículo estaba inspirado porque animaba al lector a leer novelas para vivir otras vidas que, de otra forma, jamás podrían vivir. El artículo estaba encuadrado en una sección en la que se deberían haber propuesto libros para las navidades. Al señor Loriga se le olvidó proponer algún título, o se le acabaron las líneas o, seguramente, estaba tan inspirado y ensimismado en la escritura de su artículo que, seguramente se le pasó. El artículo estaba tan bien escrito que parecía el comienzo de una novela. Ojalá yo, algún día no muy lejano, esté tan inspirado como él al escribir mi columna.
No he tenido tiempo hasta ahora de leer a Ray, pero es de los autores que te dan un pálpito, un buen pálpito. Así que el otro día compré su última novela: “Ya sólo habla de amor”. El título es sugerente al máximo, al menos para mí. A ver si puedo hincarle el diente estas navidades, aunque se me ha metido por medio Stieg Larsson, y claro..., como leí la primera de la trilogía “Millenium”, pues eso, que tengo muchas ganas de leer a los dos, sobre todo a Loriga, que es español.

sábado, 6 de diciembre de 2008

El Campo de Gibraltar..., snif

Resulta que Acerinox suspende la producción en navidades por falta de pedidos y que la papelera que contamina diariamente el río Palmones, parece que toca a su fin. Pobres jóvenes nuestros el día que la citada factoría del acero pegue el petardazo y que el puerto marítimo de Tánger empiece a hacernos la competencia al de Algeciras. Ya no querrán abandonar los estudios en E.S.O. para trabajar en el puerto de estibadores o en el Acerinox de marras como operarios de cadena de montaje. A lo mejor es la solución para empezar a erradicar el fracaso escolar, porque hasta ahora, la escuela no podía competir con los sueldos que ofrecían en el puerto o en Acerinox. Trabajos no cualificados cuyas horas se pagaban a precio de oro. Bien, porque así los trabajadores podían comprarse chalets y Mercedes, pero no es normal. Jamás será normal que un trabajador no cualificado doble en sueldo a un licenciado universitario, por ejemplo. Y eso, acaba reventando, porque no es real. Y así estamos en el Campo de Gibraltar: la gráfica del paro sube día a día en un orden exponencial.
Contradicciones tiene esta tierra, hasta donde el vago, el que ni siquiera quiere trabajar en el puerto o en Acerinox, se hace con una moto de agua y en dos veces que cruce el Estrecho repleto de coca o hachís, se forra.
A ver si ahora, período que, me da que la gente va a estudiar más por la cuenta que les trae, nuestro ilustre Ayuntamiento hace una Biblioteca Municipal en condiciones. El otro día me saqué el carné de socio, porque las novelas ya no me caben en casa. Soy de Canillejas, un barrio obrero de las afueras de Madrid que en los años ochenta ya tenía una biblioteca que quintuplicaba en espacio a la de Algeciras, ciudad más grande que Cuenca y Soria juntas, y al multiplicar por diez los títulos que se albergaban entonces, me quedo corto respecto a los que alberga hoy la municipal algecireña.
Hombre, que es que el otro día me entero por un taxista, que cuando los Reyes Católicos expulsaron a los judíos y a los musulmanes, ambas comunidades acamparon en los terrenos que hoy ocupa la urbanización de la Aldea de Getares. Años tuvieron que esperar los pobres a que los barcos les llevaran a todos hacia un destino incierto. Y aquí, los listos de turno, sepultaron bajo hormigón vestigios históricos tales como enterramientos, cerámica y petroglifos. ¡Ya está bien de tanta indolencia! El taxista era espeleólogo aficionado. Y me habló de cuevas en los Alcornocales que nada tienen que envidiar a Altamira o Tito Bustillo, “aún sin descubrir”.
Esto es el Campo de Gibraltar, con sus contradicciones, con sus gobernantes, con sus artistas flamencos, con sus tapas, con su Semana Santa, con sus escritores, con sus intelectuales..., snif. Y sin teatro, y sin librerías, y sin cines...

