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Al otro lado

Al otro lado
"Al otro lado", de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-15352-66-2.
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Presentaciones:

Sábado, 27 de abril a las 12 h. en la Feria del libro de Granada, en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA Puerta Real. Me acompañará en la presentación el compañero de Granada Jesús Lens. Y a las 13 horas firma de ejemplares en la Caseta de Firmas.

Sábado, 20 de abril, de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h. en la Feria del Libro de Fuente el saz de Jarama.

Sábado, 26 de enero a las 20 h. en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan. Me acompañará en la presentación el compañero de Ciudad Real José Ramón Gómez Cabezas, autor de "Réquiem por la bailarina de una caja de música", de la Editorial Ledoria.

Martes, 23 de octubre a las 19.30 h. en la librería Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno 46, Madrid). Si no puedes acudir y queréis un ejemplar firmado, ponte en contacto con ellos y pídeselo (91 543 0534). Te lo enviarán por correo.

Miércoles, 24 de octubre a las 18 h. en Getafe Negro (Carpa de la Feria del Libro). A las 20 h. participaré en una mesa redonda con otros compañeros de la Editorial Ledoria titulada "En los arrabales de la Novela Negra.
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domingo, 10 de marzo de 2013

Periodismo prostituido

El periodismo nunca es libre. Los poderosos, sabedores de la repercusión mediática que provocan las noticias en los medios de comunicación, siempre se adueñaron de los mismos porque se aseguraban poder y dinero. Esto ha sido siempre así y es difícil cambiarlo.
La carrera de periodismo es preciosa y el oficio es quizá uno de los más nobles, muy vocacional. Pero el periodista de vocación se estrella una y otra vez con los intereses particulares del el medio para el que trabaja. Unos y otros no se diferencian mucho entre sí, ya que cada uno sirve a unos intereses. Por tanto, cambiar de empresa no es la solución.
Durante la época de Zapatero, por poner un ejemplo, daba bastante asco escuchar la SER o cualquier otro medio de Prysa. Ahora, sin embargo, da gusto. Sabido es que Prysa siempre fue afín al PSOE, como El Mundo y la COPE son fieles al PP. Pero la cosa no es tan simple, ya que los intereses se diversifican. Se deben demasiadas pleitesías.
Así, un periódico, nunca permitirá publicar una noticia negativa que ataña a una institución con la que “convenga” llevarse bien. Tampoco difundirá malas noticias de empresas que son anunciantes y, por tanto, buenos clientes. Por tanto, la información que nos llega a los ciudadanos está bastante sesgada y teledirigida. En la mayoría de los casos, no nos enteramos ni de la mitad de las cosas que pasan.
Ante este panorama son muchos los periodistas que abandonan la profesión y se dedican a otras cosas. Conozco a bastantes que se han pasado a la ficción e intentan dedicarse a ser novelistas, ya que en una novela se puede poner lo que se quiera, se pueden cambiar nombres y, en definitiva, tomarse las licencias literarias que se precisen. Claro, que vivir de la Literatura en este país en el que la gente apenas lee, es una quimera bastante guapa.
Pero también son muchos los que, a pesar de cómo está el patio, permanecen en sus puestos de trabajo, asegurando las lentejas, y en muchos casos el caviar, al grito de “sí, mi amo”. Son los prostituidos del oficio. Son los que cambian ese concepto tan extraño de “libertad de expresión” por ese otro tan manido de “ande yo caliente, ríase la gente”. Llegan a hacerse verdaderos expertos en retórica para terminar siendo más papistas que el Papa. Y los ciudadanos, una vez más, tan contentos, creyendo a pies juntillas en la libertad y en la democracia, cuando la verdad es que estamos más controlados que en una novela de Orwell.
No somos na…

lunes, 25 de febrero de 2013

Novela Negra


Al hilo del encuentro literario del pasado jueves 21 de febrero en la Escuela Julián Besteiro, en el que se presentaba la antología de relatos “La ciudad vestida de negro”, hoy me apetece reflexionar sobre el género. En la mesa redonda, magistralmente conducida por la tradicional diligencia del amigo David G. Panadero, los escritores Pedro de Paz y Manolo Nonídez charlaron sobre el género, expresando sus opiniones al respecto, concluyendo que la novela negra no terminará nunca. Que pueden cambiar las condiciones sociales, los formatos, pero que el género no desaparecerá. Estoy de acuerdo.


El crimen es algo inherente al ser humano, al igual que las pasiones. Por tanto, siendo este género el que recoge las pasiones más bajas relacionadas con la conducta criminal, tiene asegurada su continuidad.

Ahora bien, ¿qué es exactamente la novela negra? ¿Hay una definición concreta? Desde mi punto de vista, no, con matices. Dicen los estudiosos que el género debe el nombre a que originalmente fue publicada en la revista Black Mask de Estados Unidos y en la colección Série Noire de la editorial francesa Gallimard. Pero también lo negro califica perfectamente a los ambientes oscuros y a veces asfixiantes de las tramas.

Al igual que un poeta escribe sus mejores composiciones cuando su estado de ánimo está por los suelos, las crisis económicas y el aumento de hechos delictivos son el terreno abonado para la novela negra que, según los expertos, es la mejor manera de hacer crítica social.
Antes de seguir, me gustaría hacer algunas distinciones y voy a mojarme. Generalmente, se tiende a clasificar como novela negra todas aquellas novelas en las que hay un delito y un investigador. Perteneciendo las novelas de Conan Doyle o Agata Christie a esta categoría, según mi opinión, estos textos no tienen nada que ver con los de Chandler o Hammett. Por eso es bastante común hacer unas clasificaciones más específicas y hablar de novela policíaca, novela de intriga, novela detectivesca o novela carcelaria (aquí Edward Bunker y Malcolm Braly lo clavan por tener además de la condición de escritores la de ex convictos). Y atendiendo al lugar en donde se produce el delito, también se puede hablar de otras clasificaciones, como “crimen de habitación cerrada”, típico en las novelas de Christie.


En cuanto a sus orígenes, muchos consideran a Poe el padre del género y a su relato ”Los crímenes de la calle Morgue” (1841) el primer relato policial, y aquí nadie se pone de acuerdo. Desde mi punto de vista, la literatura negra ha existido siempre, porque ¿qué es la narración de Caín y Abel en el Génesis? ¿Acaso no es un relato negro? Por no hablar de los clásicos griegos y los libros religiosos de todas las culturas.

Para mí, la clave del género tal y como lo conocemos hoy está en el crack del 29 y su posterior crisis, donde la novela negra se reinventa debido al inigualable ambiente depresivo como caldo de cultivo, y se populariza. Y el gran maestro en el que se han basado casi todos es Raymond Chandler. También lo es Hammett, pero particularmente prefiero al primero por su estilo ácido. Su detective Philip Marlowe es escéptico y especialmente cínico, con un sentido del humor bastante particular que podríamos calificar de “negro”.

En cuanto a la eterna pregunta sobre si se puede hacer novela negra al estilo del canon en España la respuesta es sí con mayúsculas. El modelo chandleriano es transportable allí donde haya desheredados. Buena muestra de ello son Andreu Martín, González Ledesma y Manuel Vázquez Montalbán en Barcelona, que ha creado escuela no solo en España. Qué decir de Juan Madrid. Particularmente a mí me gustan más los españoles, me pilla más de cerca. Y hay mucha calidad. Particularmente, la situación de crisis actual es el caldo de cultivo ideal para hacer novela negra.

 
No falta talento en las nuevas generaciones que actualmente llenan los anaqueles de las librerías: David Torres, Pedro de Paz, Javier Abasolo, Cristina Fallarás, Jon Arretxe, Montero González, Manuel Nonídez, Javier Márquez, Domingo Villar, Juan Ramón Biedma, Carlos Salem…, etc. Ni editoriales que apuesten por el género: las grandes, como RBA y su premio, Planeta (el último premio a Lorenzo Silva así lo atestigua) o Plaza; y las independientes, como Salto de Página o Al Revés. Esta última ha conseguido una nómina de nuevos escritores que están triunfando: Jordi Ledesma, Carlos Quílez, Víctor del Árbol, Susana Hernández, Alexis Ravelo…, sin olvidar mencionar al maestro, Luis Gutiérrez Maluenda, desde mi punto de vista uno de los mejores narradores del género.


