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Al otro lado

Al otro lado
"Al otro lado", de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-15352-66-2.
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Presentaciones:

Sábado, 27 de abril a las 12 h. en la Feria del libro de Granada, en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA Puerta Real. Me acompañará en la presentación el compañero de Granada Jesús Lens. Y a las 13 horas firma de ejemplares en la Caseta de Firmas.

Sábado, 20 de abril, de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h. en la Feria del Libro de Fuente el saz de Jarama.

Sábado, 26 de enero a las 20 h. en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan. Me acompañará en la presentación el compañero de Ciudad Real José Ramón Gómez Cabezas, autor de "Réquiem por la bailarina de una caja de música", de la Editorial Ledoria.

Martes, 23 de octubre a las 19.30 h. en la librería Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno 46, Madrid). Si no puedes acudir y queréis un ejemplar firmado, ponte en contacto con ellos y pídeselo (91 543 0534). Te lo enviarán por correo.

Miércoles, 24 de octubre a las 18 h. en Getafe Negro (Carpa de la Feria del Libro). A las 20 h. participaré en una mesa redonda con otros compañeros de la Editorial Ledoria titulada "En los arrabales de la Novela Negra.

jueves, 26 de julio de 2012

“El error azul”, de Javier Lorenzo



Si tengo que decir cuándo conocí a Javier Lorenzo, no lo recuerdo. Solo sé que empezamos a coincidir en saraos literarios y que empezamos a saludarnos y a hablar. Estas reuniones de escritores, convocadas por editoriales, revistas culturales o por algún escritor que presenta novela nueva, son uno de los alicientes de vivir en Madrid. 

 
Javier es un tipo alto, recio, de sonrisa bonachona, que derrocha camaradería, aunque tras esa mirada suya, he creído vislumbrar una mala hostia oculta a la que no me gustaría enfrentarme. O quizás, solo sean imaginaciones mías.


Tras habernos saludado unas cuantas veces, miré en Internet su trayectoria, encontrándome con un tipo que es periodista y que empezó trabajando en la cadena SER para pasar después a El Mundo, dando rienda suelta a su gran pasión, escribir. Pero además, Javier es árbitro de esgrima, deporte del que fue campeón de España junior en 1980 y miembro de la selección nacional durante cinco años.
En cuanto a su trayectoria literaria, publicó “La España hortera”, un ensayo prologado por Luis Carandell, y realizó guiones para televisión. Su primera novela, “El último soldurio” (12 ediciones y 50000 ejemplares vendidos) ve la luz con Planeta, al igual que la segunda, “Las guardianas del tabú”, ambas novelas históricas. 


Quedé con Javier y su inconfundible coleta la pasada Feria del Libro de Madrid. Esta cita aplazada varias veces por respectivos problemas de agenda, tiene su origen en la presentación de la novela de otro amigo, Jorge Díaz (por cierto, si no habéis leído “La justicia de los errantes” no sé a que esperáis), en donde Javier y yo nos encontramos por enésima vez en el bar al que fuimos después de la mencionada presentación. Charlamos breve pero intensamente. No voy a desvelar aquí el contenido de nuestra conversación, que queda para nosotros, pero de ahí surgió la idea de citarnos para que él me entregara su última novela.


Como decía nos vimos en el Retiro, tomamos una cerveza y nos despedimos. Yo me llevé “El error azul” (Planeta, 2011) bajo el brazo, con ganas de leerlo en cuanto terminara de leer la novela con la que andaba aquellos días. Lo cierto es que no he podido hincarle el diente hasta hace bien poco por problemas de tiempo, pero una vez leída la primera página, no he podido dejar de leer. 


La trama está narrada en un lenguaje exquisito, lo que denota el depurado estilo de Javier. Lo hace con la técnica del narrador omnisciente, que aporta variedad de escenarios y puntos de vista. Pero además, el texto se enriquece con capítulos narrados en primera persona por Martín, uno de los personajes principales. La historia gira en torno a Amelia, una mujer muy distinta a las demás, bellísima y adelantada a su tiempo. Su encanto hace que Alberto se enamore perdidamente de ella. No solo no es correspondido, sino que ella elige a Martín, rival en lo personal y en lo ideológico. A partir de aquí, la vida de Amelia se convierte en maldita. La época histórica de “El error azul” abarca desde pocos años antes de la Guerra Civil Española hasta la posguerra y posterior evolución de España como país que vive la dictadura de los vencidos. Alberto, victorioso en lo ideológico sigue acechando a Amelia durante años. Martín la tiene a ella, pero combatió con las tropas de la República, lo que marca decidida y dramáticamente su vida.
Sin duda, la trama principal la constituye este triángulo de personajes, pero en la novela hay más. Se describen paisajes rurales y urbanos. Y Javier nos cuenta de forma excepcional los otros paisajes, los humanos. Nos habla de amor y de otros sentimientos antagónicos, como la mezquindad avalada por una posición de poder. Y aunque no se puede decir expresamente que sea una novela sobre la Guerra Civil, ya que la historia podría haberse ambientado en cualquier otra época, el autor nos sumerge de lleno en uno de los periodos más dramático de nuestra historia, contándonos episodios amargos del pueblo del que son originarios los tres protagonistas; de cómo los vencedores represaliaron brutal y salvajemente a los vencidos; de la guerrilla que continuó por diversas zonas de la geografía española una vez que terminó la contienda.


“El error azul” es una de las mejores novelas que ha caído en mis manos en los últimos tiempos. Una novela que demuestra que el estilo no está reñido con la historia. Un libro de esos que cuando te quedan pocas páginas, sientes que se va a acabar, cosa que no quieres, aunque por otra parte te apetece mucho conocer el desenlace que, en este caso, es inesperado y espectacular.
Javier Lorenzo seguirá escribiendo, sin duda, porque esto es lo suyo. E independientemente de las crisis o los altibajos de las editoriales, seguirá publicando, porque siempre habrá editores interesados en sus manuscritos. Y yo, ya cuento con él como amigo. Pero a partir de ahora, cuento con él como autor de cabecera. Enhorabuena, escritor.