lunes, 1 de diciembre de 2008

Cultura robada en el Altaria

El viernes pasado tomé el tren Altaria que cubre el trayecto Algeciras-Madrid. Un viaje a mi ciudad de origen para ver a la familia y a los amigos. Decidí darme un lujo asiático y compré un billete de preferente, que siempre se viaja más ancho, con menos ruido y, además, te dan comida y periódicos y otras pijadas como toallitas húmedas calientes. El caso es que casi me arrepiento nada más salir, pues empecé a leer una novela y la comida me interrumpió la lectura. Pero, en fin, comí y, por fin, pude sumergirme en la lectura. Porque para mí, viajar en tren, lejos de ser el engorro que es para otros, que prefieren un viaje exprés en avión, por ejemplo, es un placer que desde siempre he asociado a la Literatura. Uno tiene cinco horas y media por delante para meterse en una historia tejida por el cerebro de otra persona, en este caso el escritor o escritora. Luego, el personal del tren trajo los periódicos, así que me cogí el Abecé, porque el País y el Público ya los había leído por la mañana. Y me entero, así, de repente, que han dado el Cervantes a Juan Marsé, que, según las crónicas periodísticas se lo tenía merecidísimo. Seguro. Yo no he tenido el placer de leerle, porque no es de mi generación. Sé que sus novelas cabalgan por la Barcelona de la posguerra, época que no he vivido, y además yo soy más bien de Reverte, Loriga, Julia Navarro, etc.
Otra cosa que mola de los trenes es que uno se levanta y se va a la cafetería, y se pide un café humeante, cosa que hice, y se coge otro periódico. Y leyendo, leyendo, llego a las páginas de cultura. Y cuando voy a leer las páginas con las crónicas de Marsé, descubro con sorpresa que alguien ha robado precisamente esas páginas. Al principio me mosqueé, pero de pronto empecé a sentir uina emoción especial, porque el hecho era llamativo. Alguien había robado las páginas de cultura. Mi cabeza empezó a elucubrar, el ladrón, ¿sería una persona joven que acaba de descubrir el mundo de la cultura hace poco? ¿Sería una mujer madura que necesitaba alimentar su espíritu con las crónicas de Marse? ¿O sería un hombre mayor que ha leído las novelas de Marsé y quería saber más del escritor? No sé lo que pasaría realmente, en cualquier caso volví hasta mi asiento emocionado. Busqué otro periódico, lo que sobran en un vagón de preferente son diarios, y leí las crónicas que alguien me había impedido leer en la cafetería. Y, cuando llegué a la estación de Atocha, las robé yo también para preparar un artículo.
Así que el viernes, en el Altaria que llegó a Madrid, dos diarios quedaron huérfanos de las páginas de cultura, uno en mi vagón, y otro en la cafetería. Cultura robada en el Altaria.

