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Al otro lado

Al otro lado
"Al otro lado", de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-15352-66-2.
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Presentaciones:

Sábado, 27 de abril a las 12 h. en la Feria del libro de Granada, en el Centro de Exposiciones de CajaGRANADA Puerta Real. Me acompañará en la presentación el compañero de Granada Jesús Lens. Y a las 13 horas firma de ejemplares en la Caseta de Firmas.

Sábado, 20 de abril, de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h. en la Feria del Libro de Fuente el saz de Jarama.

Sábado, 26 de enero a las 20 h. en el Museo Municipal de Alcázar de San Juan. Me acompañará en la presentación el compañero de Ciudad Real José Ramón Gómez Cabezas, autor de "Réquiem por la bailarina de una caja de música", de la Editorial Ledoria.

Martes, 23 de octubre a las 19.30 h. en la librería Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno 46, Madrid). Si no puedes acudir y queréis un ejemplar firmado, ponte en contacto con ellos y pídeselo (91 543 0534). Te lo enviarán por correo.

Miércoles, 24 de octubre a las 18 h. en Getafe Negro (Carpa de la Feria del Libro). A las 20 h. participaré en una mesa redonda con otros compañeros de la Editorial Ledoria titulada "En los arrabales de la Novela Negra.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Jornadas “Ábrete Libro” en la Casa Encendida: Mesa redonda sobre Novela de intriga

El domingo pasado me acerqué a la Casa Encendida. A pesar de que sabía que debía de haberme preinscrito, cosa que no hice, hasta me animé y cogí el coche y me llegué hasta el edificio de la Ronda de Valencia en donde la Obra Social de Cajamadrid programa eventos culturales de toda índole. Ese domingo, al igual que todo el fin de semana, albergó las III Jornadas Ábrete Libro y tocó una mesa redonda sobre la Novela de Intriga, moderada por Javier Oliva, con los ponentes Jerónimo Tristante y Jorge Díaz.

Al llegar no había nadie, sólo la señorita encargada de comprobar las filiaciones en la puerta de la sala. Me inscribió amablemente y me dijo que estaban todos en la terraza haciendo un descanso y tomando café. Nada más llegar me saludó Jerónimo Tristante y me presentó a Jorge Díaz. Tras un agradable momento de charla, volvimos todos a la sala.

Javier empezó diciendo que la intriga comenzó con la organización de la mesa, ya que en un principio se había invitado a Patrick Eriksson, que ya en junio avisó de que no podía venir, siendo sustituido por Jerónimo. Pocos días antes del evento también falló Juan Gómez Jurado, ponente original y a quien sustituyó Jorge. Con tantos cambios hasta tuvieron que sustituir el tema de la mesa redonda que originariamente no era el que quedó como definitivo.

Comenzó hablando Jorge Díaz, que durante años ha sido coordinador de guionistas de la serieHospital Central, considerando a la intriga como principal motor de una serie o una novela, aunque diferenció claramente la profesión de guionista y la de novelista por una diferencia clara: la libertad del escritor, que puede escribir con total libertad en cuanto a temas y a longitud de capítulos, frente al encorsetamiento de los guionistas, que tienen que ceñirse a un determinado formato de fotogramas y a las directrices de los productores.

Jerónimo Tristante defendió la intriga como una herramienta del escritor para mantener al lector pendiente de la trama capítulo a capítulo. Es decir, que los dos ponentes dejaron claro que no iban a hablarnos de la intriga como género. Que más bien es algo a disposición del que escribe y que toda buena novela, sea del género que sea, contiene buenas dosis de intriga entre sus páginas.

Como suele ocurrir en toda buena mesa redonda que se precie, una cosa llevó a la otra y se desembocó en la Novela Negra, uno de los géneros que más aprovecha la intriga para construir sus tramas. Y Jerónimo Tristante hizo una somera crítica de la incursión de los suecos en el panorama editorial actual. Según el escritor, muchos compatriotas de Stieg Larssonaprovecharon el tirón del difunto escritor de best sellers para introducirse en el mercado alemán, paso natural de la Literatura Nórdica, en donde la tasa de lectores es significativamente mayor que en España y en donde vender 100.000 ejemplares es una hazaña similar a quien consigue vender 1.000 en España. Las editoriales españolas han “pescado” en el mercado alemán entre quienes han rondado estas cifras y el resultado ha sido la publicación a gran escala de novelas escritas por todos estos escritores nórdicos. Los hay buenos, pero, de hecho, siempre según Tristante, la mayoría ni siquiera cumplen los mínimos parámetros de calidad para ser publicados.

Ambos ponentes hablaron del panorama editorial y de lo difícil que es publicar en tiempos de crisis. Así como de sensaciones a la hora de escribir y de la relación del escritor con sus personajes, quienes a pesar de ser una creación del autor, a veces cobran vida propia hasta el punto de que no es extraño que un secundario adquiera por sí solo un protagonismo relevante y acabe convirtiéndose en protagonista principal. Jorge advirtió que esto pasa también a la hora de elaborar guiones, lo que en series acarrea problemas con los actores y con la producción.

La mesa redonda duró una hora y media entre disertaciones de los ponentes y preguntas del respetable. Y aparte de los diversos aspectos de las ponencias, hay que decir que Jerónimo Tristante hizo gala de su humor habitual al tratar los temas, y que arrancó multitud de carcajadas a los allí presentes. Y Jorge Díaz, a quien no tuve el gusto de conocer hasta minutos antes del acto, no le anduvo a la zaga. Entre los dos hicieron del evento un acto muy didáctico a la vez que divertido.

sábado, 25 de septiembre de 2010

La conjura de los necios

Normalmente suelo leer novelas contemporáneas, mayoritariamente de autores españoles. Me gustan porque no sólo te hacen disfrutar como cualquier otra novela de otro tiempo sino que, además, puedes relacionarte con los autores en conferencias, presentaciones y ferias del libro. Hay tanto que leer que es mucho más lo que no puedes abarcar que lo que realmente llegas a tener en tus manos. Esto nos pasa a todos, ya que tenemos un tiempo limitado. No obstante, hay títulos clásicos y no tan clásicos de otras épocas que tengo puestos en lista de espera. Y de vez en cuando les hinco el diente haciendo un hueco entre tantas lecturas.

