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Al otro lado

Al otro lado
"Al otro lado", de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-15352-66-2.
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Presentaciones:

Sábado, 27 de abril a las 12 h. en la Feria del libro de Granada, en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA Puerta Real. Me acompañará en la presentación el compañero de Granada Jesús Lens. Y a las 13 horas firma de ejemplares en la Caseta de Firmas.

Sábado, 20 de abril, de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h. en la Feria del Libro de Fuente el saz de Jarama.

Sábado, 26 de enero a las 20 h. en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan. Me acompañará en la presentación el compañero de Ciudad Real José Ramón Gómez Cabezas, autor de "Réquiem por la bailarina de una caja de música", de la Editorial Ledoria.

Martes, 23 de octubre a las 19.30 h. en la librería Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno 46, Madrid). Si no puedes acudir y queréis un ejemplar firmado, ponte en contacto con ellos y pídeselo (91 543 0534). Te lo enviarán por correo.

Miércoles, 24 de octubre a las 18 h. en Getafe Negro (Carpa de la Feria del Libro). A las 20 h. participaré en una mesa redonda con otros compañeros de la Editorial Ledoria titulada "En los arrabales de la Novela Negra.

martes, 31 de agosto de 2010

Los ingredientes de un buen “best seller”

Vaya por delante que si yo tuviera la fórmula para hacer un buen “best seller” lo haría. Estaría forrado, viviendo en Miami como Ruiz Zafón y escribiendo en el “Qué leer”, en “Babelia” o en “El cultural”. O puede que ya haya hecho ese “best seller” y se publique pronto, quién sabe.

Lo que todo el mundo que lee sabe es que hay libros cuyas ventas se cuentan por cientos de miles y que se traducen hasta al arameo. ¿Qué tienen esos libros que no tienen otros? ¿Por qué unos autores llegan y otros no? ¿Cuál es el secreto de esas editoriales que aciertan apostando por autores que, a veces son noveles, y que no se equivocan?

Hay “best sellers” que son malísimos, que están pésimamente escritos y que, aun así, son súper ventas. Ayudan mucho una buena campaña de márketing, que estén escritos por un autor conocido y, sobre todo, la ignorancia del lector, que se deja influir por la campaña de publicidad y lo compra para envolverlo en papel de regalo y endosarlo en el primer cumpleaños o, sencillamente, se hace con él para ponerlo de adorno en la estantería de casa y exhibirlo como trofeo ante sus amistades igualmente ignorantes.

Ahora bien, no todos los “best sellers” son malos, no señor. Hay autores, unos noveles y otros ya consagrados, que saben muy bien que para que una novela venda debe de tener ciertos ingredientes. Son autores que tienen talento y oficio, dos cosas muy diferentes. Que dominan la técnica de escribir y que, por tanto, son movidos a construir una novela bajo los parámetros de buena Literatura. Que saben que en una novela tienen que pasar cosas porque si no el personal se aburre. En un libro de estas características nos encontramos habitualmente con un primer capítulo espectacular que puede empezar con un asesinato, un robo, un secuestro o la aparición de un fresco en una catedral, pongamos por caso. Después de esta primera impresión que deja huella en el lector y fustiga su interés se nos suele presentar a uno o a varios personajes principales y a algunos secundarios. No es necesario presentar de golpe a estos últimos ya que deben ir apareciendo a lo largo de la novela. Se puede ir aprovechando la caracterización de los personajes y de lugares para ir presentando diversos hilos, los de la trama principal y los de las secundarias. Estos hilos se van tensando cada vez más para crear el nudo. Da igual la técnica narrativa aunque si se elige una u otra, el escritor se debe atener a las características implícitas de cada tipo de narración. Las tramas deben ir desarrollándose de forma variada y el lector debe ir adivinando los entresijos de las mencionadas tramas a través de diálogos, de hechos narrados por personajes e incluso se puede dar información porque aparezca, por ejemplo, un diario, unas cartas o una grabación o unas fotografías. Lo que está claro es que el desarrollo debe ser entretenido y variado, con protagonistas y antagonistas coherentes. Y la resolución de todas las tramas, las principales y las secundarias, deben caminar con ritmo hacia un desenlace espectacular en donde la resolución de los conflictos sea una fiesta para el lector.

Los detractores de los “best sellers” suelen ser críticos y escritores sesudos ceñidos a clichés absurdos que, generalmente, han tenido más de un fracaso editorial. Y que en muchos casos, han escrito novelas cuyo estilo es irreprochable, ya que suelen ser filólogos o catedráticos, pero en las que no pasaba nada. Y la mayoría de ellas sólo eran reflexiones paridas como resultado de una paja mental, eso sí, muy intelectual, quizá demasiado.

Por supuesto que ayuda escribir una novela en función de las modas y a veces, la aparición de un buen detective o de un vampiro guapísimo e incluso la aparición de un manuscrito que cambiará los destinos del hombre o el asesinato de un monje en un convento, pues claro que ayudan. Las editoriales lo saben y no son pocos los “best sellers” de encargo, cuyos guiones salen de la mente privilegiada de algún editor inteligente que encarga la novela a un escritor o no en pocas ocasiones a un negro para endosárselo a un escritor ya consagrado y vender más ejemplares. Sé de algunos “best sellers” concebidos así, pero me voy a callar.

No obstante y, para terminar, un consejo: nunca desconfiéis de vuestro talento. Y si creéis que tenéis una buena novela en la cabeza, escribidla. Porque, a pesar de lo expuesto, esto no son matemáticas. Y puede que aunque no se sigan las pautas se tenga éxito, y viceversa.

viernes, 27 de agosto de 2010

¿Qué está ocurriendo en el mundo editorial?