sábado, 16 de junio de 2012

La luz muerta, de José Javier Abasolo


 
            Las grandes editoriales suelen tener a dos o tres autores fetiches a los que dedican todos sus medios y todo su dinero en promoción. Son los que llegan al gran público porque sus novelas están en las librerías, pero también en las grandes superficies, en gasolineras, etc. Lo que ocurre es que como tienen que tener un catálogo, rellenan su nómina con escritores menos conocidos a los que les hacen una tirada menor y en la mayoría de los casos no les montan ni una mísera presentación en su ciudad natal. ¿Qué quiénes compran sus libros? Sus familiares, sus amigos y algún lector despistado que junto a un nombre desconocido reconoce el sello editorial que aparte de salir en prensa, radio y televisión, empapela las paradas de autobús con la imagen de los mencionados autores fetiche, que en la mayoría de los casos no atesoran ni la mitad de la calidad literaria que los desconocidos. El único mérito que presentan como tarjeta de visita es ser tertuliano, periodista famoso o simplemente famoso, sin oficio, pero con mucho beneficio.
            Luego están las otras, las editoriales pequeñas, las que apuestan por un autor porque piensan que lo que escribe es bueno. Tienen problemas de distribución, sus libros no llegarán a kioscos ni a gasolineras, ni siquiera a las grandes superficies. Viven de la fidelidad del lector, que normalmente repetirá en cuanto la editorial publique un nuevo título. Es el caso de Erein, una editorial vasca que inició la colección “Cosecha roja” de novela negra, con siete títulos editados hasta ahora y tres nombres cuyas plumas atesoran calidad literaria y experiencia demostrada: Jon Arretxe, Javier Abasolo y José Luis Muñoz.
            En marzo de 2010 publicaron el segundo título de la colección, “Pájaros sin alas”, de Javi Abasolo, una novela de 486 páginas en la que el autor nos presentaba a Mikel Goikoetxea, un ex ertzaina apartado del cuerpo por recibir acusaciones falsas y reconvertido a detective para sobrevivir. En la novela, resuelve el caso del Karibeko Kluba tras perder a su mujer en un suicidio que al final resulta ser un asesinato. Con estos antecedentes, el detective vuelve a la carga en la nueva novela de Javi, “La luz muerta”, sexto título de la colección “Cosecha roja”. Escéptico como pocos y dueño de un cinismo chandleriano adaptado a Bilbao, Mikel Goikoetxea “Goiko” reaparece tranquilo, con sus problemas económicos solventados debido a la herencia que le ha dejado un conocido notario bilbaíno amigo de su padre para el que trabajó en “Pájaros sin alas”. El notario y el caso, además del propio Goiko, son el vínculo de “La luz muerta” con “Pájaros sin alas”.
            Pero cualquier remanso de paz es solo un espejismo en la vida de un detective que se precie. En esta nueva entrega, el investigador se ve forzado a aceptar un nuevo caso presionado por el presidente del Tribunal Superior de Justicia vasco, que le encarga ser la sombra de Agurtzane, su hija ilegítima, en un reportaje que ella quiere realizar sobre las muertes por sobredosis. Lo cierto es que ella sospecha que su amiga Erika Pereda, última víctima, que ni siquiera consumía heroína, ha sido asesinada. Juntos tirarán de un invisible hilo de una madeja que no se deja vislumbrar hasta verse envueltos en una trama macabra que conduce al lector hasta un desenlace inesperado.
            Posiblemente tengamos que esperar bastante, o no, solo Javi y Erein lo saben, hasta la tercera entrega de Goiko, ya que Javi es un escritor prolífico y no se dedica solo a las sagas. En cualquier caso, sus lectores seguiremos disfrutando de su prosa y su buen hacer como armador de tramas negras. Escritor original, utiliza diversas técnicas de narración en casi todos sus libros. En su última obra, utiliza la primera persona para narrar los pasos de Goiko, aprovechando la fuerza de este estilo a la hora de caracterizar al personaje. Sin embargo, se acoge al narrador omnisciente para describirnos el entorno de Andoni Zubikarai, forense que ve incrementadas de cadáveres sus jornadas de guardia, una subtrama que se unirá a la trama principal en el desenlace. En “Pájaros sin alas”, Javi utilizaba incluso la segunda persona para narrar una de las subtramas, demostrando su maestría no solo en cada uno de los estilos, sino en su habilidad para juntarlos en una misma novela, algo nada habitual.
            Ojalá Javi pudiera dar el salto a una editorial grande. No porque Erein y las otras editoriales no sean buenas, que talento ya han demostrado sus editores al publicarle sus obras, sino porque él podría llegar a un abanico más amplio de lectores, que lo merece. Y si no, ellas se lo pierden, como tristemente se perderán a Javi miles de potenciales lectores que estarían encantados de leerle. Yo creo que todo llegará y mi deseo es que para eso pase poco tiempo.

José Javier Abasolo es Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto. Ha trabajado como abogado y desempeñado varios puestos en las administraciones públicas, desempeñando sus funciones en la actualidad en el Departamento de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco.

En el campo de la literatura tiene una larga trayectoria como autor de novela negra, habiendo publicado los siguientes libros: Lejos de aquel instante (1997, Premio de Novela Prensa Canaria 1996 y finalista del Premio Hammett 1997, traducido al francés), Nadie es inocente (1998, traducido al francés e italiano), Una investigación ficticia (2000), Hollywood-Bilbao (2004), El color de los muertos (2005), Antes de que todo se derrumbe (2006, Premio de Narrativa García Pavón 2005), El aniversario de la independencia (2006, Premio Farolillo de Papel del Gremio de Libreros de Bizkaia), Heridas permanentes (2007), Pájaros sin alas (2010) y La luz muerta (2012).

Ha sido traducido al euskera, al italiano y al francés.