En este caso le ha tocado el turno a “La conjura de los necios”, de John Kennedy Tool, animado por un comentario sobre la novela que vi en el blog del amigo Carlos de la Editorial C&M. Desde las primeras líneas empecé a intuir que lo que tenía entre manos era algo diferente. Algo parecido debió pasarle a Toole, que creía que había escrito una obra maestra. Hay que darle la razón, aunque sea a título póstumo, ya que este autor se suicidó sumido en una depresión profunda alentada por las negativas de las editoriales a publicarle el libro. Toole fue un tipo peculiar y me temo que su vida tuvo más de un paralelismo con Ignatius Reilly, el personaje de ficción de su novela. Fue un estudiante brillante y obtuvo un graduado superior en lengua inglesa en la Universidad de Columbia. Tras trabajar como profesor en algunas universidades, regresó a su hogar en Nueva Orleáns y comenzó a trabajar enseñando en el Dominican College. Pero empezó a deambular por el barrio francés, en donde se le vio alternar con músicos. Coqueteó con el alcohol y perdió su empleo, viéndose obligado a trabajar en una fábrica de ropa. Le encontraron muerto en su coche, en el que había una manguera desde el tubo de escape hasta la ventanilla.

A la madre de Toole se le metió en la cabeza que alguien debería publicar ese libro y no se le ocurrió otra cosa que llevárselo al autor Walker Percy. Éste, al principio, intentó zafarse de la madre de Toole, pero, ante la insistencia de la señora, se vio obligado a aceptar. Aun así, el manuscrito permaneció en la mesa de su despacho durante un tiempo hasta que, finalmente, Percy empezó a leerlo. Capítulo a capítulo se dio cuenta de lo que tenía en sus manos y consiguió la publicación de la novela con una editorial universitaria. La publicación de “La conjura de los necios” fue un bombazo y en 1981 recibió el Premio Pullitzer.

La trama de la novela trata de la vida de Reilly, un joven de 30 años con estudios universitarios, culto y con un montón de ideas en la cabeza pero que sin embargo pasa los días metido en su habitación viendo televisión, masturbándose y escribiendo notas disparatadas en cuadernos Gran Jefe. Vive obsesionado y perturbado con las peripecias de una antigua compañera de universidad con la que tuvo una relación y que ahora se dedica a organizar conferencias, también disparatadas, en Nueva York. Reilly logra un trabajo en una fábrica de pantalones en la que, seguramente, actúa como alter ego de Toole. Pero organiza sabotajes y es despedido, viéndose condenado a vagar por las calles de Nueva Orleáns con un carro de salchichas como vendedor ambulante. Lo malo es que no obtiene beneficios, ya que se dedica a comerse las salchichas, aumentando su ya exagerada obesidad, y a meterse en un lío tras otro. Las andanzas de Reilly transcurren entre una amplia galería de personajes secundarios, todos trastornados por unas u otras circunstancias. Y el final consiste en una huida hacia delante que cierra un círculo.

He de decir que a pesar de haber hecho un esfuerzo por ofrecer aquí unos esbozos de la trama, es difícil contar de qué trata la novela. Es recomendable, por tanto, leerla, ya que por mucho que te cuenten uno no se hace idea de la dimensión del argumento.

La novela de Toole es inclasificable y permite calificar al escritor como un excelente caracterizador de personajes. Puede gustar o no, pero no deja indiferente. El otro día estaba yo tomando una cerveza en un pub del barrio y apoyé el libro en la barra. Un desconocido me abordó y me preguntó que si me estaba gustando la novela. Le dije que sí y que creía que estaba leyendo una obra maestra. Teníais que haber visto la pasión que puso en descalificar al autor y a la novela. Le dije que al menos debía admitir que el personaje de Ignatius Reilly era fascinante, a lo que me contestó que para fascinante el Quijote. Le dije que sí, que también. Pero lo cierto es que me encendí un cigarro y seguí a mi bola, porque ¿para qué iba a seguir hablando?

La Literatura es grande.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Don Winslow inaugura Getafe Negro en la Casa del Libro

Vivir en Madrid te proporciona lo que no te da ninguna otra ciudad en España. Pasé seis estupendos años en Algeciras llenándome el alma de silencios, de paz y de visiones idílicas contemplando el Estrecho. Aromas del Estrecho que irremediablemente echo de menos, cómo no. Pero volví a Madrid, a la ciudad que me vio nacer y crecer, y recuperé muchas cosas a pesar de perder otras. Siempre ocurre así porque así es la vida. Madrid es tan prolífica en actos culturales que, a veces, hasta se solapan, como me ocurrió ayer.

La Escuela de escritores ha programado estos días una serie de “Talleres express”. Uno de ellos era ayer, impartido por Juan Carlos Márquez en el incomparable escenario de la renovada librería Fuentetaja. Pero ayer, media hora antes, era la presentación en la Casa del libro de “El invierno de Frankie Machine”, segunda novela publicada en España de Don Winslow. Decidí que tenía que hacer todo lo posible por intentar acudir a los dos eventos. Al final, pude hacerlo y pasé una tarde agradabilísima.

El principal reclamo de una presentación es el autor de la novela, pero no es el único. Y la puesta en escena de ayer creaba muchas expectativas que se corroboraron una por una. En la sala de actividades de la segunda planta de la Casa del libro, tras un gigantesco póster de la edición 2010 de Getafe Negro, se situaron Carmen Fernández de Blas, Lorenzo Silva y el propio Don Winslow. Abrió la presentación Carmen, flamante directora editorial de Martínez Roca; una mujer que ha dirigido Plaza & Janés, Ediciones B y Temas de hoy, entre otros importantes grupos editoriales y que tiene fama de olfatear y detectar nuevos best sellers como nadie, no en vano es la descubridora de Matilde Asensi y Julia Navarro, como de tantos otros escritores que ahora son superventas. Con ella en la editorial, no es extraño que Martínez Roca se haya hecho con los derechos de las novelas de Don, ya que este hombre va a ser un filón de oro en España. Nos lo presentó y cedió la palabra a Lorenzo Silva.

