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Al otro lado

Al otro lado
"Al otro lado", de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-15352-66-2.
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Presentaciones:

Sábado, 27 de abril a las 12 h. en la Feria del libro de Granada, en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA Puerta Real. Me acompañará en la presentación el compañero de Granada Jesús Lens. Y a las 13 horas firma de ejemplares en la Caseta de Firmas.

Sábado, 20 de abril, de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h. en la Feria del Libro de Fuente el saz de Jarama.

Sábado, 26 de enero a las 20 h. en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan. Me acompañará en la presentación el compañero de Ciudad Real José Ramón Gómez Cabezas, autor de "Réquiem por la bailarina de una caja de música", de la Editorial Ledoria.

Martes, 23 de octubre a las 19.30 h. en la librería Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno 46, Madrid). Si no puedes acudir y queréis un ejemplar firmado, ponte en contacto con ellos y pídeselo (91 543 0534). Te lo enviarán por correo.

Miércoles, 24 de octubre a las 18 h. en Getafe Negro (Carpa de la Feria del Libro). A las 20 h. participaré en una mesa redonda con otros compañeros de la Editorial Ledoria titulada "En los arrabales de la Novela Negra.

lunes, 25 de julio de 2011

La Semana Negra continúa

Anteayer me levanté temprano. Me gusta madrugar, a pesar de las noches se prolongan en la terraza del Don Manuel hasta la madrugada. Busqué un kiosko para comprar el ABC Cultural y me encontré con Fernando Marías que vagaba por las húmedas calles de este Gijón supongo que con las mismas intenciones que yo, es decir, desayunar. Nos saludamos y me comentó que estaba preparando la logística para el concurso de tortillas de patata.

Luego me tomé un café leyendo el suplemento de cultura, pasé por la habitación para hacer la entrada anterior en el blog y me fui a la terraza del Don Manuel con el “A quemarropa” bajo el brazo que, para quien no lo sepa, es el diario oficial de la Semana Negra. Allí mismo, Marías me citó para el día siguiente en la terraza a las once.

Más tarde pasé por la plaza del Ayuntamiento y encontré una barra en un restaurante típico. Me comí unos mejillones a la marinera con un par de Albariños antes de echarme la siesta. Luego me levanté y cogí el 4, que es el autobús que te lleva al recinto de la Semana Negra. Pasé la tarde asistiendo a diversas presentaciones de novelas, entre ellas el libro de relatos de Steve Redwood. Me hice con él.

La cena fue en la Iglesiona, uno de los mejores restaurantes que he visto en mi vida. Cené unos guisantes con jamón ibérico y huevos fritos con patatas y jamón ibérico. Ni os cuento cómo estaba aquello. Finalmente, las copas las tomamos en la terraza del Don Manuel y acabé charlando de cosas de escritores con los compañeros Antonio Calzado y Diego Ameixeiras. Más tarde se nos unió Chema Huerga.

A la mañana siguiente desayuné y, tras hacerme con mi “A quemarropa”, me dirigí al Don Manuel. Desde allí, comandados por Fernando Marías, nos dirigimos a casa de Cristina Macía, lugar en que se desarrollaría el concurso de tortillas de patata. Ni os cuento el cachondeo durante los prolegómenos y mientras se desarrollaba el concurso. Empezó Fernando, que albergaba desde el Tren Negro una seguridad en sí mismo pasmosa. La siguiente fue María Zaragoza, lenta en la ejecución pero con buen hacer. Y yo fui el último. Llegué a albergar esperanzas de ganar pues, modestia aparte, me salió una buena tortilla.

Al término del evento culinario, los tres concursantes nos dirigimos al Don Manuel, en donde pudimos comprobar la expectación generada por el concurso. Al cabo de un rato, llegaron las tortillas debidamente numeradas. Cristina Macía explicó a los doce miembros del jurado, todos ellos del mundo de la cultura, el método de votación. Y presididos por Javier Márquez, empezó la degustación y las deliberaciones. Sí, ganó Fernando Marías que, como un niño con zapatos nuevos pronunció el discurso del ganador. Allí no quedó nada. Ni siquiera pude hacerme con un pincho, así que me tuve que conformar con tomarme la copa de Albariño a palo seco.

Posteriormente, los concursantes y un nutrido grupo de gentes de las Letras nos fuimos a comer a la Iglesiona. Esta vez tomé unas fabes y cabrito asado. De postre, un chupito de hierbas, porque no fui capaz de tragarme un postre. Qué rico todo, de verdad.

Por la tarde volví a trasladarme al recinto y presencié algunas presentaciones, entre ellas la de María Zaragoza y la de Diego Ameixeiras. Después, más de veinte personas nos trasladamos a cenar siguiendo a Paco Ignacio Taibo II, el director de la cosa. Nos llevaron a un garito de kebaps, en el propio recinto. Estaban buenos, solo que no servían alcohol. Menos mal que Antonio Calzado y un servidor andamos listos y compramos cervezas en el garito de enfrente que repartimos generosamente entre varios colegas que tampoco estaban dispuestos a cenar con té.

Más tarde los gyn tonics en el Don Manuel. Hablamos y hasta cantamos rancheras. La velada se prolongó hasta que cada uno quisimos retirarnos.

Esta mañana ha amanecido nublado. He vuelto a ver a Fernando Marías. Se ve que nos parecemos en cuanto a que a ambos nos gusta deambular temprano por estas callejuelas peatonales del viejo Gijón. Él buscaba el “A quemarropa” de hoy, pero tan temprano era que no había salido. Quería ver si mencionaban lo del concurso de tortillas y yo también. Luego he subido a la habitación y, tras asearme, me he ido a la terraza del Don Manuel. He cogido mi “A quemarropa” y ahí estábamos retratados, Fernando, María y yo, mostrando a la Semana Negra y al mundo nuestras tortillas con excelente crónica de Miguel Barrero.

He estado toda la mañana allí sentado, charlando y corrigiendo una novela que tengo entre manos. Y observando el ir y venir de escritores, gente de la prensa y gente de la organización. Muchas maletas esta mañana ya que hay gente que ya se va y otros que han llegado hoy. Entre ellos el maestro Juan Madrid que, con su inconfundible voz, me ha saludado y hemos estado charlando un rato.

Ahora me voy a bajar. Hoy me apetece una de pulpo a la gallega y acompañarlo con una copa de Albariño que espero que actúe como óptimo somnífero para la siesta posterior, ya que los días son largos y hay que descansar. Hasta más ver...

sábado, 23 de julio de 2011

Semana Negra de Gijón. Día 1.

