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Al otro lado

Al otro lado
"Al otro lado", de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-15352-66-2.
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Presentaciones:

Sábado, 27 de abril a las 12 h. en la Feria del libro de Granada, en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA Puerta Real. Me acompañará en la presentación el compañero de Granada Jesús Lens. Y a las 13 horas firma de ejemplares en la Caseta de Firmas.

Sábado, 20 de abril, de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h. en la Feria del Libro de Fuente el saz de Jarama.

Sábado, 26 de enero a las 20 h. en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan. Me acompañará en la presentación el compañero de Ciudad Real José Ramón Gómez Cabezas, autor de "Réquiem por la bailarina de una caja de música", de la Editorial Ledoria.

Martes, 23 de octubre a las 19.30 h. en la librería Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno 46, Madrid). Si no puedes acudir y queréis un ejemplar firmado, ponte en contacto con ellos y pídeselo (91 543 0534). Te lo enviarán por correo.

Miércoles, 24 de octubre a las 18 h. en Getafe Negro (Carpa de la Feria del Libro). A las 20 h. participaré en una mesa redonda con otros compañeros de la Editorial Ledoria titulada "En los arrabales de la Novela Negra.

martes, 21 de febrero de 2012

miércoles, 25 de enero de 2012

El evangelio del Tíbet, de Álvaro Bermejo

Hay libros y autores que llegan hasta uno por casualidad, como si lector y autor estuvieran predestinados a encontrarse en este tejido enrevesado que es la vida. La última vez, me ocurrió en la estación de Chamartín. Me entretuve fisgando por aquí y por allá haciendo tiempo hasta que saliera mi tren y de repente, me encuentro un puesto de libros de oferta. Enseguida me llamó la atención el título: “El evangelio del Tíbet”. No conocía al autor, Álvaro Bermejo. Pero el libro y la sinopsis me llamaron poderosamente la atención. Vi que la editorial eraAlgaida, que patrocina un gran número de premios en este país. Y, efectivamente, la novela había ganado el Ateneo de Novela Histórica de Sevilla en 2007. Por si no eran bastantes estas referencias, el libro estaba de oferta, a cinco euros.

Como estaba enfrascado en la lectura de otra novela (y cuándo no), no la leí inmediatamente. Pero en cuanto la cogí, no pude parar. Me pareció por momentos estar leyendo otra vez a Lobsang Rampa, que tanto significó para mí en la adolescencia. El libro nos cuenta de forma novelada la historia de un viaje vital, el de un arqueólogo que desde el comienzo de su profesión ha trabajado en enigmas tales como los manuscritos de Qunram, y para el que la figura de Jesús de Nazareth ha significado mucho, ya que no ha dejado de aparecérsele en toda su vida profesional. Si lógico es que lo hiciera en Israel, parece menos normal que lo haga en el Tíbet basándonos en la ortodoxia. Pero si nos basamos en los evangelios apócrifos y en otros escritos que apuntan que el Nazareno no murió en la cruz, la cosa no resulta tan extraña. De hecho, el malogrado investigador y escritor español Andreas Faber-Kaiser, ya apuntaba en esa dirección, como quedó patente en su libro “Jesús vivió y murió en Cachemira”.

“El evangelio del Tíbet” nos hace viajar, pero también nos hace pensar, desde el terreno de la ficción especulativa, y nos hace preguntarnos si todo lo que nos han contado es cierto, teniendo en cuenta que los cuatro Evangelios de la Biblia no son los únicos, y que fueron elevados a la categoría de canónicos arbitrariamente en el Concilio de Trento (1546), obviando por “impuros” a más de setenta evangelios apócrifos que cuentan otras cosas distintas de la versión oficial. Álvaro Bermejo nos hace participar en la idea de que Jesús viajó hasta la India y el Tíbet antes de comenzar su vida pública y aún después de ser crucificado, ya que de alguna manera se libró de morir. La novela, además, nos ofrece paisajes paradisiacos y hasta utópicos, como los míticos reinos de Shangri-la o Agartha y personajes entrañables llenos de matices.

Una obra, por tanto, altamente recomendable y avalada, como decía al principio, por ese premio y por una editorial como Algaida. Ya espero el momento de leer el próximo libro del autor.

Cuentos y relatos

1990 - La torre de Casandra Colección Max Aub de Narrativa Breve. Castellón

1991 - La torre de Casandra Editorial Baroja. San Sebastián

1998 - La soñadora Premio Gabriel Sijé. Caja de Ahorros del Mediterráneo. Alicante

Obras de teatro

1992 - E lucevan le stelle Laga Editorial. Bilbao

Libros de viajes

1993 - Azul, en colaboración con Alberto Schommer

Novelas

1986 - Las arenas y el templo Caja de Guipúzcoa, San Sebastián.

1989 - La Madonna de la Tempestad Ed. Arnao. Madrid.

1990 - El descenso de Orfeo Arnao. Madrid.

1995 - Benarés Edit. ‘Júcar’. Madrid.

1996 - El Juego de la Mandrágora Edit. Junta de Extremadura.

1998 - El Reino del Año Mil Edit. Algaida. Sevilla.

2001 - La Piedra Imán Edit. Algaida, Sevilla.

2008 - El Evangelio del Tíbet Edit.Algaida, Sevilla.

2009 - Contracorriente Editorial Nerea.

2010 - El Laberinto de la Atlántida Edit.Algaida, Sevilla.