En cuanto a la localización geográfica, Barcelona siempre se ha llevado la palma dentro del mapa negro seguida de Madrid. Pero últimamente, narradores los hay en cualquier parte y buenos. Pongamos como ejemplo Canarias con José Luis Correa y el propio Ravelo entre otros.

jueves, 31 de enero de 2013

¿De qué se ríen ustedes?


Ser político, en teoría, es una cuestión vocacional, pero esto, en la práctica es mentira. Cuando cualquier joven con inquietudes, honrado y con la mente limpia intenta hacer carrera defendiendo los intereses de los ciudadanos, se lo quitan de en medio porque no les interesa. ¿Cuál es la verdadera intención del político? Acaparar poder, sin lugar a dudas. Por eso en las campañas electorales (por cierto, financiadas por los bancos como a ellos les da la real gana), se desgañitan en plazas de toros o estadios de fútbol pidiendo, suplicando el voto. Recintos que llenan poniendo autocares para traer a gente de otros pueblos y lugares, gente afín que aplaudirá sus frases retóricas o gente a la que pagarán con un bocadillo y una cerveza, tal es la desvergüenza de unos y el borreguismo de otros.

No hay ex presidente, ex ministro, ex consejero, etc., que no ocupe un cargo en el consejo de administración de alguna multinacional a la que ellos mismos han favorecido. Mientras están en activo, tienen la responsabilidad de adjudicar obras, recalificar terrenos y conceder licencias, entre otras lindezas, labores que luego se ven recompensadas por empresarios sin escrúpulos que no dudan en pagar comisiones a políticos corruptos que hacen del herario público su propio negocio personal.

Por el hecho de ocupar un escaño, cuando lo ocupan, pues parece que todos los días son fiesta para algunos, adquieren unos derechos que se escapan al razonamiento, cobrando pensiones vitalicias con las que pueden dedicarse el resto de su vida a tocarse las narices mientras los demás hemos de seguir trabajando hasta que ellos nos dicen (la jubilación ya va por los sesenta y siete).

El color del partido es lo de menos. Los dos mayoritarios ya han gobernado varias veces. Y cada presidente del Gobierno ha hecho mejor al anterior, por difícil que pudiera parecer. Las partidas presupuestarias de Zapatero y sus ministras barbies hicieron del surrealismo un ejercicio cotidiano llevando al país a una crisis económica sin precedentes. No olvidemos que el movimiento 15 M surge durante su birreinato.

Mira que Zapatero lo hizo mal. Bueno, pues llega Rajoy y pone a nuestra sufrida España patas arriba, cambiando todo lo cambiable y lo que no, recortando en Educación, Sanidad, Justicia... (¡Joder con los conservadores!). Nos hablan de austeridad y de sacrificios los mismos que arrastran la trama Gürtel, el caso Urdangarín y ahora el caso Bárcenas.

Si lo de la portada de “El País” del 31 de enero es cierto, Rajoy debería dimitir y convocar elecciones generales anticipadas. De momento, los grafólogos ya aseguran que la letra del papel de marras es de Bárcenas y Pío García Escudero, uno de los que aparece en la lista, admite haber cobrado esas cantidades pero como un crédito a bajo interés que ya devolvió. ¿Un crédito a bajo interés? ¿Por qué él sí y el resto nos tenemos que buscar la vida a unos intereses del carajo?

Por último, estoy harto de que me tomen por idiota. De tener que tragar con lo de las auditorías que la señora Cospedal asegura que le ha hecho al partido el Tribunal de Cuentas. Claro, claro que el dinero “A” del partido está limpio, señora. Harto de ver a politicuchos maquillados en los platós de televisión mintiendo descaradamente, dilucidando retóricamente lo de aquí y lo de más allá. Harto de ver a periodistas serviles que les preparan preguntas a medida y sacuden la cabeza afirmativamente a cada contestación mientras el político sonríe como si hubiese contado un chiste buenísimo. Con seis millones de parados y el país al borde de la bancarrota, ¿de qué se ríen ustedes?

jueves, 27 de septiembre de 2012

El pensamiento único


De un tiempo a esta parte, el pensamiento único se ha instalado en nuestra sociedad. Se nota en todos los ámbitos y se refleja en la prensa cada día. Tertulianos que, además de estar en radio y televisión, escriben su columna diaria o semanal, se dedican a defender con uñas y dientes los intereses de los medios a los que sirven y van moldeando las mentes de los que adolecen de pensamiento crítico. Estos comentaristas de lo diario que lo mismo opinan de la guerra de Irak que del hundimiento de la bolsa en Moldavia, no entienden de nada. Más bien son artistas de la retórica, trileros del birlibirloque demasiado bien remunerados, profanadores de la santa profesión que debería ser el periodismo. Tanto, que están tan alejados de la realidad del resto de los mortales como los políticos, banqueros y empresarios capitalistas a los que defienden.
¿Qué ocurre? ¿Qué no hay periodistas que sepan escribir y debatir? Los hay. Muchísimos. Pero no tienen los contactos necesarios para acceder a los grandes medios. Tampoco durarían mucho en ellos si lo que pretendiesen fuera ejercer la libertad de expresión. El otro día pude seguir la manifestación en torno al Congreso por las excelentes fotos de Reuters. Tanto las emisoras españolas como los periódicos on-line, daban una información bastante sesgada. Para la mayoría de los medios españoles, lo del pasado martes fue una perroflautada más o menos organizada, nada más lejos de la realidad. El Gobierno estaba preocupado por la imagen de España ante los mercados. Incluso ayer, nuestro presidente, el señor Rajoy llamaba patriotas a aquellos que se quedaron en sus casas.
Voy cumpliendo ya unos años, cada vez más, como todo quisqui. En mi vida había visto tanto surrealismo en el Gobierno y en los medios. ¿Qué pasa, señor Rajoy, que ahora el que protesta es un antipatriota? ¿No será que está ejerciendo su derecho constitucional a manifestarse? ¿Y no será que a lo mejor está cabreado porque se ha quedado en paro junto a su mujer y no tiene ni para comer?
Lo extraño es que en este tipo de concentraciones no haya un millón de personas en vez de las decenas de miles que aguantaron el festival perroflautil (que agredieron a los policías) y policial (estos agredieron a todo el que se ponía por delante, llevara o no rastas). Porque lo cierto es que, señores políticos, señores banqueros y señores periodistas del pensamiento único, con permiso de los señores, lo cierto es que no han sido los ciudadanos los que han causado esta crisis.
Otra de las pautas que a estas alturas ya se dan por sentadas es considerar de izquierdas a quienes piensan diferente al canon impuesto, criminalizar al que protesta, tachándole de sectario o de reliquia obsoleta, aunque las opiniones vertidas sean construidas desde el más estricto sentido común. Lo hace Rajoy y lo hizo Zapatero en sentido opuesto, ambos responsables de la falsa democracia de la que creemos gozar y que no es nada más que un bipartidismo apoyado en nacionalismos que se deleitan de una injusta ley electoral impuesta sin paliativos.
La lucha, el sentido común y la lógica, lejos de ser términos obsoletos, como nos quieren hacer creer, está hoy más vigente que nunca, mucho más cuando el pensamiento único se cuela hasta por las rendijas de nuestras ventanas.

lunes, 28 de mayo de 2012

Freiduría “El chaval”, Canillejas.