viernes, 1 de junio de 2012

La justicia de los errantes, de Jorge Díaz


            “La justicia de los errantes” (Plaza y Janés), de Jorge Díaz, es una novela para sentarse tranquilamente ante un café y disfrutarla. Aun siendo una historia de ficción, está basada en hechos reales, en donde los personajes históricos se mezclan con otros inventados, como por ejemplo Paz, una joven mulata hija de un anarquista canario emigrado que acompaña a Durruti y Ascaso en su periplo americano. Pero lo que son las cosas... Como el propio autor reconocía no hace mucho, Paz bien pudo existir, ya que recientemente, alguien le dijo que su abuela conoció a los mencionados anarquistas e incluso estuvo con ellos en Sudamérica.
            La novela narra básicamente las aventuras de Buenaventura Durruti y su compañero Ascaso, activistas anarquistas que comenzaron a actuar en los años veinte. Idealistas en los comienzos, empiezan a actuar contra el capitalismo y a favor de la causa obrera, pasando a realizar atracos y asesinatos selectivos entre la élite política, militar y religiosa. Si bien la trama comienza en España, narrando importantes acciones como el atraco al banco de Gijón o la ejecución de un prelado, la novela se centra en el periplo americano, es decir, en el viaje que hicieron los dos anarquistas a Sudamérica toda vez que en España estaban ya muy acosados por la policía. Desembarcan en Cuba y van pasando por Méjico, Chile, Argentina y Uruguay.
            Podemos decir que es una novela histórica, ya que narra hechos históricos ocurridos en el pasado. Pero podríamos decir también, sin temor a equivocarnos que es una novela negra, ya que hay tiros, atracos, persecuciones, etc. Buenaventura Durruti es una figura suficientemente conocida, tanto por lo ya dicho como por su activismo en los años previos a la Guerra Civil, hasta su asesinato en extrañas circunstancias en la Ciudad Universitaria una vez empezada la contienda. Pero también hay que decir que en España no nos sabemos vender, no se sabe muy bien si por la imposibilidad de vencer tópicos o porque lo llevamos en los genes. Como he comentado varias veces con el autor, si estos dos hubiesen sido americanos, les habrían hecho folletines, novelas y películas.
            No voy a posicionarme aquí en cuanto a si lo que hacían estos tipos estaba bien o no, hace tiempo que soy apolítico. Pero lo que es cierto es que las circunstancias eran las que eran y que el anarquismo triunfó en España como en ningún otro lugar. Verdaderamente, dejando a un lado las ideologías, Jorge hace que te identifiques con los personajes. Por lo que yo ya sabía y por lo que el autor me ha recordado con esta estupenda novela que por momentos parece un western, estos tipos eran especiales, estaban hechos de otra pasta. Tenían dinero para darse la gran vida. Sin embargo, al llegar a un lugar, mientras estudiaban los posibles objetivos, lo primero que hacían era buscar trabajo, ya que se consideraban obreros. Y si un día no tenían para cenar no lo hacían, a pesar de tener un millón de pesetas en bolsas procedentes de atracos debajo de la cama. Ese dinero era para la causa obrera y era sagrado.
 

            La novela utiliza la técnica del narrador omnisciente para narrar los hechos que se producían en distintos escenarios. Sin embargo utiliza el tiempo verbal presente, algo menos habitual y que me sorprendió. Hace poco le pregunté a Jorge por esta circunstancia en Málaga, dentro de las jornadas “Mejor con un libro”. Me dijo que quería hacerlo así para ir escribiendo según sucedían las cosas, para que el lector terminara un capítulo y su percepción fuera la de estar dentro de la historia y viajar con los personajes al mismo tiempo que ellos. Escribir en presente es mucho más difícil que escribir en pasado, de hecho le causó más de un problema con los verbos y con sus editores. Pero la obra salió adelante según el criterio del escritor, como debe ser.
            Todo protagonista debe tener su antagonista. En este caso, nuestros dos amigos son perseguidos a través de los capítulos por el inspector Valenzuela, un hombre de moral muy cuestionable que no duda en hacer suya la máxima “el fin justifica los medios”. Un policía que se hace más odioso si cabe por ser hijo de un anarquista preso al que no visita más de tres veces en la novela y siempre para obtener un beneficio.
            Con una trama fabulosa, Jorge recrea estupendamente el ambiente prebélico de una España muy inestable en donde las ideologías de todo tipo campaban a sus anchas y en cuyo nombre se cometían crímenes y todo tipo de atrocidades. Son interesantes los datos que el autor aporta sobre los anarquistas exiliados en París con García Oliver a la cabeza, mezclados con anarquistas de otros países, italianos sobre todo, y con la bohemia de pintores y literatos que en aquel entonces eligieron la ciudad de la luz y sus bulevares para buscar la inspiración de sus obras.
            Una novela que, en definitiva, no os podéis perder, llena de aventuras y de hechos históricos que os ayudarán a comprender la realidad de un país, España, cuyo escenario actual se va pareciendo peligrosamente y cada vez más a los paisajes de “La justicia de los errantes”.

lunes, 28 de mayo de 2012

Freiduría “El chaval”, Canillejas.




Hay establecimientos humildes que sin embargo constituyen verdaderos emporios gastronómicos. No aparecen en la guía Michelín, ni siquiera en las guías para turistas, pero ahí están, haciendo una labor encomiable durante años, regidos generalmente por una familia que montó el negocio en su día y cuya responsabilidad pasa de padres a hijos.
Hoy voy a hablaros de uno de estos establecimientos: la freiduría “El Chaval”. Está en mi barrio, Canillejas. Y la primera vez que fui me llevó mi padre, cuando todavía era yo un crío. Mi padre, que en paz descanse, me enseñó a eliminar escrúpulos y a degustar los productos que se venden en las casquerías. Cada vez quedan menos, ya que la gente se ha vuelto escrupulosa. Los hay que no han probado nunca una cabeza de cordero asada, unos riñones o unas mollejas de cordero. Ellos se lo pierden. Allá cada cual.
La casquería es la estrella en la freiduría. Pero el protagonismo absoluto lo adquieren las gallinejas y los entresijos. Para quien no lo sepa son tripas de cordero fritas, muy fritas. Y son un manjar crujiente de sabor único típico en la gastronomía madrileña, aunque bien es cierto que es una tradición que se va agotando, debido, ya digo, a los escrúpulos de las nuevas generaciones ante los productos de casquería.
La freiduría “El Chaval”, regentada por el bueno de Aurelio y su familia, abre todo el año. Aunque bien es cierto que los clientes acuden en masa, sobre todo en primavera y verano, ya que es en estas fechas cuando montan la terraza en un parterre recién regado y con la sombra de dos árboles de tamaño considerable. La terraza se pone hasta la bandera. Si uno consigue mesa, es un privilegio disfrutar al fresco de una buena jarra de cerveza, viendo la coreografía de la familia de Aurelio sirviendo todo tipo de viandas y ensaladas, ensaladas de las de toda la vida, de lechuga, tomate, atún y huevo cocido, aderezada con aceite vinagre y sal.
Si el sabor es importante, no lo es menos el aroma, pues por el establecimiento y por la terraza se esparce el olor a gallineja frita que envuelve a las familias y a los amigos que en ese momento están allí disfrutando, olvidando los problemas de la vida cotidiana. El lugar se presta a las buenas y largas charlas de noches de verano en las que no te apetece irte a la cama. Y es que es tanto el trabajo, que muchas noches se cierra de madrugada.
Como decía antes, las gallinejas y los entresijos son productos típicos de la gastronomía madrileña. Ya en la obra de Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, se hace mención a la gallineja: «Era la vecina del bohardillón, llamada comúnmente la gallinejera, por tener puesto de gallineja y fritanga en la esquina de la Arganzuela», donde se perfila la palabra gallinejera como la persona que vende y fríe la gallineja. Y a principios del siglo XX era frecuente ver los camiones saliendo del matadero de Legazpi para repartir las gallinejas por los bares de Madrid.
Establecimientos que aún las sirvan, ya quedan pocos, pero los hay. Ahora, bien es cierto, que yo no las he probado mejor que en la freiduría “El Chaval”. Y tengo la suerte de que está en mi barrio. Además, si os animáis a hacerles una visita, os recomiendo las gallinejas y los entresijos, claro. Pero no dejéis de probar las mollejas o los zarajos. Y si vais con amigos escrupulosos, no hay problema. Hay chorizo, alitas, costillas, chuletas, en fin, toda una gama de viandas bien cocinadas que harán que se os haga la boca agua solo con mirar la carta.