Premios literarios

1981 - Premio Ateneo Guipuzcoano de Poesía

1982 - Premio de relato Luis Buñuel

1985 - Premio de relato Ciudad de San Sebastián

1987 - Premio de novela Ciudad de Irún

1988 - Premio de relato ‘Actual’ (Caracas)

1989 - Premio de novela Pío Baroja / Gobierno Vasco

1989 - Premio de relato Ciudad de San Sebastián

1991 - Premio International de relatos ‘Max Aub’

1991 - Premio de relato ‘Imagina Euskadi´

1993 - Premio de Teatro del Gobierno Vasco

1995 - Premio de novela Pío Baroja / Gobierno Vasco

1997 - Premio ‘Felipe Trigo’ de novela, concedido por la Junta de Extremadura

1997 - Premio de novela breve "Gabriel Sijé"

1998 - Premio de novela "Ciudad de Salamanca"

2001 - Premio "Ateneo de Sevilla"

2001 - Premio "Certamen Periodístico Internacional San Fermín" Pamplona

2007 - Premio de novela histórica “Ateneo de Sevilla”

2008 - Finalista Premio “Solos de Clarín”

2009 - Premio internacional de Novela Histórica Luis Berenguer"

2011 - Gourmand Coobook Award, en la categoría de Best Cookbook Corporate, concedido por Gourmand International , por su libro "La increíble historia de la gula".

2012 - Candidato al Premio Gourmand Best in the World 2011

viernes, 20 de enero de 2012

Libro de papel versus libro electrónico

Nos encontramos en un momento de transición, de cambio. De toda la vida, si uno quería un libro, acudía a una librería y se lo compraba. Seguimos haciéndolo, cómo no. Pero empezamos a convivir con el libro electrónico. ¿Por qué? Principalmente, porque la tecnología lo permite, aunque hay más factores.

A favor del libro en papel está lo de la tradición, ese amor que le tenemos los que nos hemos criado con él. El tocarlo, el olerlo, el ir pasando las páginas con parsimonia ante un buen café, al abrigo de una chimenea o sentado en un banco debajo de un árbol. Pero también hay factores en contra. Por poner el punto ecologista, si no se produjeran libros en papel, estaríamos ahorrándonos cortar tropecientos árboles. Son caros, no para el lector ocasional, pero sí para los que leemos varios al mes. Y otra cuestión es el espacio. Los que vivimos en casas pequeñas ya no sabemos dónde meter los libros, y eso que yo ya hice una gran donación a una biblioteca. Y si son caros, no es precisamente por culpa del autor, que es el que menos se lleva del pastel, un 10%, por lo general, para ser exactos.

El libro electrónico tiene muchas cosas a favor. No ocupa espacio. Gracias al avance de la tecnología en las pantallas, se lee igual al sol que a la sombra. Tocas dos botones de tu lector y en treinta segundos te descarga el título elegido. Para mí, que en mi bloque me llaman el tonto del libro, ya que siempre salgo de casa con uno bajo el brazo, tiene la ventaja del peso. El lector es menos voluminoso y no pesa nada. Además, puedo almacenar en él más de mil libros. Y lo principal, como usuario, es que el libro electrónico vale mucho más barato, con lo que me ahorro una pasta. Pero claro, también tiene sus inconvenientes. El principal es que se puede piratear, lo que no deja de ser un verdadero quebradero de cabeza para el autor que ve mermados sus derechos de autor. Una costa es cierta: con el libro electrónico sobran las librerías y perderemos el placer de entrar a estos establecimientos a husmear, porque de seguir así, solo quedarán abiertas las que se dediquen al coleccionismo. Pero puede que también sobren las editoriales y las distribuidoras. Valga un ejemplo, el caso del compañero Armando Rodera. Harto de que las editoriales y agencias le rechazaran sus novelas, decidió publicárselas en formato electrónico y colgarlas en Amazon al simbólico precio de un euro. Las cosas no le están yendo mal, lo que demuestra que sus historias no eran malas, al contrario, pues me consta que alguna editorial ya le ha preguntado por sus novelas. Otro ejemplo es el de Luis Maluenda, con millares de seguidores, que ha publicado su última novela solo en formato electrónico.

Decía al principio que estamos en un tiempo de transición. Insisto en que a los románticos les costará dar el paso. Pero los tiempos cambian. Al principio de los tiempos se escribía en piel y en papiro. Después pasamos al papel y a la pluma. Hasta que llegó Gutemberg con su imprenta y lo revolucionó todo. Pienso que el libro clásico nunca desaparecerá y que convivirá con los nuevos tiempos. Pero de que el libro electrónico se impondrá, no tengo ninguna duda. No olvidemos, que las nuevas generaciones nacen con la consola y el ordenador bajo el brazo y el lector de libros electrónicos les parecerá lo más normal del mundo. Y no olvidemos el potencial de Internet. Un autor local, con su libro de papel, tiene un mercado limitado. Sin embargo, al poder descargarse su libro desde un portal, automáticamente tiene acceso al mercado de todos los países de habla hispana, ventaja nada desdeñable, puesto que un escritor lo que quiere es que le lean. Además, en tiempos de crisis, el lector buscará lo más barato, que no tiene que ser necesariamente lo más perjudicial para el autor, ya que se ahorrarán los costes de los libreros, las distribuidoras y los de edición.

domingo, 15 de enero de 2012

La fiesta de Orfeo, de Javier Márquez Sánchez

A los que somos lectores empedernidos, nos falta tiempo para leer. Al contrario de lo que pueda parecerle a un observador externo, que nos suelen ver como bichos raros, como gente que lee mucho, nosotros tenemos la sensación de que leemos poco. Al menos a mí me pasa; siempre tengo tropecientos títulos rondando por mi cabeza, nuevos y antiguos, de escritores de reconocido prestigio y de escritores desconocidos. Y, por si fuera poco, siendo como soy adicto a las presentaciones de novelas, siempre surgen nuevos títulos de nuevos autores. Desde luego, si hablamos de presentaciones, una de las cosas que más me gustan es acudir a las de la libreríaEstudio en Escarlata y respirar el olor a libro que se desprende de los anaqueles de ese sótano. Yo mismo elegí ese peculiar escenario para presentar mi primera novela “El círculo alquímico”. No obstante, y como el tiempo es limitado, alguna presentación me pierdo, muy a mi pesar, porque me coincide con otra actividad. Fue el caso del jueves 12 de noviembre de 2009, día elegido para la presentación de “La fiesta de Orfeo” (Ed. Almuzara), de Javier Márquez Sánchez.

