Esta es mi página más personal en Internet. Es un espacio en forma de blog en el que publico lo que quiero cuando puedo y tengo tiempo. Es un blog literario en el que cuelgo artículos, poemas y relatos cortos y en el que, de vez en cuando, dejo alguna que otra reflexión. Lo bueno de este invento es que vosotros, los lectores, os podéis comunicar entre vosotros y conmigo a través de los comentarios, haciendo que la página no sea un monólogo.
Al otro lado
"Al otro lado", de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-15352-66-2.
Sábado, 27 de abril a las 12 h. en la Feria del libro de Granada, en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA Puerta Real. Me acompañará en la presentación el compañero de Granada Jesús Lens. Y a las 13 horas firma de ejemplares en la Caseta de Firmas.
Sábado, 20 de abril, de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h. en la Feria del Libro de Fuente el saz de Jarama.
Miércoles, 24 de octubre a las 18 h. en Getafe Negro (Carpa de la Feria del Libro). A las 20 h. participaré en una mesa redonda con otros compañeros de la Editorial Ledoria titulada "En los arrabales de la Novela Negra.
domingo, 10 de marzo de 2013
Periodismo prostituido
La carrera de periodismo es preciosa y el oficio es quizá uno de los más nobles, muy vocacional. Pero el periodista de vocación se estrella una y otra vez con los intereses particulares del el medio para el que trabaja. Unos y otros no se diferencian mucho entre sí, ya que cada uno sirve a unos intereses. Por tanto, cambiar de empresa no es la solución.
Durante la época de Zapatero, por poner un ejemplo, daba bastante asco escuchar la SER o cualquier otro medio de Prysa. Ahora, sin embargo, da gusto. Sabido es que Prysa siempre fue afín al PSOE, como El Mundo y la COPE son fieles al PP. Pero la cosa no es tan simple, ya que los intereses se diversifican. Se deben demasiadas pleitesías.
Así, un periódico, nunca permitirá publicar una noticia negativa que ataña a una institución con la que “convenga” llevarse bien. Tampoco difundirá malas noticias de empresas que son anunciantes y, por tanto, buenos clientes. Por tanto, la información que nos llega a los ciudadanos está bastante sesgada y teledirigida. En la mayoría de los casos, no nos enteramos ni de la mitad de las cosas que pasan.
Ante este panorama son muchos los periodistas que abandonan la profesión y se dedican a otras cosas. Conozco a bastantes que se han pasado a la ficción e intentan dedicarse a ser novelistas, ya que en una novela se puede poner lo que se quiera, se pueden cambiar nombres y, en definitiva, tomarse las licencias literarias que se precisen. Claro, que vivir de la Literatura en este país en el que la gente apenas lee, es una quimera bastante guapa.
Pero también son muchos los que, a pesar de cómo está el patio, permanecen en sus puestos de trabajo, asegurando las lentejas, y en muchos casos el caviar, al grito de “sí, mi amo”. Son los prostituidos del oficio. Son los que cambian ese concepto tan extraño de “libertad de expresión” por ese otro tan manido de “ande yo caliente, ríase la gente”. Llegan a hacerse verdaderos expertos en retórica para terminar siendo más papistas que el Papa. Y los ciudadanos, una vez más, tan contentos, creyendo a pies juntillas en la libertad y en la democracia, cuando la verdad es que estamos más controlados que en una novela de Orwell.
No somos na…
lunes, 25 de febrero de 2013
Novela Negra
Al hilo del encuentro literario del pasado jueves 21 de febrero en la Escuela Julián Besteiro, en el que se presentaba la antología de relatos “La ciudad vestida de negro”, hoy me apetece reflexionar sobre el género. En la mesa redonda, magistralmente conducida por la tradicional diligencia del amigo David G. Panadero, los escritores Pedro de Paz y Manolo Nonídez charlaron sobre el género, expresando sus opiniones al respecto, concluyendo que la novela negra no terminará nunca. Que pueden cambiar las condiciones sociales, los formatos, pero que el género no desaparecerá. Estoy de acuerdo.
El crimen es algo inherente al ser humano, al igual que las pasiones. Por tanto, siendo este género el que recoge las pasiones más bajas relacionadas con la conducta criminal, tiene asegurada su continuidad.
Ahora bien, ¿qué es exactamente la novela negra? ¿Hay una definición concreta? Desde mi punto de vista, no, con matices. Dicen los estudiosos que el género debe el nombre a que originalmente fue publicada en la revista Black Mask de Estados Unidos y en la colección Série Noire de la editorial francesa Gallimard. Pero también lo negro califica perfectamente a los ambientes oscuros y a veces asfixiantes de las tramas.
Al igual que un poeta escribe sus mejores composiciones cuando su estado de ánimo está por los suelos, las crisis económicas y el aumento de hechos delictivos son el terreno abonado para la novela negra que, según los expertos, es la mejor manera de hacer crítica social.
Antes de seguir, me gustaría hacer algunas distinciones y voy a mojarme. Generalmente, se tiende a clasificar como novela negra todas aquellas novelas en las que hay un delito y un investigador. Perteneciendo las novelas de Conan Doyle o Agata Christie a esta categoría, según mi opinión, estos textos no tienen nada que ver con los de Chandler o Hammett. Por eso es bastante común hacer unas clasificaciones más específicas y hablar de novela policíaca, novela de intriga, novela detectivesca o novela carcelaria (aquí Edward Bunker y Malcolm Braly lo clavan por tener además de la condición de escritores la de ex convictos). Y atendiendo al lugar en donde se produce el delito, también se puede hablar de otras clasificaciones, como “crimen de habitación cerrada”, típico en las novelas de Christie.