viernes, 25 de mayo de 2012

Ser novelista


Siempre lo dije, ser novelista es un oficio, como lo puede ser ejercer la fontanería o la abogacía. Un oficio quizá de lo más maravilloso, por cómo hace sentirse al escritor. Ya no es solo crear, que también, sino el proceso de documentación, establecimiento y resolución de tramas, caracterización de personajes, etc.
Para ser novelista hay que poseer imaginación, dominar el lenguaje y, a ser posible, tener un trabajo estable con jornada intensiva que te deje tiempo para escribir. Lo digo porque mucha gente tiene la idea equivocada que de esto se puede vivir a las primeras de cambio. Son pocos los que lo consiguen y a veces la calidad literaria no es que importe mucho. No olvidemos que las editoriales venden “un producto”, y que en ocasiones más vale ser resultón que guapo.
En mi opinión, para afrontar la escritura de una novela, el presunto novelista debe ser un lector voraz, haber devorado una ingente cantidad de novelas, para tener las suficientes referencias antes de ponerse a escribir. Aun así, seguramente, su primera obra será una auténtica mierda, con perdón, aunque existen excepciones de novelistas primerizos que atesoran un talento innato. Creo que es importante tener una historia en la cabeza, haberla ido trabajando mentalmente mientras uno se toma una cerveza o camina por el parque. Tener claros los personajes, los escenarios, y sobre todo el principio y el final. Lo de en medio importa menos, ya irá saliendo, pero tenemos que tener claro hacia dónde vamos.
La estructura típica de una novela debe ser el esquema planteamiento-nudo-desenlace. Además, toda historia debe tener un conflicto. Como bien me lo explicara un día mi buen amigo y maestro Juan Madrid el conflicto nace de lo siguiente: “Alguien quiere algo; algo o alguien se lo impide”. Bajo esta premisa, es más que probable que tengamos una historia, independientemente del género en la que podamos encuadrar nuestra novela.
El planteamiento es la presentación de nuestra historia al lector: la trama principal y las secundarias, los escenarios y los personajes. No es que deba de haber tramas secundarias obligatoriamente, pero suelen enriquecer la novela, sobre todo si estas se relacionan de alguna manera con la principal. Al lector le suele gustar ubicarse, por lo que es importante trazar lo que yo llamo el mapa geográfico de la historia, ya sea este real o ficticio. Los personajes han de tener fuerza. El escritor debe tener la suficiente habilidad como para caracterizarlos, radiografiarlos, pero sin cansar al lector. La caracterización de los personajes se suele hacer a través de los diálogos, a través de la voz del narrador o relatando sus acciones. Los hay principales y secundarios. Hay escritores que lo tienen muy claro desde el principio. Otros, sin embargo, no hacen planes. En mi caso, me hago unos esquemas mentales e intento ponerlos sobre el folio. Pero a veces me ha ocurrido que personajes que en un principio eran protagonistas, han ido perdiendo fuerza, tomando el protagonismo algunos de los que en principio no lo iban a tener.
En toda novela debe haber un nudo, que es la madre del cordero del conflicto. Si María va a por el pan, pongamos por caso, lo compra y vuelve a su casa, no hay historia. La historia surge si María no vuelve, sea cual sea el motivo para su no retorno. Independientemente del conflicto, toda novela necesita un giro, o varios. El giro, acelera la historia y mantiene la motivación del lector. Algunos autores solucionan lo del giro añadiendo un personaje que tiene mucha fuerza, dando un nuevo ímpetu a la trama. Otros, sencillamente plasman un hecho que el lector no imaginaba que iba a ocurrir ni por asomo, con lo cual la historia gana en dinamismo y ofrece nuevas perspectivas.
Muchos escritores fallan en el desenlace o final. Esto ocurre tanto en cine como en las novelas. Da igual si el final es abierto (en donde es el lector quien decide en función de sus gustos) o cerrado (aquel en el que el autor no da opción al lector). Cualquier opción de final es lícita siempre y cuando se cierren las tramas adecuadamente con un desenlace creíble y si es posible inesperado.
Podríamos seguir teorizando, pero no os quiero aburrir. Insisto en que ser novelista es un oficio para el que se requieren ciertas habilidades que son difíciles de adquirir, aunque bien es cierto que últimamente han proliferado los talleres de escritura, siempre provechosos. Hay catedráticos de Literatura y filólogos que dominan el lenguaje y la teoría, pero no todos tienen la habilidad de escribir una novela, algunos de ellos ya lo intentaron. Pero no se trata de erudición. No olvidemos que hace siglos, los que iban contando historias por los pueblos no eran precisamente los más ilustrados.
Para terminar, diré algo para los que empiezan. Escribid para divertiros si tenéis la vocación, sin pensar en si os van a publicar o no, eso vendrá luego, sin pensar en haceros ricos o en obtener algún dinero de lo que escribís. Si llega, mejor que mejor, pero ese no debe ser el objetivo. Los designios del destino son inescrutables. Hay autores famosos que conservan con cariño veinte o treinta cartas de rechazo de una novela que después fue best seller, de la misma forma que hay quien da el pelotazo a las primeras de cambio. Pero lo normal es que esto sea una carrera de obstáculos larga. Preparaos para pasar horas solos, sin más compañía que el boli y un folio o un ordenador. Y lo más importante, no os creáis escritores buenísimos, eso no ayuda nada en el proceso de creación y os creará frustraciones si no conseguís publicar. Tampoco os derrumbéis por una mala crítica y si lo hacéis, levantaos y continuad. Escribid teniendo siempre presente que es mucho lo que os queda por aprender, aunque cosechéis un éxito importante con vuestras novelas. Yo siempre me repito el mismo mantra: “No somos na…”.

martes, 8 de mayo de 2012

Reseña de "El círculo alquímico", por Carlos Erice Azanza, autor de "Beautiful Rhodesia"

Lo confieso. Hace muchos, muchísimos años, fui un friki de las novelas esotéricas. Devoraba a toda pastilla cualquier libro que tuviera que ver con templarios, santos griales, conspiraciones vaticanas y mensajes ocultos en pirámides o cuadros misteriosos. Recuerdo, por ejemplo, cuánto me enganché de adolescente a Philipp Vandenberg y La conjura sixtina o, incluso a El péndulo de Foucault de Umberto Eco.
Hasta que llegó el boom del decepcionante Dan Brown con El Código Da Vinci y me alejé del género, yo pensaba que para siempre.