Lo del mundo editorial es preocupante. Entiendo que esto de la edición es un negocio. Incluso comprendo que las editoriales tengan a sus escritores iconos de los que venden millones de ejemplares gracias a las impresionantes campañas de márketing y, claro está, al talento de esos escritores que, sin duda lo tienen, aunque no en todos los casos. Pero debe haber una parcela, ya no para escritores nobeles, que también, sino para aquellos que no siendo famosos escriben como los ángeles e incluso tienen ya dos o tres novelas publicadas y a los que actualmente les está costando trabajo publicar.

Más cuando últimamente estoy leyendo algunas novelas que no tienen la calidad suficiente pero que incluso son traducidas. Ojo, que escribir una novela conlleva un trabajo titánico, y por muy mala que sea, el trabajo del escritor merece todos mis respetos. El oficio de escritor consiste, afortunadamente, en trabajar mucho y, desgraciadamente, depende mucho del talento que, se tiene o no se tiene.

Sé de que hablo porque escribo y toco todos los palos. Si tengo talento o no lo dirán mis novelas si es que llegan a publicarse algún día. Antiguamente, cuando leía una novela que no me gustaba, sencillamente, dejaba de leer. En los últimos tiempos procuro aguantar y leo hasta el final para aprender lo que no debo hacer cuando escribo, son manuales del mal hacer. Una novela debe estar bien escrita, me refiero a normas sintácticas y ortográficas, esto es básico. Pero considero que, además de esto, en un libro tienen que pasar cosas, a poder ser siguiendo la dinámica de planteamiento-nudo-desenlace. No entiendo las superventas de escritores superaburridos en cuyas novelas no pasa nada, no hay diálogos y las reflexiones del narrador, sea quien sea, aburren hasta a las ovejas. Y me maravillo de que se traduzcan sus ejemplares hasta al arameo. No voy a dar nombres porque no es cuestión de hacer daño, aunque me cueste morderme la lengua.

De verdad, no sé en qué piensan la mayoría de las editoriales dando cobertura a tanta mediocridad y ausencia de talento que desembocan en novelas con tramas planas, ausencia de diálogos y personajes grises e indefinidos. Y que además, en la mayoría de los casos no llegan ni a las 200 páginas, aunque esto último se agradece.

Y hablo de novela porque es lo que más vende, pero, ¿os habéis dado una vuelta por los anaqueles de las librerías dedicados a la Poesía? Es para llorar. Poemas que en la mayoría de los casos no lo son. Iluminados con poemarios publicados cuyas poesías de ocho versos ocupan toda una página para hacer bulto. En este género, salvo contadas excepciones, el esperpento es mucho mayor. Aquí sí que puedo decir sin temor a equivocarme que los mejores poetas que conozco son los no publicados. Menos mal que tenemos los blogs.

Resumiendo, que se echa de menos el talento de los editores para saber reconocer el otro talento, o sea, el de los que escriben.

jueves, 26 de agosto de 2010

España paga

Una vez que los dos ciudadanos secuestrados en el desierto han sido liberados, con la alegría que eso conlleva para sus familiares, sobre todo, y para el resto de sus conciudadanos entre los que me incluyo, llega la hora de reflexionar y hacer un análisis sencillo de la situación. Tras los últimos acontecimientos, el mensaje para los terroristas es siempre el mismo: “España paga”. Después de lo del Alakrana, era de sentido común que alguno de esos “listillos”, en guerra santa no se sabe muy bien contra qué, volvieran a secuestrar a ciudadanos españoles. Y, desgraciadamente, volverá a ocurrir, es de cajón.

Lo de los secuestros en África no deja de ser un negocio con tintes mafiosos, dejémonos de monsergas. Y para erradicarlo, las naciones civilizadas deberían aliarse y montar los operativos militares necesarios para acabar con esta lacra. Pagar es financiar estas curiosas actividades delictivas. Y el Gobierno español es cómplice de estos delincuentes al pagar religiosamente cada vez que ocurre un incidente. Sarkozy se lo recordaba ayer mismo a nuestro presidente en declaraciones explícitamente alusivas.

El Gobierno también debería mojarse a la hora de permitir a las ONG’s operar en ciertas regiones del mundo. No es lo mismo que secuestren a unos pescadores que no tienen más remedio que faenar en ciertas aguas a que lo hagan con personas que, sabiendo de los riesgos acuciantes, van voluntariamente a esas peligrosas regiones. Si se es solidario y se quiere ayudar hay muchas formas de hacerlo, principalmente a través de donaciones, que es muy distinto a personarse en el lugar sin ninguna medida preventiva. Hay muchas ONG’s que acogen a personas que se autodenominan activistas, que generalmente son niños ricos con espíritu aventurero que se financian viajes exóticos a través de la ONG. Que saben los peligros que van a correr, pero que, como se creen tan listos y tan invulnerables, se lanzan a la aventura. No tengo claro que en estos casos seamos todos los que tengamos que pagar los rescates con los que Zapatero financia a estos grupos.

También me ha resultado muy curioso que al ser liberados estos dos señores, uno de ellos sólo haya hablado en catalán, privando al resto de paganinis españoles conocer su estado de salud. Allá cada cual. Sólo espero que el próximo secuestro tarde en producirse lo más posible aunque, con el Gobierno que tenemos, lo dudo mucho.

viernes, 20 de agosto de 2010

Lo de los impuestos

Nuestro Ministro de Fomento lo es, en teoría, y ejerce como tal, en la sombra, como un tiburón voraz que no deja títere con cabeza. Pero lo que realmente representa es ese papel que en su día tan bien bordaron personajes como Alfonso Guerra o Álvarez Cascos. Cuando José Blanco aparece en la televisión y en la prensa con esa mirada desafiante y con esa confianza en sí mismo que sólo otorga la poltrona del “Ministerio de la Propaganda del partido”, no me cabe ninguna duda de que los políticos toman por tontos a los ciudadanos. Los datos están ahí para quien quiera consultarlos y lo cierto es que los españoles somos los que más impuestos pagamos por detrás de Portugal e Italia. Sin embargo, este personaje, tétrico y tergiversador de los hechos donde los haya, nos dice hace pocos días lo que todo el mundo sabe a estas alturas, que nos quieren subir los impuestos para tener servicios de calidad como tienen en el resto de Europa. Y nos miente con la desfachatez del que cree que el ciudadano medio es poco más o menos que oligofrénico.