Hay establecimientos humildes que sin embargo constituyen verdaderos emporios gastronómicos. No aparecen en la guía Michelín, ni siquiera en las guías para turistas, pero ahí están, haciendo una labor encomiable durante años, regidos generalmente por una familia que montó el negocio en su día y cuya responsabilidad pasa de padres a hijos.
Hoy voy a hablaros de uno de estos establecimientos: la freiduría “El Chaval”. Está en mi barrio, Canillejas. Y la primera vez que fui me llevó mi padre, cuando todavía era yo un crío. Mi padre, que en paz descanse, me enseñó a eliminar escrúpulos y a degustar los productos que se venden en las casquerías. Cada vez quedan menos, ya que la gente se ha vuelto escrupulosa. Los hay que no han probado nunca una cabeza de cordero asada, unos riñones o unas mollejas de cordero. Ellos se lo pierden. Allá cada cual.
La casquería es la estrella en la freiduría. Pero el protagonismo absoluto lo adquieren las gallinejas y los entresijos. Para quien no lo sepa son tripas de cordero fritas, muy fritas. Y son un manjar crujiente de sabor único típico en la gastronomía madrileña, aunque bien es cierto que es una tradición que se va agotando, debido, ya digo, a los escrúpulos de las nuevas generaciones ante los productos de casquería.
La freiduría “El Chaval”, regentada por el bueno de Aurelio y su familia, abre todo el año. Aunque bien es cierto que los clientes acuden en masa, sobre todo en primavera y verano, ya que es en estas fechas cuando montan la terraza en un parterre recién regado y con la sombra de dos árboles de tamaño considerable. La terraza se pone hasta la bandera. Si uno consigue mesa, es un privilegio disfrutar al fresco de una buena jarra de cerveza, viendo la coreografía de la familia de Aurelio sirviendo todo tipo de viandas y ensaladas, ensaladas de las de toda la vida, de lechuga, tomate, atún y huevo cocido, aderezada con aceite vinagre y sal.
Si el sabor es importante, no lo es menos el aroma, pues por el establecimiento y por la terraza se esparce el olor a gallineja frita que envuelve a las familias y a los amigos que en ese momento están allí disfrutando, olvidando los problemas de la vida cotidiana. El lugar se presta a las buenas y largas charlas de noches de verano en las que no te apetece irte a la cama. Y es que es tanto el trabajo, que muchas noches se cierra de madrugada.
Como decía antes, las gallinejas y los entresijos son productos típicos de la gastronomía madrileña. Ya en la obra de Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, se hace mención a la gallineja: «Era la vecina del bohardillón, llamada comúnmente la gallinejera, por tener puesto de gallineja y fritanga en la esquina de la Arganzuela», donde se perfila la palabra gallinejera como la persona que vende y fríe la gallineja. Y a principios del siglo XX era frecuente ver los camiones saliendo del matadero de Legazpi para repartir las gallinejas por los bares de Madrid.
Establecimientos que aún las sirvan, ya quedan pocos, pero los hay. Ahora, bien es cierto, que yo no las he probado mejor que en la freiduría “El Chaval”. Y tengo la suerte de que está en mi barrio. Además, si os animáis a hacerles una visita, os recomiendo las gallinejas y los entresijos, claro. Pero no dejéis de probar las mollejas o los zarajos. Y si vais con amigos escrupulosos, no hay problema. Hay chorizo, alitas, costillas, chuletas, en fin, toda una gama de viandas bien cocinadas que harán que se os haga la boca agua solo con mirar la carta.

viernes, 25 de mayo de 2012

Ser novelista


Siempre lo dije, ser novelista es un oficio, como lo puede ser ejercer la fontanería o la abogacía. Un oficio quizá de lo más maravilloso, por cómo hace sentirse al escritor. Ya no es solo crear, que también, sino el proceso de documentación, establecimiento y resolución de tramas, caracterización de personajes, etc.
Para ser novelista hay que poseer imaginación, dominar el lenguaje y, a ser posible, tener un trabajo estable con jornada intensiva que te deje tiempo para escribir. Lo digo porque mucha gente tiene la idea equivocada que de esto se puede vivir a las primeras de cambio. Son pocos los que lo consiguen y a veces la calidad literaria no es que importe mucho. No olvidemos que las editoriales venden “un producto”, y que en ocasiones más vale ser resultón que guapo.
En mi opinión, para afrontar la escritura de una novela, el presunto novelista debe ser un lector voraz, haber devorado una ingente cantidad de novelas, para tener las suficientes referencias antes de ponerse a escribir. Aun así, seguramente, su primera obra será una auténtica mierda, con perdón, aunque existen excepciones de novelistas primerizos que atesoran un talento innato. Creo que es importante tener una historia en la cabeza, haberla ido trabajando mentalmente mientras uno se toma una cerveza o camina por el parque. Tener claros los personajes, los escenarios, y sobre todo el principio y el final. Lo de en medio importa menos, ya irá saliendo, pero tenemos que tener claro hacia dónde vamos.
La estructura típica de una novela debe ser el esquema planteamiento-nudo-desenlace. Además, toda historia debe tener un conflicto. Como bien me lo explicara un día mi buen amigo y maestro Juan Madrid el conflicto nace de lo siguiente: “Alguien quiere algo; algo o alguien se lo impide”. Bajo esta premisa, es más que probable que tengamos una historia, independientemente del género en la que podamos encuadrar nuestra novela.
El planteamiento es la presentación de nuestra historia al lector: la trama principal y las secundarias, los escenarios y los personajes. No es que deba de haber tramas secundarias obligatoriamente, pero suelen enriquecer la novela, sobre todo si estas se relacionan de alguna manera con la principal. Al lector le suele gustar ubicarse, por lo que es importante trazar lo que yo llamo el mapa geográfico de la historia, ya sea este real o ficticio. Los personajes han de tener fuerza. El escritor debe tener la suficiente habilidad como para caracterizarlos, radiografiarlos, pero sin cansar al lector. La caracterización de los personajes se suele hacer a través de los diálogos, a través de la voz del narrador o relatando sus acciones. Los hay principales y secundarios. Hay escritores que lo tienen muy claro desde el principio. Otros, sin embargo, no hacen planes. En mi caso, me hago unos esquemas mentales e intento ponerlos sobre el folio. Pero a veces me ha ocurrido que personajes que en un principio eran protagonistas, han ido perdiendo fuerza, tomando el protagonismo algunos de los que en principio no lo iban a tener.
En toda novela debe haber un nudo, que es la madre del cordero del conflicto. Si María va a por el pan, pongamos por caso, lo compra y vuelve a su casa, no hay historia. La historia surge si María no vuelve, sea cual sea el motivo para su no retorno. Independientemente del conflicto, toda novela necesita un giro, o varios. El giro, acelera la historia y mantiene la motivación del lector. Algunos autores solucionan lo del giro añadiendo un personaje que tiene mucha fuerza, dando un nuevo ímpetu a la trama. Otros, sencillamente plasman un hecho que el lector no imaginaba que iba a ocurrir ni por asomo, con lo cual la historia gana en dinamismo y ofrece nuevas perspectivas.
Muchos escritores fallan en el desenlace o final. Esto ocurre tanto en cine como en las novelas. Da igual si el final es abierto (en donde es el lector quien decide en función de sus gustos) o cerrado (aquel en el que el autor no da opción al lector). Cualquier opción de final es lícita siempre y cuando se cierren las tramas adecuadamente con un desenlace creíble y si es posible inesperado.
Podríamos seguir teorizando, pero no os quiero aburrir. Insisto en que ser novelista es un oficio para el que se requieren ciertas habilidades que son difíciles de adquirir, aunque bien es cierto que últimamente han proliferado los talleres de escritura, siempre provechosos. Hay catedráticos de Literatura y filólogos que dominan el lenguaje y la teoría, pero no todos tienen la habilidad de escribir una novela, algunos de ellos ya lo intentaron. Pero no se trata de erudición. No olvidemos que hace siglos, los que iban contando historias por los pueblos no eran precisamente los más ilustrados.
Para terminar, diré algo para los que empiezan. Escribid para divertiros si tenéis la vocación, sin pensar en si os van a publicar o no, eso vendrá luego, sin pensar en haceros ricos o en obtener algún dinero de lo que escribís. Si llega, mejor que mejor, pero ese no debe ser el objetivo. Los designios del destino son inescrutables. Hay autores famosos que conservan con cariño veinte o treinta cartas de rechazo de una novela que después fue best seller, de la misma forma que hay quien da el pelotazo a las primeras de cambio. Pero lo normal es que esto sea una carrera de obstáculos larga. Preparaos para pasar horas solos, sin más compañía que el boli y un folio o un ordenador. Y lo más importante, no os creáis escritores buenísimos, eso no ayuda nada en el proceso de creación y os creará frustraciones si no conseguís publicar. Tampoco os derrumbéis por una mala crítica y si lo hacéis, levantaos y continuad. Escribid teniendo siempre presente que es mucho lo que os queda por aprender, aunque cosechéis un éxito importante con vuestras novelas. Yo siempre me repito el mismo mantra: “No somos na…”.

miércoles, 2 de mayo de 2012

La que nos espera...