La Semana Negra de Gijón, como cada año, empezó en la Casa América de Madrid. Treinta escritores expusieron uno tras otro lo que para ellos era este festival, moderados por el director de la cosa, el inigualable Paco Ignacio Taibo II. Interesantes los puntos de vista de estos escritores de diversas nacionalidades. E increíble cómo pueden cobrar 6 euros por una cerveza en la terraza, menos mal que luego nos dieron vales, ejem...

La velada se prolongó después en la ínclita terraza. Básicamente, charlé con Pedro de Paz, con Armando Rodera (autor del interesante proyecto novelístico “El color de la maldad”, editado en Internet) y Arantza y con Paco Balbuena. Más tarde y, a pesar de los propósitos de irme pronto a casa por el tema del madrugón, acabé cenando en la calle Alcalá con Pedro de Paz, Carlos Salem y Marta Ávila, Kike Ferrari y Marcelo Luján. Interesantes y jugosas las conversaciones. Juiciosa la decisión de optar por una retirada a tiempo.

Al día siguiente, me planté con la maleta en la puerta del Hotel Chamartín y encendí un cigarrillo. Inmediatamente salió a la calle Paco Ignacio Taibo II, preocupado en las labores propias de un fumador que no puede fumar en espacios cerrados. Dejé las maletas en recepción y me acerqué a la estación a echar un cafelito. Allí me encontré a Javier Márquez acompañado de María Zaragoza y Carmen Moreno. Una vez terminados los cafés, nos dirigimos al vestíbulo del hotel, atiborrado ya a esas horas de escritores. Y Paco Ignacio, después de una breve arenga de bienvenida, condujo a toda la banda hacia la estación. Antes, tuve el placer de saludar a Cristina Macía, a la que solo conocía virtualmente.

El TALGO arrancó a las 8.10 h. Paco declaró territorio liberado el primer vagón. No se lo digáis a nadie, pero qué placer volver a fumar en un tren. Las más de cinco horas que quedaban por delante se pasaron en un santiamén, ya que en el tren negro se establecen conversaciones interminables con otros compañeros que ya conoces y lógicamente haces nuevas amistades. A lo largo del trayecto hubo dos ruedas de prensa y varias mesas redondas. A las dos llegamos a Mieres. Como curiosidad, he de decir que la organización nos repartió las acreditaciones e hizo que todos nos sintiéramos iguales. Me refiero a que en ese tren viajan tanto escritores consagrados, como escritores con una sola novela publicada por una editorial modesta, como es mi caso. Y es agradable comprobar que gente como Carmen Posadas o Fernando Marías (quien, por cierto, me retó a competir por ver quién hace la mejor tortilla de patatas, propuesta que generó un concurso que se celebrará mañana), estaban por allí charlando con todos nosotros.

Ya en el andén de Mieres, nos recibió el alcalde y dos gaiteros, uno de ellos rasta. Y al son de las gaitas, como si ellos fueran los flautistas y nosotros las ratas de Hamelín, terminamos en el patio de un instituto en donde nos dieron de comer. Después de consolar nuestros estómagos y de probar los bollus preñaus con sidra, tomamos unos cafés en un garito de al lado y unos chupitos, y vuelta al tren. A las cinco y algo llegábamos a Gijón y nos fuimos a los hoteles, en teoría a dormir un rato. Pero al entrar en Facebook, comprobé que todos los del tren estaban por ese espacio virtual sin el que ya no sabemos vivir, colgando fotos y dando sus impresiones.

A las 20.30 horas el primer teniente de alcalde nos recibió en el Ayuntamiento. Primero habló Paco Ignacio Taibo II. Cosechó un aplauso que se prolongó durante minutos y digo bien. Los que allí estábamos, quisimos así agradecerle que este año se volviera a celebrar el festival a pesar de los incomprensibles impedimentos, a pesar de que la Universidad se haya gastado un pastón en vallar el perímetro de su recinto no fuera a ser que asaltáramos sus instalaciones. A pesar de que, como dijo alguien en la Casa América, mucha gente en el mundo sepa de la existencia de una ciudad como Gijón (que tiene otras muchas cosas, sin duda) por la celebración de la Semana Negra.

Después, la organización nos llevó en dos autocares hasta el recinto. Rápidamente, alguien me colocó un sombrero negro. Después, Elena (de Anika entre libros y a quien debo el placer de estar aquí –junto a la librera Patricia- como invitado) me propuso ir a conocer a Patricia Rubiera, librera de “35 Baker Street”. Tanto Elena como Patricia son un encanto, y allí estuvimos junto a las amigas de Elena charlando de libros casi una hora. Más tarde nos fuimos a cenar a uno de los múltiples chiringuitos que pueblan la feria. Y después, al cabo de media hora me despedí y me retiré. Estaba reventado de estar todo el santo día sin parar desde tempranas horas. No obstante, de la mano de la soledad, me di una vuelta tranquilamente observando los puestos y las casetas de libros. Me crucé con Paco Camarasa, el librero negrocriminal, a quien ya había saludado anteriormente.

La cosa terminó metiéndome en un taxi, no estaba yo ya para ponerme a buscar autobuses. Ya en el casco urbano, con un ambiente que me sorprendió, me tomé una cerveza charlando con la soledad, y ella y yo nos fuimos al hotel a dormir tras unos breves momentos de observar al personal. Día intenso, pero agotador.

jueves, 21 de julio de 2011

Entrevista en COPE

Os dejo enlace para si queréis escuchar la entrevista que me ha hecho Neo Coslado en la cadena COPE en su programa de Literatura:

martes, 19 de julio de 2011

“El color de la maldad”, de Armando Rodera

Conocí a Armando Rodera en el Círculo de Bellas Artes, en la presentación de “Sereno en el peligro”, de Lorenzo Silva. Me lo presentó un amigo común, Pedro de Paz. En las postrimerías del acto recuerdo que charlé con él y con su chica, Arantza. Conversé con más gente, pero esta pareja me cayó muy simpática. Entonces los dos éramos aspirantes a escritores, inéditos todavía. Pero ambos sabíamos ya lo que era escribir una novela y conocíamos la lucha que hay que tener con editoriales y agentes. Desde entonces, he coincidido con Armando y Arantza en multitud de actos culturales. Ambos son simpáticos, amables, buenos conversadores y ya, buenos amigos míos.