Lo de Lorenzo es muy fuerte. Ya conocéis sus éxitos de la serie Bevilacqua y Chamorro, pero además, este prolífico escritor es finalista y ganador del Premio Nadal, tiene el premio Primavera de novela y recientemente ha ganado el VIII Premio Algaba de Biografía, Autobiografía, Memorias e Investigaciones Históricas con su obra “Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil”. No se trata aquí de biografiar aquí a uno de nuestros escritores más laureados, pero para más señas sólo decir que lleva las cartas al director del suplemento dominical de ABC y que, de vez en cuando, aterriza por el suplemento universitario semanal del diario El Mundo escribiendo artículos de Educación, además de ser Comisario e impulsor de Getafe Negro, uno de los más prestigiosos festivales de Novela Negra de nuestro país.

Lorenzo Silva comentó que descubrió a Don en Cadaqués, leyendo “El poder del perro”, primera novela del americano publicada en España. Al parecer, entre la tranquilidad de esas playas tan en calma, experimentó una explosión de violencia sin límites que le transportó a las guerras del narcotráfico en Méjico, tema de rabiosa actualidad, en la que el protagonista, un agente de la DEA, abandona su lucha porque descubre que el problema no es Méjico, sino el inmenso poder de un mercado como el de su propio país, Estados Unidos. No obstante, Lorenzo comentó que incluso le ha gustado más “El invierno de Frankie Machine”, una novela en la que se describe la vida de un hombre tranquilo de 62 años. Tranquilo hasta que la mafia secuestra a su hija y sale a la luz el pasado del protagonista, un hombre que militó en la mafia y que era conocido como “Frankie, la máquina”.

Después habló Don Winslow, quien aterrizó en Madrid el pasado domingo por la tarde con su mujer. No sé si lo que dijo entra dentro de las cosas que se dicen en las presentaciones, pero el caso es que les pilló la vuelta ciclista por la Gran Vía y tuvieron que dar un gran rodeo para llegar hasta el hotel, dándose cuenta de que Madrid era la ciudad más bonita de Europa, desbancando en sus percepciones a París. Algo así, dicho de sopetón y ante un buen puñado de madrileños propició las simpatías del respetable. Su disertación continuó haciendo un recorrido por su trayectoria para contarnos lo que algunos ya sabíamos: que Don, antes de escritor, había sido detective privado. Y, como muchos otros escritores de Novela Negra, no dividió al género humano entre buenos y malos, ya que su opinión es que todos tenemos ambas cualidades en una u otra medida. Nos contó la anécdota de que cuando paseaba con su mujer por Gran Vía se sorprendió muchísimo de ver en el escaparate de la Casa del Libro una fotografía suya de gran tamaño, frente a la que posó divertido mientras su mujer le hacía una foto. Seguro que pasó inadvertido entre los miles de transeúntes, porque Don posee la fisonomía adecuada para hacerlo: un tipo calvo y con gafas con toda la pinta de un tipo corriente, aunque no lo sea en absoluto.

No puedo hablaros de la Literatura de Don porque no me ha dado tiempo a leerlo. Tengo pendiente la primera desde hace tiempo. Descansa en un anaquel de mi desordenada habitación, eso sí, ahora firmada por el autor. Después del acto, agarré la segunda y volví a hacer cola. Cuando llegué, le dije a Don: “Paco, another time”. Y esto fue lo que plasmó en la dedicatoria mientras sonreía.

Parece que no tenía nada más que hacer allí una vez que Lorenzo Silva me saludó, lo cual siempre me complace. Pero yo no hacía nada más que mirar a Carmen Fernández de Blas y en mi cabeza bullía la idea de poder hablar con ella. La excusa la tenía, no en vano mi primera novela fue contratada por Martínez Roca hace tres años y medio y todavía está en espera de publicación. Incluso pensé en pedir a Lorenzo el favor de que me la presentara, pero él, solícito, no dejaba de hablar con unos y con otros. Por otra parte, no me gusta endosar marrones a nadie, y menos a la gente que admiro. Pero abordar a Carmen por la cara y de sopetón requería una buena dosis de atrevimiento que al final reuní. Sólo os diré que me atendió amablemente y me dijo que había leído mi novela. Me extendió su tarjeta profesional y conseguí una cita telefónica con ella para la posible resolución de la publicación de mi novela, aunque esto, será motivo posiblemente de otra entrada en este blog.

Finalmente, y tras la emoción de haber hablado con Lorenzo y con Carmen, llegué sudoroso y fatigado al sótano de la librería Fuentetaja con el tiempo suficiente de engancharme al taller express del que os hablaba al principio, en donde pude disfrutar de una hora y media de charla literaria con el profesor y los compañeros.

No hay acto literario que se precie que no deba acabarse con un acto gastronómico, así que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y de que el Paraíso del jamón está en la mismísima calle de San Bernardo, puse fin al día disfrutando de un bocadillo de jamón de bellota y una copa de Rioja, a fin de celebrar la tarde literaria y..., mi gran osadía.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Géneros literarios

La crítica especializada y también los lectores tienden a leer una novela y automáticamente encasillan a la misma dentro de un género literario determinado. Somos humanos y, desde luego, tendemos a clasificar objetos e ideas según nos da a entender nuestro raciocinio. Como consecuencia de estas clasificaciones, un escritor, que no pretende nada más que escribir una buena historia, puede adquirir un san Benito que puede que le acompañe durante toda su trayectoria literaria, y esto no es cómodo, sobre todo si el público o la crítica yerran en sus apreciaciones.

Además, las corrientes de opinión más generalizadas también tienden a establecer desafortunadas clasificaciones, bajo mi punto de vista, sobre los géneros literarios. Así, en Literatura, hay géneros que se consideran incluso menores cuando el sentido común dicta todo lo contrario. No son menores estupendas novelas de género negro, humorístico o del mal llamado género rosa, tres de los géneros que nos han legado clásicos por antonomasia. Yo también hago irremediables clasificaciones, pero más simples: buenas y malas novelas; novelas que llegan al público o que no llegan, por muy “literatos” que sean sus autores; novelas que te hacen viajar a través del pellejo de sus personajes o que te hacen permanecer sentado en tu silla junto a tu imaginación. Podría seguir. A lo mejor no es una clasificación tan simple la mía, o sí, por obvia.