Lo de la crisis no agrada a nadie, desde luego. Pero también me desagrada que nos tomen por tontos, que nos digan que hemos gastado más de lo que hemos ganado y que por tanto nos toca a la gente del pueblo pagar el pato. Lo cierto es que España en 2007 tenía superávit, es decir, ingresaba más dinero del que gastaba. Luego vino el crack de las hipotecas americanas y el desplome de la banca europea. Fueron los gobiernos los que metieron en la banca no solo el dinero del que disponían, el nuestro, sino que se endeudaron para seguir inyectándoles liquidez.

Lo cierto es que si usted tiene una hipoteca, da igual el banco, quizás lo que no sepa es que adeuda el dinero que le prestó ese banco a un especulador que vive en Holanda, pongamos por caso, y cuyo domicilio fiscal está en un paraíso..., fiscal. Este especulador, al igual que otros muchos, han comprado su hipoteca y las de muchos otros trabajadores, a quienes ahora bajan sus sueldos o incluso despiden, una vez que despedir se ha abaratado merced a la nueva reforma laboral.

A partir de ese momento, gente sin escrúpulos que se forra a su costa jugando al Monopoly, se dedican a engrandecer sus fortunas pidiendo créditos al BCE al 1% y comprando deuda a los países “pringaos” como el nuestro, que les reporta un interés del 6%. Y todo eso sin moverse de los sillones de sus mansiones, ya que cuentan con cohortes privadas de brokers y agentes de bolsa.
Los gobiernos europeos han ido cayendo tras sucesivas elecciones. Pero lo cierto es que los nuevos se han dedicado a poner de manifiesto su miseria moral, gobernando a golpe de decreto, como en las más rancias dictaduras, recortando en Sanidad y Educación, metiendo mano a los funcionarios y mermando el poder adquisitivo de nuestros mayores a través de sus pensiones o a través del copago sanitario.

A la situación española no han ayudado nuestros políticos, enrocados en una amalgama de instituciones (estado, autonomías, diputaciones, ayuntamientos...) muy bien diseñadas para su propio regodeo, una mera forma de adquirir riqueza y solucionarse sus vidas y las de sus hijos, familiares y amigos, amparados por una ley electoral injusta. Si bien no podemos hablar de corrupción generalizada, los cargos en los que se instalan les proporciona un modus vivendi muy próximo a la estafa continuada a los ciudadanos. Y cuando pillan a alguno con las manos en la masa, sus caros abogados y el sistema penal les ampara. Lo realmente curioso, digno de un estudio sociológico, es que la gente los sigue votando.
A todo esto hay que añadir el inmovilismo popular, el conformismo de obreros y parados que hacen el don Tancredo ejerciendo un pasotismo físico e intelectual que serían dignos de otro estudio sociológico. Celebramos en mayo cotas de paro históricas, desahucios en masa, bajadas de sueldo, copago sanitario, recortes nunca vistos en educación. Y aun así, la gente aguanta. Es más, han dado mayoría absoluta a un partido que sabíamos que iba a hacer lo que está haciendo, quedando como segunda fuerza política otro partido que es muy culpable de la situación que vivimos ahora. Increíble.

Apenas ha habido una huelga general de un día, efímera como el más efímero de los cometas. Y una huelga descafeinada en Madrid por parte de los profesores, de un día o dos a la semana, hasta que acabó desinflándose. Todavía se oyen las carcajadas de la Presidenta de nuestra comunidad por la calle Alcalá. Como respuesta, se ha elevado la ratio en secundaria hasta 40 alumnos, que veremos el guapo que le echa cojones a dar clase en estas condiciones. Por si faltaba algo, reducen las becas de manera escalofriante, volviendo a los tiempos de que quienes estudiaban eran solo los hijos de los ricos. No hablemos de investigación, porque me da la risa. Ni de las privatizaciones, que han llegado a Sanidad y llegarán a Educación.

Decía un experto el otro día, que empezaremos a ver una lucecita quizá en 2016 y eso si no pasa nada, comparando la situación actual a los prolegómenos de las dos grandes guerras. Esperaremos e iremos a trabajar aunque estemos enfermos, ya que la mayoría no podemos permitirnos que nos paguen la mitad si nos damos de baja, caso de los funcionarios. A veces pienso que tenemos lo que nos merecemos. La que nos espera...

martes, 13 de marzo de 2012

Mi barrio no es ninguna pradera (la fiesta de las sobras)

Voy de recogida, pero necesito ver a algunos antiguos colegas, saber que están bien. Abro la puerta del garito y me invade la típica atmósfera de humo. Aquí se sigue fumando, a pesar de lo que dijera Zapatero y sus ministros pijos, que de socialistas tenían lo mismo que yo de fascista. Me saluda el Nicky, aunque decir esto es un eufemismo, porque al Nicky no se le entiende nada cuando habla, y habla mucho, demasiado. Me tiene una hora escuchándole, pero no me entero de nada, excepto de que una vez le dejaron unos zapatos para entrar a una discoteca y como eran de la talla cuarenta y cinco y él usa un treinta y nueve, pues eso; empieza a caminar en círculos para que su explicación sea más gráfica riéndose de sí mismo. Vaya tela el Nicky, delgado y reseco. Keith Richards tiene mejor cara.

Después converso un rato con el Litri, que siempre me recuerda que él ya era mayor cuando yo aún era un enano y que mis padres eran muy buenas personas. Tampoco le entiendo apenas, pero no puedes escapar, pues es de los que si te intentas ir te toma del brazo y te sigue dando la charla.

Cuando logro huir me encuentro con el Carlos, su hermano. Lleva coqueteando con el alcohol y las drogas desde que tengo uso de razón. No obstante, me enseña su abdomen orgulloso, un abdomen en plan tableta de chocolate que yo no me explico. Después me imita a Popeye y me parto el pecho.

Sigo conversando con unos y con otros. Todos ellos decidieron que la vida no les gustaba nada más abrir los ojos en la maternidad. Hay demasiadas personas con demasiada maldad, pero toda esta pléyade de colegas del barrio no formaron un comando para cargarse banqueros o para robar sus bancos, no. Decidieron darse a la vida contemplativa haciéndose daño únicamente a ellos mismos, ya que para olvidar que están en el planeta Tierra, lo mismo vale un botellín, que una raya de coca o un porro de caballo.

Camino hacia mi casa pensando en ellos. Buena gente nacidos en un sitio equivocado en tiempo erróneo. Gente de buen corazón. Me quedaría mil veces más con cualquiera de ellos si naufragara en una isla desierta que con un banquero o con un político. Seguro que estos últimos te daban con una piedra en la cabeza para quitarte un coco a las primeras de cambio.

El barrio ha cambiado, lo compruebo a la mañana siguiente. Hay más prosperidad en general, pero la crisis ha hecho de las suyas y hay más comercios cerrados que nunca. Te puedes encontrar con la miseria en cada esquina. También a viejas amigas, como la soledad o la tristeza. Aquí, la muerte ha paseado mucho más a menudo que por el barrio de Salamanca.

Y sin embargo, por las calles de mi barrio me siento feliz. Debe ser por lo de las raíces, aunque estas debieron quedar ancladas en uno de los muchos descampados de los setenta. A veces creo que así fue y que me mantengo unido a ellas por una goma elástica invisible. Paso la mañana paseando y leyendo, alternativamente, y observando a la gente. Nunca se sabe cuándo vas a cazar un nuevo personaje para una nueva novela. Al llegar a la altura del supermercado, veo a muchas mujeres y niños en la puerta. Son rumanos de etnia gitana. Cuando los empleados sacan la basura consistente en productos caducados, la algarabía que se produce es demasiado llamativa como para no fijarse. Arramblan con yogures, pan de molde, leche... Todo gratis. La fiesta de las sobras.