Tenemos lo que nos merecemos, es decir, lo que votamos. Y encima solemos repetir en nuestras intenciones de voto, lo cual puede ser que dé a atender a la clase política que los ciudadanos no tenemos dos dedos de frente, lo que como rebaño, hasta puede ser cierto. Lo que no dijo el Ministro de la Propaganda es que en España los sueldos no son equiparables a los europeos. En definitiva, que cobramos menos y pagamos más, sobre todo los que dependemos de una nómina, no hablo de todos esos piratas que viven de la cultura del pelotazo que los mismos políticos y los que los rodean fomentan.

Yo soy profesor, y un profesor en Francia cobra el doble, y en Canadá el triple, con el mismo nivel de vida aproximadamente, y encima pagan menos impuestos que aquí. Y en el resto de oficios están por el estilo. Así que, señor Ministro, no nos venga con gaitas en forma de globos sonda como un vulgar matón, que es lo que usted parece, amenazando al personal, que bastante tenemos con llegar a fin de mes en una crisis económica que nosotros no hemos provocado. Dedíquense usted y los de su partido a gobernar, que para eso les han votado los ciudadanos y dejen de exprimirnos y de prohibir cosas que, a este paso, entre recortes y prohibiciones, nos van a convertir a los trabajadores en monjes de clausura, ustedes, a los que se les supone tan socialistas.

jueves, 19 de agosto de 2010

Crepúsculo

Todos los atardeceres son distintos y, sin embargo, siempre es lo mismo. Cuando la luna precede al sol, los murciélagos sustituyen a las palomas con un vuelo más tétrico. Cae la noche y mi espíritu se abriga con el manto de la indolencia. Cuando el sol venza las tinieblas, recordaré evocaciones de sonrisas lejanas. Y entonces entonaré esa canción que nos cautiva, por el día, y por la noche.

martes, 17 de agosto de 2010

30.000 visitas

Abrí este blog en el 2007, y la verdad, ni sabía entonces muy bien para qué servía un blog, ni cómo accedería la gente para leerlo, etc. Poco a poco fui colgando cosas: artículos, reflexiones, reseñas y poemas. En los primeros tiempos la sensación de que nadie lo leía no me la podía quitar de encima. Luego puse un contador y, aunque no era para tirar cohetes, vi que las visitas, de hecho, existían. Con el discurrir del tiempo fui añadiendo blogs amigos y otras gaitas. Y al cabo del tiempo empezaron a aparecer comentarios. Unos aleatorios, otros más seguidos, de las mismas personas... Visité los blogs de los que comentaban mis entradas y poco a poco fui haciéndome asiduo a esos blogs y conociendo un poco, virtualmente, a través de los comentarios, a los autores de esos blogs. Incluso a algunos los he conocido en persona y, qué queréis que os diga, no me ha ido mal. Ahora no sólo hago las entradas sino que espero los comentarios. Generalmente son favorables, aunque siempre hay alguien que entra y, al no tener moderados los comentarios, se enfada y se explaya a sus anchas. Entonces tengo la sensación de que por mucho que intentes plasmar una idea por escrito siempre va a haber gente que no se entera. Ojo, no hablo de estar en desacuerdo con una entrada, que discrepar es sano. Hablo de las descalificaciones y de la falta de educación en comentar ciertas cosas.

En cualquier caso, hoy y he visto que el blog ha rebasado las 30.000 visitas. Y no puedo hacer nada más que dar las gracias a todos aquellos que asiduamente o de vez en cuando pasáis por aquí. Un abrazo a todos.

Para Campoazul y resto de seguidores




sábado, 14 de agosto de 2010

En mi barrio

En mi barrio, el fracaso está en cada esquina,

la tristeza florece por cada calle,

la esperanza se esconde por las rendijas,

de un asfalto que cruje a cada pisada,

que asesina sin tregua cada suspiro,

y levanta aromas de rosas de espinas.

En mi barrio, la ternura está en cada esquina,

porque la tragedia evoca recuerdos,

de una niñez que un día fue limpia,

pura e ingenua como la lluvia,

solícita y tierna como la mía,

hasta que la amargura mató la esperanza.

En mi barrio, la duda está en cada esquina,

porque no se vislumbra el horizonte,

por mucho que se desee salir,

por mucho que quieras sentir,

la lucha genera inquina,

para poder resistir.

En mi barrio, la amistad está en cada esquina,

porque el fracaso une,

y te da la sabiduría,

para poder decidir,

el camino que has de tomar,

para resistir el día.

En mi barrio, el amor está en cada esquina,

debajo de una farola del parque,

donde dos yonkis se abrazan,

porque no hay nada a lo que aferrarse,

salvo a la esperanza dormida

que generan las dudas.

viernes, 13 de agosto de 2010

Vértigo

Las alas de la inmensidad cubren mi vértigo. No puedo abarcar el infinito y eso me turba. Mi propia sensibilidad, que antaño me bendecía, hoy me daña exenta de piedad. Debo resignarme a vivir con más recuerdos de los que puedo rescatar de mi mermada memoria. Debo caminar, aun cuando el cansancio me acecha. Sueño con los jardines de un lejano hotel con aromas de Literatura.

jueves, 12 de agosto de 2010

Viajar por carretera

Lejos quedaron los tiempos en que el personal fardaba de tardar poquísimo en realizar tal o cual trayecto en coche. Ayer me monté en mi Clío en Algeciras a la 13.30 horas y estaba aparcando en mi barrio de Madrid a las 23.30 horas. Diez horas de viaje con atasco incluido pasado Sevilla. No es normal. De hecho, tanto tiempo en la carretera, lejos de ahuyentar el riesgo de accidente lo incrementa. Tardar tanto tiempo es el resultado de respetar todas las señales de tráfico, la mayoría absurdas y caprichosas. Viajar en coche con las nuevas normas se ha convertido en una pesadilla.