En cuanto a sus orígenes, muchos consideran a Poe el padre del género y a su relato ”Los crímenes de la calle Morgue” (1841) el primer relato policial, y aquí nadie se pone de acuerdo. Desde mi punto de vista, la literatura negra ha existido siempre, porque ¿qué es la narración de Caín y Abel en el Génesis? ¿Acaso no es un relato negro? Por no hablar de los clásicos griegos y los libros religiosos de todas las culturas.
Para mí, la clave del género tal y como lo conocemos hoy está en el crack del 29 y su posterior crisis, donde la novela negra se reinventa debido al inigualable ambiente depresivo como caldo de cultivo, y se populariza. Y el gran maestro en el que se han basado casi todos es Raymond Chandler. También lo es Hammett, pero particularmente prefiero al primero por su estilo ácido. Su detective Philip Marlowe es escéptico y especialmente cínico, con un sentido del humor bastante particular que podríamos calificar de “negro”.
En cuanto a la eterna pregunta sobre si se puede hacer novela negra al estilo del canon en España la respuesta es sí con mayúsculas. El modelo chandleriano es transportable allí donde haya desheredados. Buena muestra de ello son Andreu Martín, González Ledesma y Manuel Vázquez Montalbán en Barcelona, que ha creado escuela no solo en España. Qué decir de Juan Madrid. Particularmente a mí me gustan más los españoles, me pilla más de cerca. Y hay mucha calidad. Particularmente, la situación de crisis actual es el caldo de cultivo ideal para hacer novela negra.
No falta talento en las nuevas generaciones que actualmente llenan los anaqueles de las librerías: David Torres, Pedro de Paz, Javier Abasolo, Cristina Fallarás, Jon Arretxe, Montero González, Manuel Nonídez, Javier Márquez, Domingo Villar, Juan Ramón Biedma, Carlos Salem…, etc. Ni editoriales que apuesten por el género: las grandes, como RBA y su premio, Planeta (el último premio a Lorenzo Silva así lo atestigua) o Plaza; y las independientes, como Salto de Página o Al Revés. Esta última ha conseguido una nómina de nuevos escritores que están triunfando: Jordi Ledesma, Carlos Quílez, Víctor del Árbol, Susana Hernández, Alexis Ravelo…, sin olvidar mencionar al maestro, Luis Gutiérrez Maluenda, desde mi punto de vista uno de los mejores narradores del género.
En cuanto a la localización geográfica, Barcelona siempre se ha llevado la palma dentro del mapa negro seguida de Madrid. Pero últimamente, narradores los hay en cualquier parte y buenos. Pongamos como ejemplo Canarias con José Luis Correa y el propio Ravelo entre otros.
jueves, 31 de enero de 2013
¿De qué se ríen ustedes?
jueves, 27 de septiembre de 2012
El pensamiento único
lunes, 28 de mayo de 2012
Freiduría “El chaval”, Canillejas.
viernes, 25 de mayo de 2012
Ser novelista
miércoles, 2 de mayo de 2012
La que nos espera...
martes, 13 de marzo de 2012
Mi barrio no es ninguna pradera (la fiesta de las sobras)
Voy de recogida, pero necesito ver a algunos antiguos colegas, saber que están bien. Abro la puerta del garito y me invade la típica atmósfera de humo. Aquí se sigue fumando, a pesar de lo que dijera Zapatero y sus ministros pijos, que de socialistas tenían lo mismo que yo de fascista. Me saluda el Nicky, aunque decir esto es un eufemismo, porque al Nicky no se le entiende nada cuando habla, y habla mucho, demasiado. Me tiene una hora escuchándole, pero no me entero de nada, excepto de que una vez le dejaron unos zapatos para entrar a una discoteca y como eran de la talla cuarenta y cinco y él usa un treinta y nueve, pues eso; empieza a caminar en círculos para que su explicación sea más gráfica riéndose de sí mismo. Vaya tela el Nicky, delgado y reseco. Keith Richards tiene mejor cara.
Después converso un rato con el Litri, que siempre me recuerda que él ya era mayor cuando yo aún era un enano y que mis padres eran muy buenas personas. Tampoco le entiendo apenas, pero no puedes escapar, pues es de los que si te intentas ir te toma del brazo y te sigue dando la charla.
Cuando logro huir me encuentro con el Carlos, su hermano. Lleva coqueteando con el alcohol y las drogas desde que tengo uso de razón. No obstante, me enseña su abdomen orgulloso, un abdomen en plan tableta de chocolate que yo no me explico. Después me imita a Popeye y me parto el pecho.
Sigo conversando con unos y con otros. Todos ellos decidieron que la vida no les gustaba nada más abrir los ojos en la maternidad. Hay demasiadas personas con demasiada maldad, pero toda esta pléyade de colegas del barrio no formaron un comando para cargarse banqueros o para robar sus bancos, no. Decidieron darse a la vida contemplativa haciéndose daño únicamente a ellos mismos, ya que para olvidar que están en el planeta Tierra, lo mismo vale un botellín, que una raya de coca o un porro de caballo.