Me siento en un banco, saco mi boli y mi libreta y escribo un poema titulado precisamente así, “La fiesta de las sobras”. Más adelante ganaría con él un premio de poesía social, pero esa es otra historia. Mirando un punto en el horizonte mientras me enciendo un cigarrillo, se me vienen a la cabeza las estrofas de Sabina. “Mi barrio no es ninguna pradera..., mi barrio no es ninguna pradera...”

viernes, 20 de enero de 2012

Libro de papel versus libro electrónico

Nos encontramos en un momento de transición, de cambio. De toda la vida, si uno quería un libro, acudía a una librería y se lo compraba. Seguimos haciéndolo, cómo no. Pero empezamos a convivir con el libro electrónico. ¿Por qué? Principalmente, porque la tecnología lo permite, aunque hay más factores.

A favor del libro en papel está lo de la tradición, ese amor que le tenemos los que nos hemos criado con él. El tocarlo, el olerlo, el ir pasando las páginas con parsimonia ante un buen café, al abrigo de una chimenea o sentado en un banco debajo de un árbol. Pero también hay factores en contra. Por poner el punto ecologista, si no se produjeran libros en papel, estaríamos ahorrándonos cortar tropecientos árboles. Son caros, no para el lector ocasional, pero sí para los que leemos varios al mes. Y otra cuestión es el espacio. Los que vivimos en casas pequeñas ya no sabemos dónde meter los libros, y eso que yo ya hice una gran donación a una biblioteca. Y si son caros, no es precisamente por culpa del autor, que es el que menos se lleva del pastel, un 10%, por lo general, para ser exactos.

El libro electrónico tiene muchas cosas a favor. No ocupa espacio. Gracias al avance de la tecnología en las pantallas, se lee igual al sol que a la sombra. Tocas dos botones de tu lector y en treinta segundos te descarga el título elegido. Para mí, que en mi bloque me llaman el tonto del libro, ya que siempre salgo de casa con uno bajo el brazo, tiene la ventaja del peso. El lector es menos voluminoso y no pesa nada. Además, puedo almacenar en él más de mil libros. Y lo principal, como usuario, es que el libro electrónico vale mucho más barato, con lo que me ahorro una pasta. Pero claro, también tiene sus inconvenientes. El principal es que se puede piratear, lo que no deja de ser un verdadero quebradero de cabeza para el autor que ve mermados sus derechos de autor. Una costa es cierta: con el libro electrónico sobran las librerías y perderemos el placer de entrar a estos establecimientos a husmear, porque de seguir así, solo quedarán abiertas las que se dediquen al coleccionismo. Pero puede que también sobren las editoriales y las distribuidoras. Valga un ejemplo, el caso del compañero Armando Rodera. Harto de que las editoriales y agencias le rechazaran sus novelas, decidió publicárselas en formato electrónico y colgarlas en Amazon al simbólico precio de un euro. Las cosas no le están yendo mal, lo que demuestra que sus historias no eran malas, al contrario, pues me consta que alguna editorial ya le ha preguntado por sus novelas. Otro ejemplo es el de Luis Maluenda, con millares de seguidores, que ha publicado su última novela solo en formato electrónico.

Decía al principio que estamos en un tiempo de transición. Insisto en que a los románticos les costará dar el paso. Pero los tiempos cambian. Al principio de los tiempos se escribía en piel y en papiro. Después pasamos al papel y a la pluma. Hasta que llegó Gutemberg con su imprenta y lo revolucionó todo. Pienso que el libro clásico nunca desaparecerá y que convivirá con los nuevos tiempos. Pero de que el libro electrónico se impondrá, no tengo ninguna duda. No olvidemos, que las nuevas generaciones nacen con la consola y el ordenador bajo el brazo y el lector de libros electrónicos les parecerá lo más normal del mundo. Y no olvidemos el potencial de Internet. Un autor local, con su libro de papel, tiene un mercado limitado. Sin embargo, al poder descargarse su libro desde un portal, automáticamente tiene acceso al mercado de todos los países de habla hispana, ventaja nada desdeñable, puesto que un escritor lo que quiere es que le lean. Además, en tiempos de crisis, el lector buscará lo más barato, que no tiene que ser necesariamente lo más perjudicial para el autor, ya que se ahorrarán los costes de los libreros, las distribuidoras y los de edición.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Nos aprietan, pero no reaccionamos.

Recuerdo cuando entré a currar en Bosch. Tenía un contrato temporal y era oficial de primera. Lógicamente, me daban unos armarios para cablear automatismos de cinco puertas. Trabajaba con gente que eran oficiales de tercera, gente mayor que yo y con menos responsabilidad, obviamente, por su categoría. Sin embargo, cobraban sesenta mil pelas más. Además, tenían transporte, economato, médicos privados y otras prestaciones de las que yo adolecía. Y yo me quemaba, claro, víctima como era de los nuevos contratos temporales vigentes por la gracia de Felipe González, por cierto, responsable también, de que a partir de entonces, el parado, que venía cobrando la mitad del tiempo trabajado, pasara a cobrar solo la tercera parte. Mis compañeros me decían que no me quemara, que lo que ellos tenían lo habían conseguido a base de huelgas salvajes, encerrados incluso en iglesias, adonde la gente iba a llevarles comida.

Mi padre curró cuarenta y cinco años en la misma empresa. Cuando murió, llevaba tiempo ya jubilado, pero recuerdo que al entierro fueron sus antiguos compañeros. Y es que cuarenta y cinco años con la misma gente, une mucho.

Hoy es impensable estar ni siquiera diez años en el mismo sitio. Qué digo diez, ni cinco. Ni se nos ocurre pensar en lo del economato, los médicos privados, las vacaciones subvencionadas, etc., etc. Nos han engañado con el euro: primero por el redondeo y segundo por la pérdida de poder adquisitivo. Los convenios colectivos, quienes tuvieran la suerte de tenerlos, evolucionaron a la baja para caminar hacia la congelación. Pues bien, hoy en día, nos bajan los sueldos e incluso nos despiden impunemente. Los mercados, esa forma abstracta de denominar a los millonarios, exigen una reforma laboral salvaje para abaratar despidos y pagar unos sueldos que son limosnas, además de una nueva ley de huelga para que los obreros no puedan hacer huelga. Sarkozy y Merkel ocupan portadas de periódicos y prime time de televisiones y radios anunciándonos el Apocalipsis.

¿Sabéis lo que os digo? Que si yo fuera uno de esos poderosos que destituyen gobiernos democráticos a su antojo, haría lo mismo, vista la poca capacidad de reacción social que caracteriza a la ciudadanía.

lunes, 3 de octubre de 2011

La poesía del fracaso

Parafrasear al maestro Sabina me viene de perlas cada vez que hablo de mi barrio. “Mi barrio no es ninguna pradera”, sí, al menos no lo fue para la gente de mi generación. Ahora es distinto. Los niños juegan a la Nintendo, van al cole todos y no han conocido la miseria de unas calles sin asfaltar, alumbradas por farolas inexistentes. En cada esquina hay una esquela con un epitafio mudo; quizá convenga aclarar que esas esquelas están, pero en mi memoria, que no consigue borrar las muertes de toda una generación a manos de la heroína o en tiroteos que tenían que ver con la heroína o con el dinero, o con la miseria.