martes, 25 de noviembre de 2008

Vivir para contarlo

Los años de la movida madrileña fueron una explosión de cultura: arte, música, pintura, moda, arquitectura, literatura, cine..., sexo, droga, alcohol, rock and roll...Aún recuerdo aquellos años con cariño, no con nostalgia, sino con cariño. Y con pena, porque muchos de mis amigos no consiguieron sobrevivir a la movida, quedaron en el camino. Andaba por aquellos años Tierno Galván ejerciendo las labores de alcalde de Madrid (hay quien dice que dejó un boquete económico en el ayuntamiento para anotar en el libro Guinnes de los records). Y, siendo viejo, él decía que se consideraba joven. "Abuelito entrañable", decían unos, "el viejo profesor", decían otros. Yo, desde la madurez que ahora me han dado los años, pienso que al viejo le faltaba un tornillo y que se le iba un pelín la pinza. Pero en aquel tiempo, Tierno era mi ídolo, ¿cómo no iba a serlo si teníamos concierto día sí día también? Yo vivía en un barrio de las afueras, de los de aluvión, de los feos y en el que la delincuencia y los problemas sociales podían olisquearse en el ambiente nada más salir del portal. Aquella tarde había quedado con los del instituto, porque yo tenía dos pandas: la del barrio y la del "insti". A veces las juntaba, pero no era frecuente. Bien, como decía, aquella tarde habíamos quedado en el bar de la Carmen, al lado del "insti". Yo llegué el primero y me pedí una cerveza. Al cabo de diez minutos llegó el Chino, sonriente, y me propuso salir del bar para dirigirnos a la bodega y comprar un litro de güisqui para mezclarlo con coca cola. El Chino siempre suspendía, pero era un chaval de ideas brillantes. Acepté su propuesta sin rechistar y, tras pagar la cerveza a la Carmen, nos fuimos a la bodega. Le pregunté por su inseparable colega Luis, que esa tarde iba a venir con nosotros. Me dijo que eso no iba a ser posible, porque desde por la mañana había estado dándole al pegamento y su estado era un tanto lamentable.Después de hacer la mezcla alcohólica, vimos aparecer al Pato y al Pepe que se unieron a la fiesta. Nos sentamos en el banco en el que solíamos aparcarnos cuando hacíamos pellas . El Pato nos mostró la piedra de hachís de doce gramos que había comprado en el barrio de Hortaleza y nos pusimos tan contentos. El chocolate olía bien y parecía de buena calidad. Hicimos cuentas y pagamos al Pato la parte proporcional. Tendríamos cigarritos de la risa para toda la noche y nos sobraría. Fue el propio Pato quien hizo los honores y lió un canuto de dos papeles que nos fuimos pasando para acompañar la bebida como era debido. En el momento álgido, el Pepe dijo que había comprado dos tripis a un colega de su barrio. El LSD no formaba parte de mis pretensiones aquella tarde, pero el Chino no le hizo ascos. Así que los dos se colaron medio cada uno, dejando otro medio para el concierto. No sé si todos hacían todas estas cosas que narro en los tiempos de la movida, pero nosotros sí, y puedo asegurar que mucha gente llevaba el mismo rollo.Estábamos tan a gusto en aquel banco que cuando quisimos darnos cuenta faltaba media hora para que empezara el concierto de los Kinks, porque ese era el objetivo de la noche. Tierno Galván había contratado al mítico grupo para tocar en el rockódromo de la Casa de Campo totalmente gratis cuando su caché en cualquier parte del mundo por aquel entonces era de a dos mil pelas por barba por lo menos. Así era el alcalde. Y nosotros, tan contentos, claro. Nos acabamos el güisqui en un santiamén y nos fuimos en busca del coche del Pepe, mejor dicho, del coche de su padre. O aquel hombre no sabía cómo ni con quién se movía su hijo o su sentido común brillaba por su ausencia. De otra forma, no se entiende que pudiera dejarle el coche a su hijo, un renault 18 ranchera nuevo. Haciéndome mis cuentas, pensé que era imposible atravesar Madrid de punta a punta en media hora. Me equivocaba. El Pepe arrancó y salió chirriando ruedas a toda leche. En cinco minutos habíamos cogido la M-30. Nunca había experimentado un trayecto en coche tan inquietante ni creo que lo vuelva a experimentar. Desde luego, era evidente que la percepción del Pepe estaba bastante distorsionada por el alcohol, los porros y el LSD, porque iba conduciendo a toda pastilla como si la carretera fuera un vídeo-juego. Cuando vi el estadio Vicente Calderón no me lo podía creer. El Pepe seguía adelantando coches por la derecha, por la izquierda y por el arcén y tocaba el claxon como si estuviera poseído por el demonio. No tardamos en alcanzar la valla del rockódromo, en la carretera de Extremadura. No había ni un sitio para dejar el coche y faltaban menos de cinco minutos para que empezara el concierto. De repente, el Pepe frenó en seco y metió marcha atrás.
-¡He visto uno! -dijo con los ojos desorbitados.
Yo también lo había visto, pero ahí no cabía un coche, y menos con la maniobra que se debía de hacer para meter el vehículo en batería contra la valla. Pero el Pepe no se lo pensó. Llegó hasta la altura del hueco, la rebasó un poco, inició la maniobra y lo metió. Vaya que si lo metió, rayó ambos laterales del coche de su padre y quedamos atrapados entre los dos coches adyacentes. Ante la imposibilidad de abrir las puertas, los cuatro salimos por la puerta del maletero.Antes de entrar, compramos dos litros de cerveza y nos plantamos en el rockódromo cuando sonaban los primeros compases del "You really got me". Lo habíamos conseguido. El rugido del público se oyó como debían oírse los vítores de los romanos en el Coliseum. La noche era perfecta y nosotros éramos jóvenes. Antes de bajar a la arena, el Pato nos enseñó una papelina de coca y nos dijo que si queríamos compartirla. Ahí sí, los cuatro estuvimos de acuerdo enseguida. El concierto estuvo genial, los Kinks se vaciaron. Había transcurrido una hora desde que sonara el último compás y ya quedaba mucha menos gente por allí. Nosotros dimos cuenta del penúltimo litro de cerveza sentados en la arena y antes de marchar nos metimos unas rayas allí mismo. Regresamos al coche y los dos de los laterales ya se habían ido, así que pudimos entrar al vehículo como las personas. Nos estuvimos riendo un rato antes de subir, incluso el Pepe. El desaguisado que le había hecho al coche de su padre era considerable. En el trayecto de vuelta no hablamos. El Pepe puso el loro y "Radio Futura", "Burning", "Ilegales", "Siniestro