Yo no había leído nada de Armando, salvo las interesantes entradas en su blog. Con el tiempo a mí me publicaron, no la novela que tenía en ciernes, ya que ese proyecto no fructificó, sino mi segunda novela escrita, lo que son las cosas. Armando y Arantza acudieron a mi presentación. Y entre acto y acto cultural, en esos encuentros casuales, seguimos charlando de las vicisitudes de cada uno. Yo notaba que él empezaba a cansarse de cartas de rechazo, tanto de editoriales como de agencias. Y fui viviendo casi paso a paso su proceso interno, ese que hace que un escritor al final se hastíe y decida sacar su obra a la luz por su cuenta. Hoy en día, Internet nos ofrece esa vía.

Un día me escribió un correo y me dijo que si no me importaba leer un manuscrito suyo porque quería saber mi opinión como escritor que ya había publicado. Y yo que estoy todo el día leyendo, cómo me iba a importar leer otra novela, y más siendo la de un amigo. No voy a negar que sentí un poco de miedo porque podría darse el caso de que la novela no me gustara y tendría que decírselo, más que nada porque no tiene sentido engañar a un escritor amigo. No obstante, tenía muchas ganas de leer algo de él, con quien tantas cosas tengo en común. Solo tenía la referencia de Arantza, pero al fin y al cabo ella es su chica y, generalmente, las referencias de amigos y familiares no son las mejores porque suelen ser referencias poco objetivas. El caso es que me envió la novela por correo electrónico y la imprimí y la encuaderné, me gusta más el papel (qué le vamos a hacer). Y ya en las primeras páginas tuve la sensación de que tenía entre manos una novela excepcional que me enganchó desde las primeras páginas.

“El color de la maldad” es una novela negra en cuanto a que hay crímenes y hay una investigación. Pero se asemeja al trhiller americano moderno, adaptado eso sí a España. Armando se inventa un psicópata que comete crímenes basándose en la mitología griega y en el zodíaco. No me quiero ni imaginar todo lo que este hombre ha tenido que trabajar en aspectos de documentación, pues cuando describe esos crímenes parece un experto. Por otra parte, apuesto lo que sea a que también ha tenido que estudiarse las características y la patología de una mente enferma como la del asesino, pues consigue adentrase en su mente como pocos escritores.

La trama está perfectamente dibujada, así como las subtramas que, lejos de alejar al lector de la trama principal, enriquecen la novela y aportan datos para comprender toda la historia. Armando construye a los dos personajes principales, los investigadores, de manera original, y hace algo que pocos han hecho, excepto Lorenzo Silva y escasos escritores más: elegir como investigadores a dos componentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Uno es el inspector Bermejo, de la Policía Nacional, y el otro es el sargento Pablo Roncero, un joven licenciado en Psicología perteneciente a la UCO, de la Guardia Civil. El primero cascarrabias y un poco pasado de vueltas por la edad y el segundo un joven al que todavía no le ha dado tiempo a quemarse por el oficio. Ni que decir tiene que los contrastes de la pareja es otro de los alicientes de la novela y un ejemplo de cómo personas que aparentemente no tienen nada que ver, acaban empatizando y llevando a buen puerto un objetivo, en este caso la resolución de los crímenes. Ambos se enfrentan juntos a la inteligencia del asesino y desde cada una de sus personalidades aportan datos para ir cercando al criminal. Hay otros dos personajes principales: la periodista Miriam Montfort y Jasón, el asesino. Jasón nos enseña la forma de pensar de un psicópata que se convierte en criminal y Miriam se ve involucrada en la historia desde el principio.

La novela es amena y nos cuenta una historia, sin descuidar el estilo. Y tiene los tres pilares básicos que debe tener una buena historia: planteamiento, nudo y desenlace, resueltos estupendamente por el autor.

Armando Rodera, quizá harto de lo que le decían editoriales y agencias, que no siempre aciertan con lo que publican y con lo que no publican, decidió poner la novela en Internet y, de momento, no le va nada mal. Se puede descargar en su web al módico precio de 2,99 euros, ya que no hay intermediarios. Y también la ha puesto en Amazon y en otros portales.

Si la novela es buena, como es el caso, y el precio es tan bajo, no os va a quedar más remedio que descargarla, ya que si no lo hacéis, os vais a perder una buena historia.

lunes, 18 de julio de 2011

Felices lecturas

El mundo de la Literatura es tan complejo y está tan lleno de factores que escapan a la voluntad del escritor, que cada vez me atrevo menos a escribir un artículo sobre ello. Los palos que suelo recibir por expresar mi opinión, no ayudan precisamente a sentarme frente al teclado y dar rienda suelta a mis ideas. Por lo que veo en la blogosfera o en Facebook, no soy el único que recibe esos palos, aunque, en general, los que escribimos lo que pensamos no solemos arredrarnos y continuamos dando palos de ciego. Qué le vamos a hacer, a otros les apasiona la Fórmula 1.

Como lector he leído de todo, desde tebeos hasta ensayos de Astronomía, pasando por triviales novelas del Oeste y por sesudos ensayos de filosofía. Cierto es que cuando decidí escribir, opté por hacer una novela de entretenimiento, para todos los públicos. No van a darme el Cervantes por “El círculo alquímico”; ni siquiera el premio de las fiestas de mi barrio. Pero a ciertos lectores les ha gustado, de lo cual me alegro, ese era el objetivo, entretener.

Me doy con un canto en los dientes por haber publicado, aunque sea con una editorial modesta, dados los tiempos que corren. Y la novela me ha dado muchas satisfacciones, como por ejemplo la presentación en la librería Estudio en Escarlata y en Toledo. O la firma en la Feria del Libro de Madrid. Y me las va a seguir dando, ya que me han invitado a la Semana Negra de Gijón (pagando yo, ojo, excepto la ida en el tren negro), y en octubre firmo en El Corte Inglés de Barcelona, entre otras cosas.

También he conocido a gente, sobre todo escritores y blogueros, todos gente estupenda que me han brindado su amistad.

Y he visto cosas muy raras, creedme. Entre ellas mi primer contrato con una editorial grande que hasta me dio un adelanto y después se desentendió de mí. También he visto escritores con egos como catedrales y editores con una prepotencia tremenda. He visto a periodistas y a blogueros hacer críticas capaces de tumbar la carrera literaria de un escritor, como si el plumilla en cuestión hubiese matado a alguien. Y he observado a gente que se cree muy culta (y posiblemente lo sean) minusvalorar best sellers por el mero hecho de serlo; gente que consideran que si no has leído “El Quijote” o a Saramago eres un indocumentado y un impresentable. Pues tampoco es eso.