Como pertenezco a la lista de correo de la librería, recibí la noticia del evento. Lo recuerdo porque me llamó la atención el título. Creo que todavía no conocía al bueno de Javi Márquez. El caso es que algo me impidió ir y como consecuencia de ello, aparqué el deseo de leer el libro para más adelante. Las circunstancias han propiciado que posteriormente la relación con Javi se haya ido estrechando y que nos veamos habitualmente. Y un día, por motivos que no vienen al caso, coincidimos en la degustación de un cocido estupendo junto a otros amigos del gremio. Fue entonces cuando me regaló su novela. En cuanto terminé de leer un par de libros que tenía pendientes, me puse con ella. Hay novelas con las que disfrutas; otras que te dejan indiferente; y hay historias, como la que se marca Javi Márquez en “La fiesta de Orfeo”, que te enganchan y te conducen hacia el desenlace como si fueran una montaña rusa. Novelas, en definitiva que, estés haciendo lo que estés haciendo, te llaman para que en cualquier rato que tengas libre te vuelvas a meter en la historia con la avidez de un lector avaricioso tirando a enfermizo.

La novela comienza con una matanza en un pueblo perdido de la frontera escocesa y la asignación del caso al inspector Andrew Carlmichael de Scotland Yard que, junto a su ayudante Harry Logan, empezará a investigar la masacre. Carlmichael, un detective de corte holmesiano, pronto se da cuenta de que el caso se aleja de los cánones de lo habitual, ya que un rollo de película en blanco encontrada por un excursionista en una caverna, rodado en los años 20 y con un aura de leyenda maldita, parece ser el desencadenante de la aniquilación colectiva y responsable de posteriores asesinatos y suicidios desconcertantes. En el caso les ayudará un erudito, el profesor Aberline, personaje al que durante la lectura yo le ponía la cara de Sean Connery.

Esta es la trama principal. Empleando el método del narrador omnisciente, que permite situar otras escenas con personajes distintos, Javi nos muestra a un actor contratado para hacer una película de terror interesado en transmitir miedo a través de la pantalla. La sorpresa es que el actor es Peter Cushing, uno de los mejores Sherlock Holmes que ha dado la historia del cine, que es contratado por la mítica productora Hammer para protagonizar la película. En esta otra trama, hasta aparece fugazmente de personaje secundario el legendario Boris Karloff, así como un joven Christopher Lee.

Por otra parte, como contrapunto a los buenos, Javi nos da a conocer al antagonista como un servidor de Lucifer, que lidera un grupo que prepara el advenimiento del Maligno.

Las tramas avanzan cada una a su ritmo, al principio sin conexión aparente. En el camino, aparecen referencias a Lovecraft, Conan Doyle o Julio Verne. Y guiños a personajes de películas como Indiana Jones, o a novelas como “El nombre de la rosa”. Adornos que a mí particularmente siempre me gustan y que seguramente son homenajes del autor a personajes y obras que se encuentran entre sus favoritos.

Pero, como iba diciendo, las tramas se van aproximando hasta hacerse una y avanzar hasta el desenlace, excelentemente resuelto, a una velocidad vertiginosa. A estas alturas, ya habréis vislumbrado que la novela es altamente recomendable para los amantes de la intriga y el terror, imprescindible para los holmesianos empedernidos y totalmente aconsejable para los que nos gustan las tramas salpicadas de un tono esotérico y apocalíptico.

La novela la publicó Almuzara el 13 de octubre de 2009. Ya ha llovido. Pero todavía quedan ejemplares en las librerías. Y esta es una novela atemporal, sin fecha de caducidad. Una novela soberbia que es la primera de un escritor ya versado en ensayos y biografías relacionadas con la música y el cine. Un escritor que nos dará muchas más alegrías a los que ya somos lectores suyos. Sin ir más lejos, quedaros con un título que verá la luz en breve: “Letal como un solo de Charlie Parquer”. Una novela que, por lo que sé, va a romper en ventas.

Os dejo un par de enlaces, por si queréis saber más de don Javier Márquez Sánchez, escritor, periodista, buena gente..., y que, además, toca la guitarra. Qué más voy a decir yo de este tipo que no se sepa. Nada, solo despedirme: “Javi Márquez de mi vida, eres niño como yo, por eso te quiero tanto, que te doy mi corazón”. Suerte, valor y al toro, maestro.

http://lafiestadeorfeo.wordpress

http://javiermarquezsanchez.com/.com/


jueves, 12 de enero de 2012

viernes, 6 de enero de 2012

El enigma de los vencidos, de Armando Rodera


Hay escritores que no se conforman con serlo, sino que además suelen abandonar el teclado y la habitación en la que pasan tantos momentos de soledad y salen a la calle buscando a otros compañeros con los que compartir experiencias e inquietudes. Es mi caso y el de Armando Rodera, autor de “El enigma de los vencidos”. Así fue como nos conocimos hace ya tiempo. Fue en el Círculo de Bellas Artes, en una presentación de Lorenzo Silva. Nos presentó el compañero Pedro de Paz. En aquel entonces ni él ni yo habíamos publicado. Éramos escritores aspirantes a que un día alguna de nuestras obras viera la luz. Así, empezamos a vernos y a charlar en distintos eventos culturales en los que coincidíamos, casi siempre con una cerveza mediando entre los dos.