No obstante, respeto todas las señales, y aún así, en Diciembre me pusieron una multa en Ciudad Real. Lo de esta provincia en la A-4, lejos de protagonizar el afán recaudatorio de la Administración, es la reencarnación del impuesto revolucionario. Salí con la máxima cautela de Despeñaperros. Enseguida vislumbré las conocidas y amarillas señales de obras. Discos de 80 y 60 por todas partes, pero luego se olvidan poner la señal de fin de obras. Después, cartel de 120, y a los cien metros, otra vez obras. En realidad no hay obras en la carretera, se puede circular perfectamente. Si acaso se ve algún pivote de plástico por el arcén, pero el caso es ralentizar el viaje, lleno, por otra parte, de discos de 100 por donde se podría circular sin peligro a 140. Y “se olvidan” premeditadamente, ayer lo comprobé, de poner el fin de 100.

El tedio de circular a cien por hora como máximo, cuando no a 80 y a 60, por la provincia de Ciudad Real en la A-4, en plena canícula estival, hizo que respirara hondo cuando, por fin, aparqué en el barrio, con la idea de no coger más el coche hasta que la necesidad lo requiera. Desconozco a los responsables de esto del tráfico en Ciudad Real y no tengo ni ganas ni tiempo de averiguarlo, pero compadezco a los que tengan que pasar por allí a diario. Qué alivio al llegar a la provincia de Toledo.

Esta es la España plural y con talante de Zapatero, el país de las prohibiciones, en donde multan al ciudadano por circular o por fumar, por poner rótulos en castellano en Cataluña...; el país en donde uno puede acabar en la cárcel por tomar unas copas en la cena o dormir en el calabozo porque una mujer te acuse de maltratarla. ¿Prohibir es de izquierdas? Me da que sí, dado el afán prohibitorio zapateril.

viernes, 6 de agosto de 2010

Ciudad dormida

Camino por la ciudad dormida,

entre espectros humanos,

con los que me fundo,

buscando compañías añoradas,

olvidadas, enterradas,

entre fantasmas góticos.

Camino por la ciudad dormida,

a la vez acogedora e inhóspita,

con las miserias de mi alma,

con mis sentimientos heridos,

espantando la soledad,

susurrando pensamientos inútiles.

Camino por la ciudad dormida,

con esperanzas estériles,

con deseos marchitos,

y hago planes abstractos,

que nunca saldrán,

que nunca marcharán.

Camino por la ciudad dormida,

atravieso el mercado de las esperanzas,

pero no hay ninguna para mí,

ni aun pagándola a precio de oro,

mis súplicas se solidifican,

y se hacen añicos contra el pavimento.

Camino por la ciudad dormida,

las bayonetas están despiertas,

mis lamentos crecen,

y la armonía se quiebra,

construyendo telarañas,

en esquinas sombrías.

Camino por la ciudad dormida,

en trayectorias surrealistas,

entre pesadillas etéreas,

y entre fríos y oxidados anaqueles,

deposito mis oscuros deseos,

para que fermenten por siempre.

jueves, 29 de julio de 2010

La prohibición en Cataluña

De joven me aficioné a los toros. Fue porque en mi barrio apareció un torero de apodo “Yiyo” que dio gloriosas tardes de Toreo y que desapareció trágicamente encontrando la muerte en un ruedo al igual que los otros dos componentes del cartel de Pozoblanco. Además, por aquel entonces, Joselito, de la Escuela de Tauromaquia madrileña, revolucionaba el Toreo. Pronto me di cuenta que la Fiesta Nacional no era sólo cosa de paisanos con bota de vino y bocata. Como persona curiosa que soy, empecé a investigar y me di cuenta de la verdadera dimensión de las corridas de toros. Supe que ha habido y hay pintores que nos han regalado lienzos con escenas taurinas rayanas en el arte sublime. Supe también de la relación de la Fiesta con la Literatura. Y comprobé la fascinación que ha ejercido y ejerce la Fiesta sobre personajes ilustres del mundo de la cultura, españoles y extranjeros.

Lo de la abolición de las corridas en Cataluña es una tragedia, una más, perpetrada por esa casta de politicuchos que sufrimos. El Toreo es sensibilidad y quien no lo ve es que no la tiene. Claro que sería mucho pedir que los políticos fueran sensibles y cultos.

La culpa es nuestra, señores y señoras, que para eso los votamos. No obstante, es curioso que un partido minoritario como ERC lleve ya dos legislaturas gobernando en Cataluña gracias a los intereses de Zapatero, un hombre que bajo el disfraz de la bonhomía ha resultado ser el presidente más voraz y catastrófico de nuestra democracia. ERC, una formación que, merced a nuestro sistema electoral chapucero, obtiene escaños de manera más fácil que la formación de Rosa Díez, por ejemplo, a pesar de obtener muchos menos votos. Un partido que se las da de izquierdas, compuesto por una élite de personajes siniestros hijos de papá sobre los que ha recaído un poder que manejan a su antojo, multando a pobres ciudadanos que rotulan sus tiendas en castellano y ahora prohibiendo los toros por lo de español que tienen, porque no es por otra cosa. Prohíben la fiesta con la excusa del maltrato animal, mientras se comen unos entrecots de escándalo a costa de los contribuyentes. Prohíben por proteger al toro, dicen, cuando si se prohibieran las corridas en todo el territorio nacional, el toro de lidia desaparecería, se extinguiría, porque no hay ganadero que pudiera mantener esa raza, carísima de criar si no fuera por la Fiesta.

