Como jefe de estudios de un instituto de enseñanza secundaria, me comprometí con un centro italiano para realizar un intercambio de alumnos de una semana. La idea, que partió de los italianos me pareció estupenda. Con una juventud tan falta de valores, me pareció estupendo fomentar la amistad, la hospitalidad, la cultura y los idiomas. Creí que todo iba a ir de maravilla, y al final, así ha sido. Pero me tropecé con la falta de inquietud de los alumnos y de los padres. El intercambio prácticamente es un regalo, ya que a los niños sólo les supone un gasto el billete de avión, que en una compañía de bajo coste ha salido por 175 euros.
La mayoría de los padres no estaban dispuestos a alojar a un italiano que no conocen. Bastante curioso, porque hablamos de niños, no se pide alojar a un tío de 50 años que, hombre, la negativa sería más comprensible. Por otra parte, he visto que los niños y los padres tienen miedo de salir de su localidad. ¿Miedo a qué? Hablamos de alumnos de 17 años.
El caso es que me ha costado la vida reunir a 10 alumnos en todo el centro, de distintos cursos, dispuestos a hacer el intercambio. Los italianos ya han estado aquí y todo ha salido maravilloso, como no podía ser de otra manera. Han viajado a diversos sitios con nuestros niños, todos juntos. El instituto ha hecho un esfuerzo económico para que las excursiones les salieran gratis. Y se han creado lazos de afectividad de un valor incalculable. Pasado mañana parten los nuestros para Italia.
Además, este año, seguimos fomentando las prácticas en el extranjero de los alumnos de Formación Profesional. Esto supone que nuestros alumnos pueden realizar las prácticas en un país de la Unión Europea. Dos meses con todos los gastos pagados. ¿Saben cuántos alumnos de Grado Superior se han apuntado? Pues ninguno. No entiendo ni a los niños ni a los padres. Ojalá yo hubiera tenido todas estas cosas en mis tiempos.
Terminé, de Paco Gómez
Hace 2 días

5 comentarios:
¿No será precisamente el problema que se tienen tantas cosas que ya nada parece llamar la atención?
Cuando yo me iba de excursión ( a 100 km como mucho), apenas podía dormir la noche de antes; ahora, seguro que dicen algo asi"¿Otra vez excursión? ¡Qué coñazo!"
saludos.
Pues algo de eso que dices hay, porque como tienen de todo...
De todas formas, ya han venido de Italia y les ha encantado. In cluso alguno se ha echado novia allí. Y les han llevado a Pompeya y a un montón de sitios más, en definitiva, una experiencia que no olvidarán durante el resto de sus vidas. Y parece que que el año que viene, algunos de los que no han ido este año van a animarse a ir.
Como cambian los tiempos. A mí que me llevaban todos los años desde Madrid a ver el acueducto de Segovia y me hacía una ilusión del carajo.
Gracias por tu comentario. Un abrazo.
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Un saludo.
Llevas razón, pues los jóvenes, jóvenes son y recogen nuestra herencia. Les damos todo sin que tengan que hacer ningún esfuerzo, lo que fomenta su falta de inquietudes. Y luego está lo del pésimo sistema educativo... Pero eso será objeto de otro comentario en el BLOG.
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