Total", "Parálisis Permanente" y otros llenaron el coche de música, nuestra música. La conducción por parte del Pepe era ya mucho más relajada. Se había comido en el concierto el segundo medio tripi, nos habíamos inflado a porros y a cerveza y nos habíamos metido unas rayas, pero aún así, el tío llevaba el coche con un control muy aceptable. Salimos de la M-30 por la salida de La Elipa. El Pepe iba confiado y en una de las calles ocurrió lo inevitable. Le dimos por detrás a un Opel Corsa. El número que vino detrás fue increíble. El Pepe, aun a pesar de haber tenido la culpa, se bajó del coche como una moto. A gritos, les pegó una bronca de campeonato a los del otro coche, cuyos rostros estaban blancos como la cera. La cara de miedo que percibí en aquellos cuatro muchachos, de nuestra edad aunque de un rollo mucho más pijo, era para verla. El Pepe, de piel morena como el tizón, a pesar de no serlo, parecía gitano y de los chungos.Una vez pasado el miedo inicial, el conductor se bajó del vehículo y, temblando, rellenó el parte. El Pepe me miraba de soslayo cuando no le veían y se descojonaba vivo.
-Ya te vale, acojonar así a los chavales -le dije.
El coche del padre del Pepe iba hecho un cromo. Una vez que rellenaron los partes, nos despedimos de los otros chicos. Todavía estaban blancos. El Pato les ofreció unas caladas del canuto que se estaba fumando, pero lo rechazaron. Se veía en sus miradas que lo único que querían era perdernos de vista cuanto antes. Y así fue, nos montamos en el coche y nos marchamos de allí al ritmo de "No mires a los ojos de la gente" de "Golpes Bajos". Ni el accidente redujo el ímpetu en la conducción del Pepe, que volvía a conducir según los dictados de su percepción que, a esas horas de la noche, iba un pelín jodida, la verdad. El caso es que al final consiguió llamar la atención y en un momento dado, vimos los reflejos azules de las luces de la policía nacional detrás de nosotros. A los pocos segundos, la sirena.
-¡Agarraros! -dijo el Pepe.Metió un acelerón que, por inesperado, dejó clavados a los maderos . Tardaron en reaccionar, pero en poco tiempo volvimos a tenerlos a unos metros.
-Pepe -dijo el Chino-, no hemos hecho nada. ¿Por qué no paras y aclaramos esto?
-Porque no me apetece dar explicaciones a los monos -dijo el otro doblando por una bocacalle de la calle Alcalá.Tras unos minutos de incertidumbre y de callejear a toda leche por el barrio de Ventas, nos dimos cuenta de que volvíamos a estar solos.
-La has cagado, Pepe -dijo el Pato-. Han estado a dos metros. Te habrán cogido la matrícula y a estas horas nos estarán buscando los maderos de todo Madrid.
-A lo mejor no. Vamos a tomarla -fue la contestación del Pepe.
No tardamos mucho en aparcar en una perpendicular de Francisco Silvela, en la misma puerta del pub, esta vez sin percances. Entramos y saludamos al Enrique, el dueño; éramos clientes habituales. Eran las seis de la mañana y el garito estaba en pleno apogeo. Después de sentarnos en una mesa pedimos cuatro birras , dos de lentejas y dos de fabada. La mujer de Enrique guisaba de fábula y era especialidad del pub servir platos calientes de madrugada. Después de comernos las legumbres pedimos unos güisquis y nos liamos una trompeta . Como era de esperar nos dio el bajón. Así que fuimos bajando al servicio de dos en dos y acabamos con la coca que nos quedaba. La coca tenía eso, que te ponía como si estuviera comenzando la tarde. Pero se nos cortó el rollo en cuanto vimos entrar en el garito a tres maderos que iban buscando con sus miradas a alguien. Pasaron por nuestro lado con la fotografía del padre del Pepe en la mano, y al Pepe no se le ocurrió otra cosa que levantarse y salir de najas . Los maderos no pasaron por alto el detalle y le trincaron del cuello en la puerta. Le pusieron las esposas con las manos a la espalda y regresaron a la mesa a por nosotros. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos en la parte trasera de la lechera rumbo a la comisaría de Ventas. Uno de los maderos nos seguía con el coche del padre del Pepe.A la llegada, nos tomaron los datos, nos registraron de arriba a abajo y estuvieron una hora interrogándonos. No eran tontos, creo que se dieron cuenta enseguida de que no éramos delincuentes y que sólo éramos cuatro chavales pasados de rosca. Al menos, el Pato anduvo listo y, antes de que nos cogieran, había escondido la piedra de hachís debajo de los cojines del sillón del pub, así que estábamos limpios. Nos metieron en el calabozo y allí nos dejaron. El Chino seguía echándole en cara al Pepe que no hubiera parado en cuanto vimos a los maderos, que nos habríamos evitado problemas. Pero el Pepe, de una forma inverosímil, se había quedado dormido con la cabeza apoyada en los barrotes de la celda.Al cabo de una hora escuchamos ruido y vimos que venían los maderos. El padre del Pepe venía detrás de ellos. Abrieron la puerta y no tuvieron tiempo de advertir lo que iba a pasar. Yo sólo vi la mano del padre del Pepe, que parecía un muestrario de salchichas de Frankfurt, que se alzaba en el aire. Las dos hostias que le pegó a su hijo resonaron en la celda como latigazos.
-¡Hijo puta! ¡Cabrón! -fueron exactamente sus palabras-. ¡Tira p'a casa que te vas a enterar tú de lo que vale un peine!
Al Pepe no volvimos a verle hasta dos semanas después. Su padre le tuvo todo ese tiempo castigado en casa.Poco a poco, empezaron a llegar los respectivos padres de cada uno de nosotros y nos fuimos marchando a casa. Las retahílas de nuestros progenitores, que por aquel entonces no podían con nosotros, se repitieron en cada hogar.No fue la primera noche que acabamos en comisaría ni sería la última.
Así fueron aquellos tiempos de mi juventud en la que un alcalde, Tierno Galván, dirigía los destinos de una ciudad en la que cuajó un movimiento cultural famoso aún hoy en todo el mundo.No sé qué habrá sido del Pato, aunque la última vez que oí hablar de él estaba en el trullo . El Chino y el Pepe cayeron en el caballo . Al primero le encontraron muerto con una sobredosis de heroína en Alonso Martínez. El Pepe murió de sida. Ninguno pasó de los veinticinco años de edad.Yo ahora soy lo que nadie habría creído que pudiera llegar a ser, es decir, un tipo normal, casado, con hijos y alejado de todo aquello. Un tipo que ha podido vivir para contarlo.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Piratería en Somalia