Sin embargo, no prohíben los toros embolados ni los demás espectáculos pseudocircenses, qué hipócritas, en donde se patea a los animales e incluso se le dan puñaladas y perdigonazos. Qué pena. Qué libertad más mal ejercida por estos niñatos vanidosos y presumidos que van de intelectuales y de progres cuando lo que son es una panda de amanerados y de parásitos sin ninguna cultura. Qué pena de izquierda cuando los ves convertidos en fascistas prohibicionistas. A ver si toma nota el electorado. Estos no podrían ser ni presidentes de su comunidad de vecinos.

lunes, 19 de julio de 2010

Silencio

Café Gijón, 17 de julio de 2010

Tantas veces busqué el silencio

que cuando él me encontró a mí,

no he sabido reconocerlo,

tras haber recibido agudas andanadas

de melancolía y tedio.

Silencio, palabras y frases hechas añicos,

estados de ánimo que sustituyen los razonamientos,

explosiones silenciosas, distanciamiento,

atmósfera hostil soportando sufrimiento,

gélida morada que se instala bien dentro.

Silencio, silencios, frío que te abrasa,

calor que te hiela los pensamientos,

la sensación de que no tienes alma

porque es incompatible con el vacío,

y te mueres, pero estás irremediablemente vivo.

Silencio, vacío, incontrolables estremecimientos,

silentes fantasmas danzando en la ausencia del deseo,

vacías expectativas regidas por el miedo,

volutas de esperanzas que se escapan sin remedio,

alegrías cadavéricas pudriéndose en el cuerpo.

Silencios enrocados en el maldito tablero,

aromas fétidos aprisionados en el cerebro,

notas vacías que expresan lamentos,

rastros de heridas que afloran en el peor momento,

ese momento en que te envuelve el silencio.

sábado, 17 de julio de 2010

Relato: El escritor

Entré en el Café Gijón y Federico me condujo a mi mesa del rincón con su amabilidad característica. Miré por unos instantes hacia la Castellana a través del cristal y le dije a Federico que me trajera un entrecot con patatas y una copita de Marqués de Cáceres. Me daba este lujo una vez al mes, justo el mismo día que me ingresaban en el banco el importe del subsidio de desempleo.

Hubo un tiempo en que acudía aquí todos los días. Un tiempo en que este templo de la Literatura albergaba a los mejores escritores. Una época en la que se charlaba entre compañeros y se ponían en marcha revistas, obras teatrales, novelas y muchos otros proyectos. No teníamos dinero, pero por aquel entonces, el Café tenía unos precios asequibles. Un día, empezaron a venir los ricos, atraídos por el ambiente cultural, y se quedaron para siempre. El resultado es que subieron los precios y todos los artistas dejaron de frecuentar el Gijón. Pero entre esas cuatro paredes quedaba algo, un no se qué que me tenía atrapado. Y eso que yo no llegué a ser importante, como mis compañeros de generación.

Estudié Periodismo, con el esfuerzo de mis padres, que eran trabajadores humildes. Y trabajé de reportero en Pueblo y en ABC. Yo escribía desde que era un niño. Pero ya en la madurez, la Literatura entró en mí como un torrente incontrolable, y empecé a escribir relatos, poesías, novelas y artículos. Esto, que en otra persona podría haberse considerado como una virtud, en mí fue una maldición. Desde aquel momento, sólo me importó escribir. Y me importaban un pito el trabajo, la familia y los amigos. Me convertí en un solitario y fue cuestión de tiempo que, tras terminar trabajando para varios periódicos locales, nadie quisiera darme trabajo. Lo último que había hecho había sido trabajar de acomodador en el María Guerreo.

Todos mis compañeros publicaron sus poemas y sus novelas y hoy son famosos y viven acomodadamente. Los periódicos se los rifan para contratarles como columnistas o como críticos literarios. Yo no tuve cabeza ni me supe vender. Así que malvivo del paro y, eso sí, me ayuda bastante el ganar por lo menos un par de certámenes al mes, aunque esto no es nada seguro.

Terminé de comer y pedí una copita de Jameson con hielo. Abrí mi cuaderno Moleskine, quité la funda de mi Mont Blanc, encendí un cigarrillo y me puse a escribir. Perdí la noción del tiempo y pedí otra copa a Federico. Me sentí un tanto desconcertado cuando descubrí a una joven en la mesa de al lado que, no sólo me miraba, sino que mostraba la mejor de sus sonrisas. Parecía un ángel y, por unos momentos, empecé a pensar cosas raras, por lo que decidí bajar la vista y seguir escribiendo. No pude. Federico me trajo la copa, encendí otro cigarrillo y volví a bajar la mirada. Al cabo de cinco segundos escuché una voz aún más angelical que el rostro de la muchacha que tenía de pie a mi lado.

-¿Puedo sentarme? –me dijo.

-Adelante –logré decir balbuceando.

La chica era rubia y tenía el cabello largo y rizado. Sus ojos eran de color verde esmeralda y sus labios carnosos ocultaban dos hileras de dientes blancos y brillantes. Llevaba una blusa morada escotada, una falda negra y corta que escondía la mitad de sus bien torneados muslos, medias negras transparentes y botines puntiagudos de color morado.

-¿Es usted escritor? –me preguntó.

-Sí, señorita, me dedico a escribir cosas.

-¡Qué interesante! Por cierto, me llamo Ana Cifuentes.

-Yo, Felipe de Paz –contesté extendiendo mi mano.

Estuve a punto de decirle que en mi caso era todo lo contrario a interesante, que la escritura había arruinado mi vida, pero no sé por qué, fui sensato y obvié el comentario. Empezó a contarme que su padre, aficionado a la Literatura, la llevaba al Gijón cuando era pequeña y la hablaba de libros y de los autores que se reunían en el Café. Su padre había muerto, pero ella había continuado yendo por el Gijón, aunque se quejó de que ya no veía a ningún escritor. Que por eso se había acercado a mí al verme escribir. Apuró su café y aceptó que la invitara a una copa.

-¿Me dejaría usted leerlo? –dijo señalando mi cuaderno.