Desde aquí, siempre abogué por las novelas de tramas, pero eso es porque me gustan las historias, simple y llanamente. El estilo es importante, claro, pero si una novela solamente tiene estilo, me aburre. A lo mejor es que soy un inculto. Probablemente.

Lo cierto es que la Literatura es compleja. Y que para gustos están los colores. No todo lo que se publica es bueno, y no todo lo que se deja de publicar es malo; y viceversa. Desde mi punto de vista la mayor parte del oficio de escribir es eso, oficio. Lógicamente hay que tener algo de imaginación y un dominio mínimo del lenguaje, pero no hay que ser filólogo, aunque serlo ayuda. También ayuda tener enchufe, no nos engañemos. Y la suerte, aunque la suerte hay que buscarla.

Yo seguiré leyendo lo que me gusta, faltaría más. Y procuraré no ser tan riguroso en mis apreciaciones esperando que los demás tampoco lo sean. Me gusta que me cuenten historias y viajar con ellas a lugares que, de otra forma, nunca visitaría. Y seguiré escribiendo. Primero, porque me gusta hacerlo. Y después, para que me lea el mayor número de lectores posible. Y cada día continuaré trabajando en mi oficio, el que me da de comer. Si algún día gano algo con esto de escribir, bienvenido será. A todos los que escribimos nos gustaría vivir de esto. Hasta entonces, que tengáis felices lecturas.

miércoles, 6 de julio de 2011

El país de los espíritus, de Miguel Ruiz Montañez

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto con una novela. “El país de los espíritus”, de Miguel Ruiz Montañez (Ediciones Martínez Roca), está escrita de una forma exquisita, con un ritmo narrativo pausado pero intenso, a lo Karen Blixen en sus relatos de África. Por eso, he transitado por sus páginas, desde terrazas con cafés y pitillos, pausadamente, de manera sigilosa e íntima. Aunque ocurría, que cuando quería darme cuenta, había leído muchas más páginas de las que me imaginaba en un principio.

La novela tiene cuatro partes y un epílogo. Las tres primeras partes las narran los tres personajes principales en primera persona. Y cierra la cuarta y el epílogo el mismo personaje que abre con la primera, siempre en primera persona. Una forma muy original de armar una trama, ya que los mismos hechos se trazan desde distintas perspectivas. Esto no se puede conseguir con la narración en primera persona, pero Miguel lo realiza situando en las partes a narradores distintos, emulando en parte la técnica del narrador omnisciente.

Miguel es un novelista de historias, sin descuidar en ningún momento el estilo. En “El país de los espíritus”, nos cuenta la desgracia acaecida a una familia rica en Haití. Salvo un período breve en que la trama trascurre en Estados Unidos, son Puerto Príncipe y otros enclaves de la isla caribeña los escenarios en donde se mueven los personajes. La novela contiene una historia principal, pero además nos ofrece una minuciosa información sobre la extinción de los aborígenes primigenios a manos de los conquistadores; y también nos ilustra sobre una de las religiones más mágicas dentro del mosaico de credos que se extienden a lo largo del planeta: el vudú.

El autor ha sido capaz de construir, además, una novela de sentimientos. Nos muestra con la misma intensidad la crueldad y la ternura, el egoísmo y la pasión, la maldad y la piedad. Es una historia de determinación por parte de personajes que habitan un país pobre, desolado además por uno de los habituales terremotos, en donde la pobreza y la miseria parecen la verdadera religión. Un país en el que ni siquiera la política se libra de extraños encantamientos auspiciados por la magia negra.

Una historia que a ningún lector dejará indiferente, fiel reflejo de lo que les ocurre a los personajes. Cuando me acercaba al epílogo para entregarme a la lectura del desenlace de la historia encontré eso y algo más. Miguel no podía concluir esta historia sin mostrarnos los extremos de un país como Haití y de cómo estos afectan a los personajes, que no vuelven a ser los mismos que eran al principio de la novela, una novela llena de sentimiento, magia y buen hacer por parte de un autor llamado a escribir páginas brillantes dentro del panorama literario actual. Enhorabuena, escritor.

domingo, 19 de junio de 2011

Caracterizar a los personajes

Escribir una novela supone un trabajo monumental. Es por eso que no siempre estoy escribiendo una, porque supone someterte a una disciplina que no poseo siempre. No obstante, escribir es una necesidad diaria. Por eso no hay día que no haga un poema, escriba una reflexión o pergeñe un artículo.

Ya no solo es inventarte una historia, que historias se me ocurren muchas. Según yo entiendo este oficio, la novela hay que “armarla”. Desde mi punto de vista hay que empezar con un primer capítulo fuerte que enganche al lector y que le introduzca de lleno en el planteamiento de lo que uno quiere contar para desembocar en el nudo. Como me comentaba un día mi amigo Juan Madrid, el nudo puede realizarse bajo la siguiente premisa: “Algo o alguien quiere algo. A) Lo consigue. B) No lo consigue”. Los dos axiomas finales son más bien pertenecientes al desenlace, porque tiene que haber un desenlace. Por eso no me gustan nada los autores que hacen experimentos novelísticos que adolecen de planteamiento, nudo y desenlace. Todos esos autores anárquicos que escriben lo que se les ocurre y venden sus paranoias como novelas cuando realmente son ensayos. Supongo que las editoriales adoptan el formato de novela porque es el que más se vende, doctores tiene la iglesia. Tampoco entiendo las alabanzas de los críticos que parece que cuanto menos se entiende una novela mejor es. Insisto, doctores tiene la iglesia y no soy yo integrante de tan selecta casta.

Otro de los retos de un escritor cuando está creando es conseguir que los personajes queden caracterizados perfectamente. A veces leo novelas que son buenas, que incluso me gustan, pero la caracterización no está conseguida. Salvo que la historia se desarrolle íntegramente en un ambiente académico los personajes deben hablar de acuerdo a sus características: condición social, ocupación laboral, etc. No entiendo esas novelas en las que los protagonistas hablan todos como si fueran filólogos o como si hubieran ido a colegios de pago, la historia deja de ser creíble. Creo que esto pasa por los reparos de algunos autores a utilizar jergas o diversos lenguajes que se alejan de lo convencional, lo cual es claramente un error. Lo de hablar muy bien debe quedar para el narrador, siempre y cuando se utilice la técnica del narrador omnisciente y el narrador sea neutro y no en otros casos. Estos errores de caracterización se aprecian sobre todo en novelas negras o ambientadas en los bajos fondos: los delincuentes no hablan como si fueran académicos, eso está claro.