Camino hacia mi casa pensando en ellos. Buena gente nacidos en un sitio equivocado en tiempo erróneo. Gente de buen corazón. Me quedaría mil veces más con cualquiera de ellos si naufragara en una isla desierta que con un banquero o con un político. Seguro que estos últimos te daban con una piedra en la cabeza para quitarte un coco a las primeras de cambio.
El barrio ha cambiado, lo compruebo a la mañana siguiente. Hay más prosperidad en general, pero la crisis ha hecho de las suyas y hay más comercios cerrados que nunca. Te puedes encontrar con la miseria en cada esquina. También a viejas amigas, como la soledad o la tristeza. Aquí, la muerte ha paseado mucho más a menudo que por el barrio de Salamanca.
Y sin embargo, por las calles de mi barrio me siento feliz. Debe ser por lo de las raíces, aunque estas debieron quedar ancladas en uno de los muchos descampados de los setenta. A veces creo que así fue y que me mantengo unido a ellas por una goma elástica invisible. Paso la mañana paseando y leyendo, alternativamente, y observando a la gente. Nunca se sabe cuándo vas a cazar un nuevo personaje para una nueva novela. Al llegar a la altura del supermercado, veo a muchas mujeres y niños en la puerta. Son rumanos de etnia gitana. Cuando los empleados sacan la basura consistente en productos caducados, la algarabía que se produce es demasiado llamativa como para no fijarse. Arramblan con yogures, pan de molde, leche... Todo gratis. La fiesta de las sobras.
Me siento en un banco, saco mi boli y mi libreta y escribo un poema titulado precisamente así, “La fiesta de las sobras”. Más adelante ganaría con él un premio de poesía social, pero esa es otra historia. Mirando un punto en el horizonte mientras me enciendo un cigarrillo, se me vienen a la cabeza las estrofas de Sabina. “Mi barrio no es ninguna pradera..., mi barrio no es ninguna pradera...”viernes, 20 de enero de 2012
Libro de papel versus libro electrónico


A favor del libro en papel está lo de la tradición, ese amor que le tenemos los que nos hemos criado con él. El tocarlo, el olerlo, el ir pasando las páginas con parsimonia ante un buen café, al abrigo de una chimenea o sentado en un banco debajo de un árbol. Pero también hay factores en contra. Por poner el punto ecologista, si no se produjeran libros en papel, estaríamos ahorrándonos cortar tropecientos árboles. Son caros, no para el lector ocasional, pero sí para los que leemos varios al mes. Y otra cuestión es el espacio. Los que vivimos en casas pequeñas ya no sabemos dónde meter los libros, y eso que yo ya hice una gran donación a una biblioteca. Y si son caros, no es precisamente por culpa del autor, que es el que menos se lleva del pastel, un 10%, por lo general, para ser exactos.

El libro electrónico tiene muchas cosas a favor. No ocupa espacio. Gracias al avance de la tecnología en las pantallas, se lee igual al sol que a la sombra. Tocas dos botones de tu lector y en treinta segundos te descarga el título elegido. Para mí, que en mi bloque me llaman el tonto del libro, ya que siempre salgo de casa con uno bajo el brazo, tiene la ventaja del peso. El lector es menos voluminoso y no pesa nada. Además, puedo almacenar en él más de mil libros. Y lo principal, como usuario, es que el libro electrónico vale mucho más barato, con lo que me ahorro una pasta. Pero claro, también tiene sus inconvenientes. El principal es que se puede piratear, lo que no deja de ser un verdadero quebradero de cabeza para el autor que ve mermados sus derechos de autor. Una costa es cierta: con el libro electrónico sobran las librerías y perderemos el placer de entrar a estos establecimientos a husmear, porque de seguir así, solo quedarán abiertas las que se dediquen al coleccionismo. Pero puede que también sobren las editoriales y las distribuidoras. Valga un ejemplo, el caso del compañero Armando Rodera. Harto de que las editoriales y agencias le rechazaran sus novelas, decidió publicárselas en formato electrónico y colgarlas en Amazon al simbólico precio de un euro. Las cosas no le están yendo mal, lo que demuestra que sus historias no eran malas, al contrario, pues me consta que alguna editorial ya le ha preguntado por sus novelas. Otro ejemplo es el de Luis Maluenda, con millares de seguidores, que ha publicado su última novela solo en formato electrónico.

Decía al principio que estamos en un tiempo de transición. Insisto en que a los románticos les costará dar el paso. Pero los tiempos cambian. Al principio de los tiempos se escribía en piel y en papiro. Después pasamos al papel y a la pluma. Hasta que llegó Gutemberg con su imprenta y lo revolucionó todo. Pienso que el libro clásico nunca desaparecerá y que convivirá con los nuevos tiempos. Pero de que el libro electrónico se impondrá, no tengo ninguna duda. No olvidemos, que las nuevas generaciones nacen con la consola y el ordenador bajo el brazo y el lector de libros electrónicos les parecerá lo más normal del mundo. Y no olvidemos el potencial de Internet. Un autor local, con su libro de papel, tiene un mercado limitado. Sin embargo, al poder descargarse su libro desde un portal, automáticamente tiene acceso al mercado de todos los países de habla hispana, ventaja nada desdeñable, puesto que un escritor lo que quiere es que le lean. Además, en tiempos de crisis, el lector buscará lo más barato, que no tiene que ser necesariamente lo más perjudicial para el autor, ya que se ahorrarán los costes de los libreros, las distribuidoras y los de edición.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Nos aprietan, pero no reaccionamos.