En pleno siglo XXI, cuando la piratería marítima ocupaba sólo una parte de la memoria histórica de siglos pasados y protagonizaba el romanticismo de algunas novelas y películas de Hollywood, vuelven a surgir los piratas. Y lo hacen en Somalia, un no país controlado a medias por islamistas radicales y señores de la guerra. Todo empezó con algunos secuestros de pesqueros, operaciones de poca monta. Pero las últimas hazañas de estos hombres han sido el secuestro de uno de los buques petroleros más grandes del mundo y de otro buque cargado de cereales de Hong Kong. Se están haciendo fuertes. Los piratas del cuerno de África tienen a día de hoy 17 presas y más de 200 rehenes. Operan ya a 400 millas de la costa somalí en un área de 3 millones de kilómetros cuadrados, seis veces la superficie de España. La franja de mar que han hecho su territorio es demasiado extensa como para ser totalmente controlada por las potencias que han enviado hasta allí buques de guerra. El pasado martes, una fragata de la armada india hundió uno de los barcos de los piratas; lo que no habían conseguido EE.UU. y la Unión europea lo ha hecho una de las potencias asiáticas emergentes.
El primer país que está pagando económicamente los actos de los piratas es Egipto, que está viendo reducido el tráfico marítimo a través del Canal de Suez. Si esto no se arregla, subirán las primas de los seguros de las cargas, de los ocupantes y de los barcos. Puede que el primer problema al que se enfrente la nueva administración americana sea Somalia, en donde Clinton ya tuvo su primer fracaso cuando todo el mundo vio como la gente arrastraba a los marines masacrados por las calles de Mogadiscio. Y puede que la solución de este nuevo problema surgido a principios de siglo XXI no sea tan fácil como creen algunos.