Un día, una de mis obras, “El círculo alquímico”, vio por fin la luz. En nuestras charlas, los temas eran recurrentes: editoriales, agentes..., etc. Armando, harto de rechazos, decidió iniciar una senda que ni él mismo sabe hasta dónde le va a llevar. Coincidiendo con la expansión del libro electrónico en Internet, decidió publicarse una novela y ponerla en Amazon. Yo tuve el privilegio de leer el manuscrito y quedé encantado. En pocos días “El color de la maldad” se aupó a los primeros puestos de las listas de libros electrónicos más vendidos.
Posteriormente, me dijo que si me gustaría leer “El enigma de los vencidos”. Naturalmente, le dije que sí. Si bien en el primer manuscrito me encontré con un thriller negro protagonizado por el inspector de policía Bermejo y el sargento Roncero de la Guardia Civil, personajes que tendrán continuidad en una nueva obra, como si lo viera, en el segundo me encontré con una novela de intriga que, por momentos, llega a parecerse a las mejores narraciones de Dickens, pero con ese matiz castizo de plantear un mapa con escenarios típicos de Madrid. La historia comienza con el retorno a la capital de España del protagonista, David Sanromán, que tuvo que huir de España siendo un niño por un suceso dramático acontecido sin que la voluntad de David mediara. No obstante, siendo de una familia humilde, se topa con el odio de una familia poderosa, de ahí su destierro.


Su vuelta a Madrid, ya hecho un hombre y tras quince años de estancia en Brasil, coincide con nuevos tiempos en España en el ámbito social y político. Decide rehacer su vida abriendo una tienda de antigüedades que ha recibido en herencia. Pero la sorpresa aguarda en el sótano, en donde se encuentra con un ingenio en forma de autómata que resulta ser un juego de mesa. Con la ayuda de su amigo Pedro y de dos adolescentes del barrio, se embarcará en un juego muy real que plantea unos enigmas que tendrán que ir resolviendo. La máquina dispone la ciudad de Madrid como un mapa que alberga puntos muy concretos en los que se irán resolviendo los misterios en un alarde de pericia por parte de los protagonistas.


El viaje nos va a llevar por el Retiro, la iglesia de San Ginés, Cascorro, el Museo del Prado, el Jardín botánico, la Plaza Mayor, la Cuesta de Moyano y la Plaza de Oriente. Juntos, los protagonistas irán desentrañando los enigmas hasta llegar al final, en el que se encontrarán en la tesitura de desvelar su descubrimiento o no. En juego está, nada más y nada menos, el restablecer la memoria de un hecho histórico demasiado importante. David descubrirá a lo largo de la historia que el pasado siempre vuelve. Y como buen protagonista que se precie, dispone de toda una gama de antagonistas que añadirán muchas dificultades en forma de amenazas en la resolución de la trama, que cuenta además con una historia de amor inolvidable.


Antes de terminar el manuscrito, Armando Rodera ya había puesto la novela en Amazon, y no le ha ido nada mal. Los lectores son exigentes y Armando es un buen escritor que sabe llevar al lector en volandas hacia los desenlaces de sus novelas. Seguramente a Armando van a llamarle de alguna editorial importante, visto el éxito de sus libros en Internet. Y ese será el momento de su definitiva consagración como escritor. Sus lectores, solo esperamos su próxima obra para seguir disfrutando de los escritos de un novelista que se lo está trabajando a pulso. Enhorabuena, escritor.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Presentación de "La senda trazada", de Pedro de Paz, en Madrid


Un día, en Malasaña, escenario de tantos acontecimientos felices en lo personal, abrieron un establecimiento peculiar; un espacio que aparece recurrentemente en mis sueños regentado por mí porque me ha tocado la lotería; una librería que a la vez es bar, que permite tomarte una cerveza o un café mientras ojeas libros o acudes a una presentación. Lo único malo, debido a la prohibición zapateril, es que hay que salir a fumar fuera, y eso en invierno te congela las ideas. El sitio se llama “Tipos infames” (hasta el nombre mola) y fue el lugar elegido por Algaida, o por Pedro de Paz, o por los dos, para presentar la última novela del escritor, “La senda trazada”, en Madrid.

La cosa no empezó en la librería el día de la presentación, sino en Facebook. Se anunció el evento en el Muro de Pedro y poco a poco se inició un hilo en el que varios anunciamos nuestra asistencia. La librería consta de dos plantas: la de arriba, que es librería y bar, y la de abajo, que es la sala de presentaciones. Ambas plantas están separadas por un suelo transparente. Fue la simpática María Zaragoza, tan buena gente como buena escritora, quien avisó a las féminas de que no llevaran falda, quebrando de un plumazo las ilusiones de los varones, que con disimulo suelen mirar hacia arriba para captar algún que otro “paisaje” con miradas furtivas. El asunto continuó en el Gambrinus de la calle Fuencarral, en donde el llamado Rack Pat madrileño, compuesto por Javier Márquez, Juan Carlos González, José Manuel Ribeiro, el propio Pedro de Paz y servidor, quedamos para tomar unas cañas. Y bien acompañados que estuvimos por Teo, Julia Martínez, Cecilia Márquez y Benito Garrido (fijo que se me olvida alguien). Con la hora pegada y las cañas pagadas nos presentamos en la librería, poblada ya a esas horas de abundante público. Y tras el último pitillo bajamos todos al sótano entre los flashes de las cámaras, que apuntaban al protagonista.

Se encargó de la presentación el polifacético Carlos Salem, con copa de vino en la mano, que nos habló de la Generación Torrezno en general (Biedma, Tristante, de Paz y el propio Salem) y de Pedro en particular. Ciertamente, estos chicos, que se conocieron ya hace algunos años, apenas tienen alguna semejanza en cuanto a su modo de escribir, cada uno tiene su estilo propio. Pero coinciden en una cosa: escribir es un oficio que no tiene por qué ser triste y sesudo; se puede ser escritor y ser simpático y pasarlo bien. En realidad, el movimiento surge como contraposición a la Generación Nocilla y otras agrupaciones de escritores que sostienen unas pautas tan homogéneas como absurdas, en la mayoría de los casos, y que manteniendo la independencia de los componentes, reivindican la Literatura de historias, trazando tramas y caracterizando personajes dentro de un escenario de intriga.