La caracterización se consigue a través de diversas formas y debe de ser acorde y coherente con el personaje. Se puede conformar la personalidad de alguien a través de la voz del narrador, por medio de diálogos o por la ambientación de escenas, todo esto son trucos del oficio que se adquieren con el tiempo. Sin ser la caracterización el puntal principal de una novela, contribuye definitivamente no solo a que la historia sea más creíble, sino a que la propia novela impacte mucho más que cuando los personajes son planos.

En cualquier caso, insisto, que parezca que los personajes hayan estudiado todos en la Universidad de Salamanca, va en contra de hacer la novela más real aunque se trabaje en el terreno de la ficción.

jueves, 16 de junio de 2011

Ya era hora de que alguien se indignara

Cuando eres un crío no te enteras de nada, o de bien poco. Crees que vives un cuento y ya está. En mi caso, tuve la suerte de tener un papá y una mamá que se preocuparon de alimentarme, darme cariño y llevarme al cole, lo típico, pero no era así ni lo es en todos los casos. Por ejemplo, en mi barrio había muchas familias marginales y desestructuradas que daban como resultado niños en la calle y desatendidos. Esos niños se curtían en el asfalto y encontrarte con ellos no era nada agradable. Te daban mil vueltas a pesar de que tu situación era mejor que la suya. Fue en alguno de esos momentos cuando en un estado de lucidez pensé: “esto no me gusta”.

Bajabas a la calle y eran frecuentes las peleas, los barrizales, las ratas, etc. Muchos críos optaron por quedarse en sus casas porque el ambiente no era precisamente agradable. Los veías en el colegio y ya está. Pero claro, yo era un niño con inquietudes, y quedarme en casa no entraba dentro de mis planes. Hice un aprendizaje en la materia de la vida que no te enseñan en las escuelas, un aprendizaje peligroso, ya que con esa edad preadolescente, la cordura brillaba por su ausencia, por lo menos en mi caso. Muchos amigos se quedaron en el camino, porque tomaron vericuetos oscuros del camino y acabaron enganchados a las drogas y encerrados en un ataúd bajo tierra prematuramente. Y no eran más tontos ni más listos que yo, simplemente sucumbieron y aún hoy todavía no tengo explicación para ello.

La vida no es ninguna pradera, que decía el amigo Sabina. Siendo ya un joven con mi ruidosa adolescencia pasada, me di cuenta de qué va todo este cotarro y de que todo se rige por intereses y por dinero. Hay cosas que merecen la pena, sí, cómo no, los amigos, el amor, un paisaje, los libros..., la lista sería interminable, pero lo primordial es tener una base sobre la que aposentarte, es decir, un trabajo, una casa y un mínimo de dinero que te haga la vida digna. Pues bien, esto no ocurre en todos los casos. Siempre me chocó la aleatoriedad de que alguien naciera en Mogadiscio o en Beverly Hills y la diferencia en la experiencia vital de uno que nace en uno u otro sitio. Sin exagerar tanto, no es lo mismo haber nacido en el Pozo del tío Raimundo que en la calle Serrano.

Ahora mismo estamos viviendo tiempos difíciles, por la crisis que se han inventado los poderosos. Algo que sí recuerdo de cuando era joven era la marca de mi generación. No teníamos móvil, ni Wii, ni Internet ni todas esas chorradas que hay ahora, pero éramos reivindicativos y heterogéneos. Teníamos la capacidad de protestar y lo hacíamos. Y yo ya me estaba mosqueando con estos niños de ahora, homogeneizados de manera salvaje por esa diversidad de factores que antes no había. Por eso, cuando ha surgido el movimiento de los indignados y he visto rebelarse, por fin, a los de esta generación, no he podido evitar emocionarme. Vale, que entre ellos hay anti-sistemas y perroflautas, pues sí. Pero no son el grueso de los manifestantes. Me gustan sus planteamientos y su forma de rechazar a los políticos y al sistema reinante, que para nada es una democracia aunque nos la vendan como tal. Me gusta que increparan ayer a Cayo Lara que intentó sumar a Izquierda Unida para la causa, una causa en la que no entra ningún partido, ninguno.

Si ayer en Cataluña los políticos pasaron un poco de miedo, eso no es nada comparado con el miedo de familias con todos sus miembros en paro o que no llegan a fin de mes, o amenazados de desahucio por no poder pagar la hipoteca. Es un miedo de pastel. Total, ellos a su bola. El president fue a la Generalitat en helicóptero. Esos son nuestros políticos. Cada vez tengo más claro de que si están ahí es para ganar dinero y disfrutar de unos privilegios de los que los demás no gozamos. Me indigna que la gente los siga votando y me da vergüenza ajena cuando veo a tanto borrego aplaudiendo en los mítines. No sé si la solución son los indignados o los del 15-M o como se llamen. Pero, joder, ya era hora de que alguien protestara.

sábado, 11 de junio de 2011

Mi firma en la Feria del Libro

El pasado viernes 3 de junio por la tarde, firmé ejemplares de mi novela “El círculo alquímico” en la Feria del Libro de Madrid. Ni en el más paranoico de mis sueños, años atrás, tantas veces caminando entre las casetas, habría podido vislumbrar que un día estaría yo ahí firmando como autor. Es un sueño no soñado hecho realidad.

Tomé el autobús en el barrio y me bajé en la esquina del Retiro, en Alcalá. Tanto mi hermano como mi querida amiga Virtudes Reza, que vino expresamente desde Algeciras para asistir al evento, me acompañaron en los momentos previos al acto. Fue sentarme y empezar a desfilar por allí amigos y conocidos que me agasajaron con su presencia. A algunos los esperaba. Otros me sorprendieron. Todos me conmovieron.

He de dar las gracias a los libreros de Estudio en Escarlata, ya que cedieron la caseta para mis firmas. La editorial Ledoria, como es toledana, no tiene la posibilidad de estar presente en Madrid.

No tengo palabras para describir lo que sentí esa tarde. Por allí pasaron escritores a los que todavía me da corte llamar compañeros dada mi bisoñez en esto de las Letras. No quiero que se me olvide nadie, pero fue un placer ver desfilar por allí a Jorge Díaz, Jerónimo Tristante, Miguel Ruiz, José Luis Zapatero, Julia Montejo, M.J. Sánchez, Víctor Fernández Correas y..., seguro que se me olvida alguno. Asimismo, antes de entrar a la caseta, me cupo el honor de charlar con Rosa Ribas, que firmaba en la caseta de al lado. No menos emotivo fue ver que por allí pasaron muchos amigos, tanto del ámbito personal como del ámbito laboral y literario. El pensar que todos ellos estaban allí por mí me conmovió en extremo, aunque tocaba disimular porque no era plan de emocionarse en público.