Recuerdo cuando entré a currar en Bosch. Tenía un contrato temporal y era oficial de primera. Lógicamente, me daban unos armarios para cablear automatismos de cinco puertas. Trabajaba con gente que eran oficiales de tercera, gente mayor que yo y con menos responsabilidad, obviamente, por su categoría. Sin embargo, cobraban sesenta mil pelas más. Además, tenían transporte, economato, médicos privados y otras prestaciones de las que yo adolecía. Y yo me quemaba, claro, víctima como era de los nuevos contratos temporales vigentes por la gracia de Felipe González, por cierto, responsable también, de que a partir de entonces, el parado, que venía cobrando la mitad del tiempo trabajado, pasara a cobrar solo la tercera parte. Mis compañeros me decían que no me quemara, que lo que ellos tenían lo habían conseguido a base de huelgas salvajes, encerrados incluso en iglesias, adonde la gente iba a llevarles comida.
Mi padre curró cuarenta y cinco años en la misma empresa. Cuando murió, llevaba tiempo ya jubilado, pero recuerdo que al entierro fueron sus antiguos compañeros. Y es que cuarenta y cinco años con la misma gente, une mucho.
Hoy es impensable estar ni siquiera diez años en el mismo sitio. Qué digo diez, ni cinco. Ni se nos ocurre pensar en lo del economato, los médicos privados, las vacaciones subvencionadas, etc., etc. Nos han engañado con el euro: primero por el redondeo y segundo por la pérdida de poder adquisitivo. Los convenios colectivos, quienes tuvieran la suerte de tenerlos, evolucionaron a la baja para caminar hacia la congelación. Pues bien, hoy en día, nos bajan los sueldos e incluso nos despiden impunemente. Los mercados, esa forma abstracta de denominar a los millonarios, exigen una reforma laboral salvaje para abaratar despidos y pagar unos sueldos que son limosnas, además de una nueva ley de huelga para que los obreros no puedan hacer huelga. Sarkozy y Merkel ocupan portadas de periódicos y prime time de televisiones y radios anunciándonos el Apocalipsis.
¿Sabéis lo que os digo? Que si yo fuera uno de esos poderosos que destituyen gobiernos democráticos a su antojo, haría lo mismo, vista la poca capacidad de reacción social que caracteriza a la ciudadanía.lunes, 3 de octubre de 2011
La poesía del fracaso

Parafrasear al maestro Sabina me viene de perlas cada vez que hablo de mi barrio. “Mi barrio no es ninguna pradera”, sí, al menos no lo fue para la gente de mi generación. Ahora es distinto. Los niños juegan a la Nintendo, van al cole todos y no han conocido la miseria de unas calles sin asfaltar, alumbradas por farolas inexistentes. En cada esquina hay una esquela con un epitafio mudo; quizá convenga aclarar que esas esquelas están, pero en mi memoria, que no consigue borrar las muertes de toda una generación a manos de la heroína o en tiroteos que tenían que ver con la heroína o con el dinero, o con la miseria.
El barrio también está plagado de anécdotas que podían haber sido planos de películas de Berlanga, pero también de Fellini. Como cuando el Elías, presa de un mono considerable, no tuvo otra ocurrencia que bajar a robar al Banco Central, el banco de toda la vida al que iban sus padres. Lo hizo con un cuchillo de los de punta redonda. Finalmente, los empleados, iba a decir que lo redujeron. No hizo falta, pues la cosa se arregló con unas palmaditas en el hombro y con un “venga Elías, no hagas tonterías y tómate la medicación”. O como cuando el Kilo salió del cine Covadonga, sala en la que se podían ver películas como “Dios salve a la Reina” y, en general, musicales de Deep Purple, Rolling Stones o Led Zeppelín. Tiempos aquellos en los que se fumaba en la sala y se bebían litros de cerveza. Cierto es que desde el gallinero llovían los cascos y los escupitajos, con más de un escalabrado visitando la Casa de Socorro (hoy en día extinguidas, por lo menos el nombre). Pero decía que el Kilo fue al Covadonga con su dosis de tripi en el cuerpo. Y al salir se encontró mal. Entró al Metro y empezó a ver a la gente con cabezas de toro, de pollo, etc. No pudo soportar la paranoia y se desmayó. Cuando despertó, estaba en el Alonso Vega entubado, empastillado y alucinado. De allí se llevó una incapacidad permanente y un certificado bajo el brazo que decía “ahora comienza el principio de una ruina, la ruina de tu vida”. Sospechosamente, el desvalijamiento de cabinas telefónicas en la sierra cesó al mismo tiempo que el Kilo se recuperaba en el hospital.