sábado, 22 de noviembre de 2008

El Plan de Calidad en la Enseñanza

La semana pasada se votó en los Claustros de Profesores de Andalucía por segundo año consecutivo la aceptación o no del Programa de Calidad ofertado por la Junta a los centros educativos. El resultado ha sido 54 % de aceptación en los centros de primaria y sólo un 20 % de aceptación en los centros de Secundaria. Habría mucho que hablar sobre este programa, pero básicamente se basa en incentivar económicamente a los profesores por la obtención de mejores resultados con los alumnos.
Las razones de estos resultados son varias. En Primaria, apenas hay problemas de disciplina y hay menos fracaso escolar. Por tanto, el Plan no se oferta como solución a unos determinados problemas, sino como una medida nueva más entre varios proyectos que oferta la Junta. Sin embargo, en Secundaria existe conflictividad y hay mucho más fracaso escolar. Los profesores están hartos de aguantar a alumnos y padres faltos de motivación y con egos como catedrales. Las soluciones a estos problemas son diversas, y bastaría con hacer una búsqueda en un buscador de Internet para ver la cantidad de profesores de Secundaria que están escribiendo sobre el Sistema Educativo actual, sus fallos y sus soluciones. En Secundaria la oposición al Programa de Calidad es ideológica. Ya que la solución, como propone la Junta, no es pagar más para trabajar más. Los profesores no son el problema. Al presentarse el Plan en Secundaria como solución a los problemas, ha encontrado el rechazo frontal de la mayoría de los Claustros, que saben que esa no es la solución. Porque los profesores ya trabajan bastante sin que se les incentive. A todos nos gusta ganar más, pero no a costa de admitir que el problema está en el profesorado, porque no es cierto.