Un autor o una novela me llegan y me tocan muy dentro, o no. Si está bien escrita, mucho mejor, qué duda cabe. Y la calidad no debe asociarse a utilizar palabras rimbombantes que a veces no pegan en un párrafo ni con Loctite.

En cuanto a los géneros, todo es relativo, y muchos críticos no saben ver que los escritores, en muchísimas ocasiones, se apropian de un género para poder expresar lo que piensan o para “meter de clavo” una trama secundaria que salta sin apenas premeditación al centro mismo de la novela. Ninguna trama rosa habría podido contar dos historias de amor más intensas que las que nos brindan Pedro de Paz en “Muñecas tras el cristal” o Andrés Pérez Domínguez en “El violinista de Mauthausen”. O el desequilibrio mental de un personaje como el protagonista de “la Frontera Sur”, última maravilla del prolífico José Luis Muñoz. ¿O es que alguien puede mostrar más ternura y humor que el que muestra el Poe en los relatos presuntamente negros de Carlos Salem? ¿Acaso el Víctor Ros de Tristante no transita por paisajes humanos con la excusa de una novela negro-histórica? ¿No es un viaje hacia el epicentro de sí mismo el que nos describe Óscar Urra con las investigaciones de Julio Cabria? ¿No son una explosión de sensibilidad y elegancia los viajes al alma de los versos malditos de Virtudes Reza? Esto pone claramente de manifiesto que las tramas negras son idóneas para expresar entre tópico y tópico del género otras ideas. Un género, el negro, considerado desde tiempos inmemoriales como “menor” sin ningún fundamento, excepto, quizá, la vanidad de ciertos escritores que van de “respetados literatos” y de sus cohortes de críticos de cabecera. Un género permanentemente denostado que, sin embargo, exige un lugar privilegiado en la Historia de Literatura. La crítica debe dejar de estar en deuda con él. Se lo debe.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Dime quién soy, de Julia Navarro

Para ser escritor hay que echarle valor. Si consigues publicar te puedes considerar privilegiado, pero no es tan fácil, y en este punto hay escritores que lo consiguen desde la nada, doble mérito, o quienes lo consiguen porque ya son conocidos en otros ámbitos. Julia Navarro ya era una conocida periodista cuando publicó “La hermandad de la Sábana Santa”. Esto no le resta mérito, pues hay periodistas que no consiguen publicar nunca. O, aunque lo consigan, su novela no se vende y su carrera de escritor se acaba. Julia convirtió su primera novela en un best seller y, a partir de ahí, las cosas son más fáciles, evidentemente. Es una de las contadas autoras españolas que consigue situar cada novela que saca entre los diez más vendidos.

“Dime quién soy” es su cuarta novela, un gran proyecto que ha visto la luz este año a través de la editorial Plaza y Janés, que ha acompañado a la escritora desde su primera novela. Hablaba al principio de valor, y hay que tenerlo a pesar de ser una escritora consagrada para abordar una novela de 1.056 páginas y no aburrir al lector en ningún momento.

Julia hace gala de un gran oficio como novelista al conseguir que en cada capítulo pasen cosas y hace que los lectores deseen saber que pasa en el capítulo siguiente a través de un lenguaje sencillo y un ritmo en la narración que no decae en ningún momento, hecho harto difícil en una novela tan voluminosa. En ella nos narra la historia de Amelia Garayoa, una muchacha burguesa que abandona a su marido y a su hijo en los años previos a la Guerra Civil porque se enamora perdidamente de Pierre Comte y de los ideales comunistas de éste. La historia es bastante insólita, en un tiempo en que lo que se esperaba de cualquier mujer era que sirviera a su marido y criase a sus hijos. El hilo conductor de la narración nos lleva a conocer la vida de esta mujer y los lugares que visita junto a los hechos históricos que van acaeciendo, haciendo un recorrido magistral por los principales episodios europeos del siglo veinte: la Revolución rusa, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial.

Esta historia se cuenta a través de la investigación periodística de un bisnieto suyo que va recabando datos de diversos personajes que estuvieron en contacto con Amelia o que bien tienen acceso a archivos secretos. El periodista jamás llegó a imaginar que su bisabuela había llegado a ser una mujer tan interesante. Los episodios bélicos y sus efectos están narrados con crudeza, siempre a través de los ojos de Amelia, una mujer sensible pero con una determinación fuera de lo común que no duda en colaborar con la resistencia polaca o griega creándose para sí problemas y dramas vitales de incalculables consecuencias.

En definitiva, una buenísima novela que no aburre en ningún momento, más bien al contrario, emociona hace que te pongas en la piel de la protagonista a través de un lenguaje sencillo, mostrándonos un variado repertorio de personajes secundarios, paisajes y hechos históricos. Y con un final muy entrañable.

Julia Navarro (Madrid, 1953) es periodista y ha trabajado a lo largo de su carrera en prensa, radio y televisión.

Es autora de los libros de la actualidad política Nosotros, la transición; Entre Felipe y Aznar; La izquierda que viene y Señora presidenta.

Julia acaba de publicar su última novela Dime quién soy, una espectacular crónica de la historia del S.XX vista desde los ojos de una misteriosa mujer. Hasta la fecha ha publicado cuatro novelas. Con la primera, La hermandad de la Sábana Santa, obtuvo un espectacular éxito y alcanzó los primeros puestos de ventas tanto en España como en el extranjero. Con las siguientes, La Biblia de barro y La sangre de los inocentes, ambas éxitos de público y crítica, se consolidó como una de las escritoras españolas con mayor proyección internacional. Estos tres títulos han vendido hasta la fecha tres millones de ejemplares y se han publicado en 30 países, entre ellos Italia, Alemania, Portugal, Rusia, Corea, Japón, China, Reino Unido y Estados Unidos. En los últimos años Julia ha recibido múltiples e importantes galardones: Premio Que Leer a la mejor novela española del 2004, VIII Premio de los lectores de Crisol, Premio ciudad de Cartagena 2004, Premio Pluma de Plata de la Feria de Libros de Bilbao 2005, Premio Protagonistas de Literatura y Premio Más que Música de los Libros 2006.

sábado, 11 de septiembre de 2010

La esclavitud de las ideologías

La Vanguardia. Pulsa aquí.