Carlos nos dio unas pinceladas sobre la historia y sobre el protagonista, un paparazzi que un día encuentra un extraño libro por casualidad y que, tras su estudio, descubre que se trata de un obituario. El detonante de la trama viene cuando descubre que el libro no solo contiene referencias a personas fallecidas, sino también a otras cuyas muertes aún no han ocurrido y que empiezan a producirse con puntualidad matemática una vez que el protagonista va desentrañando los misterios de las cuartetas al estilo Nostradamus que anuncian las muertes. Es entonces cuando tiene que decidir entre evitar los decesos o aprovecharse de ellos debido a su condición de fotógrafo freelance, trasladando al lector de forma magistral el dilema moral.
Posteriormente, Pedro nos comentó su propia novela, enmarcada en una trama de intriga, género en el que se mueve como pez en el agua. También nos habló del personaje, por el que en ningún momento toma partido. Tampoco le juzga, dejando esta labor al lector al que le es imposible no ponerse en su lugar y reflexionar, porque es una novela que, aparte de entretener, invita a la reflexión y lleva al lector a ponerse en la piel del protagonista preguntándose que qué hubiera hecho él en su lugar.

La novela tiene muchos matices que no voy a desvelar. Lo que sí puedo decir es que me alegró mucho que el año pasado ganara el Premio Luis Berenguer; y que me hice con un ejemplar en cuanto la novela aterrizó en las librerías, ya que soy fiel seguidor de la trayectoria literaria del autor que en su día me hizo el honor de presentar mi primera novela.
Pedro de Paz abrió su carrera literaria con premio protagonizado por una novela corta, “El hombre que mató a Durruti”, que fue traducida al inglés. Después nos obsequió con una obra tremendamente emotiva, “Muñecas tras el cristal”, para finalmente saltar a una editorial grande, Planeta, que publica la que quizá sea el comienzo de una saga, “El documento Saldaña”, que se asienta ya en la mesa de novedades de todas las librerías.

Con “La senda trazada”, se consolida la carrera de un autor que se lo ha ganado a pulso. Avalada por el prestigioso premio, Pedro ha presentado la novela por toda la geografía española, y lo que le queda. Sus lectores solo esperamos que no tarde mucho en regalarnos otra obra.

“Tipos infames” estuvo abarrotada. La mayoría tuvimos que estar de pie en un escenario que se quedó pequeño. Y lo más importante fue que Pedro se vio arropado por toda una colección de compañeros de Letras que quisimos estar allí para acompañarle. Junto a Carlos Salem, por allí se dejaron ver Laura Muñoz, Jorge Díaz, Armando Rodera, Javier Puebla, Vanessa Monfort, Javier Pérez, Matías Candeira, Javier Márquez, María Zaragoza, Alfonso Domingo, Marina Fernández Bielsa, Rebeca Tabales, Jorge Magano, Fernando Marías, Paco Balbuena, David Torres y la plana mayor de Culturamas. Seguro que se me olvida citar a alguien. Y aún hubo tiempo para que María Zaragoza y Javier Pérez nos dieran unas pinceladas de sus próximas obras aún sin publicar en presencia de Miguel Ángel Matellanes, el editor de Algaida, que también acompañó a Pedro.

Los más golfos prolongaron la velada en el Orio, un bar vasco situado a pocos metros de la librería, entre pinchos y cervezas. Y a mí, que siempre me lían, que no me gustan ni los pinchos ni las cervezas, me tocó estar allí para dar cumplida cuenta en esta crónica.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Nos aprietan, pero no reaccionamos.

Recuerdo cuando entré a currar en Bosch. Tenía un contrato temporal y era oficial de primera. Lógicamente, me daban unos armarios para cablear automatismos de cinco puertas. Trabajaba con gente que eran oficiales de tercera, gente mayor que yo y con menos responsabilidad, obviamente, por su categoría. Sin embargo, cobraban sesenta mil pelas más. Además, tenían transporte, economato, médicos privados y otras prestaciones de las que yo adolecía. Y yo me quemaba, claro, víctima como era de los nuevos contratos temporales vigentes por la gracia de Felipe González, por cierto, responsable también, de que a partir de entonces, el parado, que venía cobrando la mitad del tiempo trabajado, pasara a cobrar solo la tercera parte. Mis compañeros me decían que no me quemara, que lo que ellos tenían lo habían conseguido a base de huelgas salvajes, encerrados incluso en iglesias, adonde la gente iba a llevarles comida.

Mi padre curró cuarenta y cinco años en la misma empresa. Cuando murió, llevaba tiempo ya jubilado, pero recuerdo que al entierro fueron sus antiguos compañeros. Y es que cuarenta y cinco años con la misma gente, une mucho.

Hoy es impensable estar ni siquiera diez años en el mismo sitio. Qué digo diez, ni cinco. Ni se nos ocurre pensar en lo del economato, los médicos privados, las vacaciones subvencionadas, etc., etc. Nos han engañado con el euro: primero por el redondeo y segundo por la pérdida de poder adquisitivo. Los convenios colectivos, quienes tuvieran la suerte de tenerlos, evolucionaron a la baja para caminar hacia la congelación. Pues bien, hoy en día, nos bajan los sueldos e incluso nos despiden impunemente. Los mercados, esa forma abstracta de denominar a los millonarios, exigen una reforma laboral salvaje para abaratar despidos y pagar unos sueldos que son limosnas, además de una nueva ley de huelga para que los obreros no puedan hacer huelga. Sarkozy y Merkel ocupan portadas de periódicos y prime time de televisiones y radios anunciándonos el Apocalipsis.