El barrio también está plagado de anécdotas que podían haber sido planos de películas de Berlanga, pero también de Fellini. Como cuando el Elías, presa de un mono considerable, no tuvo otra ocurrencia que bajar a robar al Banco Central, el banco de toda la vida al que iban sus padres. Lo hizo con un cuchillo de los de punta redonda. Finalmente, los empleados, iba a decir que lo redujeron. No hizo falta, pues la cosa se arregló con unas palmaditas en el hombro y con un “venga Elías, no hagas tonterías y tómate la medicación”. O como cuando el Kilo salió del cine Covadonga, sala en la que se podían ver películas como “Dios salve a la Reina” y, en general, musicales de Deep Purple, Rolling Stones o Led Zeppelín. Tiempos aquellos en los que se fumaba en la sala y se bebían litros de cerveza. Cierto es que desde el gallinero llovían los cascos y los escupitajos, con más de un escalabrado visitando la Casa de Socorro (hoy en día extinguidas, por lo menos el nombre). Pero decía que el Kilo fue al Covadonga con su dosis de tripi en el cuerpo. Y al salir se encontró mal. Entró al Metro y empezó a ver a la gente con cabezas de toro, de pollo, etc. No pudo soportar la paranoia y se desmayó. Cuando despertó, estaba en el Alonso Vega entubado, empastillado y alucinado. De allí se llevó una incapacidad permanente y un certificado bajo el brazo que decía “ahora comienza el principio de una ruina, la ruina de tu vida”. Sospechosamente, el desvalijamiento de cabinas telefónicas en la sierra cesó al mismo tiempo que el Kilo se recuperaba en el hospital.

No hace mucho recuperé una amistad de la niñez. Javi el del cutter y yo teníamos un grupo musical cuando teníamos 16 años. Nos separamos y él decidió transitar el lado salvaje de la vida. Decidió experimentar lo que se siente siendo yonki, alcohólico y politoxicómano. En aquella época se cruzaba conmigo por la calle y no me saludaba porque no me conocía. Ahora está bien, porque logró robarle al demonio las llaves de la puerta del Infierno y escapó. El que siga siendo acólito de las barras de bar en sesión continua es un mal menor. Hemos retomado la amistad y hemos vuelto a juntarnos los del grupo, cada uno con nuestra colección de sucesos vitales. Este verano, Javi el del cutter incluso se llevó mi novela a Gredos y la leyó. Veranea allí de ocupa en refugios y no se gasta ni un pavo, que por otra parte, tampoco tiene. Y cada verano, acude a ese paisaje buscando la belleza y la soledad, y las veladas con su amigo Joselito, al que echaron de la alcaldía del pueblo porque una tarde salió a la calle y se lió a tiros. Como sé que os estaréis preguntando por el apodo del Javi, os diré que hace un año estaba yo con él y con su hermano en un garito de Quintana a altas horas de la noche. Hubo unos colombianos que se quisieron divertir a nuestra costa, siendo como éramos nosotros tres y ellos unos doce. Javi sacó su cutter y le metió a uno en el cuello. No, no os asustéis, no pasó nada, los colombianos terminaron por invitarnos a unos chupitos de whisky.

El otro día vi al Lorenzo, y a este sí que hacía que no lo veía hace 30 años, desde que terminamos la E.G.B. Resulta que era el vigilante de la boca de Metro de Torre Arias. Ambos nos alegramos de vernos. Lorenzo y yo fuimos muy amigos de críos. Ya apuntaba maneras entonces. Consiguió no aparecer por el cole dos meses haciendo creer a los profesores que estaba enfermo. Cuando se descubrió la mentira, su padre le metió una curra de la que aún le duelen los golpes. Lorenzo vivía en la zona de Canillejas en donde habitaban todos los delincuentes, y los conocía. Nos libró en más de una ocasión de una sirla. Y cuando hacíamos las fiestas del colegio y los manguis venían a reventárnolas, que el Lorenzo estuviera allí era toda una garantía. Aún recuerdo una hostia que le metió al Pirri (que en paz descanse), que podía competir en calidad con las que metía Bruce Lee en las pelis. Nos contamos brevemente nuestra vida. El Lorenzo ha ido peregrinando de curro en curro, a cual más precario. Y me dijo que había vivido con una piba muchos años, de los cuales los últimos fueron un infierno. En vez de separarse, ella se fue con sus padres y él con los suyos. Ahora están viviendo una segunda luna de miel.

Cuando quiero ver a los antiguos colegas, paso por la bodega del Suso. Es agradable tomar un vino y un pincho de tortilla. Allí se juntan los jubiletas que lo son por edad y los que lo son de forma prematura, por esquizofrenia, mayoritariamente, debido a las drogas y al alcohol. Lo mismo hablan de toros, que de política, que de fútbol, que de filosofía. En la bodega del Suso no se cita a Nietsche ni a Ortega, por poner dos ejemplos, para afianzar argumentos. Nadie sabe quiénes son esos dos señores, bastante tienen con lo suyo. Allí se habla con la sabiduría que otorga el fracaso (ahora parafraseo al gran Robe Iniesta que también me viene de perlas), que no es poca. El otro día vi al Javi el cabezón, apelativo tan cariñoso como cruel que le regalamos los compañeros en la E.G.B. El cabezón nunca fue un alumno brillante, pero era amigo de sus amigos. También le perdí la pista, aunque bien es cierto que me lo encontré tres o cuatro veces en conciertos que siempre eran de los Burning. El cabezón sacó el Graduado Escolar por los pelos, y se colocó en la misma sala de bingo en la que curra hoy, más de treinta años cantando aquello de “trece, uno tres”. Cuando le vi, su barriga y su pelo blanco me indicaron que la vida tampoco es que hubiese sido muy generosa con su aspecto. Resulta que también ha leído mi novela. Pero lo más curioso es que me dijo que se iba a Colombia a casarse con una colombiana que había conocido en Cuba. Se marchaba con un colega, que se casaba también con una amiga de su chica. Le vi ilusionado, con toda la ilusión que se puede reunir a los cuarenta y cinco, eso sí.

Hace mucho que tenemos farolas en el barrio; y aceras. Hay hasta bancos y comercios. Y parques en donde los niños juegan tranquilamente. Cuando yo poblaba estas mismas calles en mi niñez, jugábamos a matar ratas, algunas como conejos de grandes. Y a esquivar navajas y jeringuillas. Era otra historia.