Llegado a este punto de mi vida, no sé si aconsejado por la edad o por los avatares de la propia vida, he de decir que respeto a las personas que tienen una ideología, pero no me gustan. Yo intento apelar a mi criterio, basado, o eso creo yo, en el sentido común. Y me puedo equivocar como el primero, pero al menos no estoy sujeto al corsé de ninguna ideología. No son pocas las veces que he acabado discutiendo con algún amigo o conocido sólo por plantear mis ideas. Empiezo a estar cansado de que los de izquierdas me tomen por facha y de que los de derechas me tomen por rojo sólo porque no me ciño claramente a unas ideas u a otras. Y me da pena, porque esto me ha hecho perder esa fluidez derivada de la empatía que sentía por algunas personas.

Las ideologías esclavizan los pensamientos de quienes las profesan. Y cuando la gente se cree más libre es cuando más influenciada está, llegando incluso al fanatismo, que tantos conflictos e incluso guerras han causado y siguen propiciando. Quizá por eso cada vez estoy más a solas conmigo mismo y tiendo más a no expresar lo que estoy pensando por miedo a causar desavenencias en las que uno acaba agotado mentalmente y sin energía. A veces doy la batalla por perdida antes de empezarla porque he llegado a la conclusión de que contrastar ideas con los apologetas de una u otra ideología es perder el tiempo.

Empieza a ser raro encontrarte con alguien con quien poder conversar y que esté libre de escrúpulos a la hora de opinar y de hacer análisis libres sin miedo al qué dirán. Los ideólogos de unas u otras tendencias suelen catalogar a estas personas de “frikis”, palabreja que no me gusta un pelo y que además sirve a la vez para encasillarte, y no me gustan las clasificaciones.

Hasta ahora he hablado de personas pero esto es también aplicable a colectivos. No hay nada más que echar un vistazo a los medios de comunicación para observar que unos y otros tienden a una determinada ideología y tratan las noticias de forma que si las lees en uno u otro periódico sacas conclusiones diferentes. A veces, incluso, hay noticias que se obvian en unos y que, sin embargo, se les da una inusitada trascendencia en otros.

Las ideologías, lejos de propiciar la libertad que creen tener quienes las poseen, es la mayor de las esclavitudes de pensamiento con las que habitualmente nos topamos, para desgracia de los que nos gusta ser verdaderamente libres.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El otro lado

Sólo quiero pasar al otro lado,

donde tus propios pensamientos no son nocivos,

donde no se cavila para sobrevivir.

Ni siquiera aspiro a ser feliz,

sólo a no sentir,

sólo a no hacer daño a nadie por mi necedad,

no sentir, no sufrir, no herir,

desaparecer en el infinito,

y ser una partícula sin conciencia,

en un universo monótono

en donde las heridas no existen,

ni las mías, ni las tuyas.

martes, 7 de septiembre de 2010

Balconing, que los compren quienes los entiendan

De todos es sabido que la adolescencia y la juventud tienen sus cosas buenas, aunque ambas adolecen de la suficiente madurez que la edad nos lega posteriormente. Siempre procuro renegar del tópico “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero es una frase que desagraciadamente siempre planea entre mis pensamientos. La juventud está desasistida por la pésima educación que se imparte y por la pérdida de los valores tradicionales. Y esa falta de preparación desemboca en la búsqueda de pasatiempos estúpidos y en la inmediatez de pasarlo bien mediante ocurrencias desafortunadas.

Lo del “balconing” me llama mucho la atención, ya digo, por la estupidez del pasatiempo, pero no mucho más que cualquiera de los entretenimientos de los jóvenes actuales, que como hacíamos los antiguos, salen e intentan divertirse como pueden supliendo sus carencias intelectuales, e incluso se matan intentándolo.

Ni en la más deprimente de mis borracheras cuando apenas era yo un chaval se me habría ocurrido tirarme a una piscina desde un balcón o un tejado. No diré que no hice algunas tonterías, como todo quisque, pero los jóvenes de nuestra generación teníamos otra mentalidad. Lo pasábamos bien viajando, a pesar de disponer de pocos recursos económicos, bailando, yendo a un concierto e incluso disfrutábamos leyendo o charlando, sobrios o entre los vapores de un whisky, que no éramos precisamente mojigatos.

Cualquiera de estos pobres diablos que se ha matado este verano practicando el “balconing” dejarán en la memoria de sus semejantes cuando éstos analicen las causas de su muerte una frase: “se mató por gilipollas”. Y no les faltará razón a quienes recuerden la memoria de estos prematuros difuntos de esta manera. Porque a ver, que me lo expliquen: ¿Qué sentido tiene hacer lo que hacen? Ninguno, desde mi punto de vista, que puede que algunos juzguéis demasiado riguroso al analizar los gustos y costumbres de las nuevas generaciones. Pero es lo que pienso. Y, en definitiva, siento bastante pena de que no sepan disfrutar de la vida como yo procuraba hacerlo a su edad.

martes, 31 de agosto de 2010

Los ingredientes de un buen “best seller”

Vaya por delante que si yo tuviera la fórmula para hacer un buen “best seller” lo haría. Estaría forrado, viviendo en Miami como Ruiz Zafón y escribiendo en el “Qué leer”, en “Babelia” o en “El cultural”. O puede que ya haya hecho ese “best seller” y se publique pronto, quién sabe.

Lo que todo el mundo que lee sabe es que hay libros cuyas ventas se cuentan por cientos de miles y que se traducen hasta al arameo. ¿Qué tienen esos libros que no tienen otros? ¿Por qué unos autores llegan y otros no? ¿Cuál es el secreto de esas editoriales que aciertan apostando por autores que, a veces son noveles, y que no se equivocan?

Hay “best sellers” que son malísimos, que están pésimamente escritos y que, aun así, son súper ventas. Ayudan mucho una buena campaña de márketing, que estén escritos por un autor conocido y, sobre todo, la ignorancia del lector, que se deja influir por la campaña de publicidad y lo compra para envolverlo en papel de regalo y endosarlo en el primer cumpleaños o, sencillamente, se hace con él para ponerlo de adorno en la estantería de casa y exhibirlo como trofeo ante sus amistades igualmente ignorantes.