¿Sabéis lo que os digo? Que si yo fuera uno de esos poderosos que destituyen gobiernos democráticos a su antojo, haría lo mismo, vista la poca capacidad de reacción social que caracteriza a la ciudadanía.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Mi banco del parque (50)

La luz de la luna ha desaparecido del mapa estelar. Los animales hacen notar su huida por la ausencia de sus cantos. No hay sombras ni espectros. Hasta la soledad ha faltado hoy a su cita conmigo. Enciendo un cigarrillo en el más absoluto de los silencios envuelto en una negrura fatigosa. Reflexiono acerca del poderoso influjo de la luna en las criaturas de la noche y en cómo su falta hace que todo parezca muerto. Me entran unas ganas incontenibles de huir, de echar a correr desertando de mí mismo, pero no sé elegir un camino de evasión. Permanezco sentado, sintiendo un miedo aterrador. A mi lado se ha sentado alguien. No es la soledad. Es alguien que permanece embozado de la cabeza a los pies que no ha tenido la deferencia amable del saludo. La tristeza, la melancolía y los demás sentimientos yermos que normalmente me acompañan se han mudado momentáneamente a algún lugar distante. La presencia me desconcierta y empiezo a experimentar un terror creciente que se convierte en pánico. Permanezco quieto y no me atrevo ni a fumar. El cigarrillo se consume lentamente entre mis dedos. El extraño se desenmascara y me muestra sus ojos penetrantes. Es una mujer que sin embargo ostenta mi rostro, una versión femenina de mí mismo con los ojos inyectados en sangre. Con un movimiento brusco e inesperado me echa su capa por encima y yo me debato entre la vida y la muerte, pero me aferro a unas ganas de vivir incomprensibles. Cuando por fin logro desembarazarme de la capa, observo la luna llena. La soledad está a mi lado, inmutable. El parque parece un cementerio sin tumbas, pleno de la lunar luz radiante. Las sombras y los espectros danzan mezclados con la hojarasca. Los grillos y las lechuza lanzas sus cánticos nocturnos como si les fuera la vida en ello. Todo está como siempre. Enciendo un cigarrillo y fumo tranquilo. El pánico es sustituido por la presteza de volver a sentirme vivo en mi hogar, en este banco mágico del parque.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Mi banco del parque (49)

La angustia preside mi estado de ánimo esta noche. No hay un motivo aparente y conociéndome como me conozco no tiene por qué haberlo. Son muchos años metido en este cuerpo sin encontrar sentido a nada, aguantando mis rarezas. Me siento en mi banco del parque y enciendo un cigarrillo que con su brasa ilumina mi rostro cansado. El silencio es tal que al aspirar el humo escucho el chisporroteo que produce la combustión de las hebras del tabaco y el papel. La luna menguó tanto que parece no existir. La soledad, acomodada como cada noche a mi izquierda, me lanza señales imperceptibles. Pero esta noche no la entiendo, ni me entiendo a mí mismo, como cada noche. Busco el silencio y me encuentro con las reflexiones baldías de un tío triste hasta lo enfermizo. Ese soy yo, el que desnuda su alma cada noche en este banco para sentir el frío gélido nocturno en mi alma. El que despedaza sus sentimientos en el lugar más inhóspito que sin embargo es su hogar, si es que el hogar es donde uno se siente más a gusto. Me duele el alma, y para eso no hay remedio en las consultas de la Seguridad Social. La oscuridad es taladrada por la luz mortecina de las pocas farolas que no se han fundido. Mi cordura vierte unas gotas más de su sustancia sobre la madera reseca del banco. Me descalzo en un acto infructuoso porque sentir la tierra bajo mis pies agudiza un tanto mis sentidos. Pero no siento nada. Esta noche ni siquiera interpreto a la soledad, que me mira sorprendida. Quizá mi demencia haya avanzado un estadio y he dejado de ser un buen compañero para ella. En cualquier caso, nada puedo hacer. En cualquier caso mi existencia es terrible. El parque se me vuelve a antojar como un cementerio ausente de lápidas. Imagino una de mármol blanco, la mía, con un hermoso epitafio carente de palabras.

martes, 8 de noviembre de 2011

Mi banco del parque (48)

La luna llena continúa alzada en un cielo con pocas estrellas. Mi mente plomiza imagina que estoy en algún lugar lejano e inocuo. Pero mi cuerpo permanece aquí, en mi banco del parque, acompañado por la gratificante presencia de la soledad. Enciendo un cigarrillo y cuando levanto la cabeza para empezar a generar pensamientos inútiles ocurre algo insólito. Una mujer camina hacia mi banco a unos cien metros. Me digo que no puede ser, que un suceso tan inaudito no puede estar ocurriendo, hasta que ella está demasiado cerca como para que yo reaccione y se sienta ocupando el sitio que segundos antes ocupaba la soledad. No dice nada. Solo abre su bolso y extrae un cigarrillo que enciende con un mechero plateado. Creo que no es consciente de que acaba de profanar un santuario. O a lo mejor el que delira soy yo cuando pienso ya desde hace tiempo que este parque y este banco son míos y no un lugar público. La presencia de la mujer cambia todo el paisaje. De repente estoy en un parque que ya no parece un cementerio, sin sombras ni espectros. El gris ha desaparecido por completo y vislumbro los distintos colores del escenario. Apago mi cigarrillo, nervioso y desconcertado. La mujer me mira y exhala el humo del suyo en mi rostro. Su faz es perfecta, sobre todo cuando esgrime una sonrisa enigmática que me hace pensar que esa presencia no es humana. Cuando una frase empieza a rondar mi caduco cerebro sé certeramente ante quién me encuentro. Y no me sorprendo en absoluto del poder que muestra mi compañera habitual de banco. Asiento en silencio, me levanto tocando el ala de mi sombrero y tomo la vereda que lleva tanto a mi casa como a ninguna parte. La frase reverbera en mi cabeza como una letanía surgida de una tumba: “Te dije que hay entes capaces de tomar la apariencia humana, aunque no son personas”.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Mi banco del parque (47)