Le dije que el relato que estaba escribiendo no estaba terminado, aunque realmente sólo faltaba el desenlace que cualquier escritor avezado podía intuir. Y me dijo que no le importaba, que se moría de ganas por echarle un vistazo. Ante su sonrisa, que me tenía hechizado, no pude negarme y le extendí mi Moleskine. Empezó a leer. Se inclinó sobre la mesa y dejó a la vista sus más que generosos senos. Mis ojos se perdían en sus pechos y sentí una erección. Aparté la vista y reflexioné. Yo tenía 55 años y ella no aparentaba más de treinta, así que no era cuestión de hacer el ridículo. Aun así, no pude evitar que mi mirada aterrizara más de una vez en aquel escote. Cuando terminó de leer me miró como una niña a la que acaban de comprar unos zapatos nuevos.

-Pero…, pero este relato es espectacular –me dijo-. Escribe usted de una manera exquisita.

-No es para tanto, pero gracias.

A partir de ahí, empezó a interrogarme sobre los aspectos literarios de mi vida. Como hombre y como escritor que soy, me dejé llevar y empecé a hablar de mí mismo. Mi vida era un desastre, pero de vanidad iba bien servido y le relaté mi juventud y mis encuentros en el Gijón con mis compañeros escritores. La surtí de todo un repertorio de anécdotas y enumeré todos los premios de poesía, relato y novela que había ganado. Le brillaban los ojos. Y yo seguía presumiendo entre sus exclamaciones tales como “¡es increíble!” o “¡qué interesante!”.

Al cabo de un par de horas y un par de copas más me sorprendió diciéndome que podíamos continuar con la charla en su casa. Yo no me lo podía creer. Acepté sin titubeos. Pagué a Federico y me excusé ante Ana para ir al servicio. Una vez allí, me lavé la cara y me humedecí el pelo para peinarme. Hice unos cuantos gestos ante el espejo como si fuera un adolescente y me autoengañé pensando en que mi rostro maduro de pelo plateado podría resultar atractivo para una joven. Después, extraje de mi bolsillo una muestra de colonia y me perfumé. Al salir, vi a Ana esperándome en la puerta del Café. Me tomó del brazo y nos encaminamos a su casa que, según me dijo, estaba cerca.

Mientras caminábamos por la calle continuamos hablando. Ella sujetó mi brazo más fuerte aún. De pronto, creí haber rejuvenecido veinte años de golpe y mientras charlaba empecé a percibir el olor de la chica, no el de su perfume, sino su olor corporal, lo que me produjo otra erección al instante, potenciada por las furtivas miradas al escote y el contacto con ella a través del brazo.

Ya en su casa, puso música y el salón se llenó de los compases de la banda sonora de “Memorias de África”. Hizo café y sirvió dos vasos de whisky con hielo. Yo le pedí algunos datos de su vida y sólo me dijo que escribía relatos y que su ilusión era escribir una novela. Parecía más interesada en mis técnicas de escritura, y yo se lo conté todo.

-Felipe –dijo ella-, ¿te importa que me ponga cómoda?

- En absoluto, adelante –le contesté.

Yo no podía más de excitación. Cuando al cabo de cinco minutos ella volvió al salón con un kimono negro que le cubría hasta la mitad de los muslos, me creí morir. Jamás había contemplado antes la imagen de una mujer tan seductora. Ella volvió a sentarse junto a mí con una sonrisa harto sugerente y no pude más. Deslicé la mano entre sus muslos, que se separaron lentamente. Me encontré sin más con su vello púbico. Ella gimió y, tras unos segundos, se levantó para deslizar el kimono sobre sus hombros, que cayó al suelo produciendo un susurro inaudible.

Abandoné la casa de Ana totalmente hipnotizado. Me dijo que me llamaría al día siguiente, pero nunca lo hizo. Volví a su casa, pero ella ni siquiera vivía allí. Interrogué a sus vecinos, pero nadie supo darme razón de una chica rubia de unos treinta años llamada Ana Cifuentes. Allí no vivía nadie. La casa era de alguien que había muerto recientemente, viudo y sin hijos. Ana se esfumó de mi vida. Incluso llegué a poner una denuncia por desaparición en comisaría. Cuando la policía comprobó que ella no vivía allí, no sólo se mofaron de mí sino que a punto estuvieron de demandarme por mentiroso. Pasé un mes con depresión, dando tumbos por el barrio y emborrachándome. Poco a poco, con paciencia y disciplina, volví a centrarme en escribir.

Habían pasado unos quince meses desde que conociera presuntamente a Ana cuando un amigo escritor, compañero de generación y ahora famoso, me invitó a la presentación de su última novela en una librería de la ciudad. Llegado el día, me acerqué hasta la librería una hora antes y me dediqué a mirar libros tranquilamente. Después de pasar un rato agradable, me dirigí al lugar reservado a las diez novelas más vendidas. Sentí la curiosidad de mirar el libro que ocupaba el número uno. La portada no estaba mal y la editorial era la más importante. Di la vuelta al libro y empecé a leer la sinopsis. Según avanzaba en la lectura fui palideciendo. Rápidamente, busqué la fotografía de la autora en la solapa de la novela. Entonces empecé a temblar de forma descontrolada. No podía creerlo. En la fotografía aparecía Ana sonriendo. Sólo que ni siquiera se llamaba Ana, sino Clara Amores, la mujer que me robó el corazón y mi relato para convertirlo en una novela de éxito. Qué ingenuo había sido. Y lo malo era que, siguiendo las pautas que me marcaba mi habitual despiste, no había registrado el relato en la Propiedad Intelectual, así que no podía hacer nada. Estrellé el libro contra el suelo. Cuando el vigilante de la librería me agarró, apareció mi amigo el escritor y, con tenacidad, pudo convencer al empleado de seguridad para que me soltara. Se ofreció a pagar los desperfectos, pero el vigilante dijo que yo debía abandonar la tienda inmediatamente. Mi amigo me acompañó hasta la calle y, una vez fuera, quiso saber qué me ocurría. Pero yo sólo vociferaba maldiciones. Cuando consiguió tranquilizarme se despidió de mí porque ya era la hora de la presentación, no sin antes preguntarme si me encontraba bien. Yo asentí y me alejé cabizbajo y con las manos en los bolsillos.