Desde el otro lado las cosas se ven distintas. Yo no esperaba firmar demasiados ejemplares, claro está, debido a que es mi primera novela y no soy conocido. De hecho, la mayoría de las ventas se distribuyeron entre conocidos. Pero me hizo especial ilusión ver como algunos lectores a los que no conocía de nada también se llevaron mi novela. Creo que en total firmaría unos veinticinco ejemplares, lo que superó todas mis expectativas.

Anécdotas la hubo. Entre ellas la de un niño con gafas y cara de empollón, cuya barbilla llegaba justo al mostrador, que pasaba cada cinco minutos y que me preguntaba si el libro era de miedo. Otra lectora me tomó por el librero y me preguntó por la novela de mi amigo Óscar Urra. Le dije que era la tercera entrega del detective Julio Cabria y que estaba muy bien. Vamos, que se la vendí aunque, eso sí, no se la firmé, aunque contándole la anécdota días después al propio Óscar me comentó que se la podía haber firmado por delegación.

Casi lo más emocionante se produjo al término de las firmas porque unas veinticinco personas se quedaron a acompañarme. Y en la escalera de detrás de la caseta, en presencia de la solemnidad de la estatua del general Martínez Campos, se organizó una merienda improvisada, ya que la gente llevó de todo y estuvimos tomando unos vinos, jamón ibérico, tortilla, empanada, etc. Algo dije yo en Facebook de preparar esta merienda, pero no esperaba una respuesta tan multitudinaria. Así que, en ese ambiente festivo que se perpetuó más allá del anochecer, me pasé por todos los corrillos y se habló de Literatura y de todo un poco. Especial ilusión me hizo el que se quedara al ágape campestre Miguel Ruiz, un escritor con tres novelas a sus espaldas, que ha vendido miles de ejemplares de cada una de ellas, y que quería conocerme y charlar conmigo. Me dijo que mi novela era buenísima y que le había encantado y yo casi me caigo muerto allí mismo.

La velada se prolongó entre cervezas en una de las terrazas de fuera del parque con un grupo ya más reducido, y las charlas animadas entre amigos continuaron hasta altas horas.

En fin, que no me he visto en otra, que lo pasé de cine, que espero que no sea la última y que solo por esa tarde ha merecido la pena tanto trabajo. Gracias a todos de corazón.

martes, 31 de mayo de 2011

Presentación en Madrid de “Las niñas perdidas”, de Cristina Fallarás

“Tipos infames” es una librería con bar enclavada en pleno corazón de Malasaña. Fue el lugar elegido para la puesta de largo en Madrid de la novela “Las niñas perdidas”, de Cristina Fallarás, ganadora del Premio LH confidencial de este mismo año.

Al llegar me encontré en la puerta con el maestro de ceremonias, Rafael Reig, con whisky y un cigarro de liar en la mano. Le saludé y me eché un pitillo con él. Aunque he coincidido últimamente con el maestro, nunca había tenido tiempo de expresarle mi admiración por su columna de los sábados en el ABC Cultural y tuve la suerte de que me obsequiara con un repertorio de anécdotas relativas a periodistas y escritores. En el transcurso de la charla, Cristina Fallarás salió a saludar a Patrick Erikson que en ese momento pasaba por allí, aunque no podía quedarse al evento por motivos de trabajo. La saludé y le regalé una camiseta de mi novela“El círculo alquímico”, que lo prometido es deuda.

Ya dentro, Manolo Rodríguez, coordinador de los Sábados Negros en Traficantes de sueños, me invitó a una cerveza y con ella me bajé a la sala en donde se realizó la presentación ante un público compuesto mayoritariamente de escritores. Por allí estaban Pedro de Paz, David Torres, Carlos Salem, Yanet Acosta, Marcelo Luján, José Ovejero...

Abrió la charla Rafael Reig haciendo una semblanza de la novela con su habitual estilo, el mismo que imprime a sus columnas. Habló de novela negra y de que esta nace como continuación de la novela picaresca, retomando la crítica social. Después se centró en “Las niñas perdidas” y en la temática que aborda para terminar diciendo que todas las mujeres llevan consigo una niña que perdieron por el camino, en alusión al título del libro. Nos dijo que a él le parecía que Cristina había reescrito Peter Pan después de leer a Leopoldo María Panero, una original definición, una más de las que ya nos tiene acostumbrados.

Cristina, según me confesó ella más tarde, al contar con un público que era mayoritariamente del gremio, se ahorró las típicas referencias a Chandler y a Hammett para centrarse única y exclusivamente en contarnos su impulso y sus motivaciones para escribir esta y otras novelas. Nos habló de la ventaja de la ficción frente al periodismo para tocar ciertos temas, entre ellos el abuso de menores y el crimen, elementos principales de la trama de su libro. Cristina aún mantiene esa rabia que todos hemos tenido de adolescentes y que ella conserva, lo que le da un punto de vista único para escribir y expresar sus ideas de manera cruda y, para algunos, salvaje, por lo que ha tenido bastantes problemas con críticos, compañeros y lectores. Pero lleva toda la razón cuando dice que es bastante curioso que la gente se escandalice cuando matan a un animal en un libro y no lo haga si se mata y tortura a una persona.

Hubo un par de preguntas que Cristina respondió y después se nos sirvió un vino que propició algunas tertulias entre los que allí estábamos, aunque al final terminamos subiendo a la barra. Después de pedir las consumiciones acabamos en la puerta de la librería charlando de diversos temas, ya que la tarde era buena y porque la ley antitabaco parece que no va muy bien con los escritores, entre los que me cuento, ya que habríamos estado estupendamente dentro echando un pitillo, pero las cosas son como son.