lunes, 19 de septiembre de 2011

El problema de la Educación

Recuerdo que estudié en un sistema en el que primaba el esfuerzo, como no puede ser de otra forma. Estudiábamos en los colegios hasta octavo de E.G.B. (Educación General Básica) y si aprobábamos obteníamos el Graduado Escolar, aproximadamente el equivalente al actual Graduado en Secundaria. Hay un par de diferencias: En EGB estudiábamos hasta los 14 años; a pesar de que ahora se acaba la E.S.O. (Educación Secundaria Obligatoria) con 16 años, se salía más preparado antes que ahora. No obstante, el antiguo sistema guardaba un problema: quienes no querían seguir estudiando se encontraban con que no podían trabajar hasta los 16. De ahí que en la primera reforma educativa de la democracia se prolongara la secundaria obligatoria un par de años más, para evitar el vacío de dos años en el que se encontraban muchos chavales. Además se impuso la obligatoriedad de estudiar la secundaria a todos los críos, independientemente de su clase social o ideas. Algo que teóricamente parece lógico. En la práctica, estos postulados progresistas se han mostrado inviables, ya que la obligatoriedad de las clases ha incrementado sensiblemente las cifras de fracaso escolar. Desgraciadamente, he presenciado muchas veces casos de niños que con 12 años dicen que no quieren estudiar y lo que les queda por delante son cuatro años secuestrados en un instituto por el sistema.
Esta generación de niños no se parece en nada a la mía. Mientras yo jugaba a indios y vaqueros, al escondite y a pedirle a mis padres una bicicleta que no me podían comprar, los niños de ahora han tenido y tienen de todo. Muchos de ellos, la primera vez que oyen la palabra “no” es en el instituto, y claro, no la entienden. Así es muy difícil educar. Por otra parte, la LOE-LOGSE que ahora es LODE (demasiados cambios), nunca se ha implantado de forma definitiva, sobre todo en cuanto a partidas económicas. Muchos de los alumnos no están preparados para estar en un aula de ESO, bien porque, aunque tengan la edad, no tienen conocimientos previos suficientes, o bien porque tienen trastornos importantes de conducta, o ambas cosas. Son críos en los que deberían entrar de lleno las medidas de atención a la diversidad, atendidos en aulas de grupos reducidos por profesores con cualificaciones especiales. Pero claro, esto cuesta un dinero que jamás se ha llegado a invertir completamente.
Con este panorama no es extraño que España aparezca mencionada en todos los informes internacionales por sus malos resultados en Educación. Pues bien, con este paisaje, en vez de mejorar los recursos, en todas la comunidades autónomas regidas por el PP, se ha decidido hacer recortes en la Escuela Pública como parte de las medidas de austeridad frente a la crisis económica que nos afecta. Los profesores hemos protestado y ante nuestras protestas, los gobernantes nos han tachado públicamente de vagos por no querer trabajar dos horas más, como parte de la maquinaria propagandística de apoyo a sus medidas. Lo cierto es que los profesores no protestamos por eso. Muchos ya trabajamos 21 horas en años pasados (no 20, como proponen los legisladores), y no hemos protestado. Tampoco hemos dicho nada cuando nos han bajado el sueldo como a todos los funcionarios.
Si protestamos es por la masificación de unas aulas que en ciertos institutos llegan a albergar a 45 alumnos; por la reducción del número de desdobles en asignaturas en que, por sus particulares contenidos, la clase se dividía en dos y era atendida por dos profesores; por la desaparición de horas de laboratorios que en asignaturas como Biología son imprescindibles; por la reducción del número de optativas que impiden que el alumno se especialice en base a sus preferencias; por la desaparición de las tutorías en gran parte de los centros; por la reducción o eliminación de las actividades extraescolares; por la impartición de horas por parte del profesorado que no son de su especialidad; por la menor atención a los alumnos con problemas de aprendizaje debido a la eliminación de profesores de educación compensatoria; por la desaparición de profesores de audición y lenguaje. ¿Sigo?
La masificación y esas dos horas lectivas más que, por norma nos obligan a dar, han propiciado que este año desaparezcan de los institutos de Madrid más de 3000 profesores que son más que necesarios. Ya el año pasado suprimieron a 1500. Y esto en un año en que la matriculación en las escuelas públicas ha aumentado un 10%, ya que los ciudadanos que antes llevaban a sus hijos a concertados y que se han quedado en paro necesitan plazas públicas para sus hijos.
Todas estas medidas aplicadas sin ningún criterio lógico ni razonable, generarán un desastre de imprevisibles consecuencias si los gobernantes no dan marcha atrás. Todos asumimos que estamos en crisis, pero aun así, no se deberían escatimar recursos ni para Educación ni para Sanidad, que deben ser públicas para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos, independientemente de que haya colegios y clínicas privadas para quienes quieran y puedan permitírselo. La huelga en la Enseñanza está más que justificada.

jueves, 1 de septiembre de 2011

La demagogia de la Administración Educativa

Esta mañana, nuestra querida presidenta de la Comunidad de Madrid (eso sí, elegida democráticamente en fechas recientes), ha vuelto a dar una vuelta de tuerca a la maquinaria propagandística que tanto ella como la consejera Lucía Figar han puesto en marcha para desprestigiar a los profesores. El eje de esta propaganda consiste en decir que los profesores trabajamos poco y que vamos a hacer una huelga porque nos han puesto dos horas más de trabajo, es decir, que pasamos de 18 a 20 horas semanales. Intentan claramente dibujarnos como unos vagos ante la sociedad, que últimamente parece obstinada en no tener criterio propio, en ser poco analítica y en apoyar todas las acciones que vayan en contra del funcionariado. Ignoro si es por envidia o por desconocimiento.

Vamos a ver... Hasta el año pasado los docentes teníamos normalmente asignadas 18 horas lectivas semanales. Además de estas, tenemos horas de guardia, en las que atendemos a los alumnos de un profesor que circunstancialmente se halla enfermo, o nos ocupamos de alumnos castigados, o bien hacemos labores de vigilancia en pasillos y recreos. Bien. Además, tenemos horas de biblioteca, en las que prestamos y recogemos libros y cuidamos del mantenimiento de la misma. También tenemos horas complementarias en las que nos dedicamos al mantenimiento de aulas, laboratorios y talleres. Las clases no se dan porque el Espíritu Santo nos ilumina y surge un torrente lingüístico que nos hace dar clases magistrales, sino porque dedicamos horas a preparar cada clase y cada práctica. Ah, también elaboramos exámenes y los corregimos. Y miramos los cuadernos y los trabajos, muchas veces en casa, por las tardes, robando tiempo a nuestras familias.

Cuando me ha tocado impartir asignaturas nuevas me ha tocado prepararlas a conciencia. Si sumo las horas me salen más de 60 semanales y me quedo corto. Fui jefe de estudios durante cinco años en las que asistí a mi instituto por la mañana y por la tarde. Y el año pasado estuve a 21 horas lectivas, por lo que lo de las 18 horas que mencionaba antes es orientativo. Nunca he protestado porque no me importa trabajar, estoy acostumbrado. Se me olvidaba la atención a padres, las reuniones, los claustros, las tutorías... ¿Sigo?

Cuando Esperanza Aguirre dice que solo trabajamos 20 horas refiriéndose solo a las horas de docencia directa miente. Realmente, el aumento de 18 horas a 20 por ley y meternos a 30 alumnos por clase volviendo a la prehistoria ha propiciado que en los institutos haya menos profesores. Si protestamos es por el detrimento en la calidad de la Enseñanza. La Administración Educativa sigue haciendo méritos a salir los primeros en todos los informes internacionales, pero por la cola. No nos importa trabajar, ni siquiera cobrar menos, ya que no dijimos nada cuando nos bajaron el sueldo un 10%. Si las medidas se aplican, los alumnos saldrán menos preparados, aún menos. Eso realmente es lo que nos indigna a los profesores junto al hecho de no recibir el suficiente apoyo por el resto de la sociedad.

Señora presidenta y señora consejera, dejemos de hacer demagogia. Por mucha crisis que haya, la Educación y la Sanidad deberían ser intocables.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Ponencia del profesor Ricardo Moreno Castillo en la conmemoración los veinte años de la publicación de la Ética para Amador, de Fernando Savater.

Muchas gracias por vuestra presencia y gracias también a la fundación Lara por haberme dado la ocasión de estar hoy aquí, en tan buena compañía, para hablar de un tema que tanto me interesa como es el de la educación.

Comenzaré mis reflexiones a partir de dos textos de Ética para Amador, de cuya publicación conmemoramos los veinte años. El primero es del capítulo sexto (“Aparece Pepito Grillo”):

¿En qué consiste esa conciencia que nos curará de la imbecilidad moral? Fundamentalmente, en los siguientes rasgos:

……………………………………………………………………………………………………… d) Renunciar a buscar coartadas que disimulen que somos libres y por tanto razonablemente responsables de las consecuencias de nuestros actos

El segundo procede del capítulo noveno (titulado “Elecciones generales”):

Un régimen político que conceda la debida importancia a la libertad insistirá también en la responsabilidad social de las acciones u omisiones. Por regla general, cuanto menos responsable resulte cada cual de sus méritos o fechorías (y se diga, por ejemplo, que son fruto de la “historia”, la “sociedad establecida”, las “reacciones químicas del organismo”, la “propaganda”, el “demonio” o cosas así) menos libertad se está dispuesto a concederle. En los sistemas políticos en que los individuos nunca son del todo “responsables”, tampoco suelen serlo los gobernantes, que siempre actúan movidos por “necesidades históricas” o los imperativos de la “razón de estado”. ¡Cuidado con los políticos para quien todo el mundo es “víctima” de las circunstancias o “culpable de ellas”!

Estos dos textos los voy a cotejar con otros que van en dirección diametralmente opuesta. Uno de ellos es de Mónica Panting, de quien solo sé que es una psicopedagoga sudamericana:

Pero no es correcto hablar de niños con fracaso escolar. Lo único real es que hay niños con dificultades, las cuales pueden ser muy variadas. El fracaso escolar se produce cuando algo falla en algún punto del sistema educativo, y el niño con dificultades no es ayudado para superarlas. La culpa no es del niño. El niño es el eslabón más débil de la cadena. Primero porque es niño. Segundo porque ya hemos quedado en que es un niño que tiene dificultades. Tercero porque el niño no es un técnico ni en pedagogía, ni en psicología, ni es maestro, ni ninguno de los profesionales que, se supone, son quienes trabajan para enseñarle y conducir sus aprendizajes.