Veinte días después, yo hacía cola en unos grandes almacenes. Clara Amores presentaba al público su best seller basado en mi relato. La cola avanzó lentamente hasta que, al fin, estuve frente a frente con la escritora. Mi mirada de odio contrastaba con la expresión de incredulidad de Clara, que empalideció al instante.

-Eres una embustera y una ladrona –le espeté ante su público, los micrófonos y las cámaras.

El rostro de Clara pasó del blanco inmaculado al rojo carmesí. Pasados unos segundos de incertidumbre, ella se levantó y consiguió a duras penas que la siguiera hasta un rincón. Allí, una mujer con rasgos sudamericanos, sostenía un carrito que albergaba un bebé.

-Lo siento, Felipe, de verdad –dijo Clara mirando hacia el suelo-. Felipe –continuó diciendo la escritora-, éste es nuestro hijo.

Antes de abandonar el recinto de la presentación con rostro colérico y los puños apretados, pronuncié lo que, más que una contestación, pareció una sentencia.

-Nuestro hijo, sí… –dije con la mirada perdida-. Un hijo de puta.

jueves, 15 de julio de 2010

El humo en la botella, de Juan Ramón Biedma

Lo he dicho muchas veces. Uno tiene sus escritores de referencia. Pero siempre se van descubriendo otros nuevos. Las formas de llegar a una novela serían motivo para componer un ensayo. Llegué a Juan Ramón Biedma gracias al blog de Pedro de Paz, de cuyo criterio me fío, que un día anunciaba el cercano lanzamiento de “El humo en la botella”. Pedro hablaba del escritor y alababa su estilo sin cortarse un pelo. Provocó mi curiosidad y así, me fui hasta su página web y empecé a recopilar información. Al saber que la editorial era “Salto de página”me dije que me haría con el libro en cuanto me fuera posible, a pesar de la cola de novelas que tenía para leer. Los de “Salto” se han consolidado con un catálogo de títulos estupendo. Además, cuidan la edición como nadie. Han conseguido encorsetar sus novelas bajo un formato agradable y reconocible para el lector, que sabe cuando tiene un libro en la mano de qué editorial es sin mirarlo. Todas la novelas son iguales pero, a la vez, cada una es distinta, en función de la colección a la que pertenezca y al autor que la escribe. En ese aspecto han triunfado. Tienen el detalle de regalar con cada libro un marcapáginas serigrafiado con motivos de la novela y el autor. Y lo más importante, no he leído ni un título que sea mediocre, todos son sensacionales.

Vi la novela en la caseta de la editorial, en la Feria del Libro de Madrid, cuando aún no estaba en las librerías y la estuve ojeando. Me dijeron que se presentaba en la Casa del Librocierta mañana y no pude acudir porque había quedado con Francisco José Jurado para que me firmara un ejemplar de Benegas. Finalmente, unos días después, volví a la caseta de “Salto” y Juan Ramón Biedma me firmó mi ejemplar.

Empecé a leer y enseguida me di cuenta de que tenía entre las manos una novela distinta, marcadamente de autor. Juan Ramón habla de locos, de dementes y del comportamiento delictivo de éstos como consecuencia de su locura, aunque a veces parece que algunos de los personajes han llegado a la locura por la autopista de la delincuencia. En cualquier caso, todos esos dementes habitan unas calles de una Sevilla nada habitual, de paisajes oscuros y sórdidos; una Sevilla en la que cada dos por tres se va la luz (supongo que esto es una crítica real ya que Juan Ramón es sevillano y habrá sufrido los diversos apagones en la ciudad), aumentando esa atmósfera pesada y lúgubre; una Sevilla plagada de ruinosos manicomios regentados por oscuros religiosos sospechosos de hacer toda clase de experimentos con los enfermos.

La novela se arma a partir de tres personajes: Peña, Ana Mengele y Joaquín Anube. Estos treintañeros llevan toda su vida entrando y saliendo de centros de salud mental y al final se juntan y llegan a la conclusión de que deben hacer algo para rehacer sus vidas. Y se plantean un secuestro, el del hermano de Eme, otro de los personajes que escapa de una residencia de enfermos mentales como consecuencia de recibir una novela escrita muchos años atrás por un compañero de su abuelo, que también era un loco. Eme tiene algo con Peña desde que tenían doce años y ella con él. Sus caminos vuelven a cruzarse y al final Eme participa en el secuestro, un secuestro cutre y desorganizado, para eso ha sido planificado por dementes que a la vez son delincuentes de baja estofa. Las entradas de un blog que administra otro demente se van colando como cuñas entre los capítulos del libro. Y, finalmente, hay un detective contratado por Víctor Tobasa, el hermano de Eme, que es contratado para encontrar a éste. El detective, Set Santiago, no está loco aunque le falte poco. Es un abogado sin éxito que, sin embargo, tiene una hija, Austria, cuya vida está claramente marcada por la esquizofrenia que sufre, que la lleva incluso asesinar a gente acompañada por un compañero de clase que está fascinado por su comportamiento.

Joaquín Anube se relaciona con el Manzano, un antiguo compañero del colegio que es yonki y que no está muy cuerdo como consecuencia de las drogas. Juntos planean otro golpe, un atraco muy mal organizado.