Pero como la tentación vive ahí arriba, o ahí fuera, no he sabido resistirme a catar
El círculo alquímico, de mi colega de editorial Paco Gómez Escribano.

Tal cual.


Y he flipao. Empecé a leerlo en una de estas
tardes lluviosotorrenciales de abril y me ha reconciliado con el género, sí, sí, como lo leéis. Aunque este círculo es mucho más que esoterismo, mucho más. Paco te lleva de viaje, de Berlín a Toledo, a Jerusalén, a Estados Unidos y a El Cairo. Y te hace viajar también en el tiempo a través de una novela negra, incluso de espionaje, narrada con un ritmo trepidante forjado en sus diálogos y en la acción constante. De paso, además, me ha refrescado lo poco que recordaba de aquellas chulísimas clases de Historia del Arte de COU, con sus catedrales, sus frescos y sus pintores manieristas.

Paco fumando, como casi todos sus personajes

No contento con eso, El círculo alquímico dibuja una galería amplia de personajes, de entre los que me quedo con ese enigmático Boris Vasílievich y con los curas de todos los credos, uno de los cuales es navarro, como no podría ser de otra forma.

Pues eso, que Paco sí que vale y amenaza con otra novela para junio, también en
Editorial Ledoria, creo.

Ganas tengo.


Lo malo de Paco es que es merengón. Y, por si fuera poco, también del Athletic.


Es que no somos na.



Sobre el autor de la reseña:

Mi foto
Carlos Erice Azanza 
 
Nací en Pamplona, en Iruñea, en 1971. Estudié Ciencias Económicas y Empresariales, me licencié y, tras residir algunos años en Sevilla, regresé a mi ciudad natal para atrincherarme en la calle más famosa del mundo, la Estafeta. Mi vocación por la ficción arrancó hace unos pocos años, tras más de doce dedicado a la redacción de apasionantes manuales de formación, de procedimiento, informes y memorias, hobby al que me sigo entregando hoy con entusiasmo. Soy autor de 'Beautiful Rhodesia', novela ganadora del III Certamen López Torrijos, publicada por Ledoria. Y también, contra todo pronóstico, he obtenido premios en unos cuantos certámenes de relatos, como el Paso del Estrecho, el de Relato Breve del Ayuntamiento de Pamplona o el MostrARTEnavarra.
 
Su novela "Beautiful Rhodesia":
 
Beautiful Rhodesia
El cadáver de una joven vasca, hija del embajador español, es hallado en Harare, la capital de Zimbabwe. Miguel Arnaiz, ex guardia civil y agente del Centro Nacional de Inteligencia, recibe la orden de investigar las circunstancias que rodean esa muerte. Sandra Bokosa, detective de la Policía Republicana de Zimbabwe, es la responsable del caso y entre ambos se establecerá una compleja relación personal y profesional, en la que nada es lo que parece y en la que los dos agentes deberán someterse a los dictados de sus gobiernos, muy interesados en ocultar la verdadera naturaleza del crimen. Arnaiz afrontará la verdad con cinismo y llegará a destapar una de las más sorprendentes y menos conocidas rutas de huida de criminales nazis tras la Segunda Guerra Mundial, en la que además se vieron implicados diplomáticos españoles.

miércoles, 2 de mayo de 2012

La que nos espera...


Lo de la crisis no agrada a nadie, desde luego. Pero también me desagrada que nos tomen por tontos, que nos digan que hemos gastado más de lo que hemos ganado y que por tanto nos toca a la gente del pueblo pagar el pato. Lo cierto es que España en 2007 tenía superávit, es decir, ingresaba más dinero del que gastaba. Luego vino el crack de las hipotecas americanas y el desplome de la banca europea. Fueron los gobiernos los que metieron en la banca no solo el dinero del que disponían, el nuestro, sino que se endeudaron para seguir inyectándoles liquidez.

Lo cierto es que si usted tiene una hipoteca, da igual el banco, quizás lo que no sepa es que adeuda el dinero que le prestó ese banco a un especulador que vive en Holanda, pongamos por caso, y cuyo domicilio fiscal está en un paraíso..., fiscal. Este especulador, al igual que otros muchos, han comprado su hipoteca y las de muchos otros trabajadores, a quienes ahora bajan sus sueldos o incluso despiden, una vez que despedir se ha abaratado merced a la nueva reforma laboral.

A partir de ese momento, gente sin escrúpulos que se forra a su costa jugando al Monopoly, se dedican a engrandecer sus fortunas pidiendo créditos al BCE al 1% y comprando deuda a los países “pringaos” como el nuestro, que les reporta un interés del 6%. Y todo eso sin moverse de los sillones de sus mansiones, ya que cuentan con cohortes privadas de brokers y agentes de bolsa.
Los gobiernos europeos han ido cayendo tras sucesivas elecciones. Pero lo cierto es que los nuevos se han dedicado a poner de manifiesto su miseria moral, gobernando a golpe de decreto, como en las más rancias dictaduras, recortando en Sanidad y Educación, metiendo mano a los funcionarios y mermando el poder adquisitivo de nuestros mayores a través de sus pensiones o a través del copago sanitario.

A la situación española no han ayudado nuestros políticos, enrocados en una amalgama de instituciones (estado, autonomías, diputaciones, ayuntamientos...) muy bien diseñadas para su propio regodeo, una mera forma de adquirir riqueza y solucionarse sus vidas y las de sus hijos, familiares y amigos, amparados por una ley electoral injusta. Si bien no podemos hablar de corrupción generalizada, los cargos en los que se instalan les proporciona un modus vivendi muy próximo a la estafa continuada a los ciudadanos. Y cuando pillan a alguno con las manos en la masa, sus caros abogados y el sistema penal les ampara. Lo realmente curioso, digno de un estudio sociológico, es que la gente los sigue votando.
A todo esto hay que añadir el inmovilismo popular, el conformismo de obreros y parados que hacen el don Tancredo ejerciendo un pasotismo físico e intelectual que serían dignos de otro estudio sociológico. Celebramos en mayo cotas de paro históricas, desahucios en masa, bajadas de sueldo, copago sanitario, recortes nunca vistos en educación. Y aun así, la gente aguanta. Es más, han dado mayoría absoluta a un partido que sabíamos que iba a hacer lo que está haciendo, quedando como segunda fuerza política otro partido que es muy culpable de la situación que vivimos ahora. Increíble.