No hace mucho recuperé una amistad de la niñez. Javi el del cutter y yo teníamos un grupo musical cuando teníamos 16 años. Nos separamos y él decidió transitar el lado salvaje de la vida. Decidió experimentar lo que se siente siendo yonki, alcohólico y politoxicómano. En aquella época se cruzaba conmigo por la calle y no me saludaba porque no me conocía. Ahora está bien, porque logró robarle al demonio las llaves de la puerta del Infierno y escapó. El que siga siendo acólito de las barras de bar en sesión continua es un mal menor. Hemos retomado la amistad y hemos vuelto a juntarnos los del grupo, cada uno con nuestra colección de sucesos vitales. Este verano, Javi el del cutter incluso se llevó mi novela a Gredos y la leyó. Veranea allí de ocupa en refugios y no se gasta ni un pavo, que por otra parte, tampoco tiene. Y cada verano, acude a ese paisaje buscando la belleza y la soledad, y las veladas con su amigo Joselito, al que echaron de la alcaldía del pueblo porque una tarde salió a la calle y se lió a tiros. Como sé que os estaréis preguntando por el apodo del Javi, os diré que hace un año estaba yo con él y con su hermano en un garito de Quintana a altas horas de la noche. Hubo unos colombianos que se quisieron divertir a nuestra costa, siendo como éramos nosotros tres y ellos unos doce. Javi sacó su cutter y le metió a uno en el cuello. No, no os asustéis, no pasó nada, los colombianos terminaron por invitarnos a unos chupitos de whisky.
El otro día vi al Lorenzo, y a este sí que hacía que no lo veía hace 30 años, desde que terminamos la E.G.B. Resulta que era el vigilante de la boca de Metro de Torre Arias. Ambos nos alegramos de vernos. Lorenzo y yo fuimos muy amigos de críos. Ya apuntaba maneras entonces. Consiguió no aparecer por el cole dos meses haciendo creer a los profesores que estaba enfermo. Cuando se descubrió la mentira, su padre le metió una curra de la que aún le duelen los golpes. Lorenzo vivía en la zona de Canillejas en donde habitaban todos los delincuentes, y los conocía. Nos libró en más de una ocasión de una sirla. Y cuando hacíamos las fiestas del colegio y los manguis venían a reventárnolas, que el Lorenzo estuviera allí era toda una garantía. Aún recuerdo una hostia que le metió al Pirri (que en paz descanse), que podía competir en calidad con las que metía Bruce Lee en las pelis. Nos contamos brevemente nuestra vida. El Lorenzo ha ido peregrinando de curro en curro, a cual más precario. Y me dijo que había vivido con una piba muchos años, de los cuales los últimos fueron un infierno. En vez de separarse, ella se fue con sus padres y él con los suyos. Ahora están viviendo una segunda luna de miel.
Cuando quiero ver a los antiguos colegas, paso por la bodega del Suso. Es agradable tomar un vino y un pincho de tortilla. Allí se juntan los jubiletas que lo son por edad y los que lo son de forma prematura, por esquizofrenia, mayoritariamente, debido a las drogas y al alcohol. Lo mismo hablan de toros, que de política, que de fútbol, que de filosofía. En la bodega del Suso no se cita a Nietsche ni a Ortega, por poner dos ejemplos, para afianzar argumentos. Nadie sabe quiénes son esos dos señores, bastante tienen con lo suyo. Allí se habla con la sabiduría que otorga el fracaso (ahora parafraseo al gran Robe Iniesta que también me viene de perlas), que no es poca. El otro día vi al Javi el cabezón, apelativo tan cariñoso como cruel que le regalamos los compañeros en la E.G.B. El cabezón nunca fue un alumno brillante, pero era amigo de sus amigos. También le perdí la pista, aunque bien es cierto que me lo encontré tres o cuatro veces en conciertos que siempre eran de los Burning. El cabezón sacó el Graduado Escolar por los pelos, y se colocó en la misma sala de bingo en la que curra hoy, más de treinta años cantando aquello de “trece, uno tres”. Cuando le vi, su barriga y su pelo blanco me indicaron que la vida tampoco es que hubiese sido muy generosa con su aspecto. Resulta que también ha leído mi novela. Pero lo más curioso es que me dijo que se iba a Colombia a casarse con una colombiana que había conocido en Cuba. Se marchaba con un colega, que se casaba también con una amiga de su chica. Le vi ilusionado, con toda la ilusión que se puede reunir a los cuarenta y cinco, eso sí.
Hace mucho que tenemos farolas en el barrio; y aceras. Hay hasta bancos y comercios. Y parques en donde los niños juegan tranquilamente. Cuando yo poblaba estas mismas calles en mi niñez, jugábamos a matar ratas, algunas como conejos de grandes. Y a esquivar navajas y jeringuillas. Era otra historia.lunes, 19 de septiembre de 2011
El problema de la Educación
Esta generación de niños no se parece en nada a la mía. Mientras yo jugaba a indios y vaqueros, al escondite y a pedirle a mis padres una bicicleta que no me podían comprar, los niños de ahora han tenido y tienen de todo. Muchos de ellos, la primera vez que oyen la palabra “no” es en el instituto, y claro, no la entienden. Así es muy difícil educar. Por otra parte, la LOE-LOGSE que ahora es LODE (demasiados cambios), nunca se ha implantado de forma definitiva, sobre todo en cuanto a partidas económicas. Muchos de los alumnos no están preparados para estar en un aula de ESO, bien porque, aunque tengan la edad, no tienen conocimientos previos suficientes, o bien porque tienen trastornos importantes de conducta, o ambas cosas. Son críos en los que deberían entrar de lleno las medidas de atención a la diversidad, atendidos en aulas de grupos reducidos por profesores con cualificaciones especiales. Pero claro, esto cuesta un dinero que jamás se ha llegado a invertir completamente.