La velada terminó en la terraza de un bar en donde estuvimos cenando, aunque hubo tiempo para degustar unos gyn tonics en uno de los muchos garitos que pueblan la zona. Cristina me confesó que Victoria, la detective de “Las niñas perdidas”, tendrá continuidad en una segunda entrega. Y doy fe de que ha creado un personaje que merece esa continuidad.

viernes, 27 de mayo de 2011

Firmas en la Feria del Libro de Madrid

Como sabéis, en la Feria del Libro de Madrid solo hay casetas de editoriales y librerías madrileñas. Siendo la Editorial Ledoria toledana, no tiene la posibilidad de estar en la Feria. No obstante, la librería Estudio en escarlata ha tenido la gentileza de invitarme a firmar en su caseta nº 87 el viernes 3 de junio de 18.30 a 20.30 horas. A todos los que paséis por allí será un placer para mí saludaros. Para los que aún no tengáis la novela y os interese comprarla y no podáis pasar por la Feria o seáis de fuera de Madrid, recordad que existe la posibilidad de obtener un ejemplar dedicado. Para ello solo tenéis que poner un email a la librería (info@estudioenescarlata.com) o poneros en contacto con ellos por teléfono (91 543 0534). En cualquiera de los casos, especificad que queréis el ejemplar dedicado y yo me paso y lo firmo.

Después de tantos y tantos años paseando por el Retiro entre las caseta como lector, en esta edición acudo como autor. Me hace mucha ilusión, porque como sabéis, es mi primera novela y aparte de las presentaciones que he hecho en Madrid no me he visto en otra. Espero que no sea la última.

Por último, os dejo el calendario de firmas en la caseta de Estudio en escarlata de autores que en muchos casos son amigos o conocidos, todos ellos de gran valía, por si estuvierais interesados.

AUTORES FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2011

CASETA 87

ESTUDIO EN ESCARLATA

Viernes 27 de mayo a domingo 12 de junio

Horario de las firmas: viernes de 18:30 a 20:30 y los sábados y domingos de

12:00 a 14:00 y de 18:30 a 20:30

Sábado 28 Mañana Alfonso MATEO SAGASTA

Tarde Cristina FALLARÁS

Domingo 29 Mañana Carlos SALEM-Yanet ACOSTA

Tarde Oscar URRA

Viernes 3 Tarde Paco GÓMEZ ESCRIBANO

Sábado 4 Mañana Rosa RIBAS

Tarde Juan Ramón BIEDMA / Alberto LÓPEZ AROCA

Domingo 5 Mañana Rafael REIG / Juan BOLEA

Tarde 17:00 - 18:00 Simon SCARROW

18:30 – 20:30 Fernando CÁMARA-Javier QUEVEDO PUCHAL

Viernes 10 Francis P. FERNÁNDEZ-David G. PANADERO

Sábado 11 Mañana Javier NEGRETE

Tarde Luis GUTIERREZ MALUENDA

Domingo 12 Mañana José Luis MUÑOZ

domingo, 22 de mayo de 2011

Luis Gutiérrez Maluenda en los Sábados Negros

El pasado sábado 22 de mayo hubo un programa bastante completo en los Sábados Negros de la librería que lleva ese poético nombre: Traficantes de sueños. Si bien el jazz suele estar presente en las sucesivas veladas, en la pasada se erigió en protagonista.

Para empezar, Teresa Alonso nos hizo una introducción a la figura del pintor alemán de entreguerras Otto Dix, para analizar posteriormente una de sus obras más famosas, un tríptico llamado “Metrópolis” que surge en Dresde en 1928. El cuadro, en su parte central, nos presenta la opulencia de una sociedad en la figura de una pareja que baila el charlestón ante una banda de swing-jazz. Una escena llena de detalles, entre ellos un músico negro y una mujer fatal que se asemeja a un ángel caído. En contraste con esta escena principal, las de los lados son todo lo contrario. El pintor representa en ellas a prostitutas callejeras que andan por las calles desafiantes ante mutilados de guerra. Esta pintura es hoy en día un icono de los dorados años veinte. El nazismo le consideró un pintor degenerado e incluso llegaron a destituirle como profesor de la Dresdner Akademie.

A continuación, Manolo Rodríguez, coordinador de los Sábados Negros y habitual y hábil conductor de las veladas, nos presenta a Juan Claudio Cifuentes “Cifu”, ese mago que mantuvo durante siete años en televisión el mítico programa “Jazz entre amigos” y que continúa actualmente obsequiándonos con sus conocimientos en Radio Nacional de España. La intervención del catedrático empezó con una regresión a su niñez. Nos contó que nació en Francia, lo que favoreció que ya desde niño se acercara al jazz, llegando incluso a hacer novillos de sus clases, en ocasiones acompañado por un joven profesor, para escaparse a ver actuaciones y conciertos. Como también tenía la nacionalidad española, no quiso cumplir los 21 años en Francia y que le reclutaran para ir a primera línea en la guerra de Argelia. Así que se vino para España e hizo aquí la mili. Empezó a frecuentar un garito madrileño llamado “Whisky jazz” del que se hizo asiduo y terminó escribiendo en su revista, una publicación que se distribuía a suscriptores, por un período de ocho años. Fue entonces cuando junto a otro grupo de entendidos empezó a hacer sus pinitos en la radio, medio del que declaró no tener ni idea en aquellos años y del que se hizo un experto sobre la marcha. Tanto los artículos como los programas de radio no le reportaron ningún beneficio económico pero le hicieron lo suficientemente conocido como para que terminara de hacer de aquello su profesión, en la que aún sigue. Entre alocuciones, pudimos escuchar piezas de Duke Ellington y de Billie Holiday. “Cifu” hizo de su intervención toda una clase de jazz, mezclada con datos de su biografía y regada de comentarios jocosos que hicieron las delicias del público, pasando de puntillas por piezas que tenían que ver con bandas sonoras de cine y novela negra. Nos hizo ver su admiración por el gran Duke, del que no solo conoce su obra, sino un repertorio de anécdotas de él y de sus músicos. También nos dijo que ya le gustaría a él profundizar en otros géneros musicales, pero que le haría falta otra vida solo para saber todo lo que le gustaría de jazz.

Después, Manolo nos presentó a Luis Gutiérrez Maluenda, un ejecutivo informático que un día decidió dejarlo para escribir novela negra. El escritor nos hizo dos sinopsis de las respectivas novelas que presentaba ayer: “Mala hostia” y “Los muertos no tienen amigos”, incidiendo especialmente en el tipo de detective que había creado para cada una de las obras y en los diversos tipos de detectives que pueblan el panorama negro internacional. Nos comentó que la gente tiene una visión un tanto deformada de los prototipos sociales que aparecen en las novelas debido al cine americano, tendente a adornar las tramas y a los finales felices. Así, nos explicó que los mafiosos, al pertenecer a las clases sociales más bajas, jamás escuchaban ópera, como nos han hecho creer desde Hollywood, sino que escuchaban blues y jazz. “Cifu” se mostró de acuerdo y apuntó que no solo el cine, sino que el propio establishment tiende a maquillar la realidad. Así, nos desveló una anécdota de un investigador que buscando material en un archivo sobre los juicios de Nuremberg descubrió un informe de un sargento que indicaba que Glenn Miller no murió en un accidente de avión, como nos han hecho creer, sino en un burdel mientras estaba con una prostituta.