Apenas ha habido una huelga general de un día, efímera como el más efímero de los cometas. Y una huelga descafeinada en Madrid por parte de los profesores, de un día o dos a la semana, hasta que acabó desinflándose. Todavía se oyen las carcajadas de la Presidenta de nuestra comunidad por la calle Alcalá. Como respuesta, se ha elevado la ratio en secundaria hasta 40 alumnos, que veremos el guapo que le echa cojones a dar clase en estas condiciones. Por si faltaba algo, reducen las becas de manera escalofriante, volviendo a los tiempos de que quienes estudiaban eran solo los hijos de los ricos. No hablemos de investigación, porque me da la risa. Ni de las privatizaciones, que han llegado a Sanidad y llegarán a Educación.

Decía un experto el otro día, que empezaremos a ver una lucecita quizá en 2016 y eso si no pasa nada, comparando la situación actual a los prolegómenos de las dos grandes guerras. Esperaremos e iremos a trabajar aunque estemos enfermos, ya que la mayoría no podemos permitirnos que nos paguen la mitad si nos damos de baja, caso de los funcionarios. A veces pienso que tenemos lo que nos merecemos. La que nos espera...

jueves, 19 de abril de 2012

“La tribu maldita”, de Víctor Fernández Correas

Cuando Víctor Fernández Correas me dijo que iba a publicar nueva novela, me alegré, pues siempre es motivo de celebración la publicación de una nueva obra de un buen escritor, y más si se trata de un amigo. Cuando me dijo la temática de la misma, me sorprendió y me asustó a partes iguales, ya que el argumento trata de la historia de una tribu del Pleistoceno y desde luego no es nada fácil ponerte a fabular sobre un entorno que no conoces. Pero ser novelista es un oficio, y Víctor conoce todas sus claves. Me lo imagino leyéndose sesudos ensayos y hablando con unos y con otros para tratar de dar forma a una historia entrañable de vida y de muerte, del hombre en los albores de la civilización luchando cada día por sobrevivir.

“La tribu maldita” (Temas de hoy, 2012) comienza describiéndonos la cotidianeidad de los días de una tribu perteneciente a la especie “Homo heidelbergensis”, raza que se sitúa entre el “Homo antecessor” y el hombre de Neanderthal; la tribu de Anar, un anciano que atesora la suficiente sabiduría como para mantener la esperanza de supervivencia de su clan. Una especie que no conocía el fuego y que, por tanto, comían la carne cortada con lajas a dentelladas, y que se entendía con gruñidos y con vocablos monosilábicos muy básicos.

El grupo estaba debidamente estructurado en cazadores y recolectoras, básicamente. Cada cual sabía muy bien el papel que debía jugar. Así, Kamu, el jefe de los cazadores, ejercía también de jefe de la tribu y tomaba decisiones ayudado por los sabios consejos de Anar. Víctor nos va metiendo en la historia de forma magistral. Primero narrándonos los cotidianos días de la tribu, sometida en todo momento a las inclemencias del tiempo, a las catástrofes naturales y al peligro de las bestias que por aquel entonces no eran pocas (osos, lobos, leones, rinocerontes, etc.). Precisamente por una catástrofe natural, la tribu de Anar, de Kamu, de Numu, del perverso Naaj y de la deseada Kanai, que se integra en la tribu más tarde para adquirir el rol de personaje protagonista, se ve obligada a emigrar en busca de nuevas tierras. Esto les deparará nuevas aventuras, entre ellas el contacto con otras tribus, no siempre pacífico.

A pesar de que la especie tenía instintos y sentimientos primitivos, Víctor nos muestra a través de diversos sucesos que ya existían emociones como el amor, el afecto, el odio y los celos. En cualquier novela, los diálogos suelen formar parte de la trama y se intercalan en mayor o menor medida entre los párrafos del narrador. Desahogan al autor en el proceso de creación y contribuyen a que la lectura sea más dinámica para el lector. El problema aquí es que los homínidos no hablaban y, por tanto, no podían mantener conversaciones más allá de gruñidos o palabras cortas, como ya he dicho. El mérito del autor en este caso es hacer la novela muy amena prescindiendo obligatoriamente de los diálogos. Y sin embargo, según iba yo avanzando en la novela, tenía en mi mente a todos los personajes perfectamente caracterizados, como si el autor lo hubiese hecho a través de unos diálogos invisibles, en fin, algo tan raro como mágico.

Con esta novela, no solo se lee una historia, sino que uno se ve reflexionando cuando para de leer sobre el milagro de que hoy estemos aquí, concluyendo que detrás de la existencia de cada hombre actual hay toda una concatenación de experiencias de cada uno de sus antepasados, historias de lucha por la supervivencia y avatares debidos también al mero azar. Hoy en día, un problema cotidiano se soluciona y en paz. Pero en aquellos tiempos, un hombre podía morir porque se le caía un diente y la infección acababa con él.

Nos encontramos, por tanto, ante una novela histórica, terreno en el que Víctor se mueve como pez en el agua. Ya su primera novela, “La conspiración de Yuste” (La esfera de los libros, 2008), lo era. Pero también es una novela épica por las luchas con otras especies animales y contra otros clanes rivales. Los libreros la catalogarán de histórica para situarla en los anaqueles de las estanterías que albergan este género, pero si la leéis detenidamente, podréis encontrar retazos de novela romántica e incluso de novela negra, así como de novela ecologista, si es que existe este género, dado que estos hombres respetaban y temían a la madre naturaleza.

Para terminar, decir que a Víctor Fernández Correas le ha quedado una novela redonda. El tipo incluso ha tenido la osadía de inventarse un idioma de 37 vocablos cuya traducción nos muestra al final del libro. Y al final del libro, nos habla también en un pequeño ensayo de la sima de los huesos de Atapuerca, cuyos restos de fósiles de homínidos y de otros animales le han servido para entretejer esta historia. Desde luego, el mérito como escritor es digno de alabanza, así como su faceta de investigador, de la cual se da cuenta en el pequeño ensayo final. No me queda nada más que decir, salvo darte la enhorabuena, amigo, y que espero que vuelvas a publicar pronto, que independientemente del género, aquí tendrás siempre un fiel seguidor de tu forma de escribir.