Al salir de mi casa me ha ocurrido algo insólito: se me había olvidado el camino del parque. El que ello ocurriera era harto improbable, ya que cada noche me dirijo a ese parque en una cita ineludible. Fui presa de un ataque de ansiedad cuya sensación desconocía. Volví una y otra vez al portal para volver a iniciar el camino, pero el resultado era el mismo en todas las ocasiones. Había perdido la memoria. Extraño este mundo y extraña mi percepción, ya que yo seguía siendo el mismo, recordaba todo excepto el camino hacia mi banco del parque. Finalmente, me vi vagando por las calles con un estado de nervios agudo. En cada banco buscaba a la soledad inútilmente. Incluso pregunté a varias personas que me tacharon de loco, por la forma de preguntar y también porque no sabía dar un nombre o una referencia. Acabé agotado y entré en un bar que estaba cerrando. Pedí una copa de whisky. Me caí de la silla al observar que quien me la sirvió tenía el rostro de la soledad con un matiz de desconcierto. Empecé a temblar descontroladamente. Poco a poco me fui calmando y al abrir los ojos y escuchar el ulular de la lechuza comprendí dónde me encontraba. Encendí un cigarrillo y la soledad me susurró al oído un lamento que me sonó a quejido. En mi mente se fueron formando las frases inconexas de lo que me quería decir. Me dijo que danzar con las sombras no me hacía bien. Y que tampoco me beneficiaba albergar tanta pena y tanta melancolía. Apagué el cigarrillo por la mitad y contemplé la luna llena. Me dieron ganas de aullar como una alimaña. En lugar de eso me levanté y empecé a caminar. Cuál no sería mi sorpresa después de media hora cuando caí en la cuenta de que había olvidado el camino hacia mi casa.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Mi banco del parque (46)

Esta noche me rodean los fantasmas de tiempos pasados. Los he invocado con mis pensamientos estériles y ahora que los tengo delante no sé que hacer excepto presentarles a las sombras y a los espectros. La soledad ha declinado mi invitación. No obstante fue ella quien me inculcó el no querer conocer a nadie más. Enciendo un cigarrillo mientras contemplo la espectral procesión de mis fantasmas en retirada. Son demasiado etéreos y vanidosos como para danzar con las sombras. Vuelve a haber luna llena y las criaturas de la noche están en su apogeo. Los grillos no paran de emitir su monótono sonido y las lechuzas ululan desde cada copa de árbol que ocupan. Contrariamente a mí, a la soledad no le gusta la luna llena. El parque está lleno de vida y ella prefiere la compañía de la muerte. Yo también, pero soy lo suficientemente contradictorio como para sentirme bien en diversas circunstancias, aunque lo de sentirse bien sea un eufemismo. Contemplo la luz blanca que se derrama como una cascada sobre el césped. Intento incorporarme pero no puedo. Esta noche me pesa la vida más que nunca. La melancolía lucha por salir a través de mi pecho pero el opaco barniz de condena que rodea mi espíritu se lo impide. Me siento mal sentado sin poder moverme. Apago el cigarrillo en mi pecho y la nostalgia se escapa como un torrente. Me siento liberado. Observo el rostro de circunstancias de la soledad a lo lejos. Vuelvo a bailar con las sombras su danza macabra de cementerio.

domingo, 23 de octubre de 2011

Fin de semana mágico en Barcelona


Llegué a Barcelona en AVE a las 17.30 horas. Mi amiga, la escritora y periodista Cristina Fallarás, me esperaba en el hotel. Tras los saludos de rigor me llevó a tomar una caña al hotel Rívoli y me presentó al camarero, un hombre de color con voz de Louis Armstrong con un pasado relacionado con los mejores cócteles que se sirvieron en el Ritz.

Atravesando las Ramblas, llegamos a El Corte Inglés de Portal de l’Angel. Había en la puerta un cartel en grande anunciando la presentación de “El círculo alquímico”, del escritor Paco Gómez Escribano, o sea, del que escribe estas mismas líneas. Me fotografié junto a él para llevarme el recuerdo. Ya en la sexta planta, nos dirigimos hacia el salón de actos de Ámbito Cultural, en donde había un cartel idéntico al anterior. Tras saludar a mi hermano y a algunos amigos conocidos a través de Facebook me subí al estrado. Abrió el acto Nuria Asprerilla, en representación de la agencia Mediática, que es quien organizó el acto. Y bien preparado que lo llevaba, ya que quedé gratamente sorprendido de cómo sabía los datos de mi biografía.

Tomó la palabra después Cristina Fallarás, que desmenuzó mi novela y la puso por las nubes, insistiendo en la amenidad de la trama y en la caracterización de los personajes. A esas alturas yo ya estaba inflado como un pavo y pensaba que después de la intervención de estas dos estupendas mujeres, no tenía mucho yo que decir. Me equivocaba. Porque Cristina, además de periodista, escritora y muchas cosas más, es una estupenda comunicadora.

Consiguió interesar al público tanto, que entre sus preguntas se intercalaron otras expresadas por la gente que allí se había reunido, haciendo que el acto fuera ameno. Al término del mismo, volvimos al Rívoli. Ella, el escritor Pedro de Paz, que se había pasado porque circunstancialmente él presentaba su novela al día siguiente en “Negra y criminal”, mi hermano y mi cuñada, y todos los amigos que decidieron acompañarnos.

Posteriormente, un grupo ya más reducido, cenamos en la Taberneta. Una velada que, aparte de charla literaria, no estuvo exenta de buenas viandas y un magnífico vino del Penedés. Más tarde hubo copas por las Ramblas.