Juan Ramón Biedma escribe bajo el punto de vista de los locos, sencillamente narra unos hechos y hay momentos en que me costó leer muchos capítulos porque me hacían daño. Dichos capítulos están exentos de moralidad o cualquier otra consideración. Creo que Juan Ramón está obsesionado con cierto tipo de comportamientos y ha creado personajes que los encarnen, pero no los juzga, es más bien al contrario. Porque por muchas maldades y tropelías o acciones sin sentido que se cometan, al final el lector se identifica con esos personajes que, en definitiva, son víctimas, y odia a esa sociedad de personas normales hacia la que hay una crítica implícita feroz.

El estilo de Juan Ramón es directo y le gusta jugar con los nombres y hacer guiños. El apellido Mengele es ilustre, como significativo es el secundario Ygor, tocayo de aquel personaje de Mary Shelley en Frankestein. Guiños como el que hace a la escritora Mercedes de Castro, bautizando a otro personaje secundario con su nombre y apellido.

Me parece que Juan Ramón no está nada de acuerdo con esa medida progresista que dejó a España sin manicomios y condenó a miles de enfermos y familiares a convivir con situaciones límite, con esos enfermos medicados en casa cuando antes estaban en centros mejor o peor atendidos, pero vigilados. Manicomio, palabra proscrita que no ha desaparecido del diccionario pero sí de los procesadores de textos.

La novela es terrorífica, cruda y hace reflexionar. El escenario es Sevilla, pero podría ser cualquier ciudad grande encarnada como un manicomio global en que los enfermos vagan a su suerte por unas calles inhóspitas.

Una novela altamente recomendable, por lo que cuenta y por cómo se cuenta. Aunque armaos de valor y de una buena iluminación para leerla. Protegeos contra el miedo.

Juan Ramón Biedma: Nace en Sevilla, estudia Derecho, y se dedica durante años a la gestión de emergencias, actividad que ha compaginado con la de locutor de radio, guionista, crítico musical y cinematográfico, así como con la colaboración en diversas antologías —Libertad condicionada y otros relatos, Guernika variaciones...— y publicaciones. El manuscrito de Dios, mención especial del jurado en el II Premio de Novela fallado por la Semana Negra de Gijón del 2004 y finalista del Memorial Silverio Cañada, supone su debut en el campo de la novela, iniciando una trayectoria que se vería continuada con El espejo del monstruo, El imán y la brújula, —obra por la que ha obtenido los premios Novelpol y Hammett a la mejor novela policíaca publicada en 2007— y El efecto Transilvania. Su última novela es El humo en la botella.

lunes, 12 de julio de 2010

Es lo que hay

El Mundial ha tenido en vilo a mucha gente en el mundo. También aquí, en España, el que más y el que menos miraba de refilón a la televisión y, cuando menos, todos, futboleros y no futboleros, sabían de la trayectoria de la selección en Sudáfrica. Pero si de algo se debe tomar nota de este Mundial, aparte de la consecución de la Copa del Mundo por parte de una selección que representa a un país llamado España, es de la realidad ciudadana frente a las mentiras de los políticos.

Nuevamente, la ciudadanía se ha aferrado a la bandera, desde Bilbao hasta Cádiz y desde Badajoz hasta Barcelona, ciudad ésta en la que el Ayuntamiento se ha tenido que rendir a la evidencia y poner pantallas gigantes en la Plaza de España para que los ciudadanos barceloneses siguieran la final. Por cierto, por mucho que quieran maquillar las cifras, había ayer más gente viendo y disfrutando la final que el otro día en la manifestación contra la sentencia del famoso “estatut”. Es lo que hay. Como cierto es que José Tomás ha llenado la plaza de toros de Barcelona cada vez que ha ido allí a torear. Y también es lo que hay.

Esto es el país del esperpento. Nuestro Presidente del Gobierno, a pesar de que sus asesores han tratado de dibujarlo con trazos de estadista, conciliador y negociador, se ha comportado como un lobo con piel de cordero. Sólo le interesa el poder. Pactó con ERC e IU en Cataluña desbancando a CiU, que fue quien ganó las elecciones, con el único propósito de situar al PSC en la “Generalitat”. Por cierto, que pusieron como “president” a un andaluz que habla en catalán en el Senado para que se lo tengan que traducir a otro andaluz, aun a pesar de que el primero domina el castellano mejor que el catalán, ¿es o no es esperpéntico? Prometió el oro y el moro en un ejercicio de irresponsabilidad sin precedentes, y de esos barros tenemos ahora estos lodos de un “estatut” que sólo interesa a la clase política catalana y a sus escasos seguidores comparados con la totalidad.

Zapatero tampoco tuvo escrúpulos de pactar con el BNG en Galicia con tal de que otro socialista ocupara el poder en esa comunidad autónoma. Ni de pactar con el PP en Euskadi con el mismo objetivo.

Nos ha impuesto la paridad con calzador en el Gobierno, demostrándose una vez más que poner por delante de la eficacia el sexo es un atentado al sentido común. Nos ha propuesto un modelo de país al que aspiran ciertas minorías en un esfuerzo quijotesco que con esto del Mundial se ha demostrado esperpéntico. Sólo engañan a los ignorantes, pues los que saben Historia les pillan las mentiras al vuelo. Claro que, también se están preocupando bastante de tener a una masa iletrada con las sucesivas, dañinas e inútiles reformas educativas.

Los que saben, conocen perfectamente la Historia de este país. Pérez-Reverte nos recordaba un retazo de ésta en su artículo semanal narrándonos la valentía de los cristianos en las Navas de Tolosa y se lamentaba de que no se hiciera una película recordando a esos héroes, culpables, entre otras cosas, de que actualmente las mujeres no lleven velo en una España que tras la Reconquista se configuró como definitivamente cristiana y Europea. Película que, por supuesto, no subvencionaría el Ministerio de Cultura no vaya a ser que se molesten los herederos de quienes perdieron la batalla.

Quizá, según la filosofía zapateril, no deberíamos alegrarnos de haber ganado el Mundial, no vayan a molestarse las nacionalidades plurales de España, o como se diga, desde las que han ondeado banderas españolas como en el resto de autonomías. Es lo que hay.