Víctor Fernández Correas nació en Saint Denis (Francia) en 1974. Hijo de la emigración, aunque reside en Getafe (Madrid), se siente extremeño por los cuatro costados. Y, más en concreto, Verato.

Como periodista colabora con distintos medios y consultoras relacionados con las Tecnologías de la Información y el mundo de la pequeña y mediana empresa.

Como escritor comenzó su andadura en el mundo de las letras en el año 2000, fecha en la que obtuvo el Primer Premio de Relato Corto de Valverde de la Vera (Cáceres) en su modalidad local. Galardón que repitió al año siguiente, en 2001, con un relato titulado ‘Epílogo Imperial’. También resultó ganador del Primer Certamen de Relato Corto Princesa Jariza, de Jaraíz de la Vera (Cáceres) en 2001. Siete años después, muy ampliado y desarrollado, ‘Epílogo Imperial’ se convirtió en su primera novela: La conspiración de Yuste, en la que narra los últimos meses de vida del emperador Carlos V.

Tiene por delante varios proyectos literarios que pretende desarrollar en los próximos años. Y sigue aspirando a escribir y a divertirse haciéndolo.

martes, 10 de abril de 2012

Nuestra Señora de la Luna, de José Luis Correa

Cierto día, mi amiga, la profesora y poetisa Raquel Zarazaga, me avisa de que José Luis Correa presenta en Madrid su novela “Nuestra señora de la Luna”, publicada por la editorial Alba. Como me fío del criterio de esta bilbaína afincada en Cádiz, apunto la fecha de esta presentación y me paso por el Espacio Canarias a conocer a este autor y su obra, cancelando otros compromisos. Al llegar allí, me entero de que este profesor canario se dedica desde hace tiempo al género negro y que esta es la quinta entrega de su detective Ricardo Blanco, cuyo ámbito de actuación es la isla de Las Palmas.

La presentación se la hizo el periodista, también canario, Juan Cruz. En la misma hubo bastante gente, que escuchó al autor describir, entre otras cosas, su forma de escribir, su manera de encarar una novela. Ciertamente, el escritor sabía de lo que hablaba cuando nos explicó sus sensaciones al escribir, definiéndose como un escritor de brújula, es decir, que sabe el final de sus novelas pero no la forma de llegar hasta él, dirigiéndose hasta el desenlace de forma intuitiva, sobre la marcha.

Me marché de allí con buenas sensaciones, con mi novela firmada y con una botella de vino canario Humbolt, que de todo se puede adquirir en el Espacio Canarias. La novela pasó a engrosar la lista de espera de mis lecturas, pero me llamaba desde el anaquel de la estantería en la que estaba alojada, así que me metí en la historia en cuanto pude.

La novela comienza con la aparición de un hombre en una carretera semidesnudo y ensangrentado, caminando en estado catatónico. Continúa con la desaparición repentina de un periodista. Estos hechos, aparentemente inconexos, conducirán al inspector Álvarez y al detective Ricardo Blanco, contratado por la madre del periodista, a trabajar juntos para desentrañar una trama de venta de obras de Arte “descuidadas” por elementos del clero.

El libro se lee del tirón, ya que José Luis tiene un estilo ágil y sencillo que provoca constantemente la curiosidad del lector. Va alternando capítulos en que nos muestra, por un lado, la investigación del detective Ricardo Blanco, narrando los hechos en primera persona en boca del propio detective; y por otro, emplea la técnica del narrador omnisciente para contarnos las investigaciones del inspector Álvarez. Esta combinación de las dos formas narrativas enriquece sustancialmente la obra, ya que por un lado, ofrece al lector las vivencias del detective en primera persona, acercándonos a su universo interior lleno de cinismo al más puro estilo Chandler, pero con la originalidad de hacer convivir al lector con un Marlowe canario. Sin duda la primera persona es la mejor forma de transmitir los sentimientos y el estado de ánimo del protagonista narrador, aunque bien es cierto que no aporta más información que la que existe alrededor del que narra. José Luis soluciona esta carencia ofreciéndonos capítulos narrados con la técnica del narrador omnisciente en los que nos ofrece más datos de la investigación en la persona del inspector Álvarez y sus ayudantes, que se convierte de esta forma en coprotagonista junto a Ricardo Blanco, y buena pareja que hacen ambos.

El mezclar estos dos estilos de narración se aleja de los férreos esquemas que utilizan una técnica u otra, preponderantes hasta ahora, y rompe definitivamente clichés establecidos que muy pocos autores se atreven a romper. En “Nuestra señora de la luna” el resultado es espectacular.

He de agradecer a mi amiga Raquel, por tanto, el haber descubierto a un autor veterano, aunque bastante desconocido, y el placer de haber situado a Canarias como escenario de una novela negra. Así que, a partir de ahora, estaré atento a lo que hace José Luis Correa. Y con tiempo, a ver si puedo ir leyendo sus anteriores novelas.

José Luis Correa (Las Palmas, 1962) es profesor de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Tras una breve etapa como autor de relatos cortos, en la que obtiene algunos premios como el Julio Cortázar (La Laguna, 1998) o el Campus (Las Palmas de G.C., 1999) se ha instalado definitivamente en la novela con títulos como Me mataron tan mal (Premio Benito Pérez Armas, 2000) y Échale un ojo a Carla (Premio Vargas Llosa, 2002). Con Quince días de noviembre (Alba, 2003) inicia la serie que tiene como protagonista a Ricardo Blanco, que continuará en Muerte en abril (Alba, 2004), Muerte de un violinista (Alba, 2006) y Un rastro de sirena (Alba, 2010).

martes, 3 de abril de 2012

Un buen lugar para reposar, de Luis Gutiérrez Maluenda

Lo he dicho muchas veces. Mientras que hay autores o novelas que llegan a nosotros a través de una crítica o un cartel publicitario, otros lo hacen por pura casualidad. Es así como conocí a Luis Gutiérrez Maluenda. Soy asiduo a las sesiones de los Sábados Negros, en la libreríaTraficantes de Sueños de Madrid. Aquel día ya lejano, vi que el autor invitado era Luis. Los organizadores, especialmente en aquella ocasión, prepararon un evento entrañable que giraba en torno al jazz, dado el gusto de este autor por el género musical, y además, muy acertadamente, invitaron a conferenciar a Juan Claudio Cifuentes “Cifu”, conductor durante tantos y tantos años del mítico programa “Jazz entre amigos”. La velada fue magistral, con las cientos de anécdotas de “Cifu” sobre un género que no es para el gran público. Siempre recuerdo esa tarde con cariño, sobre todo cuando acudo a “La Fídula”, en Huertas, a ver jazz en directo, como el pasado sábado.