Con este panorama no es extraño que España aparezca mencionada en todos los informes internacionales por sus malos resultados en Educación. Pues bien, con este paisaje, en vez de mejorar los recursos, en todas la comunidades autónomas regidas por el PP, se ha decidido hacer recortes en la Escuela Pública como parte de las medidas de austeridad frente a la crisis económica que nos afecta. Los profesores hemos protestado y ante nuestras protestas, los gobernantes nos han tachado públicamente de vagos por no querer trabajar dos horas más, como parte de la maquinaria propagandística de apoyo a sus medidas. Lo cierto es que los profesores no protestamos por eso. Muchos ya trabajamos 21 horas en años pasados (no 20, como proponen los legisladores), y no hemos protestado. Tampoco hemos dicho nada cuando nos han bajado el sueldo como a todos los funcionarios.
Si protestamos es por la masificación de unas aulas que en ciertos institutos llegan a albergar a 45 alumnos; por la reducción del número de desdobles en asignaturas en que, por sus particulares contenidos, la clase se dividía en dos y era atendida por dos profesores; por la desaparición de horas de laboratorios que en asignaturas como Biología son imprescindibles; por la reducción del número de optativas que impiden que el alumno se especialice en base a sus preferencias; por la desaparición de las tutorías en gran parte de los centros; por la reducción o eliminación de las actividades extraescolares; por la impartición de horas por parte del profesorado que no son de su especialidad; por la menor atención a los alumnos con problemas de aprendizaje debido a la eliminación de profesores de educación compensatoria; por la desaparición de profesores de audición y lenguaje. ¿Sigo?
La masificación y esas dos horas lectivas más que, por norma nos obligan a dar, han propiciado que este año desaparezcan de los institutos de Madrid más de 3000 profesores que son más que necesarios. Ya el año pasado suprimieron a 1500. Y esto en un año en que la matriculación en las escuelas públicas ha aumentado un 10%, ya que los ciudadanos que antes llevaban a sus hijos a concertados y que se han quedado en paro necesitan plazas públicas para sus hijos.
Todas estas medidas aplicadas sin ningún criterio lógico ni razonable, generarán un desastre de imprevisibles consecuencias si los gobernantes no dan marcha atrás. Todos asumimos que estamos en crisis, pero aun así, no se deberían escatimar recursos ni para Educación ni para Sanidad, que deben ser públicas para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos, independientemente de que haya colegios y clínicas privadas para quienes quieran y puedan permitírselo. La huelga en la Enseñanza está más que justificada.
jueves, 1 de septiembre de 2011
La demagogia de la Administración Educativa

Esta mañana, nuestra querida presidenta de la Comunidad de Madrid (eso sí, elegida democráticamente en fechas recientes), ha vuelto a dar una vuelta de tuerca a la maquinaria propagandística que tanto ella como la consejera Lucía Figar han puesto en marcha para desprestigiar a los profesores. El eje de esta propaganda consiste en decir que los profesores trabajamos poco y que vamos a hacer una huelga porque nos han puesto dos horas más de trabajo, es decir, que pasamos de 18 a 20 horas semanales. Intentan claramente dibujarnos como unos vagos ante la sociedad, que últimamente parece obstinada en no tener criterio propio, en ser poco analítica y en apoyar todas las acciones que vayan en contra del funcionariado. Ignoro si es por envidia o por desconocimiento.
Vamos a ver... Hasta el año pasado los docentes teníamos normalmente asignadas 18 horas lectivas semanales. Además de estas, tenemos horas de guardia, en las que atendemos a los alumnos de un profesor que circunstancialmente se halla enfermo, o nos ocupamos de alumnos castigados, o bien hacemos labores de vigilancia en pasillos y recreos. Bien. Además, tenemos horas de biblioteca, en las que prestamos y recogemos libros y cuidamos del mantenimiento de la misma. También tenemos horas complementarias en las que nos dedicamos al mantenimiento de aulas, laboratorios y talleres. Las clases no se dan porque el Espíritu Santo nos ilumina y surge un torrente lingüístico que nos hace dar clases magistrales, sino porque dedicamos horas a preparar cada clase y cada práctica. Ah, también elaboramos exámenes y los corregimos. Y miramos los cuadernos y los trabajos, muchas veces en casa, por las tardes, robando tiempo a nuestras familias.
Cuando me ha tocado impartir asignaturas nuevas me ha tocado prepararlas a conciencia. Si sumo las horas me salen más de 60 semanales y me quedo corto. Fui jefe de estudios durante cinco años en las que asistí a mi instituto por la mañana y por la tarde. Y el año pasado estuve a 21 horas lectivas, por lo que lo de las 18 horas que mencionaba antes es orientativo. Nunca he protestado porque no me importa trabajar, estoy acostumbrado. Se me olvidaba la atención a padres, las reuniones, los claustros, las tutorías... ¿Sigo?
Cuando Esperanza Aguirre dice que solo trabajamos 20 horas refiriéndose solo a las horas de docencia directa miente. Realmente, el aumento de 18 horas a 20 por ley y meternos a 30 alumnos por clase volviendo a la prehistoria ha propiciado que en los institutos haya menos profesores. Si protestamos es por el detrimento en la calidad de la Enseñanza. La Administración Educativa sigue haciendo méritos a salir los primeros en todos los informes internacionales, pero por la cola. No nos importa trabajar, ni siquiera cobrar menos, ya que no dijimos nada cuando nos bajaron el sueldo un 10%. Si las medidas se aplican, los alumnos saldrán menos preparados, aún menos. Eso realmente es lo que nos indigna a los profesores junto al hecho de no recibir el suficiente apoyo por el resto de la sociedad.
Señora presidenta y señora consejera, dejemos de hacer demagogia. Por mucha crisis que haya, la Educación y la Sanidad deberían ser intocables.miércoles, 24 de agosto de 2011
Ponencia del profesor Ricardo Moreno Castillo en la conmemoración los veinte años de la publicación de la Ética para Amador, de Fernando Savater.
Muchas gracias por vuestra presencia y gracias también a la fundación Lara por haberme dado la ocasión de estar hoy aquí, en tan buena compañía, para hablar de un tema que tanto me interesa como es el de la educación.
Comenzaré mis reflexiones a partir de dos textos de Ética para Amador, de cuya publicación conmemoramos los veinte años. El primero es del capítulo sexto (“Aparece Pepito Grillo”):
¿En qué consiste esa conciencia que nos curará de la imbecilidad moral? Fundamentalmente, en los siguientes rasgos:
……………………………………………………………………………………………………… d) Renunciar a buscar coartadas que disimulen que somos libres y por tanto razonablemente responsables de las consecuencias de nuestros actos
El segundo procede del capítulo noveno (titulado “Elecciones generales”):
Un régimen político que conceda la debida importancia a la libertad insistirá también en la responsabilidad social de las acciones u omisiones. Por regla general, cuanto menos responsable resulte cada cual de sus méritos o fechorías (y se diga, por ejemplo, que son fruto de la “historia”, la “sociedad establecida”, las “reacciones químicas del organismo”, la “propaganda”, el “demonio” o cosas así) menos libertad se está dispuesto a concederle. En los sistemas políticos en que los individuos nunca son del todo “responsables”, tampoco suelen serlo los gobernantes, que siempre actúan movidos por “necesidades históricas” o los imperativos de la “razón de estado”. ¡Cuidado con los políticos para quien todo el mundo es “víctima” de las circunstancias o “culpable de ellas”!
Estos dos textos los voy a cotejar con otros que van en dirección diametralmente opuesta. Uno de ellos es de Mónica Panting, de quien solo sé que es una psicopedagoga sudamericana:
Pero no es correcto hablar de niños con fracaso escolar. Lo único real es que hay niños con dificultades, las cuales pueden ser muy variadas. El fracaso escolar se produce cuando algo falla en algún punto del sistema educativo, y el niño con dificultades no es ayudado para superarlas. La culpa no es del niño. El niño es el eslabón más débil de la cadena. Primero porque es niño. Segundo porque ya hemos quedado en que es un niño que tiene dificultades. Tercero porque el niño no es un técnico ni en pedagogía, ni en psicología, ni es maestro, ni ninguno de los profesionales que, se supone, son quienes trabajan para enseñarle y conducir sus aprendizajes.
De este texto, la frase nuclear es, a mi juicio, “la culpa no es del niño”. Parafraseando la última cita de Ética para Amador, yo diría que se ha de tener mucho cuidado con los educadores para quienes el niño siempre es víctima de las circunstancias. Porque los educadores que consideran que los niños son siempre víctimas no están creando personas responsables, ni por lo tanto personas libres. Claro que el niño necesita ayuda de los adultos, igual que un enfermo necesita ayuda del médico, pero el enfermo que no obedece al médico no puede cuestionar el sistema sanitario, ni considerarse una víctima. Decir de un niño que tiene dificultades no es decir nada, porque nadie carece de ellas. No se aprende nada si no se adquieren unos hábitos de trabajo y una capacidad de prestar atención que no son naturales en el ser humano, y que en consecuencia no se pueden adquirir sin hacer ciertos esfuerzos ni superar muchas dificultades. Eximir de responsabilidades a un niño porque “no es un técnico ni en pedagogía, ni en psicología” es tan absurdo como si a un niño que está siempre comiendo dulces y no se lava los dientes se le exime de responsabilidad de su mala salud dental “porque no es un odontólogo ni un técnico en higiene bucal”. No hace falta ser médico para comprender la necesidad de ciertos hábitos de higiene, como no hace falta ser profesor para comprender que en clase se han de mantener unos modales y que todos los días se han de hacer las tareas escolares. Es cierto que un niño puede no estudiar debido a que una cierta patología se lo impide. Las patologías existen, y deben ser tratadas. Es imposible estudiar, por mucha fuerza de voluntad que se ponga, cuando te duelen las muelas o cuando tienes una depresión de caballo, pero es importantísimo distinguir los defectos de las patologías. En primer lugar, por lo que se ha dicho antes, si a un niño no le acostumbran a reflexionar sobre los defectos que sí están en su mano superar, porque “el niño no tiene la culpa”, nunca se convertirá en una persona responsable. En segundo lugar, porque quien es tratado de una patología que no tiene es muy posible que acabe teniéndola, igual que el hipocondríaco que está tomando medicinas que no necesita termine enfermo de verdad. Hoy existe un exceso de psicologismo, en parte por dar sentido a la multitud de expertos, orientadores, pedagogos y psicólogos que pululan en muy excesivo número por centros educativos, y en parte por esta corriente que pasa por progresista, pero que en mi opinión es absolutamente reaccionaria, que tan bien se transparenta en el texto anterior: “el niño no tiene la culpa”. En casos de agresiones se ha tratado con tantos miramientos al alumno agresor que el agredido ha tenido que cambiar de centro. Quien agrede a un semejante es una mala persona, y ser mala persona no es una enfermedad. El agresor podrá ser un inmaduro, pero no actúa movido por impulsos absolutamente incontrolables. Sabe que está haciendo mal. Prueba de ello es que nunca se ha dado el caso de un alumno que vuelve a casa todos los días lleno de magulladuras porque se mete con quienes son más fuertes que él. No, frente a los más fuertes recupera la cordura y controla sus impulsos agresivos con una gallardía ejemplar. Y es mucho más digno, y mucho más educativo, ser sancionado por portarse como una mala persona que ser tratado como un pobre tonto que no sabe lo que hace.
El texto que escogí no es en absoluto excepcional. A continuación viene otro de José Gimeno Sacristán, uno de los más representativos ejemplares de la Secta Pedagógica:
Hemos hecho ingresar en el sistema educativo toda la población hasta los 16 o más años, pero internamente hay algo que falla porque la gente no desea la escolaridad, la ve como un castigo. Esto ha dado lugar a mantener últimamente esta teoría conservadora y reaccionaria del esfuerzo como motivo pedagógico siguiendo los mandatos jesuíticos pero desligados de la tradición jesuítica en la historia. Esta teoría del esfuerzo es una de las conquistas regresivas más importantes que ha tenido el pensamiento educativo con reflejo en la opinión pública de los últimos años. El problema se ha simplificado ocultando la realidad negativa y diciendo que a nuestros alumnos lo que les hace falta es esfuerzo. Así podríamos mejorar la sanidad rápidamente diciendo que los médicos hagan más esfuerzo, y la política se podría mejorar sensiblemente si los políticos hicieran más esfuerzo, pero si hacen más esfuerzo tal y como van la cosa no irá por mejor camino, entonces el esfuerzo depende del servicio de sobre a qué causa se pone, y a la causa sobre la que se pone el servicio de la escolarización no es la que despierta pasiones a los estudiantes, que es otro de los problemas de nuestra situación.
(De “La educación que aún es posible”)
He de reconocer que algunos párrafos escapan a mi comprensión, pero esto me sucede con frecuencia con los textos de los pedagogos. Con todo, hay algo que sí he podido entender: hablar del esfuerzo es reaccionario. Para disimular la importancia del esfuerzo, lo envuelve en un lugar común: “Si todos nos esforzáramos más, las cosas irían mejor”. Efectivamente, así es, pero esa frase manida no puede servir para ocultar algo importantísimo: inculcar la necesidad de esforzarse es esencial en la educación de la persona, no es algo accidental ni periférico. Sin esfuerzo no hay aprendizaje, ni instrucción, ni valores. Supone un esfuerzo madrugar todos los días para ir al instituto, supone un esfuerzo escuchar una explicación que nunca podrá ser tan amena como una película, supone un esfuerzo hacer las tareas escolares, supone un esfuerzo ayudar a un compañero al que le cuesta más de lo normal estudiar porque está pasando una mala racha, supone un esfuerzo superar una mala racha aunque recibas ayuda de los compañeros, supone un esfuerzo levantarse para ceder el asiento a una persona anciana. Y es un esfuerzo del cual nadie puede abdicar ni en el cual nadie nos puede suplantar. Es cierto que por circunstancias sociales adversas algunos tienen más dificultades que otros para estudiar, y el esfuerzo que tienen que hacer es superior al que precisan otros compañeros más afortunados. Esto es injusto, pero no hay otra alternativa: o hacen ese esfuerzo suplementario, o nunca superarán esas circunstancias adversas. Esto lo explicó muy bien Barak Obama en una alocución que dio en la escuela secundaria Wakefield, en Arlington. Con un fragmento de este discurso quiero terminar mi intervención:
He dado muchos discursos sobre educación. Y he hablado mucho sobre responsabilidad. He hablado sobre la responsabilidad de vuestros profesores para inspiraros y haceros estudiar, sobre la responsabilidad de vuestros padres para que permanezcáis encarrilados, hagáis vuestros deberes, y no paséis todo el tiempo frente a la televisión. He hablado mucho sobre la responsabilidad del gobierno para elevar los niveles, apoyando a los profesores, y mejorando aquellas escuelas donde los estudiantes no tienen las oportunidades que merecen.
Pero podemos tener los profesores más entregados, los padres que más os apoyen y las mejores escuelas del mundo, y todo ello será inútil si vosotros no cumplís con vuestras responsabilidades, asistís a esas escuelas, ponéis atención a esos profesores, escucháis a vuestros padres y trabajáis todo lo duro que hace falta para triunfar.
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Quizás no tenéis adultos en vuestra vida que os den el apoyo que necesitáis. Quizás alguien en vuestra familia ha perdido su trabajo, y no hay suficiente dinero. Quizás vivís en un vecindario donde no os sentís seguros, o tenéis amigos que os presionan para desviaros del buen camino. Pero al final, las circunstancias de vuestra vida no son una excusa para descuidar vuestros deberes escolares o tener una mala actitud. No es excusa para ser groseros con vuestro profesor, hacer novillos, o abandonar la escuela. No es excusa para no intentarlo.