A la mañana siguiente me levanté aún con el buen gusto del recuerdo entrañable de la presentación. Desayuné, pagué la cuenta del hotel, y me dirigí en taxi a la calle de la Sal, que acoge el domicilio de la emblemática librería “Negra y criminal”. Los libreros me trataron bien. Me regalaron la típica camiseta negra de la librería y me hicieron la sesión de fotos. Me encontré con Alejandra Guerra, ávida lectora, y con Pedro de Paz. Nos tomamos una caña en la terraza del mercado. Ella se fue luego a dar una vuelta y Pedro y yo nos dirigimos a la librería. La imagen que nos encontramos al llegar nos sobrecogió un tanto, ya que una gaviota picoteaba el cuerpo mutilado de una paloma en la misma puerta de la librería. Inevitable pensar en “Los pájaros”, de Alfred Hitchcock en un marco tan criminal.

Poco a poco la librería se fue llenando de lectores y escritores, como la propia Cristina Fallarás, el mismísimo Andreu Martín, y Empar Fernández, que fue la que ejerció de madrina en la presentación de “La senda trazada”, de Pedro. La librería estaba llena y Pedro firmó de lo lindo. Al término del acto se sirvieron los típicos mejillones al vapor y el vino. Me despedí de Paco Camarasa y de Montse no sin antes encargar la nueva de Petros Markaris, que pasará a firmar esta semana. Me encanta este autor que en el trasfondo de su nueva obra sitúa la crisis griega como escenario de las andanzas del teniente Kostas Jaritos.

Estuvimos comiendo en un restaurante en que nos sirvieron unas tapas estupendas. Mención especial para las alcachofas con foie y el vino blanco espumoso. Hasta la hora de irnos a la estación, nos sentamos en una terraza en compañía de unos chupitos de hierbas para dar paso, finalmente a las despedidas. Pedro y yo volvimos en el mismo AVE e hicimos más de una incursión en la cafetería.

La experiencia ha sido de lo más enriquecedora, en una ciudad que tiene magia y que espero volver a visitar muy pronto.

domingo, 16 de octubre de 2011

“La senda trazada” en Getafe Negro


“La senda trazada”, de Pedro de Paz, como si su título fuera un preludio de los kilómetros que le esperan al escritor por toda España, hizo ayer parada en Getafe Negro, después de pasar por Málaga, Bilbao y Santiago de Compostela. Mi despiste crónico a veces me juega malas pasadas y como si no supiera de otros años el emplazamiento de este festival que nos alegra el otoño, acabé en Pozuelo de Alarcón para terminar dando la vuelta e incorporarme a la carretera de Toledo, como debía haber hecho desde el principio. Una vez que aparqué me encontré con Pedro de Paz y con una de las simpáticas chicas de la organización (mi despiste hace que sea muy malo para los nombres) y tomamos café en la calle peatonal que conduce al recinto. Antes de la presentación nos encontramos con Juan Carlos González, ávido lector, y con el también escritor y amigo Javier Márquez, y para celebrarlo nos tomamos unas cañas.

Ya en los alrededores de la carpa, Pedro estuvo departiendo con José Manuel González, autor del libro de relatos “Piel de plátano”, que compartía presentación con él. Llegada la hora nos subimos a la mesa, dispuestos a dar a conocer “La senda trazada” al público de Getafe. Primero hablaron José Manuel y su editor. Después me cupo el honor de hacer una semblanza alrededor de la figura de Pedro de Paz como escritor, para terminar hablando de su novela, que como ya comenté aquí me encantó. Seguramente los críticos profesionales dirán de esta novela galardonada con el Premio Luis Berenguer, patrocinado por Algaida, que es la mejor, que Pedro ha alcanzado su madurez como narrador, y un montón más de tópicos al uso. A mí, sin embargo, me cuesta decir que es la mejor de las cuatro novelas con las que hasta ahora nos ha obsequiado el madrileño, ya que las tres anteriores son también soberbias. En cuanto la madurez narrativa, bajo mi punto de vista, Pedro de Paz es un escritor un tanto insólito, ya que no es muy habitual que un escritor novel la alcance ya en su primera novela, “El hombre que mató a Durruti”, galardonada con el Premio José Saramago. Una madurez que continúa presente en “Muñecas tras el cristal” y en “El documento Saldaña”.

Lo que no me cabe la menor duda, en función de las buenas críticas cosechadas y viendo cómo está funcionando la novela, es que “La senda trazada”, quizá vaya a ser el libro que más se venda y el que va a consolidar al autor dentro del panorama literario español, y ojalá que también lo haga fuera de nuestras fronteras.

Pedro habló para sus lectores presentes en el acto de su trayectoria y de su última novela, que era lo que esperaban los allí reunidos. Y se definió como un escritor de novelas de intriga que adopta en más de una ocasión los cánones de géneros como el policíaco, tan afín a él como lector.

La charla terminó con la firma de ejemplares por parte del autor. Después, ambos marchamos hasta una terraza cercana, junto a Javier Márquez, Juan Carlos González y la incorporación del buen amigo José Manuel Ribeiro. Una de las cosas más agradables de estos actos son las tertulias posteriores.

Pedro de Paz volverá a Getafe en la mañana del próximo miércoles 19 de octubre, en donde intervendrá en una mesa redonda titulada “Actualidad y claves de la Novela Negra”junto a Willy Uribe, María Zaragoza y José Ramón Fernández, con Carlos Salem como moderador. La reunión tendrá lugar en el aula audiovisual Buero Vallejo, de la Universidad Carlos III. Por la tarde firmará ejemplares de “La senda trazada” en la caseta de El Corte Inglés, situada en los alrededores de la carpa del encuentro.

El autor cerrará la semana presentando su última creación en la emblemática librería de Barcelona “Negra y criminal”, a las doce de la mañana, en donde le acompañaré en esos ya típicos mejillones de los sábados, ya que se da la coincidencia de que el día anterior yo presento mi novela “El círculo alquímico” en El Corte Inglés de l’Angel. A partir de ahí, la novela de Pedro continuará por la geografía española recorriendo su propia senda trazada.