Después de la charla de “Cifu”, Manolo, que siempre actúa como moderador en los Sábados Negros, dio la palabra a Maluenda, un tipo delgado, enjuto y de pelo plateado. Su discurso fue tan convincente que compré las dos novelas que estaban a la venta en Traficantes de Sueños, cosa que nunca suelo hacer, ya que primero se compra una para ver si te gusta. La anécdota fue que me llevé ambas firmadas por el autor y por “Cifu”.

La primera que leí fue “Los muertos no tienen amigos”, tercera de una serie que empezó con “Putas diamantes y cante jondo” y “Una anciana obesa y tranquila”. Lo único que puedo decir es que flipé como un contable en un concierto de Iggy Pop. Me pareció maravilloso el universo del detective Basilio Céspedes, alias “el Humphrey”. Desestimando otras lecturas que tenía en lista de espera, me sumergí rápidamente en “Mala hostia” para conocer a “Atila”, su otro detective, cuyo despacho es una mesa al fondo de un locutorio regentado por una argentina con la que Atila comparte también escarceos sexuales. Flipé, esta vez como un esquimal en un Eroski.

A partir de aquí, recorrí las librerías para hacerme con toda la bibliografía del autor. Incluso cuando compré el kindle, lo primero que hice fue descargarme sus novelas que solo están publicadas en formato e-book. No fue fácil adquirir los ejemplares, ya que hasta ahora, Maluenda no ha publicado con grupos editoriales fuertes, y ellos que se lo pierden.

La última novela de Luis es “Un buen lugar para reposar”, segunda de la serie de Atila que empezó con “Mala hostia”, ambas publicadas con la editorial “Al revés”. En ella, el autor nos vuelve a deleitar con esos paisajes de barrios marginales poblados por delincuentes, yonkis, putas, proxenetas y estafadores de medio pelo. El escenario, como en todas las novelas, es Barcelona. Atila sigue atendiendo a sus clientes en la mesa del locutorio de Lena, con esa foto de una mujer y un niño comprada en un bazar sobre su mesa “para dar ambiente al negocio”. En este caso, el detective investiga el caso de unos asesinatos de mujeres cuyo nexo común es haber contactado con su cliente por una web de contactos. También ayuda a una anciana a la que una inmobiliaria sin escrúpulos extorsiona a través de unos manguis para echarla de su piso y construir un inmueble nuevo. A Atila sigue sin gustarle el mundo y su trabajo no le ayuda. Así que su mejor amiga sigue siendo la botella de Vat 69, siempre agenciada a buen precio en el pakistaní de la esquina.

El estilo de Maluenda es conciso y certero. Sus personajes son herederos de la tradición chandleriana y hammettiana, pero la gracia es haberla trasladado a un tiempo actual y a un escenario conocido para los lectores españoles. Pero además, si adoro a Chandler y a Hammett, es porque fueron pioneros, aunque bien es cierto que ellos no cuidaban en exceso las historias porque les importaban más los paisajes. Y como a mí me gustan las historias, puedo decir sin ningún complejo que a mí me gusta más Maluenda. En sus narraciones utiliza la primera persona que, a pesar de perder hechos y acontecimientos externos al protagonista narrador, agudiza el sentimiento y el estado de ánimo del personaje, ideal para una novela negra, género que demuestra una vez más que es el propicio para hacer crítica social. En el caso de “Un buen lugar para reposar”, como ya he dicho, Maluenda arremete contra las inmobiliarias de corte mafioso y contra las webs de contactos tipo red social y aparte nos enseña los entresijos de los barrios marginales, con sus virtudes y sus miserias.

Los personajes están bien caracterizados. Un ejemplo de ello es el propio Atila, un detective nada convencional que, como en esta novela, no duda en poner en juego su propia vida para resolver un caso. También tenemos a Lena, dueña del locutorio que alberga su despacho y a las adoradoras del Ballenato, un curioso grupo de mujeres dadas al cotilleo y a los chismes. Carrito es un camarero que trabaja en un bar frecuentado por Atila. Es colombiano y vive medio escondido por ser antiguo miembro de las FARC. Va a lo suyo, pero no duda en ayudar a Atila cuando la vida de este ha corrido peligro en cada una de las novelas de la serie. Otro de los personajes fijos es Valentina, dueña del bar donde trabaja Carrito y enamorada perdidamente de Atila, para sorpresa de este.

Como curiosidad, destacar que Maluenda hace un guiño en uno de los capítulos a una de sus novelas. Y mete de personaje a una persona real como es Jordi Canal, director de la Biblioteca La Bòbila de Hospitalet, especializada en género negro. Para terminar, diré que como lector, sus novelas han sido todo un descubrimiento. Y como escritor, creo que me ha influenciado positivamente. Tanto, que cuando sea mayor, quiero escribir como Maluenda.

El autor: Después de dedicarse buena parte de su vida a ejercer de ejecutivo informático, decide abandonar para escribir novelas de género negro. Su primera novela, Putas, Diamantes y Cante Jondo, fue finalista del premio Mejor Primera Novela de 2005 otorgado por la Asociación de Novela Negra y Policíaca Brigada 21. Otras de sus novelas son 806 Solo para adultos, finalista del premio Yoescribo.com, Música para los muertos (2007) y Una Anciana Obesa Tranquila (2009). Ha publicado también ensayos y cuentos en diferentes medios culturales, como las revistas El coloquio de los perros y Prótesis o el fanzine LH’ Confidential; su cuento «Harlem» figura en la antología La Lista Negra que reúne a los nuevos valores de la novela policíaca española. Asimismo, su conferencia sobre la importancia del jazz y el blues en la novela negra, se incluye en el libro Geografías en Negro. Complementa su tiempo asistiendo como invitado a conferencias y mesas redondas en torno a su tema preferido, novela negra, jazz y blues.

(Biografía obtenida de Al revés editorial)

Novelas:

Un buen lugar para reposar, 2012

Un caniche blanco muerto, 2012

Los muertos no tienen amigos, 2011

Mala hostia, 2011

El árbol bajo el que siempre llueve, 2011

Un origen salvaje, 2011

Una anciana obesa y tranquila, 2009

Música para los muertos, 2007

Putas, diamantes y cante jondo, 2005