Luis continuó hablando de la novela negra americana, de la que se declaró admirador, muy especialmente de Raymond Chandler. Nos explicó que bajo su punto de vista era heredera de la novela enigma inglesa, pero que al transportarla al otro lado del Atlántico evolucionó hacia los parámetros que todos conocemos. Mientras que en el Reino Unido los personajes eran generales retirados y “ladys” que bebían mucho té, y el detective era una persona muy lista que resolvía crímenes imposibles, en Estados Unidos los personajes pasaron a ser marginales, los crímenes eran menos sofisticados y el detective era un hombre de la calle que se había criado en los mismos barrios que los mafiosos.

Nos habló sobre sus gustos al escribir. Y de que huye, entre otras cosas, de las descripciones sangrientas y de los elementos de casquería, por considerarlos innecesarios en la narración y de mal gusto.

Para terminar la velada, en un hecho nada habitual en los Sábados Negros, se nos ofreció una actuación en directo del grupo Satamatas, un sexteto compuesto por piano, dos saxos altos, guitarra, bajo y batería, que nos ofrecieron varios temas en directo.

Mientras el grupo preparaba sus instrumentos, aproveché para que Luis me firmara mis dos ejemplares. Y después me marché calle Embajadores arriba para salir a Mesón de Paredes y terminar cenando en la literaria y taurina taberna de Antonio Sánchez, que no puede haber sesión literaria sin sesión gastronómica. Y después aproveché la maravillosa noche para pasear por la Plaza Mayor haciendo un alto en el mercado de San Miguel y terminar desembocando en la Puerta del Sol y estar un rato con los indignados, viendo casi con emoción la testarudez de los jóvenes que por fin se han movilizado contra la democracia de los banqueros.

sábado, 21 de mayo de 2011

Presentación de “Llueve sobre la Habana”, de José Luis Muñoz

El pasado martes 17 de mayo, la librería Estudio en Escarlata volvió a albergar al maestro José Luis Muñoz, esta vez para presentar su última novela “Llueve sobre la Habana”. Como siempre que voy a estos saraos me encuentro con alguien, me distraje tomando una caña con mi amigo Armando Rodera y Arantxa, su chica. Ya en persona pude comentarle más despacio que me encantó su manuscrito, un thriller psicológico que ya merecería estar publicado. El caso es que cuando llegué a ese templo de lo negro, la presentación ya había empezado. Me senté en el único hueco que había, en primera fila. Cuando quise darme cuenta de que me había colado entre Luis Mateo Díez y Santos Sanz Villanueva a punto estuve de hacerme muy pequeño en la silla.

En realidad, la jornada acogía una presentación doble. Por un lado, la novela de José Luis Muñoz. Y, por otro, la novela “Erich el zurdo”, de Domingo-Luis Hernández. Fue Domingo quien en calidad de editor de “La Página ediciones”, editorial que ha publicado las dos novelas, nos habló de José Luis y su libro. Puede que el lector que compra una vez al año el premio Planeta no conozca a José Luis Muñoz. Pero los que, de alguna manera, estamos metidos en este mundillo sabemos quién es de sobra: un autor con una trayectoria de publicaciones y premios increíble. Ha publicado con Algaida y Planeta, por citar a dos de las grandes, pero también con editoriales medianas e independientes de nuevo cuño. Así que incidir en su trayectoria sin caer en la redundancia es labor imposible.

El editor alabó las virtudes de “Llueve sobre la Habana”, una novela que transcurre en la capital cubana y en donde proxenetas, chulos y jineteras se alternan y se entremezclan en los capítulos de la misma, cuyo hilo conductor es un asesino en serie que siembra de cadáveres la ciudad, y que será investigado por el inspector Rodríguez Pachón.

El autor fue breve en sus explicaciones. Se limitó a hacernos una sinopsis de la novela y a informarnos de que esta es una precuela de “Último caso del inspector Rodríguez Pachón”. Nos comentó que quizá se está convirtiendo en un escritor de precuelas, pues no es la primera con la que nos obsequia. Sin ir más lejos, “La frontera sur”, con la que José Luis ganara el Premio Internacional de Novela Negra de Carmona y que se publicó el pasado año, también era precuela de “Lluvia de níquel”.

Después tomó la palabra Luis Mateo Díez, que se encargó de valorar positivamente la obra de Domingo-Luis Hernández, “Erich el zurdo”. También nos comentó la trayectoria de Domingo-Luis en las islas afortunadas: profesor en la universidad, ensayista, articulista, animador y creador de eventos literarios, relatista, etc.

En los ruegos y preguntas, una voz se alzó de entre todas para tener una intervención de unos quince minutos. Una voz muy conocida para mí, por cierto, aunque tardé un rato en identificarla. Era mi admirado J.J. Armas Marcelo, culpable entre otras cosas junto a Rafa Reig de que, independientemente de lo que tenga que hacer los sábados, compre el ABC para leer sus artículos en “El cultural”. J.J. Armas, que más que hablar parecía que estaba dictando uno de sus geniales artículos, hizo un recorrido por las actividades de Domingo-Luis Hernández, aunque no todo fueron alabanzas.

Terminado el acto, José Luis Muñoz hubo de entretenerse más de la cuenta en la firma de ejemplares, entre ellos el mío. Tanto lo hizo que cuando salimos fuera todos se habían largado a tomar las cañas de rigor dejando a José Luis en la estacada. Mis amigos Lorenzo Rodríguez, José Luis Muñoz (el fotógrafo y columnista) y yo ofrecimos al autor tomar esa caña, aunque finalmente lo que hicimos fue buscar entre las terrazas de la calle Guzmán el Bueno a aquellos que le habían ofrecido esa caña primero. Y los encontramos. Nos despedimos del autor ya que a los tres nos dio un poco de corte sentarnos con el editor, el académico y los periodistas y nos fuimos a otra terraza aledaña. Aunque en ese mismo momento recibí un eseemeese en el que me hacían un encargo: un ejemplar de “Llueve sobre la Habana” dedicado. Así que hube de volver a la librería, comprar el ejemplar y volver hasta la terraza en la que habíamos dejado a José Luis para que me hiciera la dedicatoria. Y finalmente, pude tomarme esa caña tranquilo con mis amigos en una grata velada en la que nos hartamos a hablar de literatura.