Ahora bien, no todos los “best sellers” son malos, no señor. Hay autores, unos noveles y otros ya consagrados, que saben muy bien que para que una novela venda debe de tener ciertos ingredientes. Son autores que tienen talento y oficio, dos cosas muy diferentes. Que dominan la técnica de escribir y que, por tanto, son movidos a construir una novela bajo los parámetros de buena Literatura. Que saben que en una novela tienen que pasar cosas porque si no el personal se aburre. En un libro de estas características nos encontramos habitualmente con un primer capítulo espectacular que puede empezar con un asesinato, un robo, un secuestro o la aparición de un fresco en una catedral, pongamos por caso. Después de esta primera impresión que deja huella en el lector y fustiga su interés se nos suele presentar a uno o a varios personajes principales y a algunos secundarios. No es necesario presentar de golpe a estos últimos ya que deben ir apareciendo a lo largo de la novela. Se puede ir aprovechando la caracterización de los personajes y de lugares para ir presentando diversos hilos, los de la trama principal y los de las secundarias. Estos hilos se van tensando cada vez más para crear el nudo. Da igual la técnica narrativa aunque si se elige una u otra, el escritor se debe atener a las características implícitas de cada tipo de narración. Las tramas deben ir desarrollándose de forma variada y el lector debe ir adivinando los entresijos de las mencionadas tramas a través de diálogos, de hechos narrados por personajes e incluso se puede dar información porque aparezca, por ejemplo, un diario, unas cartas o una grabación o unas fotografías. Lo que está claro es que el desarrollo debe ser entretenido y variado, con protagonistas y antagonistas coherentes. Y la resolución de todas las tramas, las principales y las secundarias, deben caminar con ritmo hacia un desenlace espectacular en donde la resolución de los conflictos sea una fiesta para el lector.

Los detractores de los “best sellers” suelen ser críticos y escritores sesudos ceñidos a clichés absurdos que, generalmente, han tenido más de un fracaso editorial. Y que en muchos casos, han escrito novelas cuyo estilo es irreprochable, ya que suelen ser filólogos o catedráticos, pero en las que no pasaba nada. Y la mayoría de ellas sólo eran reflexiones paridas como resultado de una paja mental, eso sí, muy intelectual, quizá demasiado.

Por supuesto que ayuda escribir una novela en función de las modas y a veces, la aparición de un buen detective o de un vampiro guapísimo e incluso la aparición de un manuscrito que cambiará los destinos del hombre o el asesinato de un monje en un convento, pues claro que ayudan. Las editoriales lo saben y no son pocos los “best sellers” de encargo, cuyos guiones salen de la mente privilegiada de algún editor inteligente que encarga la novela a un escritor o no en pocas ocasiones a un negro para endosárselo a un escritor ya consagrado y vender más ejemplares. Sé de algunos “best sellers” concebidos así, pero me voy a callar.

No obstante y, para terminar, un consejo: nunca desconfiéis de vuestro talento. Y si creéis que tenéis una buena novela en la cabeza, escribidla. Porque, a pesar de lo expuesto, esto no son matemáticas. Y puede que aunque no se sigan las pautas se tenga éxito, y viceversa.

viernes, 27 de agosto de 2010

¿Qué está ocurriendo en el mundo editorial?

Lo del mundo editorial es preocupante. Entiendo que esto de la edición es un negocio. Incluso comprendo que las editoriales tengan a sus escritores iconos de los que venden millones de ejemplares gracias a las impresionantes campañas de márketing y, claro está, al talento de esos escritores que, sin duda lo tienen, aunque no en todos los casos. Pero debe haber una parcela, ya no para escritores nobeles, que también, sino para aquellos que no siendo famosos escriben como los ángeles e incluso tienen ya dos o tres novelas publicadas y a los que actualmente les está costando trabajo publicar.

Más cuando últimamente estoy leyendo algunas novelas que no tienen la calidad suficiente pero que incluso son traducidas. Ojo, que escribir una novela conlleva un trabajo titánico, y por muy mala que sea, el trabajo del escritor merece todos mis respetos. El oficio de escritor consiste, afortunadamente, en trabajar mucho y, desgraciadamente, depende mucho del talento que, se tiene o no se tiene.

Sé de que hablo porque escribo y toco todos los palos. Si tengo talento o no lo dirán mis novelas si es que llegan a publicarse algún día. Antiguamente, cuando leía una novela que no me gustaba, sencillamente, dejaba de leer. En los últimos tiempos procuro aguantar y leo hasta el final para aprender lo que no debo hacer cuando escribo, son manuales del mal hacer. Una novela debe estar bien escrita, me refiero a normas sintácticas y ortográficas, esto es básico. Pero considero que, además de esto, en un libro tienen que pasar cosas, a poder ser siguiendo la dinámica de planteamiento-nudo-desenlace. No entiendo las superventas de escritores superaburridos en cuyas novelas no pasa nada, no hay diálogos y las reflexiones del narrador, sea quien sea, aburren hasta a las ovejas. Y me maravillo de que se traduzcan sus ejemplares hasta al arameo. No voy a dar nombres porque no es cuestión de hacer daño, aunque me cueste morderme la lengua.

De verdad, no sé en qué piensan la mayoría de las editoriales dando cobertura a tanta mediocridad y ausencia de talento que desembocan en novelas con tramas planas, ausencia de diálogos y personajes grises e indefinidos. Y que además, en la mayoría de los casos no llegan ni a las 200 páginas, aunque esto último se agradece.

Y hablo de novela porque es lo que más vende, pero, ¿os habéis dado una vuelta por los anaqueles de las librerías dedicados a la Poesía? Es para llorar. Poemas que en la mayoría de los casos no lo son. Iluminados con poemarios publicados cuyas poesías de ocho versos ocupan toda una página para hacer bulto. En este género, salvo contadas excepciones, el esperpento es mucho mayor. Aquí sí que puedo decir sin temor a equivocarme que los mejores poetas que conozco son los no publicados. Menos mal que tenemos los blogs.

Resumiendo, que se echa de menos el talento de los editores para saber reconocer el otro talento, o sea, el de los que escriben.

jueves, 26 de agosto de 2010

España paga

Una vez que los dos ciudadanos secuestrados en el desierto han sido liberados, con la alegría que eso conlleva para sus familiares, sobre todo, y para el resto de sus conciudadanos entre los que me incluyo, llega la hora de reflexionar y hacer un análisis sencillo de la situación. Tras los últimos acontecimientos, el mensaje para los terroristas es siempre el mismo: “España paga”. Después de lo del Alakrana, era de sentido común que alguno de esos “listillos”, en guerra santa no se sabe muy bien contra qué, volvieran a secuestrar a ciudadanos españoles. Y, desgraciadamente, volverá a ocurrir, es de cajón.

Lo de los secuestros en África no deja de ser un negocio con tintes mafiosos, dejémonos de monsergas. Y para erradicarlo, las naciones civilizadas deberían aliarse y montar los operativos militares necesarios para acabar con esta lacra. Pagar es financiar estas curiosas actividades delictivas. Y el Gobierno español es cómplice de estos delincuentes al pagar religiosamente cada vez que ocurre un incidente. Sarkozy se lo recordaba ayer mismo a nuestro presidente en declaraciones explícitamente alusivas.

El Gobierno también debería mojarse a la hora de permitir a las ONG’s operar en ciertas regiones del mundo. No es lo mismo que secuestren a unos pescadores que no tienen más remedio que faenar en ciertas aguas a que lo hagan con personas que, sabiendo de los riesgos acuciantes, van voluntariamente a esas peligrosas regiones. Si se es solidario y se quiere ayudar hay muchas formas de hacerlo, principalmente a través de donaciones, que es muy distinto a personarse en el lugar sin ninguna medida preventiva. Hay muchas ONG’s que acogen a personas que se autodenominan activistas, que generalmente son niños ricos con espíritu aventurero que se financian viajes exóticos a través de la ONG. Que saben los peligros que van a correr, pero que, como se creen tan listos y tan invulnerables, se lanzan a la aventura. No tengo claro que en estos casos seamos todos los que tengamos que pagar los rescates con los que Zapatero financia a estos grupos.

También me ha resultado muy curioso que al ser liberados estos dos señores, uno de ellos sólo haya hablado en catalán, privando al resto de paganinis españoles conocer su estado de salud. Allá cada cual. Sólo espero que el próximo secuestro tarde en producirse lo más posible aunque, con el Gobierno que tenemos, lo dudo mucho.

viernes, 20 de agosto de 2010

Lo de los impuestos

Nuestro Ministro de Fomento lo es, en teoría, y ejerce como tal, en la sombra, como un tiburón voraz que no deja títere con cabeza. Pero lo que realmente representa es ese papel que en su día tan bien bordaron personajes como Alfonso Guerra o Álvarez Cascos. Cuando José Blanco aparece en la televisión y en la prensa con esa mirada desafiante y con esa confianza en sí mismo que sólo otorga la poltrona del “Ministerio de la Propaganda del partido”, no me cabe ninguna duda de que los políticos toman por tontos a los ciudadanos. Los datos están ahí para quien quiera consultarlos y lo cierto es que los españoles somos los que más impuestos pagamos por detrás de Portugal e Italia. Sin embargo, este personaje, tétrico y tergiversador de los hechos donde los haya, nos dice hace pocos días lo que todo el mundo sabe a estas alturas, que nos quieren subir los impuestos para tener servicios de calidad como tienen en el resto de Europa. Y nos miente con la desfachatez del que cree que el ciudadano medio es poco más o menos que oligofrénico.

Tenemos lo que nos merecemos, es decir, lo que votamos. Y encima solemos repetir en nuestras intenciones de voto, lo cual puede ser que dé a atender a la clase política que los ciudadanos no tenemos dos dedos de frente, lo que como rebaño, hasta puede ser cierto. Lo que no dijo el Ministro de la Propaganda es que en España los sueldos no son equiparables a los europeos. En definitiva, que cobramos menos y pagamos más, sobre todo los que dependemos de una nómina, no hablo de todos esos piratas que viven de la cultura del pelotazo que los mismos políticos y los que los rodean fomentan.

Yo soy profesor, y un profesor en Francia cobra el doble, y en Canadá el triple, con el mismo nivel de vida aproximadamente, y encima pagan menos impuestos que aquí. Y en el resto de oficios están por el estilo. Así que, señor Ministro, no nos venga con gaitas en forma de globos sonda como un vulgar matón, que es lo que usted parece, amenazando al personal, que bastante tenemos con llegar a fin de mes en una crisis económica que nosotros no hemos provocado. Dedíquense usted y los de su partido a gobernar, que para eso les han votado los ciudadanos y dejen de exprimirnos y de prohibir cosas que, a este paso, entre recortes y prohibiciones, nos van a convertir a los trabajadores en monjes de clausura, ustedes, a los que se les supone tan socialistas.

jueves, 19 de agosto de 2010

Crepúsculo

Todos los atardeceres son distintos y, sin embargo, siempre es lo mismo. Cuando la luna precede al sol, los murciélagos sustituyen a las palomas con un vuelo más tétrico. Cae la noche y mi espíritu se abriga con el manto de la indolencia. Cuando el sol venza las tinieblas, recordaré evocaciones de sonrisas lejanas. Y entonces entonaré esa canción que nos cautiva, por el día, y por la noche.

martes, 17 de agosto de 2010

30.000 visitas

Abrí este blog en el 2007, y la verdad, ni sabía entonces muy bien para qué servía un blog, ni cómo accedería la gente para leerlo, etc. Poco a poco fui colgando cosas: artículos, reflexiones, reseñas y poemas. En los primeros tiempos la sensación de que nadie lo leía no me la podía quitar de encima. Luego puse un contador y, aunque no era para tirar cohetes, vi que las visitas, de hecho, existían. Con el discurrir del tiempo fui añadiendo blogs amigos y otras gaitas. Y al cabo del tiempo empezaron a aparecer comentarios. Unos aleatorios, otros más seguidos, de las mismas personas... Visité los blogs de los que comentaban mis entradas y poco a poco fui haciéndome asiduo a esos blogs y conociendo un poco, virtualmente, a través de los comentarios, a los autores de esos blogs. Incluso a algunos los he conocido en persona y, qué queréis que os diga, no me ha ido mal. Ahora no sólo hago las entradas sino que espero los comentarios. Generalmente son favorables, aunque siempre hay alguien que entra y, al no tener moderados los comentarios, se enfada y se explaya a sus anchas. Entonces tengo la sensación de que por mucho que intentes plasmar una idea por escrito siempre va a haber gente que no se entera. Ojo, no hablo de estar en desacuerdo con una entrada, que discrepar es sano. Hablo de las descalificaciones y de la falta de educación en comentar ciertas cosas.

En cualquier caso, hoy y he visto que el blog ha rebasado las 30.000 visitas. Y no puedo hacer nada más que dar las gracias a todos aquellos que asiduamente o de vez en cuando pasáis por aquí. Un abrazo a todos.

Para Campoazul y resto de seguidores




sábado, 14 de agosto de 2010

En mi barrio

En mi barrio, el fracaso está en cada esquina,

la tristeza florece por cada calle,

la esperanza se esconde por las rendijas,

de un asfalto que cruje a cada pisada,

que asesina sin tregua cada suspiro,

y levanta aromas de rosas de espinas.

En mi barrio, la ternura está en cada esquina,

porque la tragedia evoca recuerdos,

de una niñez que un día fue limpia,

pura e ingenua como la lluvia,

solícita y tierna como la mía,

hasta que la amargura mató la esperanza.

En mi barrio, la duda está en cada esquina,

porque no se vislumbra el horizonte,

por mucho que se desee salir,

por mucho que quieras sentir,

la lucha genera inquina,

para poder resistir.

En mi barrio, la amistad está en cada esquina,

porque el fracaso une,

y te da la sabiduría,

para poder decidir,

el camino que has de tomar,

para resistir el día.

En mi barrio, el amor está en cada esquina,

debajo de una farola del parque,

donde dos yonkis se abrazan,

porque no hay nada a lo que aferrarse,

salvo a la esperanza dormida

que generan las dudas.

viernes, 13 de agosto de 2010

Vértigo

Las alas de la inmensidad cubren mi vértigo. No puedo abarcar el infinito y eso me turba. Mi propia sensibilidad, que antaño me bendecía, hoy me daña exenta de piedad. Debo resignarme a vivir con más recuerdos de los que puedo rescatar de mi mermada memoria. Debo caminar, aun cuando el cansancio me acecha. Sueño con los jardines de un lejano hotel con aromas de Literatura.

jueves, 12 de agosto de 2010

Viajar por carretera

Lejos quedaron los tiempos en que el personal fardaba de tardar poquísimo en realizar tal o cual trayecto en coche. Ayer me monté en mi Clío en Algeciras a la 13.30 horas y estaba aparcando en mi barrio de Madrid a las 23.30 horas. Diez horas de viaje con atasco incluido pasado Sevilla. No es normal. De hecho, tanto tiempo en la carretera, lejos de ahuyentar el riesgo de accidente lo incrementa. Tardar tanto tiempo es el resultado de respetar todas las señales de tráfico, la mayoría absurdas y caprichosas. Viajar en coche con las nuevas normas se ha convertido en una pesadilla.

No obstante, respeto todas las señales, y aún así, en Diciembre me pusieron una multa en Ciudad Real. Lo de esta provincia en la A-4, lejos de protagonizar el afán recaudatorio de la Administración, es la reencarnación del impuesto revolucionario. Salí con la máxima cautela de Despeñaperros. Enseguida vislumbré las conocidas y amarillas señales de obras. Discos de 80 y 60 por todas partes, pero luego se olvidan poner la señal de fin de obras. Después, cartel de 120, y a los cien metros, otra vez obras. En realidad no hay obras en la carretera, se puede circular perfectamente. Si acaso se ve algún pivote de plástico por el arcén, pero el caso es ralentizar el viaje, lleno, por otra parte, de discos de 100 por donde se podría circular sin peligro a 140. Y “se olvidan” premeditadamente, ayer lo comprobé, de poner el fin de 100.

El tedio de circular a cien por hora como máximo, cuando no a 80 y a 60, por la provincia de Ciudad Real en la A-4, en plena canícula estival, hizo que respirara hondo cuando, por fin, aparqué en el barrio, con la idea de no coger más el coche hasta que la necesidad lo requiera. Desconozco a los responsables de esto del tráfico en Ciudad Real y no tengo ni ganas ni tiempo de averiguarlo, pero compadezco a los que tengan que pasar por allí a diario. Qué alivio al llegar a la provincia de Toledo.

Esta es la España plural y con talante de Zapatero, el país de las prohibiciones, en donde multan al ciudadano por circular o por fumar, por poner rótulos en castellano en Cataluña...; el país en donde uno puede acabar en la cárcel por tomar unas copas en la cena o dormir en el calabozo porque una mujer te acuse de maltratarla. ¿Prohibir es de izquierdas? Me da que sí, dado el afán prohibitorio zapateril.

viernes, 6 de agosto de 2010

Ciudad dormida

Camino por la ciudad dormida,

entre espectros humanos,

con los que me fundo,

buscando compañías añoradas,

olvidadas, enterradas,

entre fantasmas góticos.

Camino por la ciudad dormida,

a la vez acogedora e inhóspita,

con las miserias de mi alma,

con mis sentimientos heridos,

espantando la soledad,

susurrando pensamientos inútiles.

Camino por la ciudad dormida,

con esperanzas estériles,

con deseos marchitos,

y hago planes abstractos,

que nunca saldrán,

que nunca marcharán.

Camino por la ciudad dormida,

atravieso el mercado de las esperanzas,

pero no hay ninguna para mí,

ni aun pagándola a precio de oro,

mis súplicas se solidifican,

y se hacen añicos contra el pavimento.

Camino por la ciudad dormida,

las bayonetas están despiertas,

mis lamentos crecen,

y la armonía se quiebra,

construyendo telarañas,

en esquinas sombrías.

Camino por la ciudad dormida,

en trayectorias surrealistas,

entre pesadillas etéreas,

y entre fríos y oxidados anaqueles,

deposito mis oscuros deseos,

para que fermenten por siempre.