De este texto, la frase nuclear es, a mi juicio, “la culpa no es del niño”. Parafraseando la última cita de Ética para Amador, yo diría que se ha de tener mucho cuidado con los educadores para quienes el niño siempre es víctima de las circunstancias. Porque los educadores que consideran que los niños son siempre víctimas no están creando personas responsables, ni por lo tanto personas libres. Claro que el niño necesita ayuda de los adultos, igual que un enfermo necesita ayuda del médico, pero el enfermo que no obedece al médico no puede cuestionar el sistema sanitario, ni considerarse una víctima. Decir de un niño que tiene dificultades no es decir nada, porque nadie carece de ellas. No se aprende nada si no se adquieren unos hábitos de trabajo y una capacidad de prestar atención que no son naturales en el ser humano, y que en consecuencia no se pueden adquirir sin hacer ciertos esfuerzos ni superar muchas dificultades. Eximir de responsabilidades a un niño porque “no es un técnico ni en pedagogía, ni en psicología” es tan absurdo como si a un niño que está siempre comiendo dulces y no se lava los dientes se le exime de responsabilidad de su mala salud dental “porque no es un odontólogo ni un técnico en higiene bucal”. No hace falta ser médico para comprender la necesidad de ciertos hábitos de higiene, como no hace falta ser profesor para comprender que en clase se han de mantener unos modales y que todos los días se han de hacer las tareas escolares. Es cierto que un niño puede no estudiar debido a que una cierta patología se lo impide. Las patologías existen, y deben ser tratadas. Es imposible estudiar, por mucha fuerza de voluntad que se ponga, cuando te duelen las muelas o cuando tienes una depresión de caballo, pero es importantísimo distinguir los defectos de las patologías. En primer lugar, por lo que se ha dicho antes, si a un niño no le acostumbran a reflexionar sobre los defectos que sí están en su mano superar, porque “el niño no tiene la culpa”, nunca se convertirá en una persona responsable. En segundo lugar, porque quien es tratado de una patología que no tiene es muy posible que acabe teniéndola, igual que el hipocondríaco que está tomando medicinas que no necesita termine enfermo de verdad. Hoy existe un exceso de psicologismo, en parte por dar sentido a la multitud de expertos, orientadores, pedagogos y psicólogos que pululan en muy excesivo número por centros educativos, y en parte por esta corriente que pasa por progresista, pero que en mi opinión es absolutamente reaccionaria, que tan bien se transparenta en el texto anterior: “el niño no tiene la culpa”. En casos de agresiones se ha tratado con tantos miramientos al alumno agresor que el agredido ha tenido que cambiar de centro. Quien agrede a un semejante es una mala persona, y ser mala persona no es una enfermedad. El agresor podrá ser un inmaduro, pero no actúa movido por impulsos absolutamente incontrolables. Sabe que está haciendo mal. Prueba de ello es que nunca se ha dado el caso de un alumno que vuelve a casa todos los días lleno de magulladuras porque se mete con quienes son más fuertes que él. No, frente a los más fuertes recupera la cordura y controla sus impulsos agresivos con una gallardía ejemplar. Y es mucho más digno, y mucho más educativo, ser sancionado por portarse como una mala persona que ser tratado como un pobre tonto que no sabe lo que hace.

El texto que escogí no es en absoluto excepcional. A continuación viene otro de José Gimeno Sacristán, uno de los más representativos ejemplares de la Secta Pedagógica:

Hemos hecho ingresar en el sistema educativo toda la población hasta los 16 o más años, pero internamente hay algo que falla porque la gente no desea la escolaridad, la ve como un castigo. Esto ha dado lugar a mantener últimamente esta teoría conservadora y reaccionaria del esfuerzo como motivo pedagógico siguiendo los mandatos jesuíticos pero desligados de la tradición jesuítica en la historia. Esta teoría del esfuerzo es una de las conquistas regresivas más importantes que ha tenido el pensamiento educativo con reflejo en la opinión pública de los últimos años. El problema se ha simplificado ocultando la realidad negativa y diciendo que a nuestros alumnos lo que les hace falta es esfuerzo. Así podríamos mejorar la sanidad rápidamente diciendo que los médicos hagan más esfuerzo, y la política se podría mejorar sensiblemente si los políticos hicieran más esfuerzo, pero si hacen más esfuerzo tal y como van la cosa no irá por mejor camino, entonces el esfuerzo depende del servicio de sobre a qué causa se pone, y a la causa sobre la que se pone el servicio de la escolarización no es la que despierta pasiones a los estudiantes, que es otro de los problemas de nuestra situación.

(De “La educación que aún es posible”)

He de reconocer que algunos párrafos escapan a mi comprensión, pero esto me sucede con frecuencia con los textos de los pedagogos. Con todo, hay algo que sí he podido entender: hablar del esfuerzo es reaccionario. Para disimular la importancia del esfuerzo, lo envuelve en un lugar común: “Si todos nos esforzáramos más, las cosas irían mejor”. Efectivamente, así es, pero esa frase manida no puede servir para ocultar algo importantísimo: inculcar la necesidad de esforzarse es esencial en la educación de la persona, no es algo accidental ni periférico. Sin esfuerzo no hay aprendizaje, ni instrucción, ni valores. Supone un esfuerzo madrugar todos los días para ir al instituto, supone un esfuerzo escuchar una explicación que nunca podrá ser tan amena como una película, supone un esfuerzo hacer las tareas escolares, supone un esfuerzo ayudar a un compañero al que le cuesta más de lo normal estudiar porque está pasando una mala racha, supone un esfuerzo superar una mala racha aunque recibas ayuda de los compañeros, supone un esfuerzo levantarse para ceder el asiento a una persona anciana. Y es un esfuerzo del cual nadie puede abdicar ni en el cual nadie nos puede suplantar. Es cierto que por circunstancias sociales adversas algunos tienen más dificultades que otros para estudiar, y el esfuerzo que tienen que hacer es superior al que precisan otros compañeros más afortunados. Esto es injusto, pero no hay otra alternativa: o hacen ese esfuerzo suplementario, o nunca superarán esas circunstancias adversas. Esto lo explicó muy bien Barak Obama en una alocución que dio en la escuela secundaria Wakefield, en Arlington. Con un fragmento de este discurso quiero terminar mi intervención:

He dado muchos discursos sobre educación. Y he hablado mucho sobre responsabilidad. He hablado sobre la responsabilidad de vuestros profesores para inspiraros y haceros estudiar, sobre la responsabilidad de vuestros padres para que permanezcáis encarrilados, hagáis vuestros deberes, y no paséis todo el tiempo frente a la televisión. He hablado mucho sobre la responsabilidad del gobierno para elevar los niveles, apoyando a los profesores, y mejorando aquellas escuelas donde los estudiantes no tienen las oportunidades que merecen.

Pero podemos tener los profesores más entregados, los padres que más os apoyen y las mejores escuelas del mundo, y todo ello será inútil si vosotros no cumplís con vuestras responsabilidades, asistís a esas escuelas, ponéis atención a esos profesores, escucháis a vuestros padres y trabajáis todo lo duro que hace falta para triunfar.

……………………………………………………………………………………………

Quizás no tenéis adultos en vuestra vida que os den el apoyo que necesitáis. Quizás alguien en vuestra familia ha perdido su trabajo, y no hay suficiente dinero. Quizás vivís en un vecindario donde no os sentís seguros, o tenéis amigos que os presionan para desviaros del buen camino. Pero al final, las circunstancias de vuestra vida no son una excusa para descuidar vuestros deberes escolares o tener una mala actitud. No es excusa para ser groseros con vuestro profesor, hacer novillos, o abandonar la escuela. No es excusa